Mostrando entradas con la etiqueta puerperio. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta puerperio. Mostrar todas las entradas

viernes, 16 de marzo de 2012

Qué dificil!!!!!!!!!!

Estos días que pasaron nos pasó de todo. Tanto así que se nos fué febrero como agua que se escapa entre los dedos.

Particularmente no me está resulando fácil esto de maternar, mantener la casa, trabajar, pensar en mi y en mi compañero. Y ahora releo esto útlimo que escribí y me cuestiono: cómo me va a ser fácil si son un montón de cosas!!. Bueno, sé que hay que aflojar con las exigencias y eso lo pongo en práctica. Bueno, la verdad no me es nada fácil. Constantemente creo estar bajando las exigencias pero despues, al final del día o de la semana veo que no fue así. Una de las cosas que más me cuestan es encontrar espacios para trabajar en casa, leer lo que debo, corregir, planificar, proyectar. No tengo momentos de mi como ser individual. Y me aclaro, "para eso empezó el jardin", pero nos está costando muchisimo.

Antes de estos 9+11 no me imaginaba cómo iba ser esto, cuánto cuesta, cómo cambia todo, la satisfacción que da pese a todo. Desde esa vereda, la que ahora me queda enfrente donde están los solteros sin hijos, es difícil escalar la magnitud de los cambios (en todas sus dimensiones).

Si bien aún no comencé al 100% con mis trabajos, los últimos dos viernes pasados, terminé con migrañas por estar exhausta. Esas semanas intentaba todo: estar sonriente para llevar al cachorro a su adaptación al jardín, tener la casa lo mejor que se puede, cocinar y comer sano, mantener mis plantas y huerta, trabajar adelantando las cosas atrasadisimas que tengo, tener un rato para compartir con mi pareja, hacer algo de laburo, mantenerme activa socialmente, lograr momentos de ocio/descanso... etc. Pude? si, pero dormia 5hs cada noche y ambos viernes caí mal. Mi cuerpo no da para esos trotes. Con migraña ni siquiera puedo estar ok para darle de comer al cachorro su ñuñu.

Paso a paso, esta semana continuo mi trabajo personal de ablandar los límites. De hacer hasta donde se puede y dejar fluir. Esto, en parte, es lo que también me aleja de este espacio. Ya no dispongo de mi tiempo para sentarme y volcar todas las palabras que se me atoran en la cabeza.

Así estoy este útlimo mes. Buscando alguna manera de obtener un equilibrio malabarista. Por momentos triste, otros en los que no me importa nada mas que estar con el cachorro y disfrutar, otros en los que quisiera escapar.

Es maravilloso que alguien me ame como mi cachorro. Es increible lo que se siente cuando se desborda de felicidad al verme. Es alentador verlo ganando destrezas. Es fascinante escucharlo reirse a risotadas. Es transgresor verlo tan inmensa y descaradamente feliz. Es tantas otras cosas! por todas estas vale que me sea difícil cerrarme y volver. Ya no quiero volver a ser como antes. Ahora busco conciliar, de a poco, con paciencia propia y pidiendo paciencia ajena, conciliar el trabajo y su crianza.

viernes, 10 de febrero de 2012

Durmiendo

Antes no sabía ni que existía la palabra "colecho". Es más, cuando un ex me dijo que la mamá de su hijo de cuatro años dormía con el nene en la misma cama me pareció terrible. Colecho es eso, en el sentido estricto, compartir el lecho.

Nosotros a veces evitamos decir que a veces colechamos. Por que la gente nos mira mal. Pero es cierto, el cachorro tiene casi 10 meses y sigue durmiendo en nuestra habitación. Tiene su cuarto, ahí duerme sus siestas y se acuesta a la noche, pero después, en algún momento termina con nosotros porque nos resulta más cómodo que esté cerca por si se despierta. También nos resulta agradable que duerma con nosotros, pero claro... esto a veces se presta a situaciones que terminan resultando en dolores musculares matutinos. Acá tienen algunos humorísticos y muy ciertos ejemplos, ¿se identifican en alguno?


Ja, creo que el único que no practicamos es el segundo de arriba a la izquierda. 

Alguna vez una conocida me dijo que ella nunca había dormido con sus hijos y en tono horrorizado me aclaró "¡a ver si se acostumbran!". Para mí, ahora ya mamá, dormir con mi cachorro es tan dulce, lindo, único. No me muero ni me quedo sin dormir si duerme en otra cama, o en otra habitación. Pero debo reconocer que perdió lo terrible. Se que llegará el momento en el que me gustará que tenga su espacio, pero aún es un cachorro de menos de un año. Todavía estamos en esa etapa que algunos dicen que es parte del puerperio. Aun somos la fusión mama-bebé. Si él de a poco está reconociendo que es alguien separado de mí, si aun está enamorado de su mamá cómo no voy a entender que el quiera, que disfrute, tenerme tan cerca. ¿Qué enamorado quiere dormir lejos de su amado/a? 

Socialmente nos imponen el desapego, la forzosa separación para lograr la independencia. Creo que con este abandono a la soledad sólo logramos independencia física. Para la independencia emocional se requiere de una importante carga afectiva, de aprobación. Una construcción del ser individual, de la confianza en sí mismo. Creo que esto se logra con afecto, con respeto a los tiempos, las edades, con constancia y presencia. No voy a hacer las cosas porque la mayoría las hace. En este punto, sigo, bueno, seguimos como papás haciendo lo que sentimos y creemos.

miércoles, 11 de enero de 2012

9 meses: equilibrio

Hoy mi cachorro tiene el punto de inflexión de su historia y por única vez estará pareja.
Hace 9 meses que estuvo durante otros 9 meses dentro de mí. Estás en el punto de equilibrio de tu vida dentro y fuera de mi útero.
Palabras a mi cachorro de 9+9

¡Tenés poco menos de un año pero ya creciste tanto! Te salieron dos dientes y aprendiste a no morderme mientras tomas ñuñu. Pasaste de balbucear y decir algunas sílabas sueltas a intentar repetir algunas palabras.

Hace pocos días nos sorprendiste moviendo la cabeza hacia los costados, como diciendo "no no no" con una gran sonrisa. Gateas a tu manera, te encanta estar parado y caminar con la ayuda de algo o de alguien.

¡Estás tan grande y vivo, cachorro!

Cada día me llenas el corazón de alegría. Una inmensa sensación que compensa cualquier otra cosa que sienta estos días. Verte jugar solito, razguñando con tu dedo las superficies nuevas, mirando con pura felicidad a tu alrededor, disfrutando de los animales, el mar, la arena, los amigos y los mimos es tan grato.

Mi cabeza esta entregada a cuidarte. Mi cuerpo puerpereo está cansado y saca energías renovables para acunarte, sostenerte y mimarte.

Que duelo para mí, sos mi reloj ahora. Sos mi cachorro grande, recorrimos juntos toda la primer etapa, a puro fular y upa. Ahora comenzaras a moverte solo ya sin tanto brazo, pero sé que volverás a mi cobijo cada vez que lo necesites y yo intentaré estar lista para recibirte cada vez.

¡Feliz cumple mes, amorcito mio!

viernes, 30 de diciembre de 2011

El cuerpo...

La relación con nuestro cuerpo tiene mucho de carga social.

Hoy mi amiga J subió unas fotos de hace seis años atrás, me veía flaquísima. Recordé qué cosas vivía en esa época, todo el camino que recorrí hasta llegar a donde estoy hoy. Mi cuerpo habla de lo vivido, y esa experiencia ganada es lo que la sociedad actual rechaza. Lo bueno es ser joven, nos dicen, nos venden, nos machan. La juventud es la onda. Los preadolescentes se visten como adolescentes. Los jóvenes se visten como adolescentes. Los no tan jóvenes también quieren ser adolescentes. Una arruga, una cana que se nota es lo menos. Todos las escondemos. Igual que los kilos de más (y no hablo de exceso de sobrepeso).

Reivindicar cada uno de estos aspectos como ganancias es algo difícil y no muy bien visto socialmente. Sin embargo, cada uno de estos detalles nos habla de la vida vivida, de la sabiduría que fuimos ganando. Estas cosas son las que pienso ahora cuando me miro al espejo. Si, me da un poco de tristeza no ver al que fue mi cuerpo joven. Pero valoro el camino recorrido, lo aprendido. No puedo luchar contra algo que es natural, el tiempo pasa. Ahora tengo a mi propio reloj visual que me habla del paso del tiempo. Lo veo al cachorro y no lo puedo creer. El año pasado yo tenía una panza. Brillaba por la vida que albergaba. Eramos dos, pero uno en uno. Hoy somos dos, el cachorro brilla por sí mismo, me da luz, yo tengo mi propio y nuevo brillo. Y mi cuerpo marca ese cambio.

Pensando en estas cosas, recordé uno de los cuentos de "mujeres que danzan con los lobos" de Clarissa Pinkola Estés. Les dejo algunos pasajes...

El cuerpo es como la tierra. (...)
El pecho desarrolla la función de sentir y alimentar (...)
Las caderas son anchas y con razón, pues llevan dentro una pátina de marfil para la nueva vida. Las caderas de una mujer son pórticos (...). Las piernas están destinadas a llevarnos y a veces a propulsarnos, son las poleas que nos ayudan a levantarnos y son el anillo que rodea al amante.
En los cuerpos no hay ningún "tiene que ser". Lo importante no es el tamaño, la forma o los años. Lo importante desde el punto de vista salvaje es si el cuerpo siente, si tiene una buena conexión con el placer, con el corazón, con el alma ,con lo salvaje (...).
(...) Vi lo que me habían enseñado a ignorar, el poder del cuerpo de una mujer cuando está animado por dentro.

jueves, 29 de diciembre de 2011

Cuerpo y reconocimiento

No puedo decir que siempre fui flaca. Mi peso varió con los años. Pero sí siempre traté de mantenerme muy activa a nivel físico.

He pasado años haciendo periplos maratónicos en bicicleta, para ir a trabajar y a la facultad, saliendo de campamento y caminando con mi mochila a cuestas, haciendo trekings en la montaña, escalando o yendo al gimnasio. Mi imagen corporal era una, buscando mantenerme dentro del concepto de "flaca o normal con pancita".

En el embarazo engordé lo justo. Casi no se me notaba la panza al mirarme de espaldas. Pero mi panza era enorme para mi pequeño cuerpo. Sobre el final era pura panza y detrás venía yo.

Mi cachorro debió nacer por cesárea. Me fui de la clínica con una panza bastante grande que aun, a los casi 8 meses, no termina de bajar del todo.

Siempre me gustó no tener demasiado busto, me parecía cómodo. Sé que la ropa no podía quedarme ok siempre, muchas veces no rellenaba bien los escotes, pero igualmente me sentía bien. Desde que amamanto al cachorro siento que mis tetas no son mias. No las reconozco. Tampoco reconozco mi cuerpo. Mi cadera esta más ancha, mis brazos gordos, tengo papada, mi busto es enorme y ya bajé más de la mitad de lo que había aumentado. Como sigo amamantando sé que voy a seguir bajando más, pero... no soy yo. Me veo al espejo y aún no me encuentro.

En los primeros meses del cachorro me sentía horrible por todo. Estaba partida al medio por una cicactriz que no me permitía moverme fácilmente o hacer fuerza. Esto sumado a la bajada de la leche hacía que no tuviera demasiada nocíon de mi cuerpo. Junto a la panza que me quedaba, me miraba al espejo y me entristecía. ¿Esa era yo? Me surgían miles de miedos sobre cómo iba a quedar mi cuerpo. No es lo mismo verse gorda por la panza del embarazo que verse gorda después de estar embarazada.

Dado mi caso de cirugía, tuve el alta definitiva para realizar ejercicios a los seis meses. Dicen que al año recién está todo acomodado. Igualmente, el cuerpo cambia.

En estos meses debía acostumbrarme a estos cambios físicos. Ya no me veo tan horrible, asumo con pura fortaleza de espíritu que el cuerpo que tengo está así por ayudar a que mi cachorro llegue al mundo. Es mi "envase familiar" bromeo... Ja, suena terrible!. Creo que no estoy tan mal. Supongo que esto es parte del cambio interno de mi ser. Reconocerme mamá también es un proceso que lleva un tiempo. Un poco me volví extraña para mí misma, para mí entorno. Nada va a volver a ser igual, lo sé, estoy aprendiendo.

martes, 27 de diciembre de 2011

Mi cesárea y otra cesárea

En septiembre escribí sobre cómo me había sentido en el nacimiento de mi cachorro (ver ¿parto o bienvenida?). Este sigue siendo un recuerdo amargo. Muy diferente a lo que hubiera querido en ese momento y más ahora, luego de muchas mas lecturas y charlas sobre el respeto, el apego, las diosas, lo natural.

Leyendo y releyendo notas sobre este tema di con un relato que me impresionó por lo similar. Si bien la historia que se cuenta es diferente, la vivencia sobre el primer nacimiento es muy similiar. A diferencia de lo contado en la nota, que más abajo les dejo, yo no sé si habrá un segundo embarazo en el futuro. Pero coincido en que si lo llegase a haber, tambíen haría todo de otra manera, incluso bajo el riesgo de volver a tener la placenta mal ubicada. Es bueno saber que una no es la única en sentirse mal frente a esta situación!!

Volver a nacer

Por Irina Hauser

Cuando ella lloraba, su llanto era el mío. Su furia era la mía. Sus hoyuelos también. Sus pedidos de calor. Su hambre. Sus ojos gigantes. Mi tristeza. Mi desconcierto. Todo lo veía en ella. Dana nació en pleno verano por una cesárea programada que no elegí. Estaba ubicada de cola. Con frustración, acepté que es riesgoso que los bebés en esa posición nazcan por un parto vaginal. Después del papeleo y dos horas en la sala de espera, hice mi entrada triunfal al quirófano, donde encontré el abrazo reconfortante de mi obstetra y un noventa por ciento de caras desconocidas. “A tu mujer le bajó todo el cagazo junto”, le dijeron a mi esposo al hacerlo pasar. Claro que tenía miedo. Pero también tenía náuseas, mareo, no sentía ni las manos. No podía articular ni una palabra. “Voy a vomitar”, alcancé a decir. Sólo sentía que sacudían mi cuerpo. Una mano de David acarició mi cabeza. Lloré bajito. Una enfermera me mostró a la beba desde lo alto, como un avioncito. Lejos de mi piel. Gordita. Increíblemente hermosa. La escuché llorar a la distancia. Debo haber estado medio tendida en la camilla en un pasillo, junto a un ascensor. Sola, sin que nadie me hablara. Tuve las piernas dormidas seis horas más y tardé dos días en entender –y en poder preguntar abiertamente– por qué me habían obligado a estar todo ese tiempo en posición horizontal, haciendo pis en una chata, sin poder abrazar a mi hija, dándole el pecho acostada boca arriba con ayuda de alguna nurse. Me habían dado mal la anestesia. Me lastimaron la duramadre, una membrana de la médula, y no debía moverme para evitar que se derramara líquido encefalorraquídeo, o sufriría terribles dolores de cabeza. Volvimos a casa un día de tormenta. Me pareció que la cuadra se veía distinta. Como si las casas fueran otras, otros los colores, las plantas y los negocios. A la vez, miraba a Dana y me veía a mí misma en una foto de bebé, exacta, sólo que con otro color de pelo. Irradiábamos dolor. Desazón. Felicidad. Ansiedad. Una herida abierta. Puedo decir que las circunstancias que rodearon su nacimiento marcaron nuestro vínculo inicial. El año pasado, cuando volví a quedar embarazada, pensé automáticamente que quería revancha. La segunda vez te agarra con cierta sabiduría. Era toda una candidata a aspirar a un parto domiciliario. Lo medité, leí, lo analicé, escuché historias en primera persona. Todo sonaba emocionante. Con David pasamos noches pensando qué hacer. Somos temerosos. Y habíamos quedado asustados. Soñábamos algo tan simple como sentirnos respetados, que nadie nos impusiera cómo tiene que fluir la revolución de la llegada de un hijo. No nos veíamos pariendo en casa. Por seguridad o comodidad. Vaya a saber. ¿Algo tan natural debía ser tan complicado? ¿Tan impersonal, o deshumanizado? ¿Las clínicas sólo ofrecen partos industriales? ¿Habría forma de trazar nuestro propio camino? Elegimos al obstetra con dedicación y nos jugamos. Nos atendía sin mirar el reloj, hablábamos de política y nos daba esperanzas de un parto por vía baja, aunque desde el primer día fundamentó por qué si la criatura repetía la postura de la hermana había que hacer una cesárea. Bingo. Rocío también llegó en verano y estaba apoltronada en mi panza cola abajo. Era un sábado de sol rutilante. A las ocho de la mañana, la partera ya nos esperaba. Me dio charla y me mimó cada minuto. Me presentó a todas las enfermeras, que me llamaban por mi nombre. El anestesista me explicó por qué y cómo no me haría daño. A David lo dejaron estar todo el tiempo. El obstetra deslizó a Rocío hacia el mundo exterior con suavidad, mientras cantaba un tango. “Prolijito, eh”, le indicaba la costura a su asistente. Al instante recostaron a Rocío a mi lado, y la besé. Mi beso calmó su llanto. Pasó horas en mis brazos. El dolor se disipó. A Dana se le dibujó una gran sonrisa duradera. Rocío tiene la risa fácil. Y contagia. Su risa es la mía. La de los cuatro. Nos abrazamos mucho. “Los quiero”, festeja Dana. Yo digo que fue como volver a nacer.

las12
Viernes, 18 de septiembre de 2009

 




sábado, 8 de octubre de 2011

EnREDdada en ReUNIONes, Cenas y Ferias

Ayer y hoy estuve muy social.

Después de un día de trabajo y visita de control a la pediatra, ayer me fui con el cachorro a una charla que prometía. El día estaba horrible para salir, pero si ya había salido antes no me podía perder la oportunidad de conocer a otras mujeres que buscan, arman y tejen una red de maternantes.

Entonces nos fuimos a un jardín de infantes y allí nos encontramos con Julieta Saulo del grupo Las Casildas (promueben la licencia post natal de 6 meses), Vivian Watson (es la autora del libro "una nueva maternidad"), Carla Conte y mcuhas otras mujeres. Se tocaron muchos temas interesantes. Si bien me tuve que ir temprano, sentí que todas esas mujeres que estaban ahí a quienes no conocía, tenían algo en común conmigo. Algo que no encuentro en mis amigas madres. Para ponerlo en palabras, podría decir que sentí que ellas y yo encarabamos al mundo de la misma manera. Algunas lo dijeron bien claro, "seré ingenua pero creo que criando desde el afecto puedo cambiar el mundo".

En mi vida pasó algo, hace unos años, que me hizo golpear muy duro. Ahora, con mi cachorro vuelvo a creer que el cambio es posible porque soy quien lo genera. Gandhi decía que uno mismo es el cambio. Y lo creo.

Despues de esa energizante reunión, volví a mi casa rápido por que había invitado a unos amigos a cenar. Por suerte tenía la mitad de las cosas ya preparada. Eramos tres mujeres, una embarazada, yo puerperea y una madre de adolescentes-jovenes. Tres miradas, que confluian en descubrir esta otra manera de ver nuestro papel de madre. Fue muy interesante.
Entre todas las cosas que charlamos a lo largo de la larga noche... porque se extendio mucho mas allá de lo que hubiese imaginado... en algún momento vi mi cambio con respecto al embarazo. No dejo de asombrarme lo que estos 9+6 meses de vida de mi cachorro me han modificado. Me interesaba escruchar los comentarios sobre los embarazos, en cuanto a como lo habian experimentado, cómo era la relacion con sus parejas... antes hubiera cambiado de tema.

Buerno, esta tarde, después de descansar merecidamente de la bella reunion de anoche me fui con mi cachorro a la IV feria de la mujer y alli me quede charlando un rato. Mi experiencia con los pañales lavables, que los libros, que el fular, que las lecturas... conocí a linda gente, recordamos la II feria y una charla que surgio...

Volvi contenta.

Estoy construyendo una nueva parte de mi, me estoy reencontrando con el otro, me vinculo desde otro lado. De a poco estoy encontrando una nueva tribu, me siento a gusto enREDada en la red.

Quiero armar manada!

Enlaces que permiten establecer RED:
Carla Conte mujeresenred
deMujeres y Madres
Las Casildas

lunes, 12 de septiembre de 2011

Amamantar: dar-se

Amamantar es entrega. Mi cuerpo dormido a mitad de la noche deja que otro cuerpo se nutra. Ese mismo cuerpo que se nutre me reclama a lo largo del día, lo mejor que pude hacer fue darme cuenta que entregarme a esa necesidad nos relajaba y entonces nos dejaba fluir y los animos mejoraron. Aprender a disfrutar el momento de nutrir es el secreto.

Hay una magia que debemos aprender como madres. Es un momento unico que debemos aprender a respetarnos y enseñar que nos deben respetar.

El contacto piel a piel es estimulante. Sentir las texturas, las temperaturas, los olores... claro que tiene que ver con nuestra sexualidad.

Me entregue, me dejé llevar por cada uno de estos momentos, lo sigo haciendo... es un momento amoroso que me maravilla.

Hay que aprender a amamantar bien, no es algo que viene. El cachorro y su mama, ambos al conocerse deben aprender como conectarse...

Les dejo este video de la Liga de la Leche con algunas buenas recomendaciones:


martes, 6 de septiembre de 2011

Puerperio

Llegué a la maternidad, después de algunos años de no buscarla. Grandes cambios internos inesperados vinieron de la mano de esta situación. Esos cambios nunca nadie me los comentó. Si alguna vez alguien me dijo algo, fueron comentarios sobre el tiempo que te insumía el cuidado del cachorro, de las noches sin dormir, de cómo estabas físicamente. Nadie me contó la soledad que se siente. El vacío interno. La lejanía con tu compañero.

De golpe, en un mes, no me reconocía.

Las publicidades, las películas, muestran madres y bebés radiantes y arreglados. Sacar ese estereotipo de mi cabeza para no juzgarme fea, gorda, con el pelo arruinado, la ropa que no me entra o me queda ma,l es un proceso que aun continua.

Las palabras de aliento están, estuvieron. Que no estaba tan mal, que la panza estaba bajando, que me diera tiempo... Formas sutiles de no reconocer que mi cuerpo seguía siendo otro... que ya no era aquel y no lo va a ser mas. El estereotipo en mi cabeza de a poco se cayó a pedazos. Cuanto alivio hubiera sentido sin tanta mentira.

Es una etapa internamente dolorosa y solitaria.  Todos vienen y visitan al cachorro. A la vez, soy de quien depende el cachorro. No es que me sienta dejada de lado por las visitas, pero nadie responde a mi agotamiento. Sé que la amorosa demanda de mi pequeño es un gran aliento, pero mi ser personal se ahoga, muchas veces está asustado, quiere gritar.

El cachorro es feliz, pequeño, rozagante de vida... mi cuerpo lleva las marcas de ese nacimiento. Es completamente natural, es vital y hermoso. Sin embargo, cuesta muchísimo. Es un quiebre interno. Quiero huir de mí misma. Quizás haya mujeres que lo hagan. Yo preferí quedarme y enfrentarme a mi misma, a mis miedos, a mi pelo que se deseca y se cae, a mi cuerpo flácido, a mi nuevo tamaño de caderas y de tetas, a mi soledad interna. ¿Cómo quieren que sea la de antes?. Si no me encuentro en la imagen que doy en el espejo ¿cómo puedo pensar y reaccionar de la forma que lo hacía antes?

Y todo es una gran contradicción, porque por un lado está esta soledad y este desencuentro y por el otro está mi cachorro, nutriéndose de mi, de esto nuevo que soy. Mi cachorro que es dulce y me reclama y necesita de mis cuidados y atención constante. Y esto me hace sentir plena y útil y me renueva.

Con esta dualidad me enfrento diariamente desde que nació. Quizás por eso, después de los cuatro primeros meses ahora pueda salir a la calle sola y sentirme un poco aliviada. Mi cabeza se siente oxigenada y soy feliz cuando regreso a nutrirlo. Es como realizar otra dualidad más. Siento que ya nadie puede exigirme ser una.

Y hay más quiebres que superar de los que nadie habla. Hay una ruptura de comunicación física difícil de transitar en la pareja.

¡Cuánta razón tienen quienes dicen que esta sociedad nos deja solas en la maternidad! El puerperio es un momento en el que las mujeres necesitamos vínculos maternales fuertes, brazos de madres-amigas, madres-abuelas, madres-tías, cuñadas, vecinas. Necesitamos abrazos, alivio, contención, mimos, afecto... siento que necesitamos cosas sin ángulos. No tenemos manada, y esto es una gran fosa entre nosotras y el mundo... por eso estamos tan solas.

lunes, 29 de agosto de 2011

Puerperia en el trabajo con cachorrito en casa

Dentro de unos días mi cachorro cumplirá sus 5 primeros meses de vida. ¡Qué diferente que está ahora de cuando nació!

Cuando lo trajimos era un pequeñito dormilón, y ahora.. se ríe a carcajadas, nos sigue con la mirada, toma sus juguetes, balbucea, mantiene su cabecita...

Cada vez que nos ve o nos escucha se sonríe de lo mas tierno. También tiene sus llantos al pedir lo que necesita, claro. Es muy pacífico. Está comenzando a dominar su postura estando panza abajo, pero aún se cansa.

La pediatra nos recomendó que hiciéramos con el algunos juegos que lo estimulan. Será justamente porque desde que llegó que estoy dedicada 100% a que este bien atendido, que me fui dando cuenta de sus necesidades y esos juegos ya los estuvimos practicando.

Claro, también en mis años y en este tiempo he leído algunas cosas, por ejemplo, sobre la importancia de responder a sus balbuceos, de modo de conversar. Esto lo estimularía a hablar mas adelante. Creo que mi cachorro se ha tomado esto en serio ya que se manda grandes discursos solito, hablándole a sus juguetes o cantándoles como yo hago con el.

Hace poco que comenzó a dormir siesta. Desde muy chiquito duerme de corrido. Por lo cual ahora estoy un poco mas tranquila. Sin embargo, se me termino la licencia por maternidad y debo comenzar a trabajar. Esto me ha traído algunos síntomas que -porque me conozco- se que estoy somatizando. Me pone muy triste. Estoy triste. No se si es dejarlo varias horas o es el despegue. Recién ahora tome conciencia de que hace casi 5 meses de que estoy completamente dedicada a él, que casi no lo he tenido lejos de mi por mas de tres horas. Mi doula querida, mi mamá, hasta la pediatra y mis amigas me han dicho que es una etapa dolorosa. Que quizás llore. Ahora mismo se me hace un nudo en la garganta. Yo lo he pensado bastante y pese a todo esto desearía volver al mundo de "afuera" pero lentamente. No más como antes, eso es casi imposible porque ahora estoy mas completa.

Sé que cuando comience con los horarios de los cursos y vuelva a casa, voy a valorar mucho mas el acunarlo en mis brazos, cantarle, y disfrutarlo. Desde que era renacuajo en mi panza yo le conté lo importante que era en el amor dejar libre al otro. La distancia muestra el valor de lo cotidiano, aunque esa distancia sean algunas horas va a ser un momento que deberemos atravesar. Ahora mismo le digo y le explico diariamente cada cosa que haremos y que me pasa. Creo que así lo libero de las cargas del no entender.

Pese a esta sensación, mi cachorro y yo tenemos la enorme ventaja de que su papá va a ser el encargado de cuidarlo mientras yo este afuera. Esto me alivia mucho, nos libera de vacunas extras, nos permite estimularlo como nos gusta, nos deja seguir usando nuestros pañales de tela, saber que esta siempre bien ahora que nos parece grande pero sigue siendo un bebé chiquito.

Así que con todo esto, soy una puerperia más, que comienza a notar como el trabajo interfiere en su papel de madre. Espero que esta etapa breve (faltan escasos 3 meses para el receso escolar de verano) podamos transitarla sin sombras ni otras molestias y seguir disfrutándonos como pequeña y nueva familia que somos, domingueando juntos en la cama, amaneciendo los tres sonrientes y entregándonos de corazón a este aprendizaje intuitivo y sensacional.

Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...
Lilypie Breastfeeding tickers
Lilypie First Birthday tickers