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miércoles, 4 de enero de 2012

Sitios con información sobre partos respetados, espirituales...


  • Red Latinoamericana y del Caribe para la Humanización del Parto y del Nacimiento: www.relacahupan.org 


jueves, 29 de diciembre de 2011

Cuerpo y reconocimiento

No puedo decir que siempre fui flaca. Mi peso varió con los años. Pero sí siempre traté de mantenerme muy activa a nivel físico.

He pasado años haciendo periplos maratónicos en bicicleta, para ir a trabajar y a la facultad, saliendo de campamento y caminando con mi mochila a cuestas, haciendo trekings en la montaña, escalando o yendo al gimnasio. Mi imagen corporal era una, buscando mantenerme dentro del concepto de "flaca o normal con pancita".

En el embarazo engordé lo justo. Casi no se me notaba la panza al mirarme de espaldas. Pero mi panza era enorme para mi pequeño cuerpo. Sobre el final era pura panza y detrás venía yo.

Mi cachorro debió nacer por cesárea. Me fui de la clínica con una panza bastante grande que aun, a los casi 8 meses, no termina de bajar del todo.

Siempre me gustó no tener demasiado busto, me parecía cómodo. Sé que la ropa no podía quedarme ok siempre, muchas veces no rellenaba bien los escotes, pero igualmente me sentía bien. Desde que amamanto al cachorro siento que mis tetas no son mias. No las reconozco. Tampoco reconozco mi cuerpo. Mi cadera esta más ancha, mis brazos gordos, tengo papada, mi busto es enorme y ya bajé más de la mitad de lo que había aumentado. Como sigo amamantando sé que voy a seguir bajando más, pero... no soy yo. Me veo al espejo y aún no me encuentro.

En los primeros meses del cachorro me sentía horrible por todo. Estaba partida al medio por una cicactriz que no me permitía moverme fácilmente o hacer fuerza. Esto sumado a la bajada de la leche hacía que no tuviera demasiada nocíon de mi cuerpo. Junto a la panza que me quedaba, me miraba al espejo y me entristecía. ¿Esa era yo? Me surgían miles de miedos sobre cómo iba a quedar mi cuerpo. No es lo mismo verse gorda por la panza del embarazo que verse gorda después de estar embarazada.

Dado mi caso de cirugía, tuve el alta definitiva para realizar ejercicios a los seis meses. Dicen que al año recién está todo acomodado. Igualmente, el cuerpo cambia.

En estos meses debía acostumbrarme a estos cambios físicos. Ya no me veo tan horrible, asumo con pura fortaleza de espíritu que el cuerpo que tengo está así por ayudar a que mi cachorro llegue al mundo. Es mi "envase familiar" bromeo... Ja, suena terrible!. Creo que no estoy tan mal. Supongo que esto es parte del cambio interno de mi ser. Reconocerme mamá también es un proceso que lleva un tiempo. Un poco me volví extraña para mí misma, para mí entorno. Nada va a volver a ser igual, lo sé, estoy aprendiendo.

martes, 27 de diciembre de 2011

Mi cesárea y otra cesárea

En septiembre escribí sobre cómo me había sentido en el nacimiento de mi cachorro (ver ¿parto o bienvenida?). Este sigue siendo un recuerdo amargo. Muy diferente a lo que hubiera querido en ese momento y más ahora, luego de muchas mas lecturas y charlas sobre el respeto, el apego, las diosas, lo natural.

Leyendo y releyendo notas sobre este tema di con un relato que me impresionó por lo similar. Si bien la historia que se cuenta es diferente, la vivencia sobre el primer nacimiento es muy similiar. A diferencia de lo contado en la nota, que más abajo les dejo, yo no sé si habrá un segundo embarazo en el futuro. Pero coincido en que si lo llegase a haber, tambíen haría todo de otra manera, incluso bajo el riesgo de volver a tener la placenta mal ubicada. Es bueno saber que una no es la única en sentirse mal frente a esta situación!!

Volver a nacer

Por Irina Hauser

Cuando ella lloraba, su llanto era el mío. Su furia era la mía. Sus hoyuelos también. Sus pedidos de calor. Su hambre. Sus ojos gigantes. Mi tristeza. Mi desconcierto. Todo lo veía en ella. Dana nació en pleno verano por una cesárea programada que no elegí. Estaba ubicada de cola. Con frustración, acepté que es riesgoso que los bebés en esa posición nazcan por un parto vaginal. Después del papeleo y dos horas en la sala de espera, hice mi entrada triunfal al quirófano, donde encontré el abrazo reconfortante de mi obstetra y un noventa por ciento de caras desconocidas. “A tu mujer le bajó todo el cagazo junto”, le dijeron a mi esposo al hacerlo pasar. Claro que tenía miedo. Pero también tenía náuseas, mareo, no sentía ni las manos. No podía articular ni una palabra. “Voy a vomitar”, alcancé a decir. Sólo sentía que sacudían mi cuerpo. Una mano de David acarició mi cabeza. Lloré bajito. Una enfermera me mostró a la beba desde lo alto, como un avioncito. Lejos de mi piel. Gordita. Increíblemente hermosa. La escuché llorar a la distancia. Debo haber estado medio tendida en la camilla en un pasillo, junto a un ascensor. Sola, sin que nadie me hablara. Tuve las piernas dormidas seis horas más y tardé dos días en entender –y en poder preguntar abiertamente– por qué me habían obligado a estar todo ese tiempo en posición horizontal, haciendo pis en una chata, sin poder abrazar a mi hija, dándole el pecho acostada boca arriba con ayuda de alguna nurse. Me habían dado mal la anestesia. Me lastimaron la duramadre, una membrana de la médula, y no debía moverme para evitar que se derramara líquido encefalorraquídeo, o sufriría terribles dolores de cabeza. Volvimos a casa un día de tormenta. Me pareció que la cuadra se veía distinta. Como si las casas fueran otras, otros los colores, las plantas y los negocios. A la vez, miraba a Dana y me veía a mí misma en una foto de bebé, exacta, sólo que con otro color de pelo. Irradiábamos dolor. Desazón. Felicidad. Ansiedad. Una herida abierta. Puedo decir que las circunstancias que rodearon su nacimiento marcaron nuestro vínculo inicial. El año pasado, cuando volví a quedar embarazada, pensé automáticamente que quería revancha. La segunda vez te agarra con cierta sabiduría. Era toda una candidata a aspirar a un parto domiciliario. Lo medité, leí, lo analicé, escuché historias en primera persona. Todo sonaba emocionante. Con David pasamos noches pensando qué hacer. Somos temerosos. Y habíamos quedado asustados. Soñábamos algo tan simple como sentirnos respetados, que nadie nos impusiera cómo tiene que fluir la revolución de la llegada de un hijo. No nos veíamos pariendo en casa. Por seguridad o comodidad. Vaya a saber. ¿Algo tan natural debía ser tan complicado? ¿Tan impersonal, o deshumanizado? ¿Las clínicas sólo ofrecen partos industriales? ¿Habría forma de trazar nuestro propio camino? Elegimos al obstetra con dedicación y nos jugamos. Nos atendía sin mirar el reloj, hablábamos de política y nos daba esperanzas de un parto por vía baja, aunque desde el primer día fundamentó por qué si la criatura repetía la postura de la hermana había que hacer una cesárea. Bingo. Rocío también llegó en verano y estaba apoltronada en mi panza cola abajo. Era un sábado de sol rutilante. A las ocho de la mañana, la partera ya nos esperaba. Me dio charla y me mimó cada minuto. Me presentó a todas las enfermeras, que me llamaban por mi nombre. El anestesista me explicó por qué y cómo no me haría daño. A David lo dejaron estar todo el tiempo. El obstetra deslizó a Rocío hacia el mundo exterior con suavidad, mientras cantaba un tango. “Prolijito, eh”, le indicaba la costura a su asistente. Al instante recostaron a Rocío a mi lado, y la besé. Mi beso calmó su llanto. Pasó horas en mis brazos. El dolor se disipó. A Dana se le dibujó una gran sonrisa duradera. Rocío tiene la risa fácil. Y contagia. Su risa es la mía. La de los cuatro. Nos abrazamos mucho. “Los quiero”, festeja Dana. Yo digo que fue como volver a nacer.

las12
Viernes, 18 de septiembre de 2009

 




sábado, 10 de diciembre de 2011

Invasion social en el cuerpo de las madres por parir

Les comparto una nota muy buena e interesante que salió publicada hace unas semanas en Página 12.

Parirás con dolor

Lo dice la Biblia y en, muchos casos, lo repiten los médicos o las parteras que retan e invaden el cuerpo de las mujeres. El respeto a las parturientas es un derecho que ya está inscripto en la ley pero que tiene que imprimirse en la experiencia cotidiana y no sólo quedarse en letra muerta.
 Por Luciana Peker

“Si te gustó el carozo, bancate la pelusa”, le dijeron. No es una metáfora de verdulería, sino una de las muchas formas de lastimar a una mujer cuando no está enferma pero las contracciones, el miedo, el cuerpo dentro del cuerpo duelen. El parto duele. Aún como una reivindicación de la pujanza en la vida, duele. Pero duele mucho más cuando con palabras, negaciones o invasiones se ejerce violencia obstétrica contra las mujeres.
En la Argentina la ley contempla las episiotomías de oficio, los apuros de los médicos, los retos de las parteras o acostar a las mujeres sin dejarlas fluir y parir en cuclillas como infracciones a los derechos. ¿Pero se cumple?
“Tenemos tres leyes que promueven el respeto y cuidado en los nacimientos: la de Derechos en el Nacimiento (25.929), la de Derechos del Paciente (26.529) y la de Prevención y Erradicación de Violencia Hacia la Mujer (26.485) y ninguna de ellas, en lo que refiere a la asistencia de partos y nacimientos, se aplica concretamente. No hay una decisión en la política ministerial de hacer efectiva la capacitación a los equipos de salud, la difusión a la ciudadanía y su cumplimiento real”, señala Sonia Cavia, presidenta de Awaike Salud y Medio Ambiente y coordinadora regional de la Red Latinoamericana y del Caribe para la Humanización del Parto y el Nacimiento (Relacahupan).

Ella también remarca que para que la ley se cumpla también debe haber sanciones a los que violen la legislación –y le griten o corten o apuren a una parturienta– sin contemplar los derechos actuales. “Es importante que la violencia obstétrica se considere en una norma, en primera instancia, para reconocer su existencia y desnaturalizar modos de atención y procedimientos en un trabajo de parto y nacimiento. Insultar, pegar, amenazar, ignorar, burlar son parte cotidiana de estos procedimientos incorporados al trato habitual. Por eso, es urgente que la ubiquemos como una violación de derechos humanos cotidiana, reiterada y sistemática perpetrada por las instituciones tanto públicas como privadas”, dice.

Para que la ley se ponga en marcha, ellas también decidieron marchar el día de la no violencia hacia las mujeres. Hoy se reúnen, a las 16, en Plaza de Mayo, por el derecho a elegir cómo, dónde y con quién parir y de ahí van a trasladarse hasta el Congreso nacional. En el acto se va a entregar un sobre de color por cada hijo/a (con fotos de los chicos y chicas nacidos en sus casas o de familias que apoyan la libertad de elección en relación con dónde parir y la asistencia de parteras como profesionales idóneas y autónomas) para que se respete el derecho a que en uno de los momentos de mayor vulnerabilidad y poder de una mujer pueda estar la mamá, la pareja, una amiga o el novio o marido alentando a cada una a sobrellevar el miedo y alimentar la fuerza en cada pujido.

Otro de los objetivos del acto es llegar con este pedido a la presidenta Cristina Fernández y fomentar que en el tratamiento de un proyecto de ley que regularía el ejercicio profesional de las licenciadas en obstetricia (parteras) se estipule que puedan brindar asistencia en hospitales, casas de partos y en el domicilio de la embarazada en concordancia con el respeto de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.
Por su parte, la periodista Mariela Franzosi y autora del blog maternarconamor.blogspot.com enmarca: “La violencia obstétrica es un tipo de violencia bastante silenciada y naturalizada, que muchísimas mujeres sufrimos tanto a nivel físico como psicológico, por parte de los profesionales de la salud que deberían encargarse de protegernos a nosotras y a nuestros bebés en el momento del trabajo de parto, parto y nacimiento. Sin embargo, realizan sobre nuestro cuerpo prácticas dolorosas e innecesarias (tactos, colocación de vías para suero, el uso de oxitocina sintética que provoca contracciones artificiales e incluso la episiotomía o corte de la vagina para evitar supuestos desgarros). Las y los médicos nos manipulan sin siquiera decirnos lo que nos están haciendo, nos atan a la camilla de parto, no nos permiten movernos con libertad, nos infantilizan en el trato (‘mami’, ‘mamita’, ‘gorda’) y todas estas prácticas son diferentes tipos de violencia que las mujeres padecemos muchas veces sin siquiera llegar a registrarlo” dice.

Pero no es una violencia que encuentra a las mujeres de pie, sino asustadas, esperanzadas, dolidas, vulnerables y es ahí cuando son jaqueadas por el supuesto saber médico. “Estas situaciones suceden en el marco de una desigualdad simbólica enorme, ya que las mujeres casi siempre llegamos a parir desinformadas, temerosas, sin poder ejercer el control sobre nuestros cuerpos y teniendo que dejar en manos de ese otro ‘superior’, que posee el conocimiento y el dominio de la situación. Ese otro es el ‘profesional que sabe’ y que tiene en sus manos una de las cosas más preciadas para nosotras como es la vida de nuestras hijas e hijos. Esto hace que se vuelva más difícil aún discernir que estamos siendo violentadas y, en el caso de reconocerlo, que luego no podamos denunciarla”, subraya Franzosi. Pero recomienda desnudar la violencia y desenmascararla: “El Ministerio de Salud de la Nación, a través de su Línea de Salud Sexual, funciona como un órgano de denuncia de situaciones de violencia obstétrica. Es tu derecho. Y es posible hacerlo cumplir”.

Más información: Línea de Salud Sexual 0-800-222-3444. www.dandoaluz.net
Suplemento
las12
Viernes, 25 de noviembre de 2011

martes, 22 de noviembre de 2011

El viernes x el derecho a elegir

¿Qué sienten al ver este video?

Muchas mujeres creen que esta es la única y la mejor forma de parir, de dar vida, de ser tratadas, de proteger al bebé, de cuidarnos. Pues no, no es la única. Muchas de las cosas a las que nos somete el sistema médico son herencias de siglos de patriarcado. Todas debemos saber que esta no es la manera natural de parir. Que estar embarazadas no es estar enfermas si no tenemos un problema real. Que nuestro cuerpo sabe hacerlo. Que el sistema medico debería estar por si las dudas, sin intervenir, sin entrometerse. Somos parte del mundo, somos integrantes del mundo animal. Necesitamos intimidad para parir, al igual que necesitamos intimidad para todo lo demás. Es nuestro derecho. Nos tienen que respetar.

El viernes 25 de noviembre hay una entrega de cartas en la casa rosada y luego una marcha hacia el congreso para exigir que tenemos derecho a decidir cómo, dónde y con quién queremos parir.

Están invitadas e invitados
Para apoyar la petición pueden firmar en pinchando acá

jueves, 20 de octubre de 2011

Postnatal, apego, lactancia prolongada... una tendencia que crece

Leslie Power y la foto problemática
Leslie Power es mujer, madre y psicóloga chilena. Hace algún tiempo atrás le cerraron su perfil de Facebook por haber subido una foto que consideraron como obsenaen porque se mostraba ella amamantando. Indignada, pidió explciaciones y se armó un gran revuelo.

En ese momento dijo "Esto es una censura, pero lo más terrible aún es que es una censura a la crianza, a la entrega y al amor".

Ella es psicóloga clínica y es experta en desarrollo infantil. Es una de las fundadoras de la institución Espacio Crianza, organización que se dedica a ofrecer ayuda a los padres en la etapa de crianza de sus hijos, y promotora del Movimiento Ciudadano por el Postnatal de 6 meses que acaba de entrar en vigencia en Chile.

Como otras veces, les comparto una nota interesante de María José Errázuriz L. publicada en Emol.

“La mujer recién está comprendiendo 
las malas jugadas del feminismo”


Es apasionada y da sus batallas hasta el final. Por eso, no se amilanó hace un año, cuando Facebook trató de cerrar su cuenta porque había subido una foto amamantando a su hijo que fue considerada indecente.

Tampoco bajó los brazos durante la larga discusión del post natal de 6 meses, ocasión en que hizo escuchar la voz de quienes abogan por una lactancia a libre demanda prolongada, el colecho (dormir cercano) y la crianza en brazos (mamá canguro).

Es que Leslie Power es así, apasionada. Calificada por muchos de extremista en sus posturas, ella no se complica porque cree firmemente que su lucha es un bien superior, los derechos de los niños. Psicóloga clínica, difunde sus posiciones a través de Espacio Crianza y asegura que en la actualidad la mujer, madre, está viviendo en el peor de los mundos, donde el embarazo y el parto han sido convertidos en un negociado.

“Dicen que demonizo la cesárea y la leche de fórmula, pero eso no es así. Bienvenidas ambas cuando son realmente necesarias, pero por favor, que alguien me explique por qué de Plaza Italia para arriba la tasa de cesáreas es de un 67% cuando en el mundo es de un 5”, señala vehemente.

-Si tenemos esas tasas de cesáreas es porque las mujeres están dispuestas a eso.
“Sí, pero para mí, la mujer es una víctima del sistema que recién está comprendiendo que esto es una mala jugada del feminismo. Se agradece el feminismo en tanto ganamos calle, universidad, voto, anticoncepción, pero la salida de la mujer de la casa no consiguió que el hombre entrara a la casa, quedando los hijos al desamparo, al cuidado de un tercero. Lo que estamos haciendo es abandonar a nuestras crías o institucionalizarlas (sala cuna-jardín) a temprana edad.
“Y la sala cuna no es buena. No es buena porque las mujeres nunca hemos estado preparadas para cuidar octillizos; si así fuese, bienvenida la sala cuna y yo cuido a ocho en el mejor de los casos, 15 a veces. La mujer está preparada para cuidar a uno, con excepción de mellizos”.

-Te olvidas de la libertad de las mujeres para tomar sus decisiones. La libertad de querer tener una maternidad tardía, de querer dar pecho tres meses, de trabajar...
“Desde qué lugar toman su decisión. Lo único que han conseguido con ello es un aumento del tabaquismo, del alcohol, de los tranquilizantes, ataques cardíacos anticipados, estrés. Las del barrio alto con justa razón se ‘piscolean’ para relajarse un rato si han trabajado como esclavas toda la semana”.

-Okey, pero siguen siendo opciones personales.
“El tema aquí es que hay derechos por los que velar, y el derecho del niño, que es vulnerable, dependiente, alguien lo tiene que proteger. Somos el único mamífero, el más inteligente, que está pegado casi 20 años a su madre y padre, mientras que otros, se alejan después de algunos meses. Si nosotros no nos vinculamos –ahí está la teoría del apego- correctamente, el efecto será negativo. La succión del niño al nacer no es por hambre, es porque tiene necesidad de seguridad. Los 30 minutos después del parto son claves para determinar una buena lactancia, pero los niños son retirados a los minutos porque el doctor tiene consulta”.

Leslie Power es categórica. “La lactancia es el mejor alimento biológico, afectivo, psicológico, cognitivo, social de un niño y eso explica porque los nórdicos han establecido postnatales de 2 años” y profundiza en la idea de que sea libre demanda, indicando que la guagua quiere succionar para sentirse seguro. “Cuando una madre es más rápida en la satisfacción de su guagua hay menos estrés en el cerebro del niño; en palabras simples, a mayor placer, más caminos neuronales, más inteligente; a mayor estrés, cortisol, caminos rotos”.

-¿Ese debería ser el post natal? ¿Dos años?
“Una guagua es considerada como tal hasta los dos años; un recién nacido requiere de contacto piel a piel a lo menos de tres meses y de ahí que existan las mamás canguros, algo que las indias hacían no porque no existieran los coches. La modernidad hace que las casas tengan una pieza para cada niño y después yo tengo pacientes aquí que me consultan por qué su hijo de 11 años se sigue metiendo a su cama. Y me explica que sacó a la guagua de su pieza a los 2 meses y aplicó el método “Duérmete niño” que es traumatización cerebral pura”.

-¿Bajo está mirada, un post natal de 6 meses es insuficiente?
“Sin duda. Peor aún, esto no es un post natal, es un permiso parental post natal donde yo tengo la posibilidad de trabajar jornada reducida y traspasar 6 semanas al padre. El mensaje de la ley dice que es para garantizar la salud de los niños y eso se consigue con lactancia exclusiva, ¿dónde se ha visto a un hombre que dé pecho? Esto tiene que ver con un derecho, con tratados internacionales de la Unicef, la OMS, y muchos otros, que Chile tiene el deber de cumplir”.

-Pero no se puede obligar a la mujer a poner la pechuga.
“No se tiene que obligar a nadie, pero se tiene que entender que existe un derecho universal del niño de recibir el mejor alimento que es la leche materna”.

-La madre puede dejar la leche en mamadera para que se la dé el padre.
“Perfecto, entonces ahí tenemos que aceptar que la figura de apego es el padre. ¡Mujer, decide informadamente porque tu hijo es dependiente y sin ti no sobrevive! Muchos cuestionan que la mujer esté fuera del trabajo 6 meses, pero a nadie se le ocurre pensar en el horror que es dejar a una cría. ¿Y después que tenemos? Ritalín a destajo, psicopedagogas, fonoaudiólogas, psicólogas para que los niños aprendan a manejar sus emociones, furgones escolares acarreando niños, a la tía papasfritas, a la tía Yingo, y nos preguntamos por qué los niños tienen tantos problemas”.

-Hay expertos que señalan que los 6 meses de post natal no es adecuado, porque a esa edad el niño tendrá conciencia de la partida de la madre, cosa que no ocurre a los 3.
“Los estudios señalan que la ansiedad ante el extraño, que es cuando el niño reconoce al otro, se da recién a los 8 meses. Patricia Crittenden sostiene eso, pero pregúntale a ella qué le pasa a una guagua al ser abandonada a los 3 meses, cómo experimenta sus angustias”.

Leslie hace un alto y denuncia: “hace tres meses Piñera levantó la prohibición que existía de hacer publicidad de leche de fórmula. Somos el segundo país después de Estados Unidos, no hay más, porque nadie en su sano juicio lo haría. La humanidad ha sobrevivido de leche materna porque es mágica”.

-Tu postura es vista como excluyente por muchos, una postura que deja a la madre como única figura de apego, única encargada de los niños.
“Mi postura no es excluyente. Yo trabajo con familias, para que una mujer pueda desplegar sus habilidades maternas, necesita estar contenida no sólo por su pareja, si no por su familia, por la sociedad completa, la tribu. Cuando se protege a una madre en post parto se está protegiendo a un hijo y a la madre. La lactancia prolongada, es decir, más de 6 meses es protección del cáncer del pecho, de ovarios, de la osteoporosis, de la depresión post parto.
“Si fuéramos una sociedad que avanza, o mejor dicho retoma lo de nuestros antepasados, la mujer debiera trabajar con su cría a cuestas. A mí me daría mucha lata estar en reclusión domiciliaria porque tuve mi guagua; lo moderno sería tenerla, darle su tiempo, tener un buen acople y partir a trabajar con la guagua. Tengo cuatro pacientes que lo han hecho y nadie se ha atrevido a ponerles mala cara porque la imagen de una madre con su hijo es muy potente”.

-¿Quedaron cosas pendientes tras la dictación de la ley? ¿Puede ser mejorada?
“Hay mucho que hacer, y estamos trabajando con el Sernam. Este permiso parental post natal requiere de un apoyo a los partos respetados, a la lactancia, a la crianza, a la conciliación real familia-trabajo, a la flexibilidad. Nuestros hijos están muy solos”.

domingo, 9 de octubre de 2011

Sobre libertad ... Partos domiciliarios: ¿una realidad que dejará de serlo?

Nota publicada el viernes 7 de octubre de 2011 en el diario Página 12 escrita por Julieta Saulo *


Hablar de partos en la Argentina es hablar, en muchísimos casos, de maltrato, violencia y falta de respeto. Si bien tenemos a nivel nacional una ley que nos protege de situaciones de este tipo (Nº 25.929/2004), como aún no está reglamentada, en la práctica quedamos expuestas y desamparadas. La violencia obstétrica está tan instalada que se torna invisible y sumamente peligrosa.

A raíz de esta situación muchas mujeres deciden parir a sus hij@s en un clima sin violencia, sin hostilidad e íntimo, y se inclinan por la opción de un parto domiciliario planificado y asistidas por profesionales idóne@s. Vanesa Abate, de 37 años, cuenta que su primera hija nació cuando tenía 19 años. “Estaba embarazada y en el curso preparto le pedí a la partera que quería que me respeten varios puntos, como parir sentada, sin medicación y sin anestesia. Me dijeron que sí, pero el día del parto hasta se burlaron de mis pedidos e hicieron lo que quisieron: me pusieron medicación, anestesia y me amenazaron con una cesárea si no ponía voluntad para pujar acostada. También me practicaron una episiotomía y entre los médicos hacían chistes de cómo me iba a quedar la vagina cuando el médico la suture. Ese día decidí que mi próximo hijo nacería distinto. En el 2010, Jade nació en casa, asistida por una partera y una neonatóloga”, relata.

Esto es una experiencia de vida. Después está la lucha por extender la posibilidad de un parto elegido y no impuesto con un rol preponderante de las parteras. En agosto se llevó a cabo el III Congreso de Partería, en la cuidad de La Plata, donde se comunicaron los detalles de la reforma y actualización de la ley que regula el ejercicio de la profesión obstétrica en la Argentina. La ley vigente contempla, entre otras competencias, la posibilidad de que l@s parter@s puedan tener casas de partos y brindar atención a la mujer en su domicilio. Lamentablemente, junto con modificaciones favorables, se ha introducido una cláusula que es sumamente alarmante: eliminar las casas de parto.

Esta restricción puede marcar una tendencia que llevará a quitar también del proyecto legislativo la atención y asistencia, por parte de las obstétricas, de los partos planificados en el domicilio de la parturienta.

La elección del parto en casa de ninguna manera puede plantearse como una moda pasajera. Es tan respetable como decidir un parto institucionalizado y es vital comprender que tenemos derecho a tener un parto respetado en una institución o en un domicilio particular. Ante esta situación, la Asociación Nacional de Parteras Independientes, junto con diversas familias, están recopilando firmas para presentar ante el Ministerio de Salud. L@s interesad@s pueden firmar ingresando en http://www.peticiones24.com/porelderechoaelegirelparto. Además están realizando una convocatoria para el 13 de octubre, a las 15, en Plaza de Mayo.

El parto es uno de los hechos más significativos en la vida sexual y reproductiva de las mujeres, por lo tanto tenemos derecho a vivirlo sin violencia, en libertad y dónde, cómo y con quién queramos.


* Doula (acompañante de parto y post-parto) y coordinadora de la red de mujeres Las Casildas.

Más información: Deseo primal y www.las-casildas.blogspot.com

sábado, 8 de octubre de 2011

EnREDdada en ReUNIONes, Cenas y Ferias

Ayer y hoy estuve muy social.

Después de un día de trabajo y visita de control a la pediatra, ayer me fui con el cachorro a una charla que prometía. El día estaba horrible para salir, pero si ya había salido antes no me podía perder la oportunidad de conocer a otras mujeres que buscan, arman y tejen una red de maternantes.

Entonces nos fuimos a un jardín de infantes y allí nos encontramos con Julieta Saulo del grupo Las Casildas (promueben la licencia post natal de 6 meses), Vivian Watson (es la autora del libro "una nueva maternidad"), Carla Conte y mcuhas otras mujeres. Se tocaron muchos temas interesantes. Si bien me tuve que ir temprano, sentí que todas esas mujeres que estaban ahí a quienes no conocía, tenían algo en común conmigo. Algo que no encuentro en mis amigas madres. Para ponerlo en palabras, podría decir que sentí que ellas y yo encarabamos al mundo de la misma manera. Algunas lo dijeron bien claro, "seré ingenua pero creo que criando desde el afecto puedo cambiar el mundo".

En mi vida pasó algo, hace unos años, que me hizo golpear muy duro. Ahora, con mi cachorro vuelvo a creer que el cambio es posible porque soy quien lo genera. Gandhi decía que uno mismo es el cambio. Y lo creo.

Despues de esa energizante reunión, volví a mi casa rápido por que había invitado a unos amigos a cenar. Por suerte tenía la mitad de las cosas ya preparada. Eramos tres mujeres, una embarazada, yo puerperea y una madre de adolescentes-jovenes. Tres miradas, que confluian en descubrir esta otra manera de ver nuestro papel de madre. Fue muy interesante.
Entre todas las cosas que charlamos a lo largo de la larga noche... porque se extendio mucho mas allá de lo que hubiese imaginado... en algún momento vi mi cambio con respecto al embarazo. No dejo de asombrarme lo que estos 9+6 meses de vida de mi cachorro me han modificado. Me interesaba escruchar los comentarios sobre los embarazos, en cuanto a como lo habian experimentado, cómo era la relacion con sus parejas... antes hubiera cambiado de tema.

Buerno, esta tarde, después de descansar merecidamente de la bella reunion de anoche me fui con mi cachorro a la IV feria de la mujer y alli me quede charlando un rato. Mi experiencia con los pañales lavables, que los libros, que el fular, que las lecturas... conocí a linda gente, recordamos la II feria y una charla que surgio...

Volvi contenta.

Estoy construyendo una nueva parte de mi, me estoy reencontrando con el otro, me vinculo desde otro lado. De a poco estoy encontrando una nueva tribu, me siento a gusto enREDada en la red.

Quiero armar manada!

Enlaces que permiten establecer RED:
Carla Conte mujeresenred
deMujeres y Madres
Las Casildas

jueves, 29 de septiembre de 2011

¿Parto o bienvenida?

Parto es una palabra con mucha connotación negativa en nuestra sociedad. Un parto es el acto físico de una madre que está dejando que su cuerpo se abra para dejar salir a un nuevo ser. El parto es el nacimiento, el nacimiento debería ser una bienvenida ¿por qué no sentimos alegría en los momentos previos a la llegada de nuestro ansiado cachorro?

Nuestra sociedad nos inculca que parir es sufrir, que debemos entregarnos al sabio médico, recostarnos como enfermas, soportar con estoico valor las situaciones, los abandonos, los dolores. Bueno, todas estas situaciones son bastante nuevas en la sociedad. Me criaron dentro de este sistema. Pues bien, esto es parte del maltrato obstétrico, es parte de un sistema deshumanizado de nacimiento, forma parte de una industrialización de las bienvenidas en donde el papel protagónico lo tiene el sistema, ni la madre, ni su cachorro.

Estas ideas no son nuevas, desde hace varias décadas las viene pronunciando el ginecólogo francés Michel Odent -entre otros-. Aquí en Argentina tenemos a la ostétrica Raquel Schallman, entre otras parteras y doulas que buscan opciones para la bienvenida del nuevo ser. Laura Gutman, terapeuta familiar, vivió en carne propia la situación de cada uno de los partos. En su libro "la maternidad y el encuentro con la propia sombra" cuenta las diferencias que experimentó en su primer parto institucionalizado y el segundo, en la casa de partos de las afueras de Paris. La diferencia hace que su segunda experiencia haya sido envidiable.

Mi embarazo fue bien seguido por mi obstetra, pese a haber tenido una doula que me aconsejara sobre qué cosas pedir en el momento del nacimiento, en el sexto mes detectamos que la placenta no había migrado. Los últimos meses seguimos y ansiamos que migrara. Visualizaba mi parto, quería ver a mi cachorro salir de mí. Sin embargo, también es natural que la placenta obstruya el canal de parto. Y eso fue lo que sucedió. Mi obstetra programó una fecha para 15 días antes de la fecha posible de parto.

Algunas cosas pudimos hablar. Que primero me pusieran el cachorro en el pecho, que luego de que dejara de latir le cortaran el cordón, que primero yo y él y luego lo demás. Luz baja, música, poder ver cuando lo sacaran.

Mi terrible desilusión fue cuando ingresé al sanatorio. Ya de entrada la partera me trató mal desde que me preparaba, entré sola al quirófano, estaba sola y rodeada de extraños, había ojos por todas partes, comenzaron sin que mi compañero entrara, la anestesia me tomó más de lo necesario, me sentía mal, tosía, me dormía. No lo vi casi salir de mí. Me zamarrearon porque estaba muy arriba, no me lo dijeron. No sabia que eso podía pasar. Cortaron precipitadamente el cordón, lo dejaron con poca sangre, no me lo pusieron en el pecho. Mi obstetra fue muy dulce. Pese a eso, jamás creyó que yo debía recibir una explicación. Cuando todo terminó, me dejaron en el pasillo sola. Esperé no sé cuánto tiempo a que un enfermero me llevara a mi habitación.



Conocí a mi cachorro tres horas después. Cortada y dolorida, semidormida.


Este es el relato de la llegada de mi hijo.

Algunas mujeres me dicen que todo se debe olvidar por que me dieron a mi cachorro. Pero me siento robada. Sé que mi placenta nos ponía en riesgo a ambos. Pero hubiera preferido sentirme mas acompañada. A mi no me quedó opción, no lo elegí.

Bueno, por todo esto es necesario firmar la petición para exigir la libertad de elección de la forma de recibir a nuestro hijo. También esto es parte de nuestra feminidad. Parir nos vuelve DIOSAS

Cada una debería poder elegir. Basta de querer industrializarlo todo.
Me cuesta cerrar el post, este tema me duele. No le quiero inculcar nada a nadie, es sólo no cortar la posibilidad de elección.

domingo, 25 de septiembre de 2011

Libertades y limites: "Yo elijo cómo, dónde y con quién parir"


Desde hace un tiempo que recibo comentarios sobre el proyecto de molificación de la ley de parteras. La información que me llega es muy triste... les comparto algunos datos

La ley vigente que reglamenta qué pueden hacer las parteras (licenciadas obstétricas es el titulo universitario) en la Prov de Buenos Aires y en el país es de la década del '30.
Esa ley dice que las parteras tienen como actividad 'colaborar' con el médico. También, determina que las parteras pueden tener casas de partos, consultorios propios, pueden ejercer su profesión de forma individual o en equipo con otros profesionales, en hospitales públicos y privados y pueden atender a la mujer en su domicilio (partos domiciliarios).

Debido a que la ley es 'vieja', desde el año 2007 se está trabajando en un proyecto de molificación de la ley (con sus idas y vueltas debido a pujas internas entre grupos de parteras y un cambio de diputados que finalizaron sus mandatos) que legitime a la partera como una profesión AUTÓNOMA, con derecho a medicar, y que puede hacerse cargo del recién nacido (la ley aclara "en ausencia de pediatra").
 
   Por el derecho de la mujer a elegir cómo, dónde y con quién parir.  

Impulsan esta campaña la Asociación Nacional de Parteras Independientes junto con diversas familias, en busca de la libertad de elección para el parto.

En el mes de agosto pasado, se realizó el III Congreso de Partería en la Cuidad de La Plata. Bajo este marco, se comunicó los detalles de la reforma y actualización de la ley que regula el ejercicio de la profesión Obstétrica en Argentina. La ley vigente, determina que las parteras pueden tener casas de partos, consultorios propios, pueden ejercer su profesión de forma individual o en equipo con otros profesionales, en hospitales públicos y privados y pueden atender a la mujer en su domicilio.

Lamentablemente, junto con modificaciones favorables, se ha introducido una que es altamente alarmante: eliminar la posibilidad de las casas de parto, marcando una tendencia que llevará a quitar también del proyecto de ley, la atención y asistencia por parte de las parteras de los partos planificados en domicilio.

De esta manera se quita la posibilidad de elegir una modalidad de parto con profesionales idóneos, con experiencia en este tipo de partos realizados en un marco de seguridad pertinente, que evalúan con claridad qué mujeres están en condiciones de optar por esta opción, profesionales de la salud que se encuentran equipadas con el equipo necesario para brindar un excelente atención y que cuentan con habilidades para resolver o anticiparse a complicaciones antes, durante o después del parto.

Los conocimientos que se tiene del parto domiciliario tanto desde las altas esferas públicas, como desde la sociedad en su conjunto y desde los diferentes ámbitos de la medicina misma son vagos y escasos. Países como Canadá y Holanda, ofrecen a sus mujeres embarazadas estas opciones de parto con excelentes resultados.

Las mujeres que toman la decisión de parir en casa con parteras, lo hacen con información y prudencia. Estas mujeres son atendidas y controladas, durante el embarazo, el parto y postparto por una partera calificada, responsable, preparada y en permanente capacitación. Parir en casa no es una moda, ni una elección irresponsable, ya que parir en casa es seguro siempre y cuando la mujer sea sana, el embarazo normal y se esté debidamente acompañada.

Elegir cómo, dónde y con quién parir, es parte del derecho sexual y reproductivo de la mujer, es elegir sobre su propio cuerpo, sobre los cuidados y atención que se adecuen a sus necesidades y creencias.

   "LA ELECCIÓN ES PERSONAL, EL DERECHO A ELEGIR ES DE TODAS"

Independientemente de cómo elijas parir, creo que tener la posibilidad de elección es un derecho que no nos deben quitar. Mi embarazo fue bueno, y si no hubiera tenido placenta previa, la idea era esperar en casa con una partera para luego ir al hospital... Seria ideal que en lugar de ir al hospital, fuéramos a "casas de parto" lugares especialmente pensados para la comodidad de la madre y el cachorro por llegar. No me parece bien que nos sigan tratando como enfermas cuando estamos trayendo vida. Muchas de nosotras hemos vivido en carne propia el maltrato del sistema hospitalario, al arrebatarnos al bebé apenas nacido sin antes dejarnos amamantarlo, exponernos desnudas e incomodas para su comodidad, pasarse con las dosis de anestesia, rompernos la bolsa de forma precipitada, inducirnos las contracciones con hormonas sintéticas sin darnos opción a otro método mas respetuoso, alejarnos de nuestros seres querido que no pueden entrar en la sala de partos, que nos traten mal por gritar, llorar, hacer pis, el corte precipitado del cordón umbilical, etc, etc. Por esto y tantas otras cosas, te pido que si llegaste hasta acá en la lectura, te tomes unos minutos más y firmes el petitorio en esta dirección:
por el derecho a elegir el parto

- Por favor, al firmar es importante que coloquen su D.N.I, pueden optar por hacer o no pública su firma. Agradecemos infinitamente el apoyo y la difusión. -
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