miércoles, 30 de noviembre de 2011

Ganas de desvanecerme y dormir...

Días pasados andaba yo con ganas de eso, desvanecerme. Ganas de nada tenía, apenas acostarme y entregarme. Dormir. No llegué a tanto, pero un poco me entregué a la sensación. No tenía el mejor de los ánimos. No me estaba pasando nada en particular, salvo que estaba menstruando y se ve que mis hormonas me mandaron un poco para mis adentros.

Algunas tantas otras veces me pasó algo parecido. Entiendo que es parte de mi ciclo, y que además es parte de otro ciclo, ya que no me sucede cada 28 días. Decir que disfruto de estos momentos no es lo más acertado, pero tampoco los combato. No me sale, esos días son así y ya.

Hoy encontré una nota que me recordó mis otros momentos de querer desvanecerme. Esas etapas de mi vida en donde por las cuestiones del camino recorrido todo estaba embrollado y mal y se ponía peor con cada intento de arreglar algo. No fueron muchas veces, pero sí algunas, en las que mes sentía interiormente mal, dolorida, triste. En estos momentos, dormir, siempre era lo mejor que podía hacer para pasar el día. Y creía que era así, que dormir servía para alejarme de las situaciones e ir elaborando lo que hubiese que elaborar para que todo terminara de pasar. Bueno, la nota que hoy encontré se refería a la publicación de un estudio de la universidad de Berkeley. Según estos investigadores, al entrar en la etapa REM (del inglés movimiento rápido de los ojos) del sueño, las experiencias vividas se van atenuando lentamente.

Los investigadores cuentan que durante la fase REM la química que genera el estrés de las experiencias emocionales del día -sobre todo las malas- se va apagando mientras que el cerebro las procesa, por lo que los problemas se atenúan y su fuerza emocional se suaviza. Lo que vieron es que al dormir, una parte de nuestro cerebro que controla las emociones disminuye su funcionalidad y también disminuye una sustancia relacionada al estrés cerebral (norepinefrina). O sea que dormir al estar tristes o estresados nos ayuda.

Entonces, me sentí un poco mejor al saber que mis ganas de dormir tienen un sentido biológico y una función. Quizás un poco menos de culpa... Tal vez no tenga mucho que ver con mis hormonas y mi menstruación, pero sí con algunas tristezas. Así, no sólo descansa nuestro cuerpo, también se suavizan nuestras sensaciones y descansamos para levantarnos un poco mejor. Dormir ayuda....




El artículo es de van der Helm y colaboradores "REM Sleep Depotentiates Amygdala Activity to Previous Emotional Experiences" Current Biology, 23 November 2011 10.1016/j.cub.2011.10.052. La nota de divulgación está disponible en El Mundo

martes, 22 de noviembre de 2011

El viernes x el derecho a elegir

¿Qué sienten al ver este video?

Muchas mujeres creen que esta es la única y la mejor forma de parir, de dar vida, de ser tratadas, de proteger al bebé, de cuidarnos. Pues no, no es la única. Muchas de las cosas a las que nos somete el sistema médico son herencias de siglos de patriarcado. Todas debemos saber que esta no es la manera natural de parir. Que estar embarazadas no es estar enfermas si no tenemos un problema real. Que nuestro cuerpo sabe hacerlo. Que el sistema medico debería estar por si las dudas, sin intervenir, sin entrometerse. Somos parte del mundo, somos integrantes del mundo animal. Necesitamos intimidad para parir, al igual que necesitamos intimidad para todo lo demás. Es nuestro derecho. Nos tienen que respetar.

El viernes 25 de noviembre hay una entrega de cartas en la casa rosada y luego una marcha hacia el congreso para exigir que tenemos derecho a decidir cómo, dónde y con quién queremos parir.

Están invitadas e invitados
Para apoyar la petición pueden firmar en pinchando acá

lunes, 21 de noviembre de 2011

Compras, consumo, comida

Fui vegetariana de las estrictas durante... 15 o 16 años. Ahora soy naturista, o sea, cada tanto como pollo o pescado.

Siempre me pregunte de dónde venía la comida que compraba, quién la hacía y cosas así. La comida que yo me concino es más sabrosa, estoy tanquila que sé que le puse. Pero... ¿y el pollo que compro, crece libre y feliz en un gallinero al sol comiendo granitos? Quien sabe... bueno, averiguando se sabe y es triste.

Pero hay opciones, se puede ser consumidor conciente. Ya les pasaré los datos de varios lugares. Por ahora, les copio una nota de la revista de Pagina 12, RADAR

"El almuerzo desnudo"
Domingo, 13 de noviembre de 2011 - Por Soledad Barruti

¿Por qué los pollos tienen olor a lavandina y sus huesos se parten como si nada? ¿Cuántos peces mueren por cada plato de sushi? ¿Qué hay dentro de ese impoluto vaso de leche blanca? ¿Por qué todas las hamburguesas tienen el mismo sabor? ¿Sabía que cada vez menos chanchos tienen cola de rulito? ¿Por qué se suicidaron 200 mil agricultores en India? ¿Cuál es ese ingrediente fantasma incluido en el 75 por ciento de los alimentos procesados? Los alimentos y la alimentación es probablemente el tema en el que confluyen casi todos los problemas relevantes del mundo: la corrupción, la experimentación científica, la fuerza o debilidad de los Estados ante las corporaciones, la ecología y la salud de la población mundial. Por eso, son cada vez más los libros y documentales que echan luz sobre ese oscuro entramado que hace de cada plato de comida un expediente X. Radar vio y leyó buena parte de ellos y ofrece una guía y algunas respuestas.



El 31 de octubre, Naciones Unidas ungió con el título Ser Humano 7 mil millones a Danica, una bebé filipina. El nombramiento fue por supuesto simbólico: la persona 7 mil millones podría haber nacido bastante antes en una clínica privada, en un hospital público o en una carpa improvisada en las arenas ardientes del desierto africano. En un Estado en guerra o en una democracia reciente. Puede también estar por nacer y saltar inmediatamente al olvido desde el grueso margen de error sobre el que se sostiene este mundo superpoblado. Como sea, el número al que llegó nuestra especie alarma y vuelve la atención sobre cuestiones que van del azar de un nacimiento acontecido en una determinada coyuntura política al bochorno colectivo de un sistema mundial en crisis donde el acceso a la comida y su calidad ocupan el centro de la escena. ¿Estará el ser humano 7 mil millones del lado de los 925 millones de hambrientos que hay según datos de la FAO (Organización mundial de alimentos)? ¿O crecerá hasta volverse uno de los 1500 millones de obesos que estima la ONU habrá para el 2015? ¿Tendrá la mejor de las suertes y será de los que eligen qué y cuándo comer y qué arrojar a la basura, participando del descarte anual de 1300 millones de toneladas que van al tacho, también según la FAO? Y la última: incluso si perteneciera a la franja acomodada, comiendo lo que se come en las grandes ciudades, ¿estaría a salvo?

Teniendo en cuenta que en la actualidad se producen alimentos para que coman 12 mil millones de personas, la comida no tendría que ser un tema. Y sin embargo cada día lo es más. Al margen del fenómeno “gourmet”, la problemática sobre la comida se ha ido complejizando hasta volverse un género de denuncia en sí mismo, al que se vienen dedicando desde activistas hasta periodistas, estrellas de Hollywood, políticos, documentalistas y escritores. En este sistema de producción intensiva hay material para variados intereses: especulación financiera, experimentación biológica, expulsión de pueblos enteros del campo a la pobreza, acopio global de tierras y semillas por gigantes multinacionales, polución, envenenamiento, hacinamiento y tortura de millones de animales; enormes negociados para pocos y un “consumidor” que no tiene idea de qué es lo que se lleva diariamente a la boca.

ESA MALDICION LLAMADA SUSHI

Nada es lo que era. Ni una manzana, ni un vaso de leche. Pero tal vez (quitando el complejo universo de los granos) sea el pescado el alimento que mejor ejemplifique cómo ha cambiado todo.

El salmón es un plato paradigmático: si bien sigue figurando entre los gustos más exquisitos, su consumo se extendió desaforadamente en los últimos años, impulsando la aparición de numerosos bolichones de sushi en casi todas las ciudades del mundo. Este boom ocurrió irónicamente al mismo tiempo que los pescadores locales denunciaban que volvían a la costa con sus redes vacías y los mares eran declarados ecosistemas en crisis. ¿Cómo puede ser que un recurso que escasea y se denuncia en extinción se popularice y disminuya su precio al mismo tiempo? En primer lugar, las megaempresas pescadoras aumentaron el pique doblando la apuesta. Sus barcos adquirieron el tamaño de un estadio, se equiparon con computadoras, rayos infrarrojos y comunicación satelital para detectar a sus presas. Sus bocas de red cuentan con la capacidad para meter adentro trece aviones intercontinentales. Como si con eso no bastara, también se usa cada vez más el sistema de pesca de arrastre: una especie de arado con el que barren el fondo del mar removiéndolo todo y llevándose peces de consumo, especies exóticas que no sirven de nada, delfines, tortugas, aves marinas, corales y millones de etcéteras que después, como no se pueden vender, son devueltos muertos al mar.

Los pescadores locales, sin posibilidad de competencia, se tienen que mudar a las ciudades o emplearse en las empresas que más han crecido al amparo de esta desgracia (y completan el porqué de tanto pescado): las granjas marinas. Con un desarrollo tres veces superior al de la agricultura, del 35 al 40 por ciento del pescado (y casi todo el salmón que comemos) y los crustáceos que se venden en el mundo vienen actualmente de esas granjas líquidas. Enormes jaulas de agua en medio del mar que pueden contener millones de peces que crecen prácticamente inmóviles en aguas que se pudren producto del hacinamiento. Los ojos de estos peces estallan en sangre mientras sobreviven entre parásitos y bacterias. Entre otras porquerías se los alimenta con maíz, y se les suministran antibióticos, alguicidas y tranquilizantes. Las costas que albergan estos emprendimientos se vuelven lodazales, los peces salvajes de zonas aledañas o se mudan o se mueren. Así como están las cosas, “imaginen que les sirven un plato de sushi: si ese plato contuviera todos los animales que murieron para hacerlo, el plato debería medir 1500 metros”, escribe Jonathan Safran Foer en Comer animales (Seix Barral). En este libro de reciente edición en Argentina, Safran Foer recorre el terrible camino que siguen dentro de las granjas industriales no sólo los peces sino todos los animales que van a parar a nuestro plato y cómo eso ha modificado la vida del pescador y el granjero, de las aguas y de la tierra, a la vez que empobrece la comida mientras pone en riesgo la salud del mundo entero.

Comer animales generó debates en todos los países en los que fue presentado y sirvió para volver la atención sobre la inmensa producción de libros, películas y documentales que en los últimos años se arrojaron a desentrañar cómo se producen en la actualidad los alimentos. “La industria no quiere que se sepa lo que estamos comiendo porque si lo supiéramos tal vez no querríamos seguir comiendo.” La frase aparece al comienzo del documental Food Inc. y resume el propósito detrás de cada una de estas investigaciones: correr el velo y descubrir qué hay detrás de esta industria que factura 140 mil millones de dólares al año y ocupa un tercio de la superficie del planeta.

EL OTRO LADO DEL PLATO

Para dimensionar el fenómeno de producción cultural alcanza con intentar recopilarla: en el área de los documentales hay novedades semanales (hablando por supuesto no sólo de películas sino de cortos, animaciones y documentales para Internet). Sólo acotando la elección a los que tienen extensión de película, hay decenas. De 2005 hasta hoy se pueden encontrar desde clásicas deconstrucciones de la realidad alimentaria (un recorrido bastante simple sobre cómo llegamos hasta acá y cuál será el desenlace de no producir un cambio) como la famosa Food inc. o la más reciente Fresh –sobre los sistemas alternativos de producción de alimentos–, hasta joyitas como The Future of Food que devela los peligros –de salud, de medio ambiente y hasta de independencia de los Estados nacionales– detrás de los alimentos genéticamente modificados. Otras como Dying in abundance, que muestran la desalmada especulación financiera que se hace alrededor de los granos en los mercados bursátiles. También intentos de concientización más artie como la alemana Our Daily

Bread que, sin más recursos que una cámara quieta y un micrófono, reproduce las imágenes y los sonidos de este cruel sistema moderno: sólo la imagen y el sonido de pollos recién salidos del cascarón que de a cientos son arrojados como piedras al galpón en el que seguirán creciendo o a la basura porque no nacieron con las condiciones exigidas, es escalofriante. Sólidas investigaciones periodísticas como la francesa El mundo según Monsanto (que recorre la historia de la ominosa compañía que es dueña de la mayoría de las semillas del mundo y consigue acallar a quienes osan iniciarles demandas por problemas económicos, ambientales o de salud), y la inglesa The end of the line: documental sobre la pronta extinción de la fauna marina que advierte sobre aguas sin peces libres en las próximas décadas. También Got the Facts on Milk?: un viaje por las entrañas de la industria láctea y sus siniestros métodos –como vacas con ubres veinte veces más grandes a fuerza de inyecciones de hormonas– para aumentar la producción.

Las crónicas y denuncias periodísticas, por su parte, también se suceden descubriendo para el lector interesado un sinnúmero de aberraciones cotidianas. Hay periodistas especializados en comida que dejaron de hablar de tendencias gastronómicas y se volvieron activistas presentando interesantes campañas, como Hugh Fearnley-Whittingstall de The Guardian, que promovió un petitorio para frenar el descarte de 70 millones de peces que son devueltos muertos por año al mar y que en estos días está trayendo curiosos debates en la Unión Europea (¿está bien regalarles a los pobres el pescado que “sobra”? Si se paga a los pescadores por esas especies cuya pesca innecesaria pone en peligro el ecosistema, ¿no se comenzará a alentar la pesca de animales exóticos o en extinción?). En esa línea de denuncia se mueve también Michael Pollan, escritor del New York Times (con libros como El dilema omnívoro y Food Rules: An Eater’s Manual), que ha utilizado las páginas de ese diario para escribirle directamente a Obama instándolo a modificar un sistema agrícola que sólo beneficia a las grandes corporaciones. “Hay que promover un consumo ético”, dice Pollan, quien no es vegetariano como Safran Foer, e impulsa fervorosamente la ingesta de carne siempre y cuando no provenga de granjas industriales.

Con toda la información que circula, surgen y se nutren movimientos que no son nuevos pero sí cada vez más masivos: carnívoros selectivos y consumidores de carne ética como Pollan (personas que comen sólo sabiendo cómo fue criado y muerto el animal en cuestión), vegetarianos que no comen transgénicos, veganos (que no comen nada de origen animal) y freegans (“veganos libres” o anticonsumistas, que sacan su comida únicamente de las bolsas de basura de los ricos).

Pareciera que una vez que se aborda cualquier asunto alrededor de la comida no hay espacio para la indiferencia. Pero lo más interesante del suceso no es la cantidad de voces que se levantan, sino cómo entre todas logran devolverle visibilidad a un tema tapado a medida que el mundo adoptaba este sistema agroindustrial. Productores en bancarrota por asumir los costos de la bioctecnología y pueblos enteros intoxicados con agroquímicos. Personas que consideran inmoral que el 50 por ciento de los granos que se cultivan sean utilizados para alimentar a animales (que a su vez sólo alimentan a una pequeña porción de la humanidad) y que 100 millones de toneladas anuales de granos sean usadas para crear biocombustibles (un hecho condenado por Jean Ziegler, de la ONU, como crimen de lesa humanidad). Científicos que alertan sobre el consumo de transgénicos, consumidores enfermos o parientes de víctimas directas de la comida y ambientalistas con una denuncia cada vez más atendible: el sufrimiento al que son expuestos miles de millones de animales criados bajo las condiciones más sádicas con el fin de optimizar el tiempo y maximizar las ganancias de las compañías.

LA COMIDA QUE MATA

Soja, maíz, sorgo. Los cereales han aumentado su producción en cantidades aún mayores que los animales. Son tantas las hectáreas que tienen sólo diez empresas semilleras y agroquímicas, que si sumaran sus tierras dispersas y decidieran constituirse como país, serían el más grande y poderoso. Si bien la propuesta con la que han ido avanzando a lo largo del mundo desde su aparición tuvo que ver con paliar el hambre generando cultivos invencibles ante las plagas, lo cierto es que desde la Revolución Verde en los años ’60 hasta hoy se duplicó la producción mundial y el hambre continuó su avance. Los transgénicos no sólo no tienen genes que los vuelvan más ricos en algún nutriente (como se dijo algún día que ocurriría) sino que cada día están más sospechados y relacionados con alergias, enfermedades del sistema inmunológico, nervioso y endocrino y otras patologías. Los alimentos procesados están llenos de rellenadores económicos sucedáneos de la soja como la lecitina o endulzantes como el jarabe de alta, fructosa proveniente del maíz; conocidos como “anti nutrientes”, son responsables entre otras cosas de los altos índices de obesidad y diabetes que hay en las ciudades desarrolladas.

Estos cultivos que ocupan todo también afectan la biodiversidad. De las mil variedades de papas que había en el mundo, actualmente se cultivan intensamente cuatro. De los siete mil tipos de manzanas que nutrían la imaginación del siglo XIX, quedan las cuatro o cinco que se suelen ver. El 97 por ciento de la variedad de vegetales que había al comienzo del siglo XX se extinguió. Los campesinos o pequeños productores independientes desaparecieron o se volvieron empleados de esas grandes compañías. En India, más de 200 mil deudores desesperados (¡200 mil!) que ya no tenían cómo afrontar las deudas a las que se vieron expuestos desde que las multinacionales empezaron a cobrarles por sus semillas, se suicidaron.

En la expansión verde, las vacas se trasladaron del campo a los feedlots, los cerdos de sus chiqueros a galpones de engorde intensivo y los pollos a cámaras oscuras de crecimiento acelerado. La vida de los criadores y la calidad de todos estos alimentos se han empobrecido cuantificablemente: la carne de hoy es más rica en grasas saturadas y remedios. El cambio en sus dietas y los espacios cerrados en donde se hace vivir a los animales cubiertos por sus propios excrementos volvió el terreno propicio para la aparición de virus y bacterias nuevas, o viejas pero mutadas. Es tal la cantidad de antibióticos que se les aplica para que aguanten y sobrevivan y que luego consumimos nosotros en forma de carne que las enfermedades en humanos se han vuelto cada vez más resistentes. Escherichia coli, salmonella, gripe aviar y gripe porcina son riesgos que se relacionan directamente con las granjas industriales. Y la obesidad avanza, y el cáncer avanza y los problemas cardíacos y la infertilidad y una larga lista de etcéteras. Si bien la mayor responsabilidad de este desbarajuste recae en países como Estados Unidos y China, no hay sociedad que esté exenta de sufrir las consecuencias.

¿Existe el modo de salir de esto o la fecha de vencimiento de la humanidad está escrita en letra invisible sobre cada tiquet de supermercado? Uno de los fenómenos más llamativos en la proliferación de estos documentales y libros es que, pese a todo, subyace la esperanza. Porque hay quienes ven en el colapso las semillas del cambio: un modo de leer el presente compartido también por los que en estos meses copan las plazas del mundo protestando contra este sistema tan injusto. Se trata de barajar y dar de nuevo para recuperar las pequeñas producciones locales, redistribuir el consumo globalmente, resignar un poco de confort o del gusto entre los que vivimos en sociedades desarrolladas (disminuir el consumo de carnes, por ejemplo, sería un primer paso) y alentar los nuevos movimientos que surgen en beneficio de las personas y los ecosistemas. Así como estamos hoy, en el tiempo que toma leer esta nota, siete mil personas más están entre nosotros. Si no nacieron en un país en guerra, si llegan a sortear el hambre y la pobreza, si pueden crecer hasta elegir y cuentan con una sola herramienta para seguir adelante, ésa debería ser la información para saber qué es lo que están comiendo, cuál es su origen y el proceso que atravesó antes de llegar a su plato, para no ser uno más de los tantos que sin saber juegan en cada comida a la ruleta rusa.

domingo, 20 de noviembre de 2011

Ahora que freno, valor y sosten

Esta semana que terminó (y un poco más atrás también), fue ajetreada.

Mi cachorro estuvo muy dificil de contentar, pareciera que es por la próxima salida de sus dientes. Debido a esta insatisfacción que demostraba con llantos y ronquidos, le empezamos a dar alimentos sólidos y vimos con sorpresa cuanto se tranquilizada. Quizas porque mordía, quizás porque saciaba sus ganas de comer como nosotros, logrando cumplir algun anhelo.

Entre tanto, yo estuve yendo a trabajar como en estos últimos meses, planificando y terminando las cuestiones administrativas. Y además, tuve que terminar un informe que debía, por lo cual estuve bastante ocupada dele escribir y leer y buscar. Pero no terminó todo con esto. Ademas, está mantener la casa, las mascotas y lo nuevo... conseguir algun lugar para que el año próximo vaya unas horas a un jardín. Y tiene que ser un lugar (1) que nos quede comodo, (2)que nos guste en todo (propuesta, lugar, ambiente) (3)que tenga VERDE, (4) que sintamos que es EL lugar y (5) que podamos pagar.... claro.

Busque muchos lugares por internet, caminando por el barrio... charlando con la gente... La verdad es que no queria caer en un jardin publico, no porque sea publico. Buscabamos una propuesta pedagogica que nos involucre. Algo que no caiga de lleno en lo tradicional. No quiero un nene estereotipado que va a un jardin re lindo y lleno de colores pero que lo primero que hace cuando llegan es ver la tele. Quiero un lugar donde juegue y se embarre y vea plantas y haga amigos y no tanto. Quiero un lugar en donde lo estimulen para todo (musica, gimnasia, dibujo, cocina, ciencia, naturaleza, construcciones...). Busco un lugar que lo respeten como ser individual, diferente. No se si lo encontramos, pero hallamos un jardin cerca de casa que nos parecio que se aproximaba mucho a lo que queriamos+podiamos. Es un principio...

Esta misma semana, también sucedió algo que yo venia buscando y necesitando desde hace tiempo. Comence a asistir a un grupo de crianza. Fue el primer encuentro, fue bueno, me senti aliviada y comoda. Note que todas las mamas teniamos una necesidad de hablar enoooorrrmeee. Fue catartico!

El finde supimos aprovechar el sol y nos fuimos a hacer las compras Al Galpon, al solcito. Para mi esta fue una semana de reactivación. Hice muchas cosas, mantuve mi cabeza en funcionamiento, me mantuve lo mas ordenada que pude, jugue y acaricie y rei y disfrute todo lo que pude a mi cachorro. Me rei, hable con mis amigos y amigas. Estas semanas desde hace un tiempo, lo que no vengo encontrando es tiempo para la pareja. ¿pareja? Si, somos equipo en todo lo que podemos, pero no estamos teniendo tiempo para nosotros, tiempo de calidad digo. Ciclos, momentos, duelos, disfrutes, etapas. Ahora estoy en un momento un poco mas activo que meses atras. Quizas sea momento de poner tambien las pilas en cuidarme mas en este sosten que me ayuda a mantenerme y que tanto valoro aunque me cueste demostrarlo.

sábado, 12 de noviembre de 2011

Los cambios al maternar

Hace 7 + 9 meses yo era una mujer que pensaba y sentía diferente. Miraba a las mujeres maternantes con cierta distancia. No emprendía muchas cosas y no lo sabía. El coctel de hormonas durante el embarazo y en la lactancia (tuve cesárea así que me perdí el del parto :( ) sumado a la realidad de ver al ser que geste me cambio. Si, lo reconozco. Antes pensaba cosas que ahora reinterpreto.Mis viejas posturas me causan cierta risa. ¿Si soy mas mujer? no se. Lo que se es que ahora estoy formada por nuevas partes y adquirí mas profundidades, tonos y relieves en mis partes antiguas.

Encontré este texto, y me parece interesante dejárselos. ¿Les pasa lo mismo?

Antes de ser mama;
yo comía mi comida caliente
mi ropa lucia planchada y limpia todo el día
... podría sostener largas y tranquilas conversaciones telefónicas.

Antes de ser mama;
me dormía tarde tan tarde como quería
y jamás me preocupaban las desvelas
cepillaba y cuidaba mi pelo
lucia uñas largas y hermosas
mi casa estaba limpia y en orden
no tenia que brincar juguetes olvidados por todos lados.

Antes de ser Mama;
no me apuraba si algunas de mis plantas era venenosa
ni pensaba lo peligroso de las escaleras
o las esquinas de mis muebles
no dejaba tiempo de consultas mensuales con el médico
ni consideraba si quiera la palabra vacuna..

Antes de ser Mama;
no tenia que limpiar comida del piso
ni lavar huellas de pequeños deditos marcados en los vidrios
dormía toda la noche y los fines de semanas
eran totalmente relajados.

Antes de ser Mama;
no me entristecían los gritos de los niños en la consulta médica
no tuve jamás que detener lágrimas en mis ojos
sosteniendo una piernita que sería inyectada.

Antes de ser Mama;
yo nunca sentí un nudo en la garganta
al mirar a través de unos ojos llorosos y una carita sucia
no conocía la felicidad total
con solo recibir una mirada
no pasaba horas mirando la inocencia dormir en una cuna.

Antes de ser Mama;
nunca sentí que mi corazón se rompiera
en un millón de pedazos
al no poder calmar el dolor de un niño
nunca supe que algo tan pequeño
podía afectar tanto a mi mundo.

Antes de ser Mama;
yo no conocía el sentimiento que provoca
tener mi corazón fuera de mi cuerpo
yo no sabía que tan especial me sentiría
al alimentar a un bebe hambriento
ni sabía de esa cercanía inmensa entre una madre y su hijo.

Antes de ser Mama;
no imaginaba tanta calidez, tanta dulzura, tanto amor
no imaginaba lo grande y lo maravilloso que sería
ni imaginaba la satisfacción de ser mama
no sabía que yo era capaz de sentir tanto
y hoy no imagino mi vida sin esa pequeña sonrisa picara y traviesa
sin esa huella de chocolate en la pared
sin ese olor pureza
sin escuchar de unos pequeños labios
esa palabra breve e inmensa a la vez
Mama!!!

(Anita - Aprendiendo a ser mama)

viernes, 11 de noviembre de 2011

Malabares

Me siento mujer malabarista. Hace varios días que tengo empezado y pensado un budín de pan. Algunos informes a medio redactar. Correos por enviar. Plantificaciones a escribir. Entre todo lo que quiero hacer está disfrutarlo a mi cachorro. Y esto es lo de mayor importancia.

Me cuelgo acostándome a jugar con él, viéndolo disfrutar y descubrir a todo instante. Amamantándolo cada vez que él lo requiere. Atesoro sus brazos estirados pidiendome atención, contención, upa. Me gusta ser su nave para descubrir el mundo. Adoro su cara de plena felicidad cuando me ve volver del trabajo.

Pese a todas estas cosas que me maravillan y enamoran, tengo que luchar contra mí misma. Es como si en estos días me hubiera desdoblado. Hay una parte de mí, quizás por responder a las presiones externas o quizás solamente por querer cumplir mis viejos sueños, que quiere hacer siempre otra cosa. Alguna otra cosa, de las tantas que adeudo. Y este quiebre interno me duele.

Siento que finalmente no logro estar en ninguna de las dos situaciones bien, claro, cuando estoy en casa. Afuera, en mis momentos de trabajo formal es diferente. Sin embargo, ya me he ido con lágrimas por dejarlo reclamandome.

¿Les pasa?

Hoy vino mi mamá al final de la tarde. Fue un alivio. Me hace falta tribu tangible, manada. Brazos que se ocupen de darle atención mientras yo descanso de mi papel por un rato haciendo alguna otra cosa. Todos dicen que la maternidad te cambia la vida. Yo me siento mas malabarista que antes, mas que nunca. Y es que busco un equilibrio que no se si existe, pero que es parte de dos mundos, un equilibrio que unifica mi mundo y el mundo del ser que me hizo mamá.

¿Si podré? Quien sabe! aunque no de mas, lo intento

martes, 8 de noviembre de 2011

Respeto y diferencias

Hace algunos meses que se vienen juntando firmas a favor del parto domiciliario. Entre tantas otras cosas, se pide considerar la libertad de elegir, se pide respeto.
También se está movilizando mucha gente para combatir el maltrato obstetrico, porque las mujeres por parir y los bebes por nacer tienen derecho a ser tratados de forma amable, cariñosa y respetuosa.
Entre las cosas que nosotros buscamos para la crianza de nuestro cachorro es que lo respeten como ser individual.
Durante años me sentí combatida al decidir no comer carne. Era mi decisión, por gusto, por opción, muchos se sentían nunca-entendí-porque-mal y me atacaban, pasando por alto mi derecho a elegir.
Una de mis grandes amigas inició los trámites de adopción, junto a su marido. Ella en poco tiempo se encontró con una cantidad enorme de comentarios que discriminan su decisión y no la respetan.
Con el nombre de nuestro cachorro, una persona a la que apenas conocíamos nos dijo con la mejor desubicación "le arruinaron la vida".

En algunas situaciones pedimos que nos traten con el respeto que merecemos. En otras lo exigimos. Otras tantas veces, lloramos en privado las faltas de respeto hacia nuestras decisiones, nuestros gustos.

Creo que el respeto de pide y se enseña. Y que la sociedad en la que vivimos lo perdió. Si, creo que perdió todo el respeto que podía tenerle a muchas cosas. No se respetan las normas de tránsito, no respetamos a nuestro prójimo, no respetamos a las otras formas de vida. ¿Por qué nos cuesta tanto aceptar la diversidad? No solamente somos diferentes por características físicas, también lo somos por nuestros pensamientos y gustos.

Mi mamá toda mi infancia me repitió que cada uno era importante y diferente. Y que eso era valioso. Para mi todo ser vivo es importante y debe ser respetado.

El respeto es entender las decisiones del otro. Nos gusten o no. Hablando de decisiones coherentes con la convivencia, claro. Cada quien es dueño de si mismo. Cada uno debería tener la libertad de poder expresar cómo es.

Tal parece que cada vez más en nuestra sociedad esto está mal visto. Si decidís por vos mismo, los demás te sienten equivocado, te combaten, quieren que vuelvas al rebaño. No entienden tu decisión, no la respetan, se burlan, te dan discursos angustiantes y amenazantes "por tu bien", te exigen cambiar o te tratan de loco. ¿Es realmente tan difícil entender que el otro es otro?

Soy vegetariana, usamos fular, no queremos un mega cochecito de bebe, usamos pañales lavables, mi hijo tiene un nombre quechua, no quiero tener un auto, estamos armándonos una huerta, hacemos compost, hago las compras y llevo mi bolsa o el changuito, hay productos que no consumimos, no vemos la tele, me gusta vestirme de colores, me gusta hacerme la comida... soy diferente, igual que cualquiera de ustedes. Creo que es un lindo ejercicio diario ver las diferencias y valorarlas. Aceptarlas y respetarlas.


Les dejo para que disfruten una canción de Georges Brassens "La Mala Reputación"

lunes, 7 de noviembre de 2011

Jane Goodall, increíble mujer

Jane Goodall, la primatóloga inglesa visitó por segunda vez la Argentina durante la semana pasada.
Como la primera vez, estuve en una de sus conferencias y estas son las impresiones que me quedaron, escritas para mi prima pero que creo interesantes de contar a quien quiera leerlas. Se las dejo....

Jane... igual de etérea que la primera vez que vino.
Habla un ingles tranquilo, pausado, claro.
Toda su charla es a partir de comentarios de sus experiencias, destaca la importancia del apoyo de su madre en sus inicios, todo lo que hizo hasta lograr viajar a África, sus lecturas de infancia, su amor desde siempre por la vida y los animales, su curiosidad.

Tenia el mismo saco que trajo la primera vez, cuando dio la conferencia en la facultad de veterinaria hace dos años. Al igual que aquella vez, dio su saludo Chimpa a todos.

Es tan claro su sonido, como el de un chimpa mas.

Su charla cayó en los mismos puntos que aquella otra vez, varió algunos comentarios. Destacó la importancia de la observación, de trabajar con afecto y respeto hacia lo que uno hace, o en su caso, investigar. De cómo esto aún no esta del todo instaurado en el ambiente científico-académico. De la importancia de la motivación, de no dejarse caer frente a los comentarios malintencionados, de la fuerza de la convicción, de la necesidad de integrar conocimientos y conceptos.

Fue muy clara al decir que cada uno de nosotros en nuestras decisiones diarias marcamos diferencias en lo que respecta a nuestro propio futuro. Tenemos que ser capaces de ver y aprender de las demás especies, que tienen mucho para enseñarnos ya que tenemos muchisimas mas cosas similares de las que creemos. Todos se sorprenden.

Habló del sufrimiento de los animales, especialmente de los chimpa experimentales, por las malas a terribles situaciones a las que nosotros los sometemos. La injusticia en la que viven. Dijo que era importante aprender a tratarnos mejor, valorar los vinculos, el altruismo, el afecto. Esas cosas se ven en los chimpas y debemos evitar perderlas.

Contó cómo comenzaron los múltiples proyectos que lleva adelante su fundación, proyectos que subsidian a las mujeres para que se eduquen, para que trabajen dice que asi se controla la natalidad. Sabe que la educación es la herramienta que brinda posibilidades de mejorar.

Reconoce la importancia del control demográfico como medida de conservación, la sustentabilidad de las formas de consumo. De lo necesario que es equilibrar nuestras dietas, con menos carnes, menos cereales para evitar la deforestación. Lo que cada uno hace marca la diferencia.

Busca generar lideres jóvenes, brindarles posibilidades, alentarlos a que se realicen, siempre desde el respeto, la educación, lo vincular.

Habló sin pausa por una hora o poco mas. sin imagenes, sólo ella hablándonos. 350 personas + los que estaban afuera a quienes no se olvido de saludar.

Recordó a Pancho, el chimpa más viejo del zoo de Buenos Aires, a quien ella visito la vez anterior, y gracias a esta visita recibió algunas mejoras para sus últimos meses de vida.

Recibió otro titulo de doctora honoris causa, el 36º.

Esta muy mayor, se la nota cansada. Viaja 300 días al año, transmitiendo su mensaje. Sabe que es la única manera de defender a los chimpa que ama.

Es mujer, femenina, blanca, de voz suave, firme, amable. Se la ve sabia, con esa sabiduría de la observación y la experiencia.
Yo se que extraña a sus monos. Dijo que desearía estar siempre con ellos, pero sabe que así no los protege.

La vez anterior me saludo a mi, al pasar a mi lado. Esta vez también saludo a Sacha. Es como una extraña sensación de proximidad.

Una mujer, un ejemplo.

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El salón estaba lleno de gente, incluso algunos del ambiente del espectáculo sentados en primer fila. Los grandes naturalistas y conservacionistas debieron relcamar su entrada y estuvieron sentados al fondo.

Asi lo ví y lo viví.

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Su saludo de Chimpa....
Jane Goodall's Chimp Greeting from the Jane Goodall Institute on Vimeo.

domingo, 6 de noviembre de 2011

Apego

Semanas atrás fue la semana de la crianza en brazos y nosotros participamos de una de las actividades, enviando algunas de las fotos en donde estamos con el cachorro en el fular (el portabebés que usamos cotidianamente).

A dónde vamos llamamos la atención con tanto upa. tanto contacto... con tanta tela enrollada! Nosotros estamos muy cómodos y felices, no nos molestan las miradas extrañadas, ni las preguntas. De alguna forma mostramos una opción diferente... y no somos los únicos!



sábado, 5 de noviembre de 2011

Increíble mujer

El martes 1 a la noche, Jane Goodall... fue la segunda vez que la veo, segunda vez en que comparto todos sus dichos y reafirmo mi camino al verlo parte del suyo. Esta vez, Sachayoj tuvo la enorme suerte de que ella le hablase en chimpa en privado, sólo a él durante algunos instantes... Siempre recordare su voz de chimpa y la cara de mi cachorro. Mujer increíble



viernes, 4 de noviembre de 2011

Estas ultimas semanas... no doy mas

Hace un tiempo que no encuentro tiempo para sentarme tranquila a escribir.
Hace un tiempo que mi cabeza me martilla todos los "debo" que debo.
Hace un tiempo que mi propia exigencia me supera.
Hace un tiempo que me esfuerzo hasta que mi cabeza explota y los músculos de mi espalda se quejan.
Y, bueno, así... no doy más.

¿Les pasa?
¿Será que me exijo más de lo debido? Sólo estamos nosotros dos con las variadas tareas de la casa. Las mascotas, nuestras plantas y huerta requieren nuestros cuidados. Tenemos muchas salidas sociales que cumplir y disfrutar. El embarazo y el nacimiento me dejaron muchos proyectos a la mitad, algunos de los cuales debo terminarlos, otros no hay apuro. Debo corregir cosas, cumplir con mi trabajo en las escuelas, que necesita de planificación en casa. Quiero comer saludable, lo cual implica saber qué cosas necesito para cocinar, comprarlas si no las tengo y cocinarlas. Quiero criar al cachorro con afecto, con apego, con paciencia. Lo quiero DISFRUTAR. El cachorro debe ir al médico, estar limpio, tener pañales, ahora debemos saber si lo llevaremos a una guardería o no, entonces hay que salir a recorrer colegios y obtener una vacante... La lista sigue.

Estoy ahogándome. Si me relajo me duermo. En los momentos que tengo libres, porque el cachorro duerme, mi cabeza esta alocadamente girando y tardo tanto en concentrarme que cuando lo logro... mi cachorro ya se despertó de nuevo y adiós tiempo de tranquilidad.

¿Cómo se hace para que no nos gane el desorden, el malhumor? Tampoco es que quiera todo de punta en blanco, pero así no voy a durar mucho más. Me siento un poco sola en las cosas que debo hacer, como que lucho para cada cosa contra una gran inercia. El desequilibrio entre lo que hice y lo que debo siempre es terrible y esto me mantiene siempre bajo tensión.

¿Será que el desapego evita esto? ¿contrato una niñera 8hs al día? ¿llevo al cachorro a un jardín maternal? ¿es la única solución?

Esta última semana no tuve mis momentos de no cuidar al cachorro. Quizás por eso este particularmente sensible y extremadamente cansada. Fui madre maternante, enfermera de mi cachorro, ama de casa, compañera y mujer que trabaja todos los días, casi a toda hora.  ¿A esto se referían cuando dicen que una misma se pierde, que se desdibuja?

Si, la verdad, es que escribo estoy y me aflojo. Estoy triste. Estoy sola. Este momento es el único de la semana en el que me siento tranquila. El cachorro duerme. Mi compañero salió. Las mascotas descansan. Me aflojo y lloro. Se me desata el nudo de la garganta que me apretó todos estos días.

¿Cómo se equilibra la crianza con apego a mí, con todas las cosas que hago?
Seguro, algo deberá cambiar...
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