Mostrando entradas con la etiqueta ambiente. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta ambiente. Mostrar todas las entradas

sábado, 31 de marzo de 2012

Un año atrás por el planeta

El año pasado cayó en otro número de día, pero también hubo una "Hora del Planeta" en la cual participamos. Sin embargo, del año que pasó a este hay una gran diferencia. Aquella vez estábamos en casa reunidos con mis papás y la mamá de mi compañero para disfrutar de un rico asado (con verduras para mi). La idea era que se conozcan antes de que naciera el cachorro. Y si, ya se acerca el primer año del nacimiento del cachorro, la llegada a este lado de mi panza.
Así que en aquella cena yo andaba con mi super panza y así sin mucho comentario a la hora indicada cortamos la luz, y yo comencé a prender velas por todos lados. Mi papá medio horrorizado imploraba por la electricidad, excusándose en que si no veía el asado le salia mal. Mi mamá lo tomaba como una de mis extrañezas, y la mamá de mi compañero estaba entre sorprendida porque no sabía nada de este evento mundial y asombrada porque la mantuvimos a la luz de las velas toda la picada. Fue una hora un poco mas silenciosa, mas íntima, reservada... cosas de la magia de las velas.

Yo me sentí bien, porque de alguna manera ese momento sin luz, que para mí significaba sencillamente difundir que es necesario un cambio de conciencia era transmitido a otras personas. O sea que realmente estaba llegando a alguien, porque la verdad es que nadie se entera si yo desconecto la luz de mi casa en medio de la ciudad.


Bueno, este año ya no tengo la panzota pero estoy con mi cachorro.

Ahora sin otros mayores vamos a apagar la luz por una hora, de 20.30 a 21.30hs, y jugar a la luz de las velas con él, juntos en familia. La idea es darle un respiro a nuestro planeta, buscar la manera de que como sociedad realicemos un cambio porque así como venimos cada vez complicamos más nuestra supervivencia. Es un acto tan sencillo, que puede lograr tanto. Tan fácil como cerrar la canilla si no uso el agua o salir de compras con nuestra propia bolsa. Pequeños cambios, acciones locales, cosas que se pueden hacer y que si las sumamos, hacen muchisimo. Tanto como que muchos granos de arena forman una playa.

         

jueves, 26 de enero de 2012

Regresando

Bueno, acá estamos de nuevo. Estuvimos una semana afuera, acompañando un poco a mi compañero en sus aventuras paleontológicas. Mientras escribo como fue y es mi enero, les dejo un poco del aire fresco que me traje de la estepa patagónica. Muchas veces de chiquita me colgaba mirando el cielo nocturno y las estrellas, haciendome miles de preguntas. De adolescente también adoraba mirar la noche y ver cuan magnifica e infinita es, lo pequeño que somos. Creo que somos viajeros, la tierra es nuestra nave y estamos viajando por el universo. Pero muchas veces no nos damos cuenta, nos olvidamos, porque estamos con la vista para adentro de la tierra. Creo que es buenisimo recordar que somos una parte de algo mucho mas grande. Se que es muy bueno mirar el cielo todos los días. En el campo valoro y disfruto ese. Siempre tengo ese contacto que me refresca el alma, y los ojos. Por eso les dejo este corto "Tempestad de la Vía Láctea". Espero que lo disfruten...


Tempest Milky Way from Randy Halverson on Vimeo.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Michel Odent en Argentina con Carla Conte

Entre muchas cosas que leí en lo que va de este tiempo extraño 9+8 meses, en los que estoy siempre a disposición del dictado de mis hormonas y de mi cachorro, las propuestas que trae este médico francés me parecen geniales.

Este señor de ochenta y tantos años se llama Michel Odent. La escritora Laura Gutman lo nombra en sus libros. Trabajó en Francia y trabaja en Inglaterra, estudia todo lo relacionado a las etapas del parto natural. Pero natural más allá de no utilizar medicamentos. Él y su equipo buscan que los partos sean como fueron en el principio de nuestra especie. En donde las hembras parían solas, o apenas acompañadas, en su intimidad, conectadas con su ser más interior, en paz. El respeto no lo exigían porque lo tenían. Con los milenios, este poder de dar vida fue comenzando a sufrir interrupciones, comenzaron a surgir diversas actitudes sociales, de poder, que nos fueron complejizando y trabando algo tan natural hasta llegar a hoy, en donde nos dicen que parir es doloroso, que no podemos parir solas, que siempre pasa algo, que no sabemos parir. Por todo esto nos maltratan y de repente no somos seres dignos de ser respetados. Pero nuestro cuerpo sí sabe, sólo hay que saber dejarlo en la intimidad necesaria y recuerda que hacer y los cachorros nacen sanos.


Muchas cosas así estudia y experimenta Odent a lo largo de su carrera y lo cuenta para quien lo quiera escuchar. Estuvo la semana pasada en nuestro país y Carla Conte pudo entrevistarlo en su programa en la televisión pública. Les dejo la nota que salió al aire

lunes, 21 de noviembre de 2011

Compras, consumo, comida

Fui vegetariana de las estrictas durante... 15 o 16 años. Ahora soy naturista, o sea, cada tanto como pollo o pescado.

Siempre me pregunte de dónde venía la comida que compraba, quién la hacía y cosas así. La comida que yo me concino es más sabrosa, estoy tanquila que sé que le puse. Pero... ¿y el pollo que compro, crece libre y feliz en un gallinero al sol comiendo granitos? Quien sabe... bueno, averiguando se sabe y es triste.

Pero hay opciones, se puede ser consumidor conciente. Ya les pasaré los datos de varios lugares. Por ahora, les copio una nota de la revista de Pagina 12, RADAR

"El almuerzo desnudo"
Domingo, 13 de noviembre de 2011 - Por Soledad Barruti

¿Por qué los pollos tienen olor a lavandina y sus huesos se parten como si nada? ¿Cuántos peces mueren por cada plato de sushi? ¿Qué hay dentro de ese impoluto vaso de leche blanca? ¿Por qué todas las hamburguesas tienen el mismo sabor? ¿Sabía que cada vez menos chanchos tienen cola de rulito? ¿Por qué se suicidaron 200 mil agricultores en India? ¿Cuál es ese ingrediente fantasma incluido en el 75 por ciento de los alimentos procesados? Los alimentos y la alimentación es probablemente el tema en el que confluyen casi todos los problemas relevantes del mundo: la corrupción, la experimentación científica, la fuerza o debilidad de los Estados ante las corporaciones, la ecología y la salud de la población mundial. Por eso, son cada vez más los libros y documentales que echan luz sobre ese oscuro entramado que hace de cada plato de comida un expediente X. Radar vio y leyó buena parte de ellos y ofrece una guía y algunas respuestas.



El 31 de octubre, Naciones Unidas ungió con el título Ser Humano 7 mil millones a Danica, una bebé filipina. El nombramiento fue por supuesto simbólico: la persona 7 mil millones podría haber nacido bastante antes en una clínica privada, en un hospital público o en una carpa improvisada en las arenas ardientes del desierto africano. En un Estado en guerra o en una democracia reciente. Puede también estar por nacer y saltar inmediatamente al olvido desde el grueso margen de error sobre el que se sostiene este mundo superpoblado. Como sea, el número al que llegó nuestra especie alarma y vuelve la atención sobre cuestiones que van del azar de un nacimiento acontecido en una determinada coyuntura política al bochorno colectivo de un sistema mundial en crisis donde el acceso a la comida y su calidad ocupan el centro de la escena. ¿Estará el ser humano 7 mil millones del lado de los 925 millones de hambrientos que hay según datos de la FAO (Organización mundial de alimentos)? ¿O crecerá hasta volverse uno de los 1500 millones de obesos que estima la ONU habrá para el 2015? ¿Tendrá la mejor de las suertes y será de los que eligen qué y cuándo comer y qué arrojar a la basura, participando del descarte anual de 1300 millones de toneladas que van al tacho, también según la FAO? Y la última: incluso si perteneciera a la franja acomodada, comiendo lo que se come en las grandes ciudades, ¿estaría a salvo?

Teniendo en cuenta que en la actualidad se producen alimentos para que coman 12 mil millones de personas, la comida no tendría que ser un tema. Y sin embargo cada día lo es más. Al margen del fenómeno “gourmet”, la problemática sobre la comida se ha ido complejizando hasta volverse un género de denuncia en sí mismo, al que se vienen dedicando desde activistas hasta periodistas, estrellas de Hollywood, políticos, documentalistas y escritores. En este sistema de producción intensiva hay material para variados intereses: especulación financiera, experimentación biológica, expulsión de pueblos enteros del campo a la pobreza, acopio global de tierras y semillas por gigantes multinacionales, polución, envenenamiento, hacinamiento y tortura de millones de animales; enormes negociados para pocos y un “consumidor” que no tiene idea de qué es lo que se lleva diariamente a la boca.

ESA MALDICION LLAMADA SUSHI

Nada es lo que era. Ni una manzana, ni un vaso de leche. Pero tal vez (quitando el complejo universo de los granos) sea el pescado el alimento que mejor ejemplifique cómo ha cambiado todo.

El salmón es un plato paradigmático: si bien sigue figurando entre los gustos más exquisitos, su consumo se extendió desaforadamente en los últimos años, impulsando la aparición de numerosos bolichones de sushi en casi todas las ciudades del mundo. Este boom ocurrió irónicamente al mismo tiempo que los pescadores locales denunciaban que volvían a la costa con sus redes vacías y los mares eran declarados ecosistemas en crisis. ¿Cómo puede ser que un recurso que escasea y se denuncia en extinción se popularice y disminuya su precio al mismo tiempo? En primer lugar, las megaempresas pescadoras aumentaron el pique doblando la apuesta. Sus barcos adquirieron el tamaño de un estadio, se equiparon con computadoras, rayos infrarrojos y comunicación satelital para detectar a sus presas. Sus bocas de red cuentan con la capacidad para meter adentro trece aviones intercontinentales. Como si con eso no bastara, también se usa cada vez más el sistema de pesca de arrastre: una especie de arado con el que barren el fondo del mar removiéndolo todo y llevándose peces de consumo, especies exóticas que no sirven de nada, delfines, tortugas, aves marinas, corales y millones de etcéteras que después, como no se pueden vender, son devueltos muertos al mar.

Los pescadores locales, sin posibilidad de competencia, se tienen que mudar a las ciudades o emplearse en las empresas que más han crecido al amparo de esta desgracia (y completan el porqué de tanto pescado): las granjas marinas. Con un desarrollo tres veces superior al de la agricultura, del 35 al 40 por ciento del pescado (y casi todo el salmón que comemos) y los crustáceos que se venden en el mundo vienen actualmente de esas granjas líquidas. Enormes jaulas de agua en medio del mar que pueden contener millones de peces que crecen prácticamente inmóviles en aguas que se pudren producto del hacinamiento. Los ojos de estos peces estallan en sangre mientras sobreviven entre parásitos y bacterias. Entre otras porquerías se los alimenta con maíz, y se les suministran antibióticos, alguicidas y tranquilizantes. Las costas que albergan estos emprendimientos se vuelven lodazales, los peces salvajes de zonas aledañas o se mudan o se mueren. Así como están las cosas, “imaginen que les sirven un plato de sushi: si ese plato contuviera todos los animales que murieron para hacerlo, el plato debería medir 1500 metros”, escribe Jonathan Safran Foer en Comer animales (Seix Barral). En este libro de reciente edición en Argentina, Safran Foer recorre el terrible camino que siguen dentro de las granjas industriales no sólo los peces sino todos los animales que van a parar a nuestro plato y cómo eso ha modificado la vida del pescador y el granjero, de las aguas y de la tierra, a la vez que empobrece la comida mientras pone en riesgo la salud del mundo entero.

Comer animales generó debates en todos los países en los que fue presentado y sirvió para volver la atención sobre la inmensa producción de libros, películas y documentales que en los últimos años se arrojaron a desentrañar cómo se producen en la actualidad los alimentos. “La industria no quiere que se sepa lo que estamos comiendo porque si lo supiéramos tal vez no querríamos seguir comiendo.” La frase aparece al comienzo del documental Food Inc. y resume el propósito detrás de cada una de estas investigaciones: correr el velo y descubrir qué hay detrás de esta industria que factura 140 mil millones de dólares al año y ocupa un tercio de la superficie del planeta.

EL OTRO LADO DEL PLATO

Para dimensionar el fenómeno de producción cultural alcanza con intentar recopilarla: en el área de los documentales hay novedades semanales (hablando por supuesto no sólo de películas sino de cortos, animaciones y documentales para Internet). Sólo acotando la elección a los que tienen extensión de película, hay decenas. De 2005 hasta hoy se pueden encontrar desde clásicas deconstrucciones de la realidad alimentaria (un recorrido bastante simple sobre cómo llegamos hasta acá y cuál será el desenlace de no producir un cambio) como la famosa Food inc. o la más reciente Fresh –sobre los sistemas alternativos de producción de alimentos–, hasta joyitas como The Future of Food que devela los peligros –de salud, de medio ambiente y hasta de independencia de los Estados nacionales– detrás de los alimentos genéticamente modificados. Otras como Dying in abundance, que muestran la desalmada especulación financiera que se hace alrededor de los granos en los mercados bursátiles. También intentos de concientización más artie como la alemana Our Daily

Bread que, sin más recursos que una cámara quieta y un micrófono, reproduce las imágenes y los sonidos de este cruel sistema moderno: sólo la imagen y el sonido de pollos recién salidos del cascarón que de a cientos son arrojados como piedras al galpón en el que seguirán creciendo o a la basura porque no nacieron con las condiciones exigidas, es escalofriante. Sólidas investigaciones periodísticas como la francesa El mundo según Monsanto (que recorre la historia de la ominosa compañía que es dueña de la mayoría de las semillas del mundo y consigue acallar a quienes osan iniciarles demandas por problemas económicos, ambientales o de salud), y la inglesa The end of the line: documental sobre la pronta extinción de la fauna marina que advierte sobre aguas sin peces libres en las próximas décadas. También Got the Facts on Milk?: un viaje por las entrañas de la industria láctea y sus siniestros métodos –como vacas con ubres veinte veces más grandes a fuerza de inyecciones de hormonas– para aumentar la producción.

Las crónicas y denuncias periodísticas, por su parte, también se suceden descubriendo para el lector interesado un sinnúmero de aberraciones cotidianas. Hay periodistas especializados en comida que dejaron de hablar de tendencias gastronómicas y se volvieron activistas presentando interesantes campañas, como Hugh Fearnley-Whittingstall de The Guardian, que promovió un petitorio para frenar el descarte de 70 millones de peces que son devueltos muertos por año al mar y que en estos días está trayendo curiosos debates en la Unión Europea (¿está bien regalarles a los pobres el pescado que “sobra”? Si se paga a los pescadores por esas especies cuya pesca innecesaria pone en peligro el ecosistema, ¿no se comenzará a alentar la pesca de animales exóticos o en extinción?). En esa línea de denuncia se mueve también Michael Pollan, escritor del New York Times (con libros como El dilema omnívoro y Food Rules: An Eater’s Manual), que ha utilizado las páginas de ese diario para escribirle directamente a Obama instándolo a modificar un sistema agrícola que sólo beneficia a las grandes corporaciones. “Hay que promover un consumo ético”, dice Pollan, quien no es vegetariano como Safran Foer, e impulsa fervorosamente la ingesta de carne siempre y cuando no provenga de granjas industriales.

Con toda la información que circula, surgen y se nutren movimientos que no son nuevos pero sí cada vez más masivos: carnívoros selectivos y consumidores de carne ética como Pollan (personas que comen sólo sabiendo cómo fue criado y muerto el animal en cuestión), vegetarianos que no comen transgénicos, veganos (que no comen nada de origen animal) y freegans (“veganos libres” o anticonsumistas, que sacan su comida únicamente de las bolsas de basura de los ricos).

Pareciera que una vez que se aborda cualquier asunto alrededor de la comida no hay espacio para la indiferencia. Pero lo más interesante del suceso no es la cantidad de voces que se levantan, sino cómo entre todas logran devolverle visibilidad a un tema tapado a medida que el mundo adoptaba este sistema agroindustrial. Productores en bancarrota por asumir los costos de la bioctecnología y pueblos enteros intoxicados con agroquímicos. Personas que consideran inmoral que el 50 por ciento de los granos que se cultivan sean utilizados para alimentar a animales (que a su vez sólo alimentan a una pequeña porción de la humanidad) y que 100 millones de toneladas anuales de granos sean usadas para crear biocombustibles (un hecho condenado por Jean Ziegler, de la ONU, como crimen de lesa humanidad). Científicos que alertan sobre el consumo de transgénicos, consumidores enfermos o parientes de víctimas directas de la comida y ambientalistas con una denuncia cada vez más atendible: el sufrimiento al que son expuestos miles de millones de animales criados bajo las condiciones más sádicas con el fin de optimizar el tiempo y maximizar las ganancias de las compañías.

LA COMIDA QUE MATA

Soja, maíz, sorgo. Los cereales han aumentado su producción en cantidades aún mayores que los animales. Son tantas las hectáreas que tienen sólo diez empresas semilleras y agroquímicas, que si sumaran sus tierras dispersas y decidieran constituirse como país, serían el más grande y poderoso. Si bien la propuesta con la que han ido avanzando a lo largo del mundo desde su aparición tuvo que ver con paliar el hambre generando cultivos invencibles ante las plagas, lo cierto es que desde la Revolución Verde en los años ’60 hasta hoy se duplicó la producción mundial y el hambre continuó su avance. Los transgénicos no sólo no tienen genes que los vuelvan más ricos en algún nutriente (como se dijo algún día que ocurriría) sino que cada día están más sospechados y relacionados con alergias, enfermedades del sistema inmunológico, nervioso y endocrino y otras patologías. Los alimentos procesados están llenos de rellenadores económicos sucedáneos de la soja como la lecitina o endulzantes como el jarabe de alta, fructosa proveniente del maíz; conocidos como “anti nutrientes”, son responsables entre otras cosas de los altos índices de obesidad y diabetes que hay en las ciudades desarrolladas.

Estos cultivos que ocupan todo también afectan la biodiversidad. De las mil variedades de papas que había en el mundo, actualmente se cultivan intensamente cuatro. De los siete mil tipos de manzanas que nutrían la imaginación del siglo XIX, quedan las cuatro o cinco que se suelen ver. El 97 por ciento de la variedad de vegetales que había al comienzo del siglo XX se extinguió. Los campesinos o pequeños productores independientes desaparecieron o se volvieron empleados de esas grandes compañías. En India, más de 200 mil deudores desesperados (¡200 mil!) que ya no tenían cómo afrontar las deudas a las que se vieron expuestos desde que las multinacionales empezaron a cobrarles por sus semillas, se suicidaron.

En la expansión verde, las vacas se trasladaron del campo a los feedlots, los cerdos de sus chiqueros a galpones de engorde intensivo y los pollos a cámaras oscuras de crecimiento acelerado. La vida de los criadores y la calidad de todos estos alimentos se han empobrecido cuantificablemente: la carne de hoy es más rica en grasas saturadas y remedios. El cambio en sus dietas y los espacios cerrados en donde se hace vivir a los animales cubiertos por sus propios excrementos volvió el terreno propicio para la aparición de virus y bacterias nuevas, o viejas pero mutadas. Es tal la cantidad de antibióticos que se les aplica para que aguanten y sobrevivan y que luego consumimos nosotros en forma de carne que las enfermedades en humanos se han vuelto cada vez más resistentes. Escherichia coli, salmonella, gripe aviar y gripe porcina son riesgos que se relacionan directamente con las granjas industriales. Y la obesidad avanza, y el cáncer avanza y los problemas cardíacos y la infertilidad y una larga lista de etcéteras. Si bien la mayor responsabilidad de este desbarajuste recae en países como Estados Unidos y China, no hay sociedad que esté exenta de sufrir las consecuencias.

¿Existe el modo de salir de esto o la fecha de vencimiento de la humanidad está escrita en letra invisible sobre cada tiquet de supermercado? Uno de los fenómenos más llamativos en la proliferación de estos documentales y libros es que, pese a todo, subyace la esperanza. Porque hay quienes ven en el colapso las semillas del cambio: un modo de leer el presente compartido también por los que en estos meses copan las plazas del mundo protestando contra este sistema tan injusto. Se trata de barajar y dar de nuevo para recuperar las pequeñas producciones locales, redistribuir el consumo globalmente, resignar un poco de confort o del gusto entre los que vivimos en sociedades desarrolladas (disminuir el consumo de carnes, por ejemplo, sería un primer paso) y alentar los nuevos movimientos que surgen en beneficio de las personas y los ecosistemas. Así como estamos hoy, en el tiempo que toma leer esta nota, siete mil personas más están entre nosotros. Si no nacieron en un país en guerra, si llegan a sortear el hambre y la pobreza, si pueden crecer hasta elegir y cuentan con una sola herramienta para seguir adelante, ésa debería ser la información para saber qué es lo que están comiendo, cuál es su origen y el proceso que atravesó antes de llegar a su plato, para no ser uno más de los tantos que sin saber juegan en cada comida a la ruleta rusa.

sábado, 5 de noviembre de 2011

Increíble mujer

El martes 1 a la noche, Jane Goodall... fue la segunda vez que la veo, segunda vez en que comparto todos sus dichos y reafirmo mi camino al verlo parte del suyo. Esta vez, Sachayoj tuvo la enorme suerte de que ella le hablase en chimpa en privado, sólo a él durante algunos instantes... Siempre recordare su voz de chimpa y la cara de mi cachorro. Mujer increíble



viernes, 16 de septiembre de 2011

De bebés y pañales II

El mercado nos ofrece un sinfín de opciones fácilmente hallables en todas las farmacias, supermercados y otros tantos lugares. Estoy hablando de los pañales descartables (o desechables). Sin embargo, éstos son costosos, y desechables, por lo cual la inversión es alta dedo que no hay posibilidad de reutilización.

Las mismas empresas que lo comercializan, se garantizan el mercado realizando campañas solidarias, haciendo donaciones de sus productos, dando promociones. Es fácil caer en este juego y no poder ver que nos están sesgando a utilizar solamente lo que ellas deciden. Logrando abultar únicamente el bolsillo de estas mega corporaciones.

El costo de elaboración de los pañales descartables es alto, hay varios equipos trabajando en su diseño, en mejorar su absorción, en elaborar mejores químicos y demás absorventes. Pensándolo desde este lugar, a la empresa misma no le conviene mejorar demasiado su producto, haciendo que dure mas horas por ejemplo, debido a que esto disminuiría sus ventas. Si lo hicieran, la cantidad de desechos que estos productos generan serían menores. Pero a estas corporaciones no les importan los desechos, ellas no se hacen cargo de los mismos.

Pero, ¿de cuántos pañales estamos hablando? Bueno, hagamos algunas cuentas... En el primer año de vida, la cantidad de pañales por día varía, digamos que usa unos 6 pañales en promedio. Hacia el año y medio usará unos 4 pañales por día (siendo buenos). Los pañales son usados hasta los 3 años aproximadamente. Bueno... 3 años * 365 días al año dan unos 1095 días. Si promediamos en 5 pañales por día, serán 1095 * 5, nos da unos ¡ 5475 pañales !

Principalmente en Europa, ante tantísima cantidad de desechos producidos, hay varias ideas que se están probando que servirían para aprovechar los pañales usados. Hay quienes proponen reciclarlos para obtener gas y energía (dado el componente de materia orgánica que poseen, Suez Environnement), y quienes plantean esterilizarlos y reciclarlos para construir techos y aislantes (Knowaste). Aun están a prueba estos métodos, y la verdad, nosotros en Sudamérica y especialmente en Argentina, estamos a años luz de ser eficientes en el reciclaje y en la separación domiciliaria de residuos. Una pena, no creo que estas tecnologías sean una buena excusa para caer en la imposición del mercado de comprar y tirar.

Y pensemos un poco más en detalle. Esto que nos ofrecen como única y mejor solución, ¿de qué está hecho? ¿de dónde provienen estos materiales que con tanta liviandad y confianza ponemos en la piel del bebé?

Molécula de poliacrilato
La composición de un pañal desechable variará dependiendo de la marca y del modelo, pero básicamente consiste en una capa absorbente de celulosa con elementos destinados a retener la humedad (SAP o polímero súper absorbente, un ejemplo es el poliacrilato de sodio), situada entre capas impermeables destinadas a evitar que la piel del niño entre en contacto con la humedad y por tanto acabe irritándose.

Más en detalle (datos del INTI y The Diaper Industry Source)

Componentes de un pañal desechable
  1. Pad absorbente, compuesto de pasta fluff que surge de fibras de maderas de coníferas, tratadas por pulpado químico blanqueado y luego pasadas por un molino que desmenuza la pulpa en seco. Esta pasta se mezcla con polímeros superabsorbentes (SAP).
  2. Cubierta de papel tissue (ubicada entre el pad y la cobertura no tejida), es un papel delgado, de bajo gramaje, que cumple la función de captar la orina y transferirla a todos los sectores del núcleo absorbente, evitando que el líquido se concentre sólo en la zona donde ocurre la micción.
  3. Cubierta de material no tejido, semipermeable, esta en contacto con la piel, con el objetivo de propiciar la transferencia de los líquidos hacia el interior y evitar el pasaje en sentido inverso.
  4. Cubierta impermeable plástica (polietileno), la parte exterior que está en contacto con la indumentaria del bebé, cuya función principal es impedir el pasaje de desechos al exterior. 
  5. Cintas frontales, laterales y elásticos, (polipropileno termofusionado, a veces con acabado símil tela y más recientemente con velcro)
Entonces: papel, plástico y polímeros sintéticos. En palabras relacionadas al ambientalismo: monocultivos y derivados del petróleo. Mmm..

Bueno, con esta composición, sumada a los antibacterianos, aloe vera y demás agregados que les ponen y a la cantidad de procesamiento que tienen son difíciles de degradar naturalmente... es por eso que este tipo de residuos duran en los basureros más de 200 años (llegan hasta los 500 años!). El simple envase del "popó" de nuestro bebé estará en la tierra mucho más tiempo que quien lo utilizó.

Desde 1940 se vienen utilizando pañales descartables, cada vez son más utilizados... y cada bebé usa, reitero, algo más de 5475 pañales. Esto da una significativa cantidad de basura, en toneladas, de la que nadie habla o se hace cargo.

Es cuestión de salirse un poco de lo que nos venden.

Si hacemos cuentas, hasta es más económico no comprar desechables. Mis hermanos y yo, en los 80`s, nos criamos con pañales de tela sin problemas. Luego, estos pañales quedaron fuera de mercado, ¿habrán sido boicoteados?. Pasaron los años, hoy están volviendo, renovados o clásicos, pero vuelven a surgir como una opción amigable con el ambiente, económica, reutilizable, bonita y sana.

-continuará-

martes, 16 de agosto de 2011

De bebés y pañales I

Hace casi un año me entere que estaba embarazada. Es cierto, muchas cosas cambiaron. Sin embargo, mi conciencia verde no. Al poco tiempo de hacerme a la idea de que estaba esperando a un nuevo ser, me surgió una sensación inesperada... ¿cómo iba a enfrentar el hecho de que mi pequeño cachorro dejara en sus primeros años de vida más de una tonelada de residuos no degradables a corto plazo? Sé que este no es un miedo de una futura madre convencional. No creo serlo.


Y si, comencé a pensar cómo enfrentarme al desafío de tamaña cantidad de residuos... Sí, estoy hablando de los pañales descartables. Una gran parte de los residuos sólidos urbanos se compone por los pañales usados de los bebés. Más de 5.000 pañales van a la basura por cada bebé que nace.

Pues bien, en la era de modernidad en que vivimos, todo es inmediato e instantáneo, motivo por el cual la vida útil de las cosas es escasa. Yo, en cambio, estaba buscando opciones de largo plazo para los pañales.

Ningún conocido me dió información, pero con mi compañero no nos rendimos, buscamos... La búsqueda, en realidad, no fue nada difícil. Solo no ve quien no busca. Gracias a Internet descubrimos todo un mundo de pañales reutilizables... Comenzamos encontrando marcas de Europa, luego de USA, México... de a poco fueron apareciendo marcas y pequeñas empresas familiares de Argentina y Chile. Y ahí respiré aliviada. La decisión estaba tomada y, salvo algún tema médico, mi cachorro usaría pañales reutilizables.


La decisión generó un sinfín de comentarios de los familiares y amigos. Algunos en tono de burla y otros, de preocupación. Hubo también, logicamente, quienes se sintieron en falta por utilizar los pañales descartables y otros que sostenían que con el agua y energía del lavado se dañaba al ambiente. Nosotros seguimos en lo mismo porque estábamos convencidos que era lo correcto. Nuestra postura nunca fue la de marcar que los demás estuvieran haciendo algo mal y nosotros bien. Sencillamente, queríamos hacer nuestro camino y optar, y descubrimos que podíamos elegir algo acorde a lo que creemos, y seguir viviendo creyendo que la protección del ambiente es posible...y que empieza por uno mismo.

Claro, los pañales reutilizables dan más trabajo porque hay que lavarlos y calcular el tiempo de secado. De cada lugar adonde vamos siempre regresamos con nuestra bolsita con los pañales usados. Si los lavamos a mano da trabajo, si los lavamos en lavaropas gastamos energía. Pero en ningún caso generamos basura. El solo hecho de que el resultado de cambiar a mi cachorro genere como residuo un simple algodoncito me da una enorme satisfacción. Sé que es un poco más de trabajo para mí, pero la ventaja ambiental es enorme.

Alguien me dio un consejo de abuela, me dijo "cuando nazca el bebé, dense unos días para conocerse, luego sí, comiencen a usar los pañales lavables". Eso hicimos. Hubo dos semanas de descartables y a los 15 días comenzamos a ponerle sus pañales reutilizables. Los primeros  le quedaban enormes!! su cuerpito se perdía en ellos. Los fantasmas de los comentarios escuchados ("va a vivir mojado", "se va a paspar", "no te van a servir", "vas a vivir lavando pañales") se esfumaron en pocos días. Ahora ya cumplió cuatro meses, no tuvo ninguna dermatitis, nunca se paspó, no vivimos lavando pañales y nuestros residuos siguen siendo los mismos de siempre.

Una gran amiga me dijo que ella siempre estuvo mal por utilizar los pañales descartables. Los usó con sus dos bebés. Jamás se enteró de que existieran otras opciones. Por eso ahora que las conoce las comenta. Yo hago lo mismo, es importante que se conozcan otras opciones.

Acá les dejo una lista de las marcas que nosotros encontramos:


De Argentina:
probamos Pañales De Raiz y nos resultaron buenos. Tambien una marca muy nuevita que sirve Ecolitas (Milena)
Este verano probaremos: Ecopañal acuático: sirven para la pileta, la playa y tambien para aprender a hacer pis
Una amiga, asesorada por nuestra experiencia, tiene su emprendimiento en La Bonita RECICLarte / pañales lavables. Esta experimentando con telas y sus insertos son lo mas!

Los de Chile (que son los que más nos gustan y recomendamos) AGÚ pañales


Otros más de Argentina...
Eco Pañal Crecer Verde de Traslasierra, Cordoba
Maathai Pañales Ecologicos 
Monkysan ecodiseño
Tetis
8 estaciones
GoGreen La evolucion del pañal 
Luna Roja (ellos tambien ofrecen toallitas femeninas de tela)  
Sustentator pañales de tela y microfibra
Guadalupe Pañales Ecológicos Mdp
Amorparalatierra Pañales Ecológicos (La Plata)
Cande Ecopañales unitalla (venta por Facebook)

De Mexico Pañales lavables
Hola bambino
Titikibá
Agugu-Tata
en  EcoBebe hay varias marcas mas

De Europa Daizy     tiene pañales de bambu!? y hay muchas más

De EEUU... creo que son sólo bombachitas Baby Bee Heaven. 
En estas páginas, si buscan, encontrarán muchas otras
http://www.greenmountaindiapers.com/weehuggers.htm
http://www.greenmountaindiapers.com/superbrite.htm
http://www.blueberrydiapers.com/Pocket-Diapers_2
http://www.swaddlebees.com/
http://www.greenmountaindiapers.com/groviaaio.htm



Y ustedes... ¿conocían este problema? ¿sabían de estas opciones?



[continua en De bebés y pañales II]

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Lilypie Breastfeeding tickers
Lilypie First Birthday tickers