sábado, 31 de diciembre de 2011

Almanaque nuevo

Hoy festejamos la noche vieja. Nuevamente reuniones familiares, comidas, charlas. Según la familia puede ser más o menos alegre que la navidad. En mi casa es la fiesta mas alegre, porque no somos de creer mucho en lo religioso y durante algunos años fuimos una familia sólo de adultos, por lo cual, no había mucha magia en la navidad.

Este año que termina comenzó muy íntimo, sólo mi compañero y yo festejando. Solos en la casa. Fue una nochevieja muy bella. Hacía calor, teníamos la casa patas para arriba por unos arreglos que estábamos haciendo. Igualmente, arreglamos un rinconcito, nos vestimos lindos, nos cocinamos algo rico y así solos, intimos, amorosos, recibimos el año nuevo, brindando por el futuro que comenzabamos a armar: ser una familia.

Ahora en la nochevieja estaremos los tres, ya no solos, quizas otro año lo repitamos. Ahora estaremos con una gran familia, festejando divertidos esperando las 0:00hs para brindar por nuevos deseos.

Ojalá que el año próximo aprenda tanto como este. Que mi tribu siga creciendo. Que se refuercen los lazos, los afectos. Que todos logren ver cómo alcanzar la armonía, la tranquilidad que necesitan. Que mi cachorro siga siendo tan feliz como demuestra serlo.

Que el año que comienza traiga lo que cada uno de nosotros busca conseguir.

Gracias por estar ahí del otro lado, por leerme, por escribirme. Por abrazarme en esta virtualidad.

Feliz Año Nuevo!

viernes, 30 de diciembre de 2011

El cuerpo...

La relación con nuestro cuerpo tiene mucho de carga social.

Hoy mi amiga J subió unas fotos de hace seis años atrás, me veía flaquísima. Recordé qué cosas vivía en esa época, todo el camino que recorrí hasta llegar a donde estoy hoy. Mi cuerpo habla de lo vivido, y esa experiencia ganada es lo que la sociedad actual rechaza. Lo bueno es ser joven, nos dicen, nos venden, nos machan. La juventud es la onda. Los preadolescentes se visten como adolescentes. Los jóvenes se visten como adolescentes. Los no tan jóvenes también quieren ser adolescentes. Una arruga, una cana que se nota es lo menos. Todos las escondemos. Igual que los kilos de más (y no hablo de exceso de sobrepeso).

Reivindicar cada uno de estos aspectos como ganancias es algo difícil y no muy bien visto socialmente. Sin embargo, cada uno de estos detalles nos habla de la vida vivida, de la sabiduría que fuimos ganando. Estas cosas son las que pienso ahora cuando me miro al espejo. Si, me da un poco de tristeza no ver al que fue mi cuerpo joven. Pero valoro el camino recorrido, lo aprendido. No puedo luchar contra algo que es natural, el tiempo pasa. Ahora tengo a mi propio reloj visual que me habla del paso del tiempo. Lo veo al cachorro y no lo puedo creer. El año pasado yo tenía una panza. Brillaba por la vida que albergaba. Eramos dos, pero uno en uno. Hoy somos dos, el cachorro brilla por sí mismo, me da luz, yo tengo mi propio y nuevo brillo. Y mi cuerpo marca ese cambio.

Pensando en estas cosas, recordé uno de los cuentos de "mujeres que danzan con los lobos" de Clarissa Pinkola Estés. Les dejo algunos pasajes...

El cuerpo es como la tierra. (...)
El pecho desarrolla la función de sentir y alimentar (...)
Las caderas son anchas y con razón, pues llevan dentro una pátina de marfil para la nueva vida. Las caderas de una mujer son pórticos (...). Las piernas están destinadas a llevarnos y a veces a propulsarnos, son las poleas que nos ayudan a levantarnos y son el anillo que rodea al amante.
En los cuerpos no hay ningún "tiene que ser". Lo importante no es el tamaño, la forma o los años. Lo importante desde el punto de vista salvaje es si el cuerpo siente, si tiene una buena conexión con el placer, con el corazón, con el alma ,con lo salvaje (...).
(...) Vi lo que me habían enseñado a ignorar, el poder del cuerpo de una mujer cuando está animado por dentro.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Cuerpo y reconocimiento

No puedo decir que siempre fui flaca. Mi peso varió con los años. Pero sí siempre traté de mantenerme muy activa a nivel físico.

He pasado años haciendo periplos maratónicos en bicicleta, para ir a trabajar y a la facultad, saliendo de campamento y caminando con mi mochila a cuestas, haciendo trekings en la montaña, escalando o yendo al gimnasio. Mi imagen corporal era una, buscando mantenerme dentro del concepto de "flaca o normal con pancita".

En el embarazo engordé lo justo. Casi no se me notaba la panza al mirarme de espaldas. Pero mi panza era enorme para mi pequeño cuerpo. Sobre el final era pura panza y detrás venía yo.

Mi cachorro debió nacer por cesárea. Me fui de la clínica con una panza bastante grande que aun, a los casi 8 meses, no termina de bajar del todo.

Siempre me gustó no tener demasiado busto, me parecía cómodo. Sé que la ropa no podía quedarme ok siempre, muchas veces no rellenaba bien los escotes, pero igualmente me sentía bien. Desde que amamanto al cachorro siento que mis tetas no son mias. No las reconozco. Tampoco reconozco mi cuerpo. Mi cadera esta más ancha, mis brazos gordos, tengo papada, mi busto es enorme y ya bajé más de la mitad de lo que había aumentado. Como sigo amamantando sé que voy a seguir bajando más, pero... no soy yo. Me veo al espejo y aún no me encuentro.

En los primeros meses del cachorro me sentía horrible por todo. Estaba partida al medio por una cicactriz que no me permitía moverme fácilmente o hacer fuerza. Esto sumado a la bajada de la leche hacía que no tuviera demasiada nocíon de mi cuerpo. Junto a la panza que me quedaba, me miraba al espejo y me entristecía. ¿Esa era yo? Me surgían miles de miedos sobre cómo iba a quedar mi cuerpo. No es lo mismo verse gorda por la panza del embarazo que verse gorda después de estar embarazada.

Dado mi caso de cirugía, tuve el alta definitiva para realizar ejercicios a los seis meses. Dicen que al año recién está todo acomodado. Igualmente, el cuerpo cambia.

En estos meses debía acostumbrarme a estos cambios físicos. Ya no me veo tan horrible, asumo con pura fortaleza de espíritu que el cuerpo que tengo está así por ayudar a que mi cachorro llegue al mundo. Es mi "envase familiar" bromeo... Ja, suena terrible!. Creo que no estoy tan mal. Supongo que esto es parte del cambio interno de mi ser. Reconocerme mamá también es un proceso que lleva un tiempo. Un poco me volví extraña para mí misma, para mí entorno. Nada va a volver a ser igual, lo sé, estoy aprendiendo.

martes, 27 de diciembre de 2011

Mi cesárea y otra cesárea

En septiembre escribí sobre cómo me había sentido en el nacimiento de mi cachorro (ver ¿parto o bienvenida?). Este sigue siendo un recuerdo amargo. Muy diferente a lo que hubiera querido en ese momento y más ahora, luego de muchas mas lecturas y charlas sobre el respeto, el apego, las diosas, lo natural.

Leyendo y releyendo notas sobre este tema di con un relato que me impresionó por lo similar. Si bien la historia que se cuenta es diferente, la vivencia sobre el primer nacimiento es muy similiar. A diferencia de lo contado en la nota, que más abajo les dejo, yo no sé si habrá un segundo embarazo en el futuro. Pero coincido en que si lo llegase a haber, tambíen haría todo de otra manera, incluso bajo el riesgo de volver a tener la placenta mal ubicada. Es bueno saber que una no es la única en sentirse mal frente a esta situación!!

Volver a nacer

Por Irina Hauser

Cuando ella lloraba, su llanto era el mío. Su furia era la mía. Sus hoyuelos también. Sus pedidos de calor. Su hambre. Sus ojos gigantes. Mi tristeza. Mi desconcierto. Todo lo veía en ella. Dana nació en pleno verano por una cesárea programada que no elegí. Estaba ubicada de cola. Con frustración, acepté que es riesgoso que los bebés en esa posición nazcan por un parto vaginal. Después del papeleo y dos horas en la sala de espera, hice mi entrada triunfal al quirófano, donde encontré el abrazo reconfortante de mi obstetra y un noventa por ciento de caras desconocidas. “A tu mujer le bajó todo el cagazo junto”, le dijeron a mi esposo al hacerlo pasar. Claro que tenía miedo. Pero también tenía náuseas, mareo, no sentía ni las manos. No podía articular ni una palabra. “Voy a vomitar”, alcancé a decir. Sólo sentía que sacudían mi cuerpo. Una mano de David acarició mi cabeza. Lloré bajito. Una enfermera me mostró a la beba desde lo alto, como un avioncito. Lejos de mi piel. Gordita. Increíblemente hermosa. La escuché llorar a la distancia. Debo haber estado medio tendida en la camilla en un pasillo, junto a un ascensor. Sola, sin que nadie me hablara. Tuve las piernas dormidas seis horas más y tardé dos días en entender –y en poder preguntar abiertamente– por qué me habían obligado a estar todo ese tiempo en posición horizontal, haciendo pis en una chata, sin poder abrazar a mi hija, dándole el pecho acostada boca arriba con ayuda de alguna nurse. Me habían dado mal la anestesia. Me lastimaron la duramadre, una membrana de la médula, y no debía moverme para evitar que se derramara líquido encefalorraquídeo, o sufriría terribles dolores de cabeza. Volvimos a casa un día de tormenta. Me pareció que la cuadra se veía distinta. Como si las casas fueran otras, otros los colores, las plantas y los negocios. A la vez, miraba a Dana y me veía a mí misma en una foto de bebé, exacta, sólo que con otro color de pelo. Irradiábamos dolor. Desazón. Felicidad. Ansiedad. Una herida abierta. Puedo decir que las circunstancias que rodearon su nacimiento marcaron nuestro vínculo inicial. El año pasado, cuando volví a quedar embarazada, pensé automáticamente que quería revancha. La segunda vez te agarra con cierta sabiduría. Era toda una candidata a aspirar a un parto domiciliario. Lo medité, leí, lo analicé, escuché historias en primera persona. Todo sonaba emocionante. Con David pasamos noches pensando qué hacer. Somos temerosos. Y habíamos quedado asustados. Soñábamos algo tan simple como sentirnos respetados, que nadie nos impusiera cómo tiene que fluir la revolución de la llegada de un hijo. No nos veíamos pariendo en casa. Por seguridad o comodidad. Vaya a saber. ¿Algo tan natural debía ser tan complicado? ¿Tan impersonal, o deshumanizado? ¿Las clínicas sólo ofrecen partos industriales? ¿Habría forma de trazar nuestro propio camino? Elegimos al obstetra con dedicación y nos jugamos. Nos atendía sin mirar el reloj, hablábamos de política y nos daba esperanzas de un parto por vía baja, aunque desde el primer día fundamentó por qué si la criatura repetía la postura de la hermana había que hacer una cesárea. Bingo. Rocío también llegó en verano y estaba apoltronada en mi panza cola abajo. Era un sábado de sol rutilante. A las ocho de la mañana, la partera ya nos esperaba. Me dio charla y me mimó cada minuto. Me presentó a todas las enfermeras, que me llamaban por mi nombre. El anestesista me explicó por qué y cómo no me haría daño. A David lo dejaron estar todo el tiempo. El obstetra deslizó a Rocío hacia el mundo exterior con suavidad, mientras cantaba un tango. “Prolijito, eh”, le indicaba la costura a su asistente. Al instante recostaron a Rocío a mi lado, y la besé. Mi beso calmó su llanto. Pasó horas en mis brazos. El dolor se disipó. A Dana se le dibujó una gran sonrisa duradera. Rocío tiene la risa fácil. Y contagia. Su risa es la mía. La de los cuatro. Nos abrazamos mucho. “Los quiero”, festeja Dana. Yo digo que fue como volver a nacer.

las12
Viernes, 18 de septiembre de 2009

 




24 de diciembre y festejo

Reunión familiar, compra de regalos, comilona, esperar a las 0:00hs, brindis... chicos ansiosos por ver si trajeron lo que pidieron... se festeja algo. Para los católicos se festeja el nacimiento de Jesús. Yo estoy bautizada pero no creo, no voy a misa, no me confieso. Tampoco estoy de acuerdo con que mi cachorro sea un pecador a menos que lo bautice para limpiarlo del "pecado" con el que fue concebido. Son creencias. Hay quienes las toman y otros que no. Yo estoy en este ultimo bando.

En esta época de festejo navideño me siento siempre en la obligación de responder a las creencias de otros, avalando mitos y creencias. Me encanta la reunión con mis afectos. También los preparativos. El brillo y los adornos. Pero la fecha carece de significado.

Sin embargo esta es una tradición moderna. Tiene alrededor de 2000 años. Sin embargo, antes en esta fecha también había festejos. Elegir el veintipico de diciembre es hablar del solsticio. Reunir esta posición de nuestro viaje alrededor del sol con una evento religioso me suena a marketing publicitario.

Hace mucho más atrás que 2000 años, muchas culturas festejaban el solsticio (de verano o invierno, según el hemisferio). Festejar la llegada de una nueva estación implicaba festejar a la naturaleza, agradecer por la llegada de un mejor clima, por el fin-comienzo de una etapa.

A mi me gusta el festejo del veintipico de diciembre porque me gusta festejar el solsticio. Y como estoy en el hemisferio sur y es el inicio del verano, me encanta festejarlo con flores y frutas frescas, luces alegres y vibrantes. Comienza el verano, hace calor... un señor abrigado y nieve me resulta extraño, importado. Me quedo con las flores y festejo la llegada de la luz del sol.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Dientes y algas

Cuando el cachorro cumplió los seis meses, su pediatra nos dió las indicaciones para comenzar a darle de comer. Aún no tenía dientes. Recién comenzaba a mantenerse sentado solito. La maduración del sistema digestivo es un proceso. El cachorro venía probando los jugos de algunas frutas, pero después de eso estaba solamente con mi leche, a puro ñuñu. Decidimos esperar para darle su primer bocado sólido. ¿cuánto esperar? no sabíamos.

En la siguiente visita, la de los siete meses, la pediatra consultó sobre cómo iba la alimentación. La sorpresa fue mutua. Ella se sorprendió cuando le dije que aún no habiamos comenzado a darle sólidos. Y yo me sorprendí cuando me dijo "está bien, hasta los nueve meses se puede esperar sin problemas", sin ningún sobresalto.

En esa misma semana el cachorro estaba irritable, nada lo conformaba, lloraba por todo... fue una semana dura. Solamente se calmaba cuando le dabamos algo para llevarse a la boca.

Hace unos meses atrás estuvimos en el sur de Chile, ahí conseguimos algo que estábamos buscando. Bueno, buscar es una forma de decir, porque no lo intentamos conseguir por acá porque sabíamos que lo podiamos hallar facilmente en Chile. El pueblo quechua la llama cochayuyo (planta de mar), mientras que en mapudung es coyofe o kollof. Nos trajimos algunos atados de cochayuyo seca, un alga (Durvillaea antarctica) de los mares del pacífico del sur que tradicionalmente la utilizaban las culturas originarias para comer y también para calmar los dolores de esta etapa de los bebés.


Se que en esta era de la industrialización y el comercio global hay miles de opciones para que los bebes calmen sus dolores de encias con mil y un mordedores (los que se congelan, los de silicona, finitos, gruesos, con relieves, con dibujitos, de colores...), sin embargo cuando nos enteramos que el pueblo mapuche utilizaba trozos de esta alga nos pareció super!

Como es un alga de gran tamaño y de interior aireado, no hay que preocuparse porque se la trague, al secarse es dura, pero a medida que se va mojando se vuelve flexible y gomosa, imposible de quebrarse!

A medida que el cachorro la va mordisqueando y chupando, esta alga se va hidratando. Al hacerlo desprende oligoelementos y minerales (calcio, magnesio, potasio, yodo, hierro), que son importantes para la mineralización de sus dientes y huesos. Además, las partes internas del alga van desprendiendo fibra que facilita el tránsito intestinal. Todo esto pasa mientras el cachorro se queda largo rato entretenido y tranquilo, ya que la picazón o dolor de sus encías desaparece.

Sencillo, porque solamente hay que lavarla y ya la puede usar.
Reutilizable, porque cuando se seca se puede volver a usar.
Natural, es un alga!

Algunos me decían que el problema era el olor que dejaba en los bebés. Pero a mi no me pareció que fuera terrible. Apenas si se siente. Y lo mejor, salieron los dientes y Sachayoj se calmó :)

miércoles, 21 de diciembre de 2011

La partera de las diosas: Ina May Gaskin

Les comparto una publicación vieja que salió en Página 12. Es una nota a Ina May Gaskin, una partera estadounidense que con su trabajo demuestra que una mujer bien atendida, respetada y en intimidad puede parir sola.

Es una entrevista muy interesante ya que comenta porque es dificil parir solas en un hospital o clínica, menciona los aspectos que son pasados por alto, apoya al parto domiciliario y comenta algunos detalles de la maternidad. Vale la pena leerla!


Una vida trayendo vidas

La partera que revolucionó los nacimientos en el siglo XX, Ina May Gaskin, en la comunidad de La Granja, en Tennessee, Estados Unidos, visitó la Argentina y resaltó que las mujeres deben ser tratadas como diosas en el momento de parir, pero que no sólo en los partos en el hogar se puede llegar a nacimientos plenos. También incentivó a que las madres eviten la culpa y que la maternidad ofrece muchas oportunidades para conectarse con los hijos. Tiene 69 años, atendió 1200 partos en los que no murió ninguna mujer y sólo tuvo que recurrir en el 1 por ciento de los casos a cesáreas. Una historia de vida de una mujer que se dedicó a traer vidas.

las12
Viernes, 18 de septiembre de 2009
Por Luciana Peker
Ina May Gaskin es la pionera en realizar partos en el hogar, en un lugar conocido como La Granja, en Tennessee, Estados Unidos, un icono de una comunidad sesentista que no pasó de moda y fue más allá del símbolo de la paz, pisoteado por los años. Ella se convirtió en esa década de nuevas búsquedas en partera (cuando conoció a Stephen, su actual marido, en 1968, después de su primer, y traumático parto, y él le enseñó cómo no tener miedo y ayudar a la gente a relajarse). Después, ella quiso aprender con Stephen a amarse para toda la vida y perduró no sólo en el amor: también, como partera profesional.
Pero ella no es una neohippie reivindicada, es, genuinamente, quien cambió el mundo de los nacimientos. Por eso, después de atender 1200 partos domiciliarios, a los 69 años, se convirtió en una experta en cómo ayudar, alentar y animar a las mujeres que dan a luz. Ella dice que, a pesar de sus arrugas y sus años, sigue ayudando a alumbrar porque la adrenalina es tan fuerte como una droga ilegal. Lo dice y se ríe. Lo dice y acaricia a Ulises Uriel, que tan sólo tiene 18 días y nació precoz, pero se acurruca entre sus brazos y se enlaza con los dedos amorosos y marcados por el tiempo y la vida de Ina. Ella contiene sus brazos para que Ulises sepa que sigue abrazado y abrigado como en la panza y desliza sus dedos –adornados con un anillo azul eléctrico que también marca sus ganas de color y coraje– para que el recién llegado sienta que hay aires de amor que acunan su sueño. Y, sienta o no la cuna de una de las parteras más revolucionarias del siglo XX, él concilia el sueño mientras Ina habla con Las 12.
Pero la sabiduría de Ina no se muestra sólo en ser una de las primeras mujeres que pusieron el cuerpo en hacer que el cuerpo de las mujeres (y no la palabra de los/las médicos) vuelva a ser protagonista de los nacimientos. La experiencia volcada en su dulzura y reflexión serena (que no suena radicalizada, sino amparadora de quien la escucha) también se demuestran en su flexibilidad, que aleja prejuicios y culpas: ella apunta a que los varones participen del nacimiento, a no hacer sentir en falta a las mujeres que no se animan a un parto domiciliario aunque compartan su filosofía y a que la actitud frente a la maternidad –si bien cree que está marcada por el momento inicial de la llegada al mundo– puede afrontarse con una mejor energía en cualquier momento de la vida.
Ina May Gaskin fue la presidenta de la Asociación de Parteras de Norteamérica y su apellido es el emblema de una técnica que descubrió en su trabajo –casi artesanal de alentar a las mujeres a resoplar sus fuerzas cuando la debilidad, el cansancio y el dolor fatigan la autoestima para continuar con el trabajo de parto– que se conoce como la “maniobra Gaskin” para resolver una mala posición en los hombros de los bebés.
Es la autora del libro Partería Espiritual (la naturaleza del nacimiento, entre el amor y la ciencia (publicado en la Argentina por Mujer Sabias Editoras) que recopila toda su experiencia de vida de traer vidas. También realizó su Guía para el parto. Y sigue escribiendo –ahora, por ejemplo, sobre la lactancia– y sigue acariciando, callando y pujando sus palabras para alentar a las mujeres a parir y a criar con amor y fuerza, como una antigua hechizera y una moderna experta que sabe acariciar –como a Ulises, el bebé que acaba de parir la partera argentina Marina Lembo– y que de eso enseña y de eso sigue aprendiendo. Ina visitó, por primera vez, la Argentina, invitada por el Proyecto Escuela de Parteras Comunitarias del siglo XXI (que motorizan la doula y comunicadora Sonia Cavia y la partera Marina Lembo con otras 32 mujeres más) y contó su historia de vida, brindándose, como en sus partos y como en su vida, a dar vidas.

¿Sólo puede haber partos plenos y disfrutables en las casas, granjas o lugares alternativos o también pueden existir partos dignos y lindos en un hospital porque una mujer no se anima o no puede tener a su bebé en su casa?

Ina May Gaskin: –Es posible tener un buen parto en un hospital, pero tiene que haber gente muy sensible para poder asistir a las mujeres. El más mínimo detalle puede hacer perder toda la energía que se mueve en el nacimiento.

¿La atención de los sanatorios privados es más cuidada y la de los hospitales públicos es más brutal o no hay diferencias entre la atención sanitaria paga y gratuita?

Ina: –El resultado es el mismo: la madre es disminuida. Es una falsa distinción entre lo público y lo privado. Las mujeres son disminuidas de la misma manera en ambos sitios.

Se está empezando a escuchar a mujeres que sienten culpa de no tener a sus bebés en sus casas. ¿Cómo hacer para promover los partos humanizados sin que las mujeres que no se animan o no pueden –por riesgos en su salud, porque su marido no las apoya, porque no tienen medios económicos, porque tienen miedo, etc.– no se sientan culpables?

Ina: –Es verdad que estos discursos, a veces, provocan una división en las mujeres que se sienten de un lado o del otro. Pero los partos domiciliarios pueden llegar a un 5 por ciento del total de los nacimientos que es una porción muy pequeña del total de alumbramientos. Pero es importante poder contar lo que sucede en estos partos: que las mujeres pueden vivir una experiencia linda y gozosa y que el bebé puede nacer en buenas condiciones. Es muy precioso eso que ocurre aunque sea sólo en el 5 por ciento de los casos. Y lo ideal es que eso se disemine. Es importante recordar esa energía intangible y que es muy fácil que sea ignorada. Sin embargo, no es una característica necesaria que se produzca sólo en los partos domiciliarios. En realidad, en el hospital se podría tener partos con conciencia de esa energía. Pero sólo con esa conciencia se puede generar un cambio.

Hoy se habla mucho del embarazo y el parto. ¿Pero cómo se aplica esta filosofía de maternidad a lo largo de la crianza de los hijos e incluso cuando crecen y son jóvenes o adultos/as?

–Mi hijo Pablo tiene 35 años y vive en Nueva York y yo lo sigo cuidando. Una cree que cuando cumplen 18 años se terminaron las responsabilidades, pero la maternidad sigue toda la vida.

La mayoría de las madres modernas sienten culpa: porque trabajan, porque no dieron la teta, porque no van todas las tardes al jardín de infantes o no pueden comprar una play station. ¿Qué se hace con esa culpa impuesta por la sociedad pero sentida por las mujeres?

–También es bueno practicar el perdón a una misma. Hay que ser compasiva con una como madre. Nunca se habla del padre perfecto, pero sí de la madre perfecta (risas).

¿Cuál fue su experiencia como madre? ¿Ha sentido culpa?

–Con mi primera hija, Sidney, que se murió a los 20 años, de cáncer de cerebro, viví una experiencia difícil. Cuando nació ella, yo tenía 26 años y era muy inocente e ignorante. En ese momento, se hacían fórceps de rutina. Y yo ni siquiera sabía que podía buscar otro obstetra. Tuve mi primer parto con fórceps y fui muy abusada. Mi estrategia fue quedarme callada para pasar inadvertida. El trabajo de parto fue lindo y me pude convertir en un animal pariendo. Pero cuando sentí necesidad de pujar me dieron anestesia que no era peridural y sí muy peligrosa. Ahí entré en una situación de tortura medieval y cuando nace mi hija nos separan por un día entero. Eso dejó una herida muy grande en mi relación con esta hija. Pero yo me podría haber dejado quebrar por esta herida y porque no pude ser una buena madre con ella. Reparé con mis otros tres hijos: Eva María, de 37 años; Pablo, de 35, y Samuel, de 34. Pero durante su enfermedad –que le llevó un año entero– luché por Sidney: fui una fiera luchando por ella y mi hija pudo ver una madre diferente y recién, 19 años después, pude reparar ese proceso. Pude estar en el momento cuando murió mi hija y tenía la cara exactamente igual a la de un recién nacido.

¿Cómo fueron los partos de sus otros hijos? ¿Siente que la diferencia en el momento del nacimiento también la marcó de una manera distinta como madre?

–Mis otros hijos fueron directo a las manos de las parteras de la comunidad y seguro que me marcaron de una manera diferente. Cuando en La Granja decidimos hacernos cargos de los nacimientos y se formó una hermandad entre las mujeres que asistían tu parto te trataban como una diosa en el acto pleno de parir.

¿Cómo nace su pasión por ser partera?

–Cuando Sidney tenía un año y medio, mi ex pareja me dijo “Vamos a ser hippies y vamos a California a escuchar a un hombre llamado Stephen”. Ahí conocí a Stephen (que es mi actual marido) y a otras mujeres que habían pasado por la misma experiencia que yo del parto con fórceps y que habían decidido no ir más al hospital. Me pareció muy valiente y me propuse volver a recuperar la conciencia de que cada nacimiento tiene que ser sagrado.

RECUADRO

VIOLENCIA OBSTETRICA: La nueva ley de género respalda los partos respetados

En la nueva Ley de Violencia de Género (aprobada en marzo de este año) se incluyó la violencia obstétrica como una de las formas de violencia contra las mujeres. ¿Creen que se puede usar esta nueva norma para disminuir o erradicar los maltratos y falta de escucha a las parturientas?
Ina May Gaskin: –Por lo menos es un comienzo, en Estados Unidos no existe este tipo de ley.
Sonia Cavia: –Que hayan incluido la violencia de género entre la violencia obstétrica es un reconocimiento del movimiento feminista a la violencia en el parto y, políticamente, dentro de lo que es el movimiento de mujeres, representa un gran paso.

¿Cuánto les puede servir a las mujeres esta nueva norma?

Sonia: –No lo sé, pero sí es un reconocimiento político a la violación a los derechos humanos que existe en los partos en la Argentina.

¿Se pueden presentar amparos previos a los nacimientos para garantizar que en el hospital o sanatorio se cumplan con determinadas condiciones (por ejemplo, el ingreso del padre a la sala de parto) que pida la pareja o la mujer?

Sonia: –Es una herramienta legal más. Un amparo refuerza el pedido de la pareja. Pero, en los hechos, es muy complicado reclamar para una mujer embarazada, en el momento del parto y del posparto.

Números que hablan sobre nacer con respeto

Las cifras de los resultados del método de Ina May Gaskin

Ina May Gaskin y su hijo Paul Benjamin
95,1% de partos finalizados en la casa de la parturienta

4,9% de situaciones que necesitaron un traslado a un hospital o sanatorio.

1,3% de emergencias que requirieron de un traslado urgente a un centro médico.

1,4% de nacimientos a través de cesáreas.

5,4% de partos vaginales después de una experiencia previa de cesárea.

0,5% de necesidad de usar fórceps.

8,9% de partos adelantados.

2,9% de bebés nacidos prematuros (con menos de 37 semanas).

49,9% de mujeres que tomaron líquidos durante el trabajo de parto.

29,1% de mujeres que comieron y bebieron durante el trabajo de parto.

1% de mujeres con depresión posparto

99% de inicio de lactancia materna

0% de mortalidad materna


Fuente: Resultados de 2028 embarazos y partos (de 1970 al 2000) publicados en Partería espiritual (la naturaleza del nacimiento entre el amor y la ciencia)

Nueva compañia



Entre tanta organización y tanta compra para otros, nos encontramos (bueno, si, yo lo buscaba) con un amigo. ¡Y se  vino a vivir a casa!.

Tendremos que ponerle un nombre a este conejo amigo y esperemos que nos acompañe durante mucho tiempo. Ya se están divirtiendo juntos...


lunes, 19 de diciembre de 2011

Michel Odent en Argentina con Carla Conte

Entre muchas cosas que leí en lo que va de este tiempo extraño 9+8 meses, en los que estoy siempre a disposición del dictado de mis hormonas y de mi cachorro, las propuestas que trae este médico francés me parecen geniales.

Este señor de ochenta y tantos años se llama Michel Odent. La escritora Laura Gutman lo nombra en sus libros. Trabajó en Francia y trabaja en Inglaterra, estudia todo lo relacionado a las etapas del parto natural. Pero natural más allá de no utilizar medicamentos. Él y su equipo buscan que los partos sean como fueron en el principio de nuestra especie. En donde las hembras parían solas, o apenas acompañadas, en su intimidad, conectadas con su ser más interior, en paz. El respeto no lo exigían porque lo tenían. Con los milenios, este poder de dar vida fue comenzando a sufrir interrupciones, comenzaron a surgir diversas actitudes sociales, de poder, que nos fueron complejizando y trabando algo tan natural hasta llegar a hoy, en donde nos dicen que parir es doloroso, que no podemos parir solas, que siempre pasa algo, que no sabemos parir. Por todo esto nos maltratan y de repente no somos seres dignos de ser respetados. Pero nuestro cuerpo sí sabe, sólo hay que saber dejarlo en la intimidad necesaria y recuerda que hacer y los cachorros nacen sanos.


Muchas cosas así estudia y experimenta Odent a lo largo de su carrera y lo cuenta para quien lo quiera escuchar. Estuvo la semana pasada en nuestro país y Carla Conte pudo entrevistarlo en su programa en la televisión pública. Les dejo la nota que salió al aire

domingo, 18 de diciembre de 2011

Hoy, taller de fular: nudos para el verano

En breve estamos saliendo a


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jueves, 15 de diciembre de 2011

De caídas y cochecitos

La verdad es que no soy una mamá de usar cochecito (para horror de mi propia mamá). Desde recién nacido mi cachorro viajó en fular a todos lados, cerquita mio o de su papá. Pero ahora ya con ocho meses cumplidos y casi diez kilos se me vuelve un poco pesado. Aun no logro aprender a ponérmelo en la espalda y llevarlo delante como siempre lo hicimos me esta haciendo doler todo y termino mas que cansada. Esta era la situación el otro día que tenía que hacer unos trámites de trabajo. Por esto decidí salir con el cochecito, mas incómodo para muchas cosas, pero me liberaba de mis dolores de espalda y cervicales.

Bueno, ya decidida a usarlo salimos contentos, yo cada tanto masticaba la incomodidad de que estuviera más abajo de mi campo visual, de no poderle ver la cara o los gestos, de no tenerlo cerquita, pero la verdad es que mi cuerpo necesitaba no cargarlo. Como siempre que hay escaleras y pocas manos gentiles, desarmé el cochecito y subí. Cuando terminé el trámite bajé y salí a la calle. En ese momento no me percaté, porque no tengo la costumbre de andar desarmando y armando el coche a cada rato, de que no había enganchado bien el pasador que frena al bebé en la silla. Como siempre usamos porteo ni se me ocurre atarlo al cochecito. Pues bien, las bellas veredas de Buenos Aires a veces no son bellas y están rotas. Y el coche se trabó entre las baldosas, mi cachorro que iba reclinado hacia adelante siguió con la inercia del movimiento, el enganche cedió y yo me llevé un terrible susto cuando lo tuve que levantar llorando del suelo. ¡Me sentí la peor! Cómo no iba a saber que eso podía pasar! Cómo había elegido usar el cochecito, yo, que difundo y apoyo el porteo! Miles de cosas se me cruzaron por la cabeza...

El tema es que el cachorro lloraba y yo quería hacerlo con él. Por suerte no fue nada, lo revisé en el momento y me mantuve calma. Él se tranquilizó en seguida. Igual lo llevé al médico para que lo revisara porque se había golpeado la nariz. Me dijo que las caídas de los cochecitos son muy comunes. ¿¡Muy comunes!? pensé yo horrorizada. Luego charlando con amigas me confesaron otras situaciones de las que no hacen alarde o comentario alguno por el sentimiento de culpa que generan.

¿Cuán común es que se te caiga el bebé del fular, mei tai, quepina o bandolera?

No sé si son comunes estas caídas, ¿cómo se te cae si siempre lo estas mirando, lo sentís, sabes si se durmió o esta despierto? Es lógico que no me haya percatado de que estaba mal enganchado si a mi cero costumbre de usarlo le sumamos que yo no veía su cara y él estaba ahí quieto y solo, mirando todo desde abajo.

Me asusté y el médico lo notó. Me mandó a hacerle unas placas que dieron bien. El ahora sigue igual de feliz. Yo desde ahora cada vez que tenga que salir voy a recordar dos veces las ventajas del porteo y dejar el cochecito en casa.

martes, 13 de diciembre de 2011

El nombre

Les dejo un escrito del genial Eduardo Galeano sobre un nombre.

El nombre

El pueblo de Cerro Chato nunca tuvo ningún cerro, ni chato ni puntiagudo. Pero Javier Zeballos recuerda que Cerro Chato sí tenía, en los tiempos de su infancia, tres comisarios, tres jueces y tres doctores.

Uno de los doctores, que vivía en el centro, era la brújula de los mandados. La mamá de Javier lo orientaba así: –De la casa del Doctor Galarza, vas dos cuadras para abajo.

  –Esto queda en la esquina del Doctor Galarza.

  –Anda a la farmacia que está a la vuelta del Doctor Galarza.

Y allá marchaba Javier. A cualquier hora que pasara por allí, con sol o con luna, el Doctor Galarza estaba siempre sentado en el zaguán de su casa, mate en mano, dando cumplida respuesta a los saludos del vecindario, buenos días, Doctor; buenas tardes, Doctor; buenas noches, Doctor.

Ya Javier era hombre crecido, cuando se le ocurrió preguntar por qué el Doctor Galarza no tenía consultorio médico ni estudio jurídico. Y entonces se enteró. Doctor no era: se llamaba. Así había sido anotado en el Registro Civil: Doctor de nombre, Galarza de apellido.

El papá quería un hijo con diploma, y aquel bebé no le pareció digno de confianza.

sábado, 10 de diciembre de 2011

Invasion social en el cuerpo de las madres por parir

Les comparto una nota muy buena e interesante que salió publicada hace unas semanas en Página 12.

Parirás con dolor

Lo dice la Biblia y en, muchos casos, lo repiten los médicos o las parteras que retan e invaden el cuerpo de las mujeres. El respeto a las parturientas es un derecho que ya está inscripto en la ley pero que tiene que imprimirse en la experiencia cotidiana y no sólo quedarse en letra muerta.
 Por Luciana Peker

“Si te gustó el carozo, bancate la pelusa”, le dijeron. No es una metáfora de verdulería, sino una de las muchas formas de lastimar a una mujer cuando no está enferma pero las contracciones, el miedo, el cuerpo dentro del cuerpo duelen. El parto duele. Aún como una reivindicación de la pujanza en la vida, duele. Pero duele mucho más cuando con palabras, negaciones o invasiones se ejerce violencia obstétrica contra las mujeres.
En la Argentina la ley contempla las episiotomías de oficio, los apuros de los médicos, los retos de las parteras o acostar a las mujeres sin dejarlas fluir y parir en cuclillas como infracciones a los derechos. ¿Pero se cumple?
“Tenemos tres leyes que promueven el respeto y cuidado en los nacimientos: la de Derechos en el Nacimiento (25.929), la de Derechos del Paciente (26.529) y la de Prevención y Erradicación de Violencia Hacia la Mujer (26.485) y ninguna de ellas, en lo que refiere a la asistencia de partos y nacimientos, se aplica concretamente. No hay una decisión en la política ministerial de hacer efectiva la capacitación a los equipos de salud, la difusión a la ciudadanía y su cumplimiento real”, señala Sonia Cavia, presidenta de Awaike Salud y Medio Ambiente y coordinadora regional de la Red Latinoamericana y del Caribe para la Humanización del Parto y el Nacimiento (Relacahupan).

Ella también remarca que para que la ley se cumpla también debe haber sanciones a los que violen la legislación –y le griten o corten o apuren a una parturienta– sin contemplar los derechos actuales. “Es importante que la violencia obstétrica se considere en una norma, en primera instancia, para reconocer su existencia y desnaturalizar modos de atención y procedimientos en un trabajo de parto y nacimiento. Insultar, pegar, amenazar, ignorar, burlar son parte cotidiana de estos procedimientos incorporados al trato habitual. Por eso, es urgente que la ubiquemos como una violación de derechos humanos cotidiana, reiterada y sistemática perpetrada por las instituciones tanto públicas como privadas”, dice.

Para que la ley se ponga en marcha, ellas también decidieron marchar el día de la no violencia hacia las mujeres. Hoy se reúnen, a las 16, en Plaza de Mayo, por el derecho a elegir cómo, dónde y con quién parir y de ahí van a trasladarse hasta el Congreso nacional. En el acto se va a entregar un sobre de color por cada hijo/a (con fotos de los chicos y chicas nacidos en sus casas o de familias que apoyan la libertad de elección en relación con dónde parir y la asistencia de parteras como profesionales idóneas y autónomas) para que se respete el derecho a que en uno de los momentos de mayor vulnerabilidad y poder de una mujer pueda estar la mamá, la pareja, una amiga o el novio o marido alentando a cada una a sobrellevar el miedo y alimentar la fuerza en cada pujido.

Otro de los objetivos del acto es llegar con este pedido a la presidenta Cristina Fernández y fomentar que en el tratamiento de un proyecto de ley que regularía el ejercicio profesional de las licenciadas en obstetricia (parteras) se estipule que puedan brindar asistencia en hospitales, casas de partos y en el domicilio de la embarazada en concordancia con el respeto de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.
Por su parte, la periodista Mariela Franzosi y autora del blog maternarconamor.blogspot.com enmarca: “La violencia obstétrica es un tipo de violencia bastante silenciada y naturalizada, que muchísimas mujeres sufrimos tanto a nivel físico como psicológico, por parte de los profesionales de la salud que deberían encargarse de protegernos a nosotras y a nuestros bebés en el momento del trabajo de parto, parto y nacimiento. Sin embargo, realizan sobre nuestro cuerpo prácticas dolorosas e innecesarias (tactos, colocación de vías para suero, el uso de oxitocina sintética que provoca contracciones artificiales e incluso la episiotomía o corte de la vagina para evitar supuestos desgarros). Las y los médicos nos manipulan sin siquiera decirnos lo que nos están haciendo, nos atan a la camilla de parto, no nos permiten movernos con libertad, nos infantilizan en el trato (‘mami’, ‘mamita’, ‘gorda’) y todas estas prácticas son diferentes tipos de violencia que las mujeres padecemos muchas veces sin siquiera llegar a registrarlo” dice.

Pero no es una violencia que encuentra a las mujeres de pie, sino asustadas, esperanzadas, dolidas, vulnerables y es ahí cuando son jaqueadas por el supuesto saber médico. “Estas situaciones suceden en el marco de una desigualdad simbólica enorme, ya que las mujeres casi siempre llegamos a parir desinformadas, temerosas, sin poder ejercer el control sobre nuestros cuerpos y teniendo que dejar en manos de ese otro ‘superior’, que posee el conocimiento y el dominio de la situación. Ese otro es el ‘profesional que sabe’ y que tiene en sus manos una de las cosas más preciadas para nosotras como es la vida de nuestras hijas e hijos. Esto hace que se vuelva más difícil aún discernir que estamos siendo violentadas y, en el caso de reconocerlo, que luego no podamos denunciarla”, subraya Franzosi. Pero recomienda desnudar la violencia y desenmascararla: “El Ministerio de Salud de la Nación, a través de su Línea de Salud Sexual, funciona como un órgano de denuncia de situaciones de violencia obstétrica. Es tu derecho. Y es posible hacerlo cumplir”.

Más información: Línea de Salud Sexual 0-800-222-3444. www.dandoaluz.net
Suplemento
las12
Viernes, 25 de noviembre de 2011

miércoles, 7 de diciembre de 2011

Semana de consumo navideño

Esta semana comenzó la gira loca de compras para la navidad. Todos los negocios están ansiosos por recibir a los clientes que son capaces de comprar el regalo incluso la misma nochebuena.
Consumir por consumir es lo normal, ¿no? O al menos eso es lo que nos dicen los medios masivos de comunicación. Siempre hay un producto nuevo que nos haría más felices, nos simplificaría la vida.... nos crea necesidades que no teníamos o no conocíamos.

Pero no todos seguimos esa tendencia. También podemos regalar otras cosas que no tienen que ver con cosas materiales. Las fiestas son un buen momento para plantearnos cuánto compartimos de nuestras vida con la gente de nuestra familia o nuestros amigos. Podríamos aprovechar estas ocasiones festivas para compartir un buen rato, una linda charla, disfrutar de la compañía. O podemos optar por regalar siendo consumidores conscientes, o sea, pensar a quién le vamos a comprar los regalos ¿una multinacional, un artesano, un pequeño productor/emprendedor?

Yo me propuse que los regalos de estas fiestas provengan todos de emprendedores: mi amiga que vende por catálogo, el artesano que hace aros o muñecos, el músico que vende su CD, los conocidos que venden por internet. Al hacer esto, mi plata va a las personas, a quienes trabajan, sin intermediarios. Entonces, también ayudo a que ellas pasen unas mejores fiestas.

Algunos datos que quizás les sirvan:

Amigas que venden por catálogo: NATURA Romina o Yanina

Tiendas donde venden productos orgánicos y directamente del productor: mercado punto verde, el galpón, red tacurú

chocolates artesanales naturales Sabrosuras

Accesorios realizados con papel gráfico reutilizado Kuó_126 

Accesorios Selket

Gente que vende por internet:


Artesana que hace agendas Celina Villar

Artesanas que hacen bellas cosas: Sol Brenner, Viviana Pirone 

Bolsas de leche vegetal: Brota

Pan dulce casero! Maria

Ojos con Botones, hermosos muñecos que arma Sol

si me acuerdo de mas los voy agregando


martes, 6 de diciembre de 2011

Manta didáctica

Desde que tenía panza que estaba con una idea que me daba vueltas por la cabeza y hará cosa de un mes que logré materializarla. Me di el gustazo de coserle una manta didáctica a piaccere a mi cachorro.

Siempre me llamaron la atención los abultados precios de los gimnasios para bebés. Básicamente me resultan costosos para el escaso tiempo de uso que los cachorros le darán. Los estímulos normalmente los ubican colgando de un arco y la base suele ser alguna tela colorida y ya. En otros casos las opciones son que la tela tenga algunos detalles, como plástico espejado, algunas tapitas y tiritas. A mi se me ocurrió que con un poco de habilidad podía abaratar y mejorar la propuesta.

Pedí prestada un máquina de coser, fui a la casa de telas del barrio y compre muchos pedazos del tamaño mínimo que me vendían. Elegí telas de muchos colores y diferentes texturas, entonces busqué algo como peluche, algo brillante, algo con rayas, flores, liso, algo suave, algo áspero... El desafío fue cortar y coser las telas con alguna forma. Primero en papel pensé las posibilidades. Cuadrados de diferentes tamaños, pedazos al azar, al fin me decidí por triángulos y rectángulos. Le agregué cintas y cascabeles, algún celofán ruidoso en la parte interna donde está la gomaespuma acolchada, una bolsita de arroz también escondida en el medio, cerramos el cierre y listo!... Un poco de esfuerzo pero me quedo super!


Mi cachorro estrenó una manta didáctica de texturas que le permite moverse por su entorno, jugar con sus juguetes, sentir con todo el cuerpo, dormir y hasta caerse sobre ella evitando los chichones!! Como la hice de más de un metro de lado, le va a servir por un largo tiempo.
Yo quedé feliz y satisfecha, además de que me ahorré algún dinero y no caí en el consumismo.
 

jueves, 1 de diciembre de 2011

Marcas de naturaleza

Siempre suelo leer libros y ultimamente estoy leyendo dos a la vez. Los tengo desparramados en la casa, cuando encuentro un rato y están cerca los agarro. Uno de esos libros lo estoy releyendo es "Mujeres que corren con los lobos" de Clarissa Pinkola Estés.

En estos días estuve leyéndolo y anduve recordando cosas. Quizás esos momentos vividos rememorados me pusieron un poco triste al relacionarlos con la lectura. Son cosas pasadas, que me dejaron enseñanzas. Aprendizajes que quizás de otro modo no hubiera adquirido. Muestras de cómo soy en mi naturaleza mas instintiva. Cosas así encuentro en este libro de Pinkola Estés. Pequeños y profundos comentarios de como somos  las mujeres en nuestra naturaleza profunda y naturalmente.

Les dejo algunos pasajes de lo ultimo que leí, después ustedes si les parece me cuentan que opinan.

"La marca distintiva de la naturaleza salvaje es su afán de seguir adelante. Su perseverancia. No se trata de algo que hacemos, sino de algo que somos de una manera natural e innata. Cuando no podemos prosperar, seguimos adelante hasta que podamos volver a prosperar.

(...) En caso necesario, las mujeres pintarán el azul del cielo en los muros de las cárceles. Si se queman las madejas, hilarán otras. Si se queman las cosechas, sembrarán inmediatamente más semillas. Las mujeres dibujarán puertas donde no las hay, las abrirán y las cruzarán para entrar en nuevas maneras y nuevas vidas. Las mujeres perseverarán y prevalecerán porque la naturaleza persevera y prevalece.

(...) Lo más importante es resistir y perseverar, pues la vida salvaje promete lo siguiente: después del invierno, viene la primavera."

Simple, fuerte, real. Con mi cachorro y mi compañero supe que estaba ya en la primavera.






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