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viernes, 30 de diciembre de 2011

El cuerpo...

La relación con nuestro cuerpo tiene mucho de carga social.

Hoy mi amiga J subió unas fotos de hace seis años atrás, me veía flaquísima. Recordé qué cosas vivía en esa época, todo el camino que recorrí hasta llegar a donde estoy hoy. Mi cuerpo habla de lo vivido, y esa experiencia ganada es lo que la sociedad actual rechaza. Lo bueno es ser joven, nos dicen, nos venden, nos machan. La juventud es la onda. Los preadolescentes se visten como adolescentes. Los jóvenes se visten como adolescentes. Los no tan jóvenes también quieren ser adolescentes. Una arruga, una cana que se nota es lo menos. Todos las escondemos. Igual que los kilos de más (y no hablo de exceso de sobrepeso).

Reivindicar cada uno de estos aspectos como ganancias es algo difícil y no muy bien visto socialmente. Sin embargo, cada uno de estos detalles nos habla de la vida vivida, de la sabiduría que fuimos ganando. Estas cosas son las que pienso ahora cuando me miro al espejo. Si, me da un poco de tristeza no ver al que fue mi cuerpo joven. Pero valoro el camino recorrido, lo aprendido. No puedo luchar contra algo que es natural, el tiempo pasa. Ahora tengo a mi propio reloj visual que me habla del paso del tiempo. Lo veo al cachorro y no lo puedo creer. El año pasado yo tenía una panza. Brillaba por la vida que albergaba. Eramos dos, pero uno en uno. Hoy somos dos, el cachorro brilla por sí mismo, me da luz, yo tengo mi propio y nuevo brillo. Y mi cuerpo marca ese cambio.

Pensando en estas cosas, recordé uno de los cuentos de "mujeres que danzan con los lobos" de Clarissa Pinkola Estés. Les dejo algunos pasajes...

El cuerpo es como la tierra. (...)
El pecho desarrolla la función de sentir y alimentar (...)
Las caderas son anchas y con razón, pues llevan dentro una pátina de marfil para la nueva vida. Las caderas de una mujer son pórticos (...). Las piernas están destinadas a llevarnos y a veces a propulsarnos, son las poleas que nos ayudan a levantarnos y son el anillo que rodea al amante.
En los cuerpos no hay ningún "tiene que ser". Lo importante no es el tamaño, la forma o los años. Lo importante desde el punto de vista salvaje es si el cuerpo siente, si tiene una buena conexión con el placer, con el corazón, con el alma ,con lo salvaje (...).
(...) Vi lo que me habían enseñado a ignorar, el poder del cuerpo de una mujer cuando está animado por dentro.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Cuerpo y reconocimiento

No puedo decir que siempre fui flaca. Mi peso varió con los años. Pero sí siempre traté de mantenerme muy activa a nivel físico.

He pasado años haciendo periplos maratónicos en bicicleta, para ir a trabajar y a la facultad, saliendo de campamento y caminando con mi mochila a cuestas, haciendo trekings en la montaña, escalando o yendo al gimnasio. Mi imagen corporal era una, buscando mantenerme dentro del concepto de "flaca o normal con pancita".

En el embarazo engordé lo justo. Casi no se me notaba la panza al mirarme de espaldas. Pero mi panza era enorme para mi pequeño cuerpo. Sobre el final era pura panza y detrás venía yo.

Mi cachorro debió nacer por cesárea. Me fui de la clínica con una panza bastante grande que aun, a los casi 8 meses, no termina de bajar del todo.

Siempre me gustó no tener demasiado busto, me parecía cómodo. Sé que la ropa no podía quedarme ok siempre, muchas veces no rellenaba bien los escotes, pero igualmente me sentía bien. Desde que amamanto al cachorro siento que mis tetas no son mias. No las reconozco. Tampoco reconozco mi cuerpo. Mi cadera esta más ancha, mis brazos gordos, tengo papada, mi busto es enorme y ya bajé más de la mitad de lo que había aumentado. Como sigo amamantando sé que voy a seguir bajando más, pero... no soy yo. Me veo al espejo y aún no me encuentro.

En los primeros meses del cachorro me sentía horrible por todo. Estaba partida al medio por una cicactriz que no me permitía moverme fácilmente o hacer fuerza. Esto sumado a la bajada de la leche hacía que no tuviera demasiada nocíon de mi cuerpo. Junto a la panza que me quedaba, me miraba al espejo y me entristecía. ¿Esa era yo? Me surgían miles de miedos sobre cómo iba a quedar mi cuerpo. No es lo mismo verse gorda por la panza del embarazo que verse gorda después de estar embarazada.

Dado mi caso de cirugía, tuve el alta definitiva para realizar ejercicios a los seis meses. Dicen que al año recién está todo acomodado. Igualmente, el cuerpo cambia.

En estos meses debía acostumbrarme a estos cambios físicos. Ya no me veo tan horrible, asumo con pura fortaleza de espíritu que el cuerpo que tengo está así por ayudar a que mi cachorro llegue al mundo. Es mi "envase familiar" bromeo... Ja, suena terrible!. Creo que no estoy tan mal. Supongo que esto es parte del cambio interno de mi ser. Reconocerme mamá también es un proceso que lleva un tiempo. Un poco me volví extraña para mí misma, para mí entorno. Nada va a volver a ser igual, lo sé, estoy aprendiendo.

jueves, 22 de diciembre de 2011

Dientes y algas

Cuando el cachorro cumplió los seis meses, su pediatra nos dió las indicaciones para comenzar a darle de comer. Aún no tenía dientes. Recién comenzaba a mantenerse sentado solito. La maduración del sistema digestivo es un proceso. El cachorro venía probando los jugos de algunas frutas, pero después de eso estaba solamente con mi leche, a puro ñuñu. Decidimos esperar para darle su primer bocado sólido. ¿cuánto esperar? no sabíamos.

En la siguiente visita, la de los siete meses, la pediatra consultó sobre cómo iba la alimentación. La sorpresa fue mutua. Ella se sorprendió cuando le dije que aún no habiamos comenzado a darle sólidos. Y yo me sorprendí cuando me dijo "está bien, hasta los nueve meses se puede esperar sin problemas", sin ningún sobresalto.

En esa misma semana el cachorro estaba irritable, nada lo conformaba, lloraba por todo... fue una semana dura. Solamente se calmaba cuando le dabamos algo para llevarse a la boca.

Hace unos meses atrás estuvimos en el sur de Chile, ahí conseguimos algo que estábamos buscando. Bueno, buscar es una forma de decir, porque no lo intentamos conseguir por acá porque sabíamos que lo podiamos hallar facilmente en Chile. El pueblo quechua la llama cochayuyo (planta de mar), mientras que en mapudung es coyofe o kollof. Nos trajimos algunos atados de cochayuyo seca, un alga (Durvillaea antarctica) de los mares del pacífico del sur que tradicionalmente la utilizaban las culturas originarias para comer y también para calmar los dolores de esta etapa de los bebés.


Se que en esta era de la industrialización y el comercio global hay miles de opciones para que los bebes calmen sus dolores de encias con mil y un mordedores (los que se congelan, los de silicona, finitos, gruesos, con relieves, con dibujitos, de colores...), sin embargo cuando nos enteramos que el pueblo mapuche utilizaba trozos de esta alga nos pareció super!

Como es un alga de gran tamaño y de interior aireado, no hay que preocuparse porque se la trague, al secarse es dura, pero a medida que se va mojando se vuelve flexible y gomosa, imposible de quebrarse!

A medida que el cachorro la va mordisqueando y chupando, esta alga se va hidratando. Al hacerlo desprende oligoelementos y minerales (calcio, magnesio, potasio, yodo, hierro), que son importantes para la mineralización de sus dientes y huesos. Además, las partes internas del alga van desprendiendo fibra que facilita el tránsito intestinal. Todo esto pasa mientras el cachorro se queda largo rato entretenido y tranquilo, ya que la picazón o dolor de sus encías desaparece.

Sencillo, porque solamente hay que lavarla y ya la puede usar.
Reutilizable, porque cuando se seca se puede volver a usar.
Natural, es un alga!

Algunos me decían que el problema era el olor que dejaba en los bebés. Pero a mi no me pareció que fuera terrible. Apenas si se siente. Y lo mejor, salieron los dientes y Sachayoj se calmó :)

lunes, 19 de diciembre de 2011

Michel Odent en Argentina con Carla Conte

Entre muchas cosas que leí en lo que va de este tiempo extraño 9+8 meses, en los que estoy siempre a disposición del dictado de mis hormonas y de mi cachorro, las propuestas que trae este médico francés me parecen geniales.

Este señor de ochenta y tantos años se llama Michel Odent. La escritora Laura Gutman lo nombra en sus libros. Trabajó en Francia y trabaja en Inglaterra, estudia todo lo relacionado a las etapas del parto natural. Pero natural más allá de no utilizar medicamentos. Él y su equipo buscan que los partos sean como fueron en el principio de nuestra especie. En donde las hembras parían solas, o apenas acompañadas, en su intimidad, conectadas con su ser más interior, en paz. El respeto no lo exigían porque lo tenían. Con los milenios, este poder de dar vida fue comenzando a sufrir interrupciones, comenzaron a surgir diversas actitudes sociales, de poder, que nos fueron complejizando y trabando algo tan natural hasta llegar a hoy, en donde nos dicen que parir es doloroso, que no podemos parir solas, que siempre pasa algo, que no sabemos parir. Por todo esto nos maltratan y de repente no somos seres dignos de ser respetados. Pero nuestro cuerpo sí sabe, sólo hay que saber dejarlo en la intimidad necesaria y recuerda que hacer y los cachorros nacen sanos.


Muchas cosas así estudia y experimenta Odent a lo largo de su carrera y lo cuenta para quien lo quiera escuchar. Estuvo la semana pasada en nuestro país y Carla Conte pudo entrevistarlo en su programa en la televisión pública. Les dejo la nota que salió al aire

domingo, 23 de octubre de 2011

Comida no-ñuñu

Mi cachorro desde hace algunos meses que prueba el sabor de diferentes frutas. Se las ofrecemos asegurandonos que no se van a desprender trozos, o fibras cuando la succione. Todo lo que le dimos a probar, que no fue mucho, pero si algo, le a resultado gustoso.

Si bien ya tiene los meses en los que los pediatras tradicionales recomiendan dar la primera papilla, aun no le hemos ofrecido nada triturado para que pruebe. Aun no cortó ningun diente. Igualmente seguimos ofreciendole trozos de frutas para que saboree. Bueno, esta semana nos sorprendió. Le dimos pera y le gustó y se emocionó. Tanto que al querer retirarle el trozo, nos retenía la mano. Claro, que con tanta succion, la jugosa y suave pera se deshizo en su boca. Lo magnifico fue verlo masticar estos pedacitos con una sonrisa de felicidad! Nos maravillamos. Nos sorprendimos. Estaba alimentandose por primera vez de algo "no-ñuñu". Bello y dulce momento!! con qué rapidez crece!!

[La segunda parte en hammmm... que rico!]

viernes, 7 de octubre de 2011

En brazos

La importancia del contacto físico y del apego


Por Lic. María Paula Cavanna
Psicóloga y fundadora de UPA

Biberones, chupetes, cochecitos, cómodos sillones regulables, adaptadores para el auto y la bicicleta, cunas transportables, desarmables, sofisticados accesorios con sonidos, colores, formas…sin duda alguna la industria ha diseñado todo tipo de implementos para transportar, alimentar, dormir, entretener y estimular a nuestros bebés.

En unas pocas décadas se nos han vuelto necesarios, imprescindibles. Se han ligado indisolublemente a la imagen del bebé sano y feliz. De algún extraño modo hemos conseguido que hoy, un bebé que no usa chupete, que toma el pecho o va en brazos de su madre sea la excepción y no la norma. Es tan inusual, que quienes optan por una crianza con apego y con respeto por las necesidades de los bebés, se ven amenazados por toda clase de teorías y condenas que aseguran que su hijo no está sano y que, de no intervenir a tiempo, las consecuencias serán muy graves.

Brazos, ¿hasta cuándo?

La mayoría de los bebés comienzan a andar alrededor de los 12 meses de vida. Dan unos pocos pasitos y la familia contenta celebra que “ya camina”.

Sin embargo, pasarán aún un largo par de años hasta que este niño que hoy a tientas logra mantenerse unos segundos en pie, pueda caminar sin perder el equilibrio, correr, sostenerse en un solo pie, retroceder, detenerse de pronto. De modo que caminar, lo que se dice caminar, es algo que se aprende completamente pasados los 3 años de vida. A pesar de esto, todos sabemos que aún luego de esa edad, los niños se cansan con gran facilidad y piden brazos.

O sea que desde el aspecto físico, los niños necesitan ser cargados en brazos por lo menos para trasladarse de un lado hacia otro hasta que estén en condiciones plenas de hacerlos por sí mismos.

En la práctica, nuestros hijos piden brazos por muchos otros motivos además del que acabamos de mencionar: al estar cansados, con sueño, cuando se lastiman, se asustan, se intimidan, se cansan de mirar el mundo a la altura de rodillas y patas de las mesas, e incluso por motivos que sólo ellos conocen.

En estos casos, nunca falta una tía (con las mejores intenciones, claro), una suegra, una vecina o incluso una perfecta desconocida, que se siente en el deber de alertarnos: “lo vas a malcriar”.

Esta sentencia abre varias cuestiones que podemos analizar.

La primera de ellas es la creencia de que estar en brazos es algo que no debe ocurrir, y desde luego NUNCA en una “buena” crianza. Es algo malo, que se hace para darles el gusto a los hijos, y parece imposible que para los papás resulte placentero o lo disfruten.

Otra cuestión interesante es la idea de que si le das algo a tu hijo que le gusta, luego nunca dejará de pedirlo. Parecería que los bebés fueran adictos en potencia, que una vez que satisfacen sus necesidades con algo, no podrán dejar de pedir más. Personalmente, no he visto niños con problemas para dejar el cochecito o la sillita del auto cuando están maduros para ello. Y tampoco niños de 10 años pidiendo ser alzados en brazos. En algún momento de la evolución, simplemente dejan de pedir lo que ya no necesitan.

Las edades que tomamos como referencia para el desarrollo de nuestros hijos, están puestas de un modo arbitrario y no coinciden con la realidad por mucho que intentemos forzarlos.
Otro mensaje que se desliza en estas sentencias es que el niño no necesita estar en brazos, lo pide sólo para molestar, o por capricho, o porque nos “tomó el tiempo”.

Evolutivamente, un niño de tan corta edad, no tiene capacidad de elucubrar un plan tan especulativo, ni puede aprender el concepto de tomar ventaja, de aprovecharse de los demás.

Las cosas para ellos son más simples: me siento cansado, triste, inseguro, y busco refugio en el lugar que me da más tranquilidad, junto al corazoncito de mamá, entre sus brazos, acurrucado. La intención es clara y sencilla: pido aquello que necesito”.


“Un aspecto fuerte dentro de quienes desaprueban el contacto estrecho con los bebés o la satisfacción de sus necesidades, es el fantasma de la dependencia que le generará al bebé estar en brazos, tomar teta, compartir la cama con sus papás, etc. Veamos un poco de dónde surge esta idea.

El apego

Esta dependencia de la que venimos hablando, tiene un nombre en la literatura psicoanalítica, se llama apego.

El apego es la capacidad de formar y mantener relaciones. Como el ser humano vive en comunidades y es interdependiente de los otros seres humanos, es importante que aprenda desde pequeño a establecer lazos con los otros, y para preservar la especie, éstos deben ser estrechos y estables.

Estos lazos otorgan bienestar, seguridad, consuelo, placer…

Y la amenaza de pérdida del objeto al cual nos hallamos apegados, provoca ansiedad, angustia, temor.

La primera relación de apego que desarrollamos luego de nacer, es aquella que se da con nuestra madre. En el momento del parto, mamá y bebé segregan hormonas –opiáceos- que les facilitan –en condiciones de intimidad y contacto físico- este sentimiento de dependencia mutua, de fusión que ambos necesitan.

En condiciones naturales, una mamá que acaba de parir, abrazará a su bebé, ambos se mirarán a los ojos, emitirán sonidos, ella comenzará a acariciarlo suavemente, primero por las extremidades, y luego de a poco se estrecharán e intentarán mantener este contacto piel con piel durante todo el tiempo que les sea posible. La madre no puede dejar de mirar a su bebé con los ojos bien abiertos, le hablará con un tono de voz agudo pero de baja intensidad, con una gran sonrisa, y en pocos instantes este bebé estará listo para reconocer el olor de su madre de entre muchos otros olores, para diferenciar su voz, y se calmará mucho más rápidamente si es acunado por ella y no por otra persona.

Durante estas dos primeras horas de vida, el bebé estará en un estado de alerta máximo que no volverá a repetirse hasta que hayan pasado algunos meses. Será incluso capaz de imitar expresiones del rostro de una persona que establezca un contacto visual directo con él a una distancia desde donde pueda verlo. Todo está preparado hormonalmente para que esta mamá y este bebé se enamoren el uno del otro, y desarrollen una fuerte dependencia mutua.

Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, estas primeras horas son utilizadas para realizar los primeros controles del recién nacido, a cargo de extraños, rodeados de estímulos luminosos, sonoros, y también dolorosos e invasivos. Todos ellos evitables o por lo menos, postergables.

Naturalmente, tanto si se produjo esta separación como si no, mamá y bebé querrán estar juntos, reencontrarse, reconocerse, estrecharse y mantenerse muy cerca el uno del otro.
Ese bebé que hasta hace unas horas era parte del cuerpo de otra persona, cuyo cuerpo estaba en contacto con un líquido tibio, con sonidos y movimientos, se encuentra perdido en una cuna, lejos de todo lo conocido y por ello llorará intentando recuperar aquellas sensaciones reconfortantes.

Esta relación primera, será el modelo sobre el cual se edificarán todas las posteriores relaciones del niño. Si cada vez que necesitó consuelo lo obtuvo, si cada vez que necesitó a su madre la encontró, si sus necesidades de afecto y cobijo fueron atendidas, será un modelo que quedará incorporado como reasegurador, confiable, y cuando llegue el momento de comenzar a independizarse, siempre le resultará mucho más fácil si sabe que ante cualquier ansiedad o angustia, mamá estuvo allí”.
“La cultura del desapego

El apego y el desapego son pautas culturales. En aquellas culturas que funcionan comunitariamente, se necesita criar a los niños de modo que sean solidarios, capaces de compartir, generosos, para que puedan priorizar el bien común del grupo.
En culturas como la nuestra, se necesita que los niños sean independientes, y que aprendan a autoabastecerse, porque al llegar a adultos, importará la competitividad, el individualismo, el éxito personal y el poder.

Por eso se necesita comenzar desde temprano. Separar a los bebés de sus madres precozmente, que aprendan rápidamente a sostener su biberón para que quienes lo cuidan no tengan que estar tan atentos; que se adapten a las canguro o a las guarderías sin llorar; que duerman solos toda la noche; que jueguen sin compañía; que dejen rápido los pañales; que se queden a dormir en casas de parientes o amigos, etc.

Desde luego que estos requerimientos están pensados desde un mundo adulto que necesita rápidamente volver a la “normalidad”, hacer de cuenta que “aquí no ha pasado nada”, y amoldar a este bebé al ritmo de vida que tenía la casa antes de su llegada.

Si pudiéramos relatar en primera persona un día en la vida de un bebé, teniendo en cuenta que sus necesidades básicas incluyen brazos gran parte del día, teta a demanda y presencia materna constante, comprobaríamos sorprendentemente que la mayor parte del tiempo, estas personitas de escasas semanas de vida-o incluso días-, postergan o renuncian a sus necesidades para hacernos el favor de permitirnos continuar con nuestra vida adulta: duermen solos en su cunita una o dos horas, se quedan en la guardería, aceptan un trozo de silicona –sin duda una mala imitación del pezón de mamá- para succionar, y nos esperan durante horas mientras hacemos nuestros quehaceres, o cumplimos con nuestra jornada laboral.

Algunas mujeres sienten una gran preocupación por retomar su vida social, su silueta, sus actividades recreativas, su vida amorosa, y para esto es necesario que el bebé se esté quietecito, que duerma mucho, que no llore, que juegue solito y que se relacione con cualquier persona que esté dispuesta a quedarse a su lado.

Esto es lo que se espera de un bebé casi desde las primeras semanas de vida.

Si entendemos esto como “criar”, por supuesto que cargar al bebé en brazos, amamantarlo, dormir en la misma cama con él y satisfacer sus necesidades, será “malcriarlo”. Porque una vez que se ha dormido plácidamente en los brazos de mamá, y se ha abierto un ojo entre sueños y ella sigue estando allí, y al abrir la boca se encontró con su pecho dispuesto a cobijarlo y así se ha pasado todo el día, es lógico, comprensible y hasta esperable, que ningún bebé quiera conformarse con menos!!!

Los adultos también necesitamos abrazos. Nos demostramos el afecto con caricias, con besos, con miradas, con palabras cariñosas. Nunca dejamos de necesitar este tipo de comunicación”.

Cómo crear vínculo

Poner al bebé al pecho, acunarlo, amamantarlo, acariciarlo, hablarle suavemente, sonreírle, cuidarlo, protegerlo, son actitudes que promueven la experiencia del vínculo.

Los investigadores de estas temáticas, consideran que el factor más importante en la constitución del apego es el contacto físico positivo -expresado por las actitudes mencionadas anteriormente- ya que éste causa respuestas neuroquímicas en el cerebro que permiten que los sistemas cerebrales responsables del apego se desarrollen normalmente.

Durante los tres primeros años de vida el cerebro alcanza el 90% del tamaño adulto y coloca en su lugar la mayor parte de los sistemas y estructuras que serán responsables del funcionamiento emocional, conductual, social y fisiológico para el resto de la vida. Por eso las experiencias de vinculación repetitivas durante la infancia proveen una base sólida para futuras relaciones saludables.

Por el contrario, la inconsistencia del vínculo emocional o la falta de satisfacción de estas necesidades básicas de sostén, afecto y reconocimiento, generan conductas de ansiedad y desconfianza de los bebés hacia sus cuidadores. Los bebés pueden reaccionar a esta situación de múltiples maneras, que influirán ciertamente en la consolidación de un modelo de vinculación que luego harán extensivo al resto de sus relaciones.

Que los niños se queden quietecitos en la cuna, que duerman toda la noche, que se valgan por sí mismos, son conductas que fomentamos para comodidad de los adultos, pero no son evolutivamente normales para niños pequeños. Si nuestros hijos pasan largas horas en compañía de extraños, ensayan intentos de enfrentar el mundo lejos de los brazos de mamá, hacen lo posible por dormirse en su cunita, están haciendo el máximo esfuerzo para acomodarse a un mundo adulto que dispone de pocos instantes para conectar con ellos. Son ellos quienes, a pesar de su pequeñez y su inmadurez, están sosteniendo nuestras necesidades, y aceptan sin rencores que en nombre de las buenas costumbres, les tildemos de caprichosos y malcriados.

“CUANDO NOSOTROS ESTEMOS MENOS OCUPADOS, 
ELLOS ESTARÁN DEMASIADO GRANDES…”


viernes, 16 de septiembre de 2011

Cosas que uno escucha, cosas que se dicen... ¿nadie piensa lo que dice?

Situación 1 

Hace unos días estaba en una escuela a la que voy a trabajar. Estaba arreglando la cartelera y en el patio los chicos de tercer grado estaban en clase de educación física. Jugaban bien, luego la consigna fue quedarse sentados. Yo estaba de espaldas, no se quienes no cumplieron la consigna o que sucedió, pero uno de los nenes se levanto llorando y diciendo que estaba lastimado. La profesora les gritó enojada: "ustedes NO ENTIENDEN", los mandó sentar de nuevo -la mayoría estaban sentados-, retó a quien supuestamente había lastimado al nene que lloraba y siguió "ustedes tienen un problema, no entienden nada! Uno les da consigas claras y no entienden". Y siguió....

Situación 2

Era una hermosa tarde de domingo, decidimos ir a tomar mate a la plaza del barrio. Había mucha gente, pero estaba bien, había espacio para que todos disfrutáramos. Muchos chicos estaban en los juegos, otros jugaban en el pasto, otros más andaban en bicicleta. Se escuchaban las cotorras, las risas, las charlas... de golpe, entre los sonidos de fondo un padre le grita a su hija que se bajaba de la bicicleta para ir hacia él "¿qué te dije? te vas a matar así, vos no sabes andar en bicicleta, estas practicando. Pero no podes hacer eso, te vas a romper la cabeza, vos sos torpe y tenes que practicas mas! No quiero correr al hospital porque te rompiste la boca!". La nena se quedo en el lugar.

Situación 3

Instituto terciario, clase de química para una carrera de seguridad e higiene. Estudiantes adultos, de edades varias, entre ellos un padre y un hijo. Debían entregarme un trabajo práctico. El padre me dijo que lo traía su hijo que llegaba un poco más tarde. La clase iba entrando al aula, se acomodaban, entregaban sus trabajos. Llego el hijo, el padre le pidió el trabajo y su hijo le dijo que no lo había traído él. Frente a todos el padre le comenzo a decir en voz alta "¿No ves que sos un tarado? Vago me saliste! Cómo que no trajiste el trabajo? pero que tenés en la cabeza? Sos un tarado, mira... como te lo vas a olvidar, si te lo había dejado para que lo trajeras vos. Sos un incapaz! no te podes hacer cargo ni de lo mas sencillo!" y siguió. Todos los demás que estaban presentes fueron haciendo silencio ante estos dichos.

¿Nadie piensa lo que dice?

 Cada una de estas situaciones es real. En cada caso me sentí muy mal. ¿Soy la única que nota el maltrato verbal de estos dichos?

Entre los protagonistas de las dos primeras situaciones y la tercera hay una diferencia de edad. En las dos primeras los receptores eran chicos de primaria, en la ultima se trataba de un adolescente grande que, asumo, creció escuchando estos tratos.

Las palabras duelen.

Sabemos que los chicos son ingenuos, que creen todo lo que les decimos. ¿Por qué desaprovechamos esta confianza? En cada una de las situaciones, a los chicos les quedo en claro que ellos no entienden, que son torpes e inútiles. ¿Qué clase de adultos estamos criando?

¿Qué nos pasa como sociedad que no reaccionamos?
 
Ni en la escuela, ni en la plaza ni en mi clase nadie dijo nada.

Bueno, si, yo al padre lo frené y le dije que eso era maltrato. Que frente a mí no podía tratarlo así. Me miró como si estuviera mal. No quiero un mundo así, ¿soy la única?

Podemos criar con afecto, ser consientes de lo que estamos enseñando con nuestras palabras. No lo creo tan difícil. Sólo es ser responsables por lo que estamos criando.

viernes, 9 de septiembre de 2011

Lo que pensamos varía nuestra biología

EPIGENÉTICA

Me enseñaron que los genes controlan la vida, que en ellos se inscriben todas nuestras capacidades y características, pero no es tan así.

Bruce Lipton, doctor en Medicina, investigador en biología celular

 
No somos víctimas de nuestra genética, en realidad es el ADN el que está controlado por el medio externo celular.

¿Qué significa eso?

La célula es la vida. Hablar de una célula es como hablar de una persona. Nosotros recibimos la información a través de los cinco sentidos y las células reciben las señales del entorno a través de los receptores que captan la información. El ADN es controlado por señales que vienen desde fuera de la célula, incluyendo mensajes energéticos de nuestros propios pensamientos, tanto los positivos como los negativos.

¿Somos lo que vivimos y pensamos?

Sí, y cambiar nuestra manera de vivir y de percibir el mundo es cambiar nuestra biología. Los estudios que empecé hace cuarenta años demuestran que las células cambian en función del entorno, es lo que llamamos epigenética. Epi significa por encima de la genética, más allá de ella.

¿Y?

Según el entorno y como tú respondes al mundo, un gen puede crear 30.000 diferentes variaciones. Menos del 10% del cáncer es heredado, es el estilo de vida lo que determina la genética.

¿Es el entorno el que nos define?

Aprendemos a vernos como nos ven, a valorarnos como nos valoran. Lo que escuchamos y vivimos nos forma. No vemos el mundo como es, vemos el mundo como somos. Somos víctimas de nuestras creencias, pero podemos cambiarlas.

Pero las creencias están inscritas en lo más profundo de nuestro subconsciente.

Cierto. El subconsciente es un procesador de información un millón de veces más rápido que la mente consciente y utiliza entre el 95% y el 99% del tiempo la información ya almacenada desde nuestra niñez como un referente. Por eso cuando decidimos algo conscientemente como, por ejemplo, ganar más dinero, si nuestro subconsciente contiene información de que es muy difícil ganarse la vida, no lo conseguiremos.

¿Entonces?

Si cambiamos las percepciones que tenemos en el subconsciente, cambiará nuestra realidad, y lo he comprobado a través de numerosos experimentos. Al reprogramar las creencias y percepciones que tenemos de cómo es la felicidad, la paz, la abundancia, podemos conquistarlas.

Me suena a fórmula feliz...

Así es como funciona el efecto placebo. Si pienso que una pastilla me puede sanar, me la tomo y me encuentro mejor. ¿Qué me ha sanado?...

¿La creencia?

Eso parece. Al igual que los pensamientos positivos y el efecto placebo afectan a nuestra biología, existe el efecto nocebo: si crees que algo te hará daño, acabará por hacerte daño. Henry Ford decía que tanto si crees que puedes como si crees que no puedes, tienen razón. Si eliges vivir un mundo lleno de amor, tu salud mejorará. 

¿Y eso por qué?

La química que provoca la alegría y el amor hace que nuestras células crezcan, y la química que provoca el miedo hace que las células mueran. Los pensamientos positivos son un imperativo biológico para una vida feliz y saludable. Existen dos mecanismos de supervivencia: el crecimiento y la protección, y ambos no pueden operar al mismo tiempo.

O creces o te proteges.

Los procesos de crecimiento requieren un intercambio libre de información con el medio, la protección requiere el cierre completo del sistema. Una respuesta de protección mantenida inhibe la producción de energía necesaria para la vida.

¿Qué significa prosperar?

Para prosperar necesitamos buscar de forma activa la alegría y el amor, y llenar nuestra vida de estímulos que desencadenen procesos de crecimiento. Las hormonas del estrés coordinan la función de los órganos corporales e inhiben los procesos de crecimiento, suprimen por completo la actuación del sistema inmunológico.

¿La culpa de todo la tienen los padres?

Las percepciones que formamos durante los primeros seis años, cuando el cerebro recibe la máxima información en un mínimo tiempo para entender el entorno, nos afectan el resto de la vida.

Y las creencias inconscientes pasan de padres a hijos.

Así es, los comportamientos, creencias y actitudes que observamos en nuestros padres se graban en nuestro cerebro y controlan nuestra biología el resto de la vida, a menos que aprendamos a volver a programarla.

¿Cómo detectar creencias negativas?

La vida es un reflejo de la mente subconsciente, lo que nos funciona bien en la vida son esas cosas que el subconsciente te permite que funcionen, lo que requiere mucho esfuerzo son esas cosas que tu subconsciente no apoya.

¿Debo doblegar a mi subconsciente?

Es una batalla perdida, pero nada se soluciona hasta que uno no se esfuerza por cambiar. Deshágase de los miedos infundados y procure no inculcar creencias limitadoras en el subconsciente de sus hijos.

Fuente: La vanguardia.com
+ info sobre Bruce Lipton
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