martes, 6 de septiembre de 2011

Puerperio

Llegué a la maternidad, después de algunos años de no buscarla. Grandes cambios internos inesperados vinieron de la mano de esta situación. Esos cambios nunca nadie me los comentó. Si alguna vez alguien me dijo algo, fueron comentarios sobre el tiempo que te insumía el cuidado del cachorro, de las noches sin dormir, de cómo estabas físicamente. Nadie me contó la soledad que se siente. El vacío interno. La lejanía con tu compañero.

De golpe, en un mes, no me reconocía.

Las publicidades, las películas, muestran madres y bebés radiantes y arreglados. Sacar ese estereotipo de mi cabeza para no juzgarme fea, gorda, con el pelo arruinado, la ropa que no me entra o me queda ma,l es un proceso que aun continua.

Las palabras de aliento están, estuvieron. Que no estaba tan mal, que la panza estaba bajando, que me diera tiempo... Formas sutiles de no reconocer que mi cuerpo seguía siendo otro... que ya no era aquel y no lo va a ser mas. El estereotipo en mi cabeza de a poco se cayó a pedazos. Cuanto alivio hubiera sentido sin tanta mentira.

Es una etapa internamente dolorosa y solitaria.  Todos vienen y visitan al cachorro. A la vez, soy de quien depende el cachorro. No es que me sienta dejada de lado por las visitas, pero nadie responde a mi agotamiento. Sé que la amorosa demanda de mi pequeño es un gran aliento, pero mi ser personal se ahoga, muchas veces está asustado, quiere gritar.

El cachorro es feliz, pequeño, rozagante de vida... mi cuerpo lleva las marcas de ese nacimiento. Es completamente natural, es vital y hermoso. Sin embargo, cuesta muchísimo. Es un quiebre interno. Quiero huir de mí misma. Quizás haya mujeres que lo hagan. Yo preferí quedarme y enfrentarme a mi misma, a mis miedos, a mi pelo que se deseca y se cae, a mi cuerpo flácido, a mi nuevo tamaño de caderas y de tetas, a mi soledad interna. ¿Cómo quieren que sea la de antes?. Si no me encuentro en la imagen que doy en el espejo ¿cómo puedo pensar y reaccionar de la forma que lo hacía antes?

Y todo es una gran contradicción, porque por un lado está esta soledad y este desencuentro y por el otro está mi cachorro, nutriéndose de mi, de esto nuevo que soy. Mi cachorro que es dulce y me reclama y necesita de mis cuidados y atención constante. Y esto me hace sentir plena y útil y me renueva.

Con esta dualidad me enfrento diariamente desde que nació. Quizás por eso, después de los cuatro primeros meses ahora pueda salir a la calle sola y sentirme un poco aliviada. Mi cabeza se siente oxigenada y soy feliz cuando regreso a nutrirlo. Es como realizar otra dualidad más. Siento que ya nadie puede exigirme ser una.

Y hay más quiebres que superar de los que nadie habla. Hay una ruptura de comunicación física difícil de transitar en la pareja.

¡Cuánta razón tienen quienes dicen que esta sociedad nos deja solas en la maternidad! El puerperio es un momento en el que las mujeres necesitamos vínculos maternales fuertes, brazos de madres-amigas, madres-abuelas, madres-tías, cuñadas, vecinas. Necesitamos abrazos, alivio, contención, mimos, afecto... siento que necesitamos cosas sin ángulos. No tenemos manada, y esto es una gran fosa entre nosotras y el mundo... por eso estamos tan solas.

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