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viernes, 10 de febrero de 2012

Durmiendo

Antes no sabía ni que existía la palabra "colecho". Es más, cuando un ex me dijo que la mamá de su hijo de cuatro años dormía con el nene en la misma cama me pareció terrible. Colecho es eso, en el sentido estricto, compartir el lecho.

Nosotros a veces evitamos decir que a veces colechamos. Por que la gente nos mira mal. Pero es cierto, el cachorro tiene casi 10 meses y sigue durmiendo en nuestra habitación. Tiene su cuarto, ahí duerme sus siestas y se acuesta a la noche, pero después, en algún momento termina con nosotros porque nos resulta más cómodo que esté cerca por si se despierta. También nos resulta agradable que duerma con nosotros, pero claro... esto a veces se presta a situaciones que terminan resultando en dolores musculares matutinos. Acá tienen algunos humorísticos y muy ciertos ejemplos, ¿se identifican en alguno?


Ja, creo que el único que no practicamos es el segundo de arriba a la izquierda. 

Alguna vez una conocida me dijo que ella nunca había dormido con sus hijos y en tono horrorizado me aclaró "¡a ver si se acostumbran!". Para mí, ahora ya mamá, dormir con mi cachorro es tan dulce, lindo, único. No me muero ni me quedo sin dormir si duerme en otra cama, o en otra habitación. Pero debo reconocer que perdió lo terrible. Se que llegará el momento en el que me gustará que tenga su espacio, pero aún es un cachorro de menos de un año. Todavía estamos en esa etapa que algunos dicen que es parte del puerperio. Aun somos la fusión mama-bebé. Si él de a poco está reconociendo que es alguien separado de mí, si aun está enamorado de su mamá cómo no voy a entender que el quiera, que disfrute, tenerme tan cerca. ¿Qué enamorado quiere dormir lejos de su amado/a? 

Socialmente nos imponen el desapego, la forzosa separación para lograr la independencia. Creo que con este abandono a la soledad sólo logramos independencia física. Para la independencia emocional se requiere de una importante carga afectiva, de aprobación. Una construcción del ser individual, de la confianza en sí mismo. Creo que esto se logra con afecto, con respeto a los tiempos, las edades, con constancia y presencia. No voy a hacer las cosas porque la mayoría las hace. En este punto, sigo, bueno, seguimos como papás haciendo lo que sentimos y creemos.

sábado, 14 de enero de 2012

Besos por celular

Este mes mi compañero está trabajando afuera. Su trabajo es parte de su ser. Él ama lo que hace.

Creo que una gran parte del amor hacia alguien es el respeto hacia lo amado. En este caso, mi respeto hacia él es darle la libertad que necesita y acompañarlo para dejarlo disfrutar de lo que también ama, que es su profesión.

Esta libertad lo lleva a estar todo este mes fuera de casa, lejos del cachorro y de mí. Sé que nos extraña tanto como nosotros a él. Hace lo imposible por llamarnos, sé que se trepa a la punta de un cerro para conseguir señal cada día y hablarnos un ratito. Intercambia las baterías de su celular con aquellos que duermen fuera del campamento para tener carga y poder comunicarse con nosotros. El cachorro lo escucha por el celular y se sonríe. No se si entiende por que de ese aparato sale la voz que lo ama. No se si comprende que es su papá el que en ese mismo momento está a muchos kilómetros, en medio de la estepa, comunicandose para decirnos que está bien y que quiere vernos pronto.

Yo lo escucho y lo amo. Su llamado me alegra y lo extraño. Y también me da pena que justo en estos días el cachorro este mostrando tantas cosas nuevas. Me consuelo pensando que las está practicando y que cuando mi compañero las vea estarán mas pulidas y bellas. Mas entrenadas. Y que habrá otras tantísimas cosas que estrenará para su papá en el futuro.

Además, este tiempo en el que él no está yo estoy sola en casa con todo lo que eso implica y cuidando al cachorro al 100%. Por ejemplo, estoy aprendiendo a limpiar la casa mientras hago monerías y lo entretengo. Con toda la cautela que me fue posible me las ingenié para limpiar el baño mientras mi cachorro se bañaba. Riego mis plantas y alimento a mis perros dejando que el cachorro disfrute y se amigue con estas cuestiones mas naturales (así lo agarré jugando con la tierra de una maceta). Pero tengo que comer sola. No tengo tiempo de hacer alguna otra cosa para mí. Me hace falta la presencia. Y al darme cuenta de esto me salta todo el cansancio. Me cansa acunarlo y dormirlo, cocinarme, poner a lavar la ropa. Me falta mi par. Eso siento.

Por suerte parte de mi red se activó. No es buena fecha para andar necesitando la red. Las vacaciones juegan en contra de la presencia. Ofrezco tardes de juego, de pileta en la terraza y tererés, de mimos y sonrisas del cachorro, pero pocos reaccionan. La verdad es que algo de ayuda no me viene nada mal, aunque más no sea para despejarme una hora. Me pone triste ver cómo el no asomar la nariz aleja a la gente. Ni un llamado... ¡Hola! estoy sola con un cachorro y toda la casa... help!!  Igual nada, los que no aparecen no son parte de la red. Quienes forman parte se muestran y pasan 15 minutos. Lo bueno es que la parte de la red activa generó la buenísima onda de que mi amiga N se quede acá estos días. Viene y se queda a dormir, charlamos un rato, juega con el cachorro el rato que puede, me acompaña. Así, en definitiva veo que la soledad que siento es la falta de compañía. La liberación de la demanda constante que implica criar. Y vuelvo al principio. No me quejo, es parte del trato con mi compañero. Necesitamos estos ratos de extrañarnos por estar haciendo lo que hacemos en nuestras profesiones. Es dejarlo ser y darle la libertad que necesita, es amarlo.

Estos tiempos personales me parecen sanos y deben ser disfrutados. Quizás sea también un poco eso lo que me falte estos días. Cuando los besos por celular se hagan de piel y labio yo voy a querer un ratito más para mí.

domingo, 8 de enero de 2012

Sensible y empática

Ultimamente me pasa algo que antes no. Antes es antes de la panza, pero también unos meses atrás, y ya no soy capaz de precisar cuántos meses atrás. Bueno, resulta que cada vez que veo un chico en alguna situación de riesgo o de abandono, sea real o de ficción (película, serie) se me arruga el corazón. Me surge una sensación muy fuerte, triste y amarga.

Es como si aquello que veo que le está pasando al otro me pasara a mí. Realmente estoy entregada al cuidado de mi pequeño cachorro y veo tantas injusticias y peligros que rondan a otros cachorros que empatizo y quisiera que todos tuvieran el cariño y los cuidados que se merecen.

De chica decían que yo era la "defensora de pobres y ausentes" pero porque siempre andaba protegiendo a mis hermanitos o a los animales. Nunca antes me había pasado con los nenes. ¿Es muy bruto o fuerte que lo reconozca? Para mi es un gran cambio.

lunes, 19 de diciembre de 2011

Michel Odent en Argentina con Carla Conte

Entre muchas cosas que leí en lo que va de este tiempo extraño 9+8 meses, en los que estoy siempre a disposición del dictado de mis hormonas y de mi cachorro, las propuestas que trae este médico francés me parecen geniales.

Este señor de ochenta y tantos años se llama Michel Odent. La escritora Laura Gutman lo nombra en sus libros. Trabajó en Francia y trabaja en Inglaterra, estudia todo lo relacionado a las etapas del parto natural. Pero natural más allá de no utilizar medicamentos. Él y su equipo buscan que los partos sean como fueron en el principio de nuestra especie. En donde las hembras parían solas, o apenas acompañadas, en su intimidad, conectadas con su ser más interior, en paz. El respeto no lo exigían porque lo tenían. Con los milenios, este poder de dar vida fue comenzando a sufrir interrupciones, comenzaron a surgir diversas actitudes sociales, de poder, que nos fueron complejizando y trabando algo tan natural hasta llegar a hoy, en donde nos dicen que parir es doloroso, que no podemos parir solas, que siempre pasa algo, que no sabemos parir. Por todo esto nos maltratan y de repente no somos seres dignos de ser respetados. Pero nuestro cuerpo sí sabe, sólo hay que saber dejarlo en la intimidad necesaria y recuerda que hacer y los cachorros nacen sanos.


Muchas cosas así estudia y experimenta Odent a lo largo de su carrera y lo cuenta para quien lo quiera escuchar. Estuvo la semana pasada en nuestro país y Carla Conte pudo entrevistarlo en su programa en la televisión pública. Les dejo la nota que salió al aire

sábado, 12 de noviembre de 2011

Los cambios al maternar

Hace 7 + 9 meses yo era una mujer que pensaba y sentía diferente. Miraba a las mujeres maternantes con cierta distancia. No emprendía muchas cosas y no lo sabía. El coctel de hormonas durante el embarazo y en la lactancia (tuve cesárea así que me perdí el del parto :( ) sumado a la realidad de ver al ser que geste me cambio. Si, lo reconozco. Antes pensaba cosas que ahora reinterpreto.Mis viejas posturas me causan cierta risa. ¿Si soy mas mujer? no se. Lo que se es que ahora estoy formada por nuevas partes y adquirí mas profundidades, tonos y relieves en mis partes antiguas.

Encontré este texto, y me parece interesante dejárselos. ¿Les pasa lo mismo?

Antes de ser mama;
yo comía mi comida caliente
mi ropa lucia planchada y limpia todo el día
... podría sostener largas y tranquilas conversaciones telefónicas.

Antes de ser mama;
me dormía tarde tan tarde como quería
y jamás me preocupaban las desvelas
cepillaba y cuidaba mi pelo
lucia uñas largas y hermosas
mi casa estaba limpia y en orden
no tenia que brincar juguetes olvidados por todos lados.

Antes de ser Mama;
no me apuraba si algunas de mis plantas era venenosa
ni pensaba lo peligroso de las escaleras
o las esquinas de mis muebles
no dejaba tiempo de consultas mensuales con el médico
ni consideraba si quiera la palabra vacuna..

Antes de ser Mama;
no tenia que limpiar comida del piso
ni lavar huellas de pequeños deditos marcados en los vidrios
dormía toda la noche y los fines de semanas
eran totalmente relajados.

Antes de ser Mama;
no me entristecían los gritos de los niños en la consulta médica
no tuve jamás que detener lágrimas en mis ojos
sosteniendo una piernita que sería inyectada.

Antes de ser Mama;
yo nunca sentí un nudo en la garganta
al mirar a través de unos ojos llorosos y una carita sucia
no conocía la felicidad total
con solo recibir una mirada
no pasaba horas mirando la inocencia dormir en una cuna.

Antes de ser Mama;
nunca sentí que mi corazón se rompiera
en un millón de pedazos
al no poder calmar el dolor de un niño
nunca supe que algo tan pequeño
podía afectar tanto a mi mundo.

Antes de ser Mama;
yo no conocía el sentimiento que provoca
tener mi corazón fuera de mi cuerpo
yo no sabía que tan especial me sentiría
al alimentar a un bebe hambriento
ni sabía de esa cercanía inmensa entre una madre y su hijo.

Antes de ser Mama;
no imaginaba tanta calidez, tanta dulzura, tanto amor
no imaginaba lo grande y lo maravilloso que sería
ni imaginaba la satisfacción de ser mama
no sabía que yo era capaz de sentir tanto
y hoy no imagino mi vida sin esa pequeña sonrisa picara y traviesa
sin esa huella de chocolate en la pared
sin ese olor pureza
sin escuchar de unos pequeños labios
esa palabra breve e inmensa a la vez
Mama!!!

(Anita - Aprendiendo a ser mama)

viernes, 11 de noviembre de 2011

Malabares

Me siento mujer malabarista. Hace varios días que tengo empezado y pensado un budín de pan. Algunos informes a medio redactar. Correos por enviar. Plantificaciones a escribir. Entre todo lo que quiero hacer está disfrutarlo a mi cachorro. Y esto es lo de mayor importancia.

Me cuelgo acostándome a jugar con él, viéndolo disfrutar y descubrir a todo instante. Amamantándolo cada vez que él lo requiere. Atesoro sus brazos estirados pidiendome atención, contención, upa. Me gusta ser su nave para descubrir el mundo. Adoro su cara de plena felicidad cuando me ve volver del trabajo.

Pese a todas estas cosas que me maravillan y enamoran, tengo que luchar contra mí misma. Es como si en estos días me hubiera desdoblado. Hay una parte de mí, quizás por responder a las presiones externas o quizás solamente por querer cumplir mis viejos sueños, que quiere hacer siempre otra cosa. Alguna otra cosa, de las tantas que adeudo. Y este quiebre interno me duele.

Siento que finalmente no logro estar en ninguna de las dos situaciones bien, claro, cuando estoy en casa. Afuera, en mis momentos de trabajo formal es diferente. Sin embargo, ya me he ido con lágrimas por dejarlo reclamandome.

¿Les pasa?

Hoy vino mi mamá al final de la tarde. Fue un alivio. Me hace falta tribu tangible, manada. Brazos que se ocupen de darle atención mientras yo descanso de mi papel por un rato haciendo alguna otra cosa. Todos dicen que la maternidad te cambia la vida. Yo me siento mas malabarista que antes, mas que nunca. Y es que busco un equilibrio que no se si existe, pero que es parte de dos mundos, un equilibrio que unifica mi mundo y el mundo del ser que me hizo mamá.

¿Si podré? Quien sabe! aunque no de mas, lo intento

domingo, 6 de noviembre de 2011

Apego

Semanas atrás fue la semana de la crianza en brazos y nosotros participamos de una de las actividades, enviando algunas de las fotos en donde estamos con el cachorro en el fular (el portabebés que usamos cotidianamente).

A dónde vamos llamamos la atención con tanto upa. tanto contacto... con tanta tela enrollada! Nosotros estamos muy cómodos y felices, no nos molestan las miradas extrañadas, ni las preguntas. De alguna forma mostramos una opción diferente... y no somos los únicos!



viernes, 4 de noviembre de 2011

Estas ultimas semanas... no doy mas

Hace un tiempo que no encuentro tiempo para sentarme tranquila a escribir.
Hace un tiempo que mi cabeza me martilla todos los "debo" que debo.
Hace un tiempo que mi propia exigencia me supera.
Hace un tiempo que me esfuerzo hasta que mi cabeza explota y los músculos de mi espalda se quejan.
Y, bueno, así... no doy más.

¿Les pasa?
¿Será que me exijo más de lo debido? Sólo estamos nosotros dos con las variadas tareas de la casa. Las mascotas, nuestras plantas y huerta requieren nuestros cuidados. Tenemos muchas salidas sociales que cumplir y disfrutar. El embarazo y el nacimiento me dejaron muchos proyectos a la mitad, algunos de los cuales debo terminarlos, otros no hay apuro. Debo corregir cosas, cumplir con mi trabajo en las escuelas, que necesita de planificación en casa. Quiero comer saludable, lo cual implica saber qué cosas necesito para cocinar, comprarlas si no las tengo y cocinarlas. Quiero criar al cachorro con afecto, con apego, con paciencia. Lo quiero DISFRUTAR. El cachorro debe ir al médico, estar limpio, tener pañales, ahora debemos saber si lo llevaremos a una guardería o no, entonces hay que salir a recorrer colegios y obtener una vacante... La lista sigue.

Estoy ahogándome. Si me relajo me duermo. En los momentos que tengo libres, porque el cachorro duerme, mi cabeza esta alocadamente girando y tardo tanto en concentrarme que cuando lo logro... mi cachorro ya se despertó de nuevo y adiós tiempo de tranquilidad.

¿Cómo se hace para que no nos gane el desorden, el malhumor? Tampoco es que quiera todo de punta en blanco, pero así no voy a durar mucho más. Me siento un poco sola en las cosas que debo hacer, como que lucho para cada cosa contra una gran inercia. El desequilibrio entre lo que hice y lo que debo siempre es terrible y esto me mantiene siempre bajo tensión.

¿Será que el desapego evita esto? ¿contrato una niñera 8hs al día? ¿llevo al cachorro a un jardín maternal? ¿es la única solución?

Esta última semana no tuve mis momentos de no cuidar al cachorro. Quizás por eso este particularmente sensible y extremadamente cansada. Fui madre maternante, enfermera de mi cachorro, ama de casa, compañera y mujer que trabaja todos los días, casi a toda hora.  ¿A esto se referían cuando dicen que una misma se pierde, que se desdibuja?

Si, la verdad, es que escribo estoy y me aflojo. Estoy triste. Estoy sola. Este momento es el único de la semana en el que me siento tranquila. El cachorro duerme. Mi compañero salió. Las mascotas descansan. Me aflojo y lloro. Se me desata el nudo de la garganta que me apretó todos estos días.

¿Cómo se equilibra la crianza con apego a mí, con todas las cosas que hago?
Seguro, algo deberá cambiar...

jueves, 20 de octubre de 2011

Postnatal, apego, lactancia prolongada... una tendencia que crece

Leslie Power y la foto problemática
Leslie Power es mujer, madre y psicóloga chilena. Hace algún tiempo atrás le cerraron su perfil de Facebook por haber subido una foto que consideraron como obsenaen porque se mostraba ella amamantando. Indignada, pidió explciaciones y se armó un gran revuelo.

En ese momento dijo "Esto es una censura, pero lo más terrible aún es que es una censura a la crianza, a la entrega y al amor".

Ella es psicóloga clínica y es experta en desarrollo infantil. Es una de las fundadoras de la institución Espacio Crianza, organización que se dedica a ofrecer ayuda a los padres en la etapa de crianza de sus hijos, y promotora del Movimiento Ciudadano por el Postnatal de 6 meses que acaba de entrar en vigencia en Chile.

Como otras veces, les comparto una nota interesante de María José Errázuriz L. publicada en Emol.

“La mujer recién está comprendiendo 
las malas jugadas del feminismo”


Es apasionada y da sus batallas hasta el final. Por eso, no se amilanó hace un año, cuando Facebook trató de cerrar su cuenta porque había subido una foto amamantando a su hijo que fue considerada indecente.

Tampoco bajó los brazos durante la larga discusión del post natal de 6 meses, ocasión en que hizo escuchar la voz de quienes abogan por una lactancia a libre demanda prolongada, el colecho (dormir cercano) y la crianza en brazos (mamá canguro).

Es que Leslie Power es así, apasionada. Calificada por muchos de extremista en sus posturas, ella no se complica porque cree firmemente que su lucha es un bien superior, los derechos de los niños. Psicóloga clínica, difunde sus posiciones a través de Espacio Crianza y asegura que en la actualidad la mujer, madre, está viviendo en el peor de los mundos, donde el embarazo y el parto han sido convertidos en un negociado.

“Dicen que demonizo la cesárea y la leche de fórmula, pero eso no es así. Bienvenidas ambas cuando son realmente necesarias, pero por favor, que alguien me explique por qué de Plaza Italia para arriba la tasa de cesáreas es de un 67% cuando en el mundo es de un 5”, señala vehemente.

-Si tenemos esas tasas de cesáreas es porque las mujeres están dispuestas a eso.
“Sí, pero para mí, la mujer es una víctima del sistema que recién está comprendiendo que esto es una mala jugada del feminismo. Se agradece el feminismo en tanto ganamos calle, universidad, voto, anticoncepción, pero la salida de la mujer de la casa no consiguió que el hombre entrara a la casa, quedando los hijos al desamparo, al cuidado de un tercero. Lo que estamos haciendo es abandonar a nuestras crías o institucionalizarlas (sala cuna-jardín) a temprana edad.
“Y la sala cuna no es buena. No es buena porque las mujeres nunca hemos estado preparadas para cuidar octillizos; si así fuese, bienvenida la sala cuna y yo cuido a ocho en el mejor de los casos, 15 a veces. La mujer está preparada para cuidar a uno, con excepción de mellizos”.

-Te olvidas de la libertad de las mujeres para tomar sus decisiones. La libertad de querer tener una maternidad tardía, de querer dar pecho tres meses, de trabajar...
“Desde qué lugar toman su decisión. Lo único que han conseguido con ello es un aumento del tabaquismo, del alcohol, de los tranquilizantes, ataques cardíacos anticipados, estrés. Las del barrio alto con justa razón se ‘piscolean’ para relajarse un rato si han trabajado como esclavas toda la semana”.

-Okey, pero siguen siendo opciones personales.
“El tema aquí es que hay derechos por los que velar, y el derecho del niño, que es vulnerable, dependiente, alguien lo tiene que proteger. Somos el único mamífero, el más inteligente, que está pegado casi 20 años a su madre y padre, mientras que otros, se alejan después de algunos meses. Si nosotros no nos vinculamos –ahí está la teoría del apego- correctamente, el efecto será negativo. La succión del niño al nacer no es por hambre, es porque tiene necesidad de seguridad. Los 30 minutos después del parto son claves para determinar una buena lactancia, pero los niños son retirados a los minutos porque el doctor tiene consulta”.

Leslie Power es categórica. “La lactancia es el mejor alimento biológico, afectivo, psicológico, cognitivo, social de un niño y eso explica porque los nórdicos han establecido postnatales de 2 años” y profundiza en la idea de que sea libre demanda, indicando que la guagua quiere succionar para sentirse seguro. “Cuando una madre es más rápida en la satisfacción de su guagua hay menos estrés en el cerebro del niño; en palabras simples, a mayor placer, más caminos neuronales, más inteligente; a mayor estrés, cortisol, caminos rotos”.

-¿Ese debería ser el post natal? ¿Dos años?
“Una guagua es considerada como tal hasta los dos años; un recién nacido requiere de contacto piel a piel a lo menos de tres meses y de ahí que existan las mamás canguros, algo que las indias hacían no porque no existieran los coches. La modernidad hace que las casas tengan una pieza para cada niño y después yo tengo pacientes aquí que me consultan por qué su hijo de 11 años se sigue metiendo a su cama. Y me explica que sacó a la guagua de su pieza a los 2 meses y aplicó el método “Duérmete niño” que es traumatización cerebral pura”.

-¿Bajo está mirada, un post natal de 6 meses es insuficiente?
“Sin duda. Peor aún, esto no es un post natal, es un permiso parental post natal donde yo tengo la posibilidad de trabajar jornada reducida y traspasar 6 semanas al padre. El mensaje de la ley dice que es para garantizar la salud de los niños y eso se consigue con lactancia exclusiva, ¿dónde se ha visto a un hombre que dé pecho? Esto tiene que ver con un derecho, con tratados internacionales de la Unicef, la OMS, y muchos otros, que Chile tiene el deber de cumplir”.

-Pero no se puede obligar a la mujer a poner la pechuga.
“No se tiene que obligar a nadie, pero se tiene que entender que existe un derecho universal del niño de recibir el mejor alimento que es la leche materna”.

-La madre puede dejar la leche en mamadera para que se la dé el padre.
“Perfecto, entonces ahí tenemos que aceptar que la figura de apego es el padre. ¡Mujer, decide informadamente porque tu hijo es dependiente y sin ti no sobrevive! Muchos cuestionan que la mujer esté fuera del trabajo 6 meses, pero a nadie se le ocurre pensar en el horror que es dejar a una cría. ¿Y después que tenemos? Ritalín a destajo, psicopedagogas, fonoaudiólogas, psicólogas para que los niños aprendan a manejar sus emociones, furgones escolares acarreando niños, a la tía papasfritas, a la tía Yingo, y nos preguntamos por qué los niños tienen tantos problemas”.

-Hay expertos que señalan que los 6 meses de post natal no es adecuado, porque a esa edad el niño tendrá conciencia de la partida de la madre, cosa que no ocurre a los 3.
“Los estudios señalan que la ansiedad ante el extraño, que es cuando el niño reconoce al otro, se da recién a los 8 meses. Patricia Crittenden sostiene eso, pero pregúntale a ella qué le pasa a una guagua al ser abandonada a los 3 meses, cómo experimenta sus angustias”.

Leslie hace un alto y denuncia: “hace tres meses Piñera levantó la prohibición que existía de hacer publicidad de leche de fórmula. Somos el segundo país después de Estados Unidos, no hay más, porque nadie en su sano juicio lo haría. La humanidad ha sobrevivido de leche materna porque es mágica”.

-Tu postura es vista como excluyente por muchos, una postura que deja a la madre como única figura de apego, única encargada de los niños.
“Mi postura no es excluyente. Yo trabajo con familias, para que una mujer pueda desplegar sus habilidades maternas, necesita estar contenida no sólo por su pareja, si no por su familia, por la sociedad completa, la tribu. Cuando se protege a una madre en post parto se está protegiendo a un hijo y a la madre. La lactancia prolongada, es decir, más de 6 meses es protección del cáncer del pecho, de ovarios, de la osteoporosis, de la depresión post parto.
“Si fuéramos una sociedad que avanza, o mejor dicho retoma lo de nuestros antepasados, la mujer debiera trabajar con su cría a cuestas. A mí me daría mucha lata estar en reclusión domiciliaria porque tuve mi guagua; lo moderno sería tenerla, darle su tiempo, tener un buen acople y partir a trabajar con la guagua. Tengo cuatro pacientes que lo han hecho y nadie se ha atrevido a ponerles mala cara porque la imagen de una madre con su hijo es muy potente”.

-¿Quedaron cosas pendientes tras la dictación de la ley? ¿Puede ser mejorada?
“Hay mucho que hacer, y estamos trabajando con el Sernam. Este permiso parental post natal requiere de un apoyo a los partos respetados, a la lactancia, a la crianza, a la conciliación real familia-trabajo, a la flexibilidad. Nuestros hijos están muy solos”.

martes, 18 de octubre de 2011

las Mujeres podemos cambiar el mundo

Les copio una nota de "El Blog Alternativo" en donde se reproduce una entrevista a Jean Shinoda Bolen. Espero que les guste tanto como a mí.

Jean Shinoda Bolen es una autora a la que todas las mujeres le debemos mucho y sobre todo las mujeres maduras porque mientras que la sociedad actual las relega al cirujano, ella les confiere todo el poder y sabiduría que siempre han tenido y del que se han beneficiado las comunidades.
En esta entrevista publicada en La Contra de La Vanguardia el 24-12-2004 pero totalmente vigente, Jean explica cómo todos estamos interconectados y el gran poder de los Círculos de Mujeres.
Ella está convencida que los círculos de mujeres pueden acelerar el cambio de la humanidad y que la era patriarcal y depredadora toca a su fin.
ENTREVISTA:
Jean Shinoda Bolen tiene 68 años. Es de familia japonesa y nació y vive en Los Ángeles. Doctora en Medicina, analista junguiana y profesora de Psiquiatría en la Universidad de California, está divorciada y tiene dos hijos. Cree que Iraq es Vietnam repetido una y otra vez, y que es una pena que tengamos que aprender a través de tanto sufrimiento. Dice que la espiritualidad une y las religiones dividen.
¿Quejarse es perder el tiempo?
¡Claro!

Hay mucho que aprender…
Por eso a mi me interesan las mujeres maduras, con humor y activas. A partir de los 40 años empieza lo mejor si eres capaz de darte cuenta de la cantidad de cualidades potenciales que hay dentro de ti. Entonces te entran ganas de convertirte en bruja.

No se yo…
Se lo diré de otra manera: una bruja es una persona con poder personal.

Eso me gusta
Las brujas sabias dicen la verdad con compasión, y no comulgan con lo que no les gusta, pero no tienen la rabia de las mujeres más jóvenes. Algunos hombres excepcionales pueden llegar a ser brujas, los que tienen compasión, sabiduría, humor y no están supeditados al poder.

¿Algo más?
Sí. Las brujas sabias son capaces de mirar hacia atrás sin rencor ni dolor; son atrevidas, confían en los presentimientos, meditan a su manera, defienden con firmeza lo que más les importa, deciden su camino con el corazón, escuchan su cuerpo, improvisan, ni imploran, ríen, y tienen los pulgares verdes.

¡…!
Quiero decir que tienen mano con las plantas. Y también con los animales. Primero aprenden a amar lo que hacen, luego alientan a otros al crecimiento. Saben reconocer lo frágil y lo que tiene valor, y también lo que debe ser podado.
¿Hay que esperar a la vejez para ello?
Cuanta más edad, más camino aprendido. La observación compasiva de la vida de los demás te enseña mucho, y las mujeres sabias se pasan mucho tiempo observando. Algunas mujeres, muy pocas, son sabias a partir de los 30 o 35 años; esas a los 60 son increíbles.

¿Qué nos quiere transmitir?
Que las mujeres tienen la oportunidad de cambiar el mundo en las próximas décadas. Pero que si no lo hacen ya, probablemente ya no lo harán.
¿Por qué dice eso?
Tras el extremo feminismo de los 70, ahora el péndulo se haya en el centro por eso tenemos que aprovechar este momento. Las mujeres que se lo permiten pueden hoy llegar al equilibrio, a ser completas, fuertes y vulnerables al mismo tiempo.
¿Un camino colectivo?
Por supuesto. No tengo la menor duda de que un pequeño grupo comprometido puede cambiar el mundo. En realidad, así ha sido hasta ahora.
¿Y cuál es el secreto para lograrlo?
El millonésimo círculo. Yo aliento a las mujeres a formar círculos que tengan un componente espiritual. Simplemente escuchando los problemas, anhelos y miedos de otras mujeres y contando los tuyos, adquieres fuerza.
Perdone, pero por qué en un círculo
Cuando uno está sentado en círculo y en silencio se da cuenta de que hay una conexión espiritual con poder transformador. Yo pertenezco a uno desde hace 18 años: encendemos una vela, guardamos silencio, contamos lo que nos preocupa, debatimos, y juntamos nuestras energías con un propósito.

¿Convocan el poder interior?
Interior y exterior. La espiritualidad, la física cuántica y el budismo dicen lo mismo: Todo y todos estamos interconectados y por tanto lo que cada uno haga influye en el mundo. Los círculos de mujeres transforman el mundo a través de la activación del campo mórfico de la teoría de Rupert Sheldrake.

¿El centésimo mono?
Sí, este biólogo desarrolló la hipótesis de que cuando una masa crítica de monos llega a un determinado conocimiento, este se transmite de forma intuitiva e instantánea a todos los miembros de su especie. Del mismo modo, un número crítico de círculos de mujeres puede activar las cualidades femeninas tan necesarias para que el mundo cambie.

¿Porqué no círculos mixtos?
Entre mujeres hay una conexión natural. Algunos estudios evidencian que cuando una mujer que sufre estrés habla con otra mujer, ambas liberan la hormona de la maternidad que provoca que el estrés descienda.

Curioso
Si las mujeres estuvieran implicadas en los procesos de paz, todo sería más fácil, ¡pero si los que la negocian son machos alfa…!

¿Qué ocurre cuando se encuentran un hombre y una mujer estresados?
Cuando un hombre estresado se encuentra con otro, segregan testosterona, que provoca huída o enfrentamiento. Pero si ese mismo hombre se encuentra con una mujer que le comprende, una bruja sabia, su adrenalina baja y su autoestima sube. Y basta solamente con que se siente a su lado.
Es bonito eso que dice
Estamos llenas de recursos poderosísimos a los que no prestamos atención, como por ejemplo el conocimiento intuitivo. Estos conocimientos se pueden desarrollar en los círculos.

¿Que camino interior propone?
Sea auténtica, sea consecuente con su persona interior y averigüe qué quiere hacer con su preciosa vida. Desde fuera intentarán contestar por usted a las preguntas esenciales, no lo permita. Desvele qué tipo de arquetipo domina en usted.

¿A qué se refiere?
Sus patrones internos, que yo resumo en siete arquetipos de diosa. Cada mujer tiene dos o tres dominantes, que van desde la autónoma Artemisa y la fría Atenea, hasta la nutritiva Deméter, la creativa Afrodita, o Hera, la diosa del matrimonio.

No será tan simple
No. Pero si podemos llevar una vida en la que el arquetipo dominante y nuestro rol en la vida coincidan, nos sentiremos satisfechas.

miércoles, 12 de octubre de 2011

Los bebes que no lloran, ¿hay un secreto?

Hola
La imagen es de http://libellune.com/v2/
queria escribir algo sobre cómo empecé a conocer el mundo de la crianza con apego, crianza natural o en brazos.... como dí con los sistemas de porteo y este mundo de cosas y cositas. Pues bien, al quedar embarazada en algun momento me di cuenta que los bebés de las koyas no lloran. He estado varias veces en provincias del NOA, Bolivia y Peru y nunca los he escuchado llorar ¿por qué? Por ahora, en lugar de contarles cómo fue toda mi búsqueda les comparto esta entrada del blog de Sarai Llamas que cuenta algo similar, pero de los bebés de culturas africanas. Se los dejo....
Testimonio escrito por Claire en el sitio web inglés InCultureParent. Se trata de una madre africana, que vive desde hace varios años en Inglaterra, y nos describe su experiencia de los primeros seis meses de vida de su hija, en los cuales ha “descubierto” la sabiduría del instinto en sus raíces. Os dejo con una lectura aleccionadora, que nos deja con una sencilla regla: el bebé es el único manual del cual nos debemos fiar si queremos ser unos buenos padres. Os daréis cuenta de lo poco que cuesta hacer a un niño feliz.

Los niños africanos no lloran, ¿cuál es el secreto?

Nací y crecí en Kenya y en Costa de Marfil hasta la edad de 15 años, luego me transferí al Reino Unido. Sin embargo, siempre he sabido que quería criar a mis hijos (cuando los tuviera) en casa, en Kenya. Sí, daba por supuesto que tendría hijos.

Soy una mujer africana moderna: con dos licenciaturas, pertenezco a la cuarta generación de mujeres que trabajan en mi familia. Pero cuando se trata de niños, soy una africana tradicional. Sigue siendo mi convicción que la vida no está completa sin hijos y que los niños son una bendición a la cual renunciar es una locura. De hecho, no tener hijos no es ni siquiera considerado.

Mi embarazo inició en el Reino Unido. Con el embarazo sentí un fuerte impulso a volver a casa, y cuando estaba de cinco meses ya había vendido mi estudio y establecido una nueva actividad, me había mudado de casa y de continente.

Cuando supe que esperaba un hijo hice lo que la mayoría de las mujeres embarazadas en el Reino Unido haría, leía vorazmente: Our Babies, Ourselves, Uncoditional Parenting, todos libros de W. Sears, y la lista podría continuar (mi abuela después me comentó que los niños no leen libros y que todo lo que tenía que hacer era “leer” a mi bebé).

Todo lo que leía decía que los niños africanos lloran menos que los niños europeos. Esto me intrigó mucho y quería averiguar el por qué.

Una vez en casa, en Kenya, comencé a observar. Mi mirada se dirigía hacia las madres y los niños, y estaban por todas partes, incluso si los bebés africanos menores de un mes y medio de vida están sobre todo en casa.

Lo primero que noté fue que, a pesar de su ubicuidad, en realidad era muy difícil “ver” realmente a un bebé en Kenya. Por lo general están muy bien “vendados” antes de ser cogidos en brazos o envueltos con un fular sobre la espalda de su madre (a veces el padre). Incluso los más mayores, envueltos en la espalda de los adultos, están protegidos con una tela de grandes dimensiones. La forma en la que están envueltos es como una réplica de un útero. Los niños están literalmente enfundados con el fin de ser protegido contra el estrés del mundo exterior al cual han recientemente llegado.

La segunda observación que me quedó clara era legada a una diferencia cultural. En el Reino Unido se supone que los bebés lloran, el llanto es inherente al niño. En Kenya, sucede exactamente lo contrario: se supone que los niños no lloran. Si lo hacen es un signo de que algo terrible sucede y tenemos que actuar inmediatamente para poner remedio y eliminar la causa. Mi cuñada inglesa una vez me dijo: «Aquí a la gente no le gusta que los niños lloren, ¿verdad?». Me di cuenta de que su observación resumía perfectamente la diferencia.

Todo se volvió aún mucho más claro cuando por fin dí a luz y mi abuela vino a verme desde su poblado. Mi bebé lloraba muy a menudo, de hecho. Exasperada y cansada, se me olvidó todo aquello que había leído, y a veces me daban ganas de llorar con ella. Pero para mi abuela era muy simple: «¡Nyonyo!», «¡Dále el pecho!», era su respuesta a cada simple gemido.

Había momentos en los que lloraba porque tenía el pañal mojado, o quería estar en sus brazos, o porque necesitaba echar el aire, pero sobre todo quería que le diese el pecho —y no importaba si tenía hambre o si sólo necesita un momento de consuelo. La llevaba envuelta en mi espalda con el fular, y dormía casi siempre con ella (colecho), de tal forma que darla el pecho era una extensión natural de aquello que ya hacíamos.

Improvisamente me dí cuenta de que el secreto del alegre silencio de los bebés africanos no era tan difícil de desvelar. Se trataba de una simbiosis constituida para satisfacer las necesidades. Algo que requiere una total suspensión de la idea de lo que debería haber sido, sustituyéndola por la aceptación, sin condiciones, de lo que realmente está sucediendo en ese momento.

El resultado fue que mi hija comía mucho —mucho más de aquello que había leído nunca y por lo menos cinco veces más de lo que establecían ciertas pautas de nutrición que había visto.

A los cuatro meses aproximadamente, cuando la mayoría de las madres de la ciudad empiezan a introducir alimentos sólidos, de acuerdo con los patrones de destete, mi hija retornó a un ritmo de lactancia de recién nacido: la daba el pecho cada hora, fue un shock total. En los últimos cuatro meses, el tiempo entre toma y toma había comenzado a aumentar, y yo había iniciado a tratar a algunos pacientes sin que mis pechos gotearan y sin que la niñera interrumpiera las sesiones porque el bebé tenía hambre.

La mayoría de las madres, del grupo de madres y bebés al que asistía, habían diligentemente comenzado a introducir la crema de arroz (para prolungar el tiempo entre tomas) y todos los profesionales involucrados en la vida de nuestros hijos —los pediatras, e incluso las doulas— decían que era lo mejor: las madres necesitaban descansar, era asombroso el esfuerzo de estos últimos cuatro meses de lactancia materna exclusiva. Ellos nos aseguraron que nuestros niños estarían bien.

Sin embargo, sentí algo dentro de mí que desafinaba, y cuando intenté, sin mucha convicción, mezclar un poco de papaya (es la comida tradicional para el destete en Kenya), con leche en polvo y se lo ofrecí a mi hija, ella ni siquiera lo probó.

Así que llamé a mi abuela. Ella se hecho a reír y me preguntó si yo había vuelto a leer libros. Me explicó que la lactancia materna está muy lejos de ser lineal.

«Te dirá ella cuando estará lista para la comida, su cuerpo te le dirá»
«¿Qué debo hacer hasta entonces?» le pregunté ansiosa.
«Sigue haciendo aquello que has hecho hasta ahora, simplemente Nyonyo».

Así que mi vida se sosegó de nuevo, se detuvo prácticamente. Mientras que muchas de mis compañeras se asombraban cada vez más de cómo dormían sus hijos ahora que habían introducido la crema de arroz, e incluso se aventuraban con otros alimentos, yo me despertaba cada dos horas con mi hija e informaba a los pacientes que lo de volver al trabajo no sería tan fácil como me lo esperaba.

Pronto descubrí que me estaba convirtiendo, involuntariamente, en un servicio de apoyo y de información para otras madres de la ciudad. Mi número de teléfono empezó a pasarse entre las madres y, a menudo, mientras amamantaba a mi bebé pronunciaba estas palabras: «Sí, dale otra vez el pecho. Sí, incluso si se lo acabas de dar. Sí, hay veces que no encuentras ni siquiera el tiempo para quitarte el pijama durante todo el día. Sí, necesitas comer y beber como un caballo. No, no tienes que volver a trabajar si te lo puedes permitir». Por último, tranquilizaba a las madres: «No te preocupes, después será más fácil». Esta última frase era una profesión de fe, porque para mí las cosas no eran más fáciles.

Una semana antes de que mi bebé hiciera cinco meses, regresé a Inglaterra para ir a una boda y para presentarles a mi hija a la familia y a los amigos. No tenía exigencias particulares, por lo que fue fácil continuar con los ritmos de la lactancia. Continué, a pesar de las miradas de muchos extranjeros, que me observaban desconcertados sólo por el hecho de que daba el pecho a mi hija en lugares públicos (muchos “espacios para la lactancia materna” estaban relegados en los cuartos de baño, y yo no quería usarlos).

En la boda, en la mesa durante el banquete, la gente que estaba cerca de nosotros observó: «Que niña más tranquila, pero la das el pecho mucho». No comenté nada, pero cuando otra mujer me dijo: «He leído en alguna parte que los niños africanos no lloran casi nunca», no pude reprimir una carcajada.

Lo más importante que me ha guiado ha sido la dulce sabiduría de mi abuela:

1. Ofrecerle el pecho cada vez que el bebé tenga algún problema, incluso si lo acaba de hacer.
2. Duerme junto a tu bebé (colecho). Así puedes darlo el pecho antes de que se despierte completamente y esto le permitirá volver a dormir más fácilmente y podrás descansar más.
3. Ten cerca una botella de agua durante la noche: para mantenerte hidratada y hacer fluir la leche.
4. Haz de la lactancia materna tu prioridad (particularmente durante los períodos de crecimiento) y déjate ayudar de los que te rodean. Y recuerda: son pocas las cosas que no pueden esperar.

Lea a su hijo, no libros. La lactancia materna no es lineal, sube y baja o es circular. Y recuerde: usted es el experto en las necesidades de su hijo.








J. Claire K. Niala es la autora de este testimonio, es madre y osteópata. Claire es una mujer a la que le encanta explorar las diferencias que afortunadamente todavía existen entre las diferentes culturas de todo el mundo. Nació y creció en Kenya, Costa de Marfil y en el Reino Unido. Ha trabajado y vivido en tres continentes y ha visitado al menos un nuevo país cada año desde que tenía 12 años. Sus compañeros de viaje favoritos son su madre y su hija, cuyas historias y el interés por los que le rodean han llevado a Claire a descubrir e interactuar con el mundo en formas que nunca imaginó.


(Traducido por Sarai Llamas de http://bebeeconomico.wordpress.com/)

lunes, 10 de octubre de 2011

Semana internacional de la Crianza en brazos
del 10 al 16 de octubre

el sabado 15 de octubre hay una caminata. La idea es salir a la calle con la intención de que llevar a los bebes cargados sea algo más habitual en el paisaje urbano y además encontrarnos, y disfrutar un rato al aire libre.


sábado, 8 de octubre de 2011

EnREDdada en ReUNIONes, Cenas y Ferias

Ayer y hoy estuve muy social.

Después de un día de trabajo y visita de control a la pediatra, ayer me fui con el cachorro a una charla que prometía. El día estaba horrible para salir, pero si ya había salido antes no me podía perder la oportunidad de conocer a otras mujeres que buscan, arman y tejen una red de maternantes.

Entonces nos fuimos a un jardín de infantes y allí nos encontramos con Julieta Saulo del grupo Las Casildas (promueben la licencia post natal de 6 meses), Vivian Watson (es la autora del libro "una nueva maternidad"), Carla Conte y mcuhas otras mujeres. Se tocaron muchos temas interesantes. Si bien me tuve que ir temprano, sentí que todas esas mujeres que estaban ahí a quienes no conocía, tenían algo en común conmigo. Algo que no encuentro en mis amigas madres. Para ponerlo en palabras, podría decir que sentí que ellas y yo encarabamos al mundo de la misma manera. Algunas lo dijeron bien claro, "seré ingenua pero creo que criando desde el afecto puedo cambiar el mundo".

En mi vida pasó algo, hace unos años, que me hizo golpear muy duro. Ahora, con mi cachorro vuelvo a creer que el cambio es posible porque soy quien lo genera. Gandhi decía que uno mismo es el cambio. Y lo creo.

Despues de esa energizante reunión, volví a mi casa rápido por que había invitado a unos amigos a cenar. Por suerte tenía la mitad de las cosas ya preparada. Eramos tres mujeres, una embarazada, yo puerperea y una madre de adolescentes-jovenes. Tres miradas, que confluian en descubrir esta otra manera de ver nuestro papel de madre. Fue muy interesante.
Entre todas las cosas que charlamos a lo largo de la larga noche... porque se extendio mucho mas allá de lo que hubiese imaginado... en algún momento vi mi cambio con respecto al embarazo. No dejo de asombrarme lo que estos 9+6 meses de vida de mi cachorro me han modificado. Me interesaba escruchar los comentarios sobre los embarazos, en cuanto a como lo habian experimentado, cómo era la relacion con sus parejas... antes hubiera cambiado de tema.

Buerno, esta tarde, después de descansar merecidamente de la bella reunion de anoche me fui con mi cachorro a la IV feria de la mujer y alli me quede charlando un rato. Mi experiencia con los pañales lavables, que los libros, que el fular, que las lecturas... conocí a linda gente, recordamos la II feria y una charla que surgio...

Volvi contenta.

Estoy construyendo una nueva parte de mi, me estoy reencontrando con el otro, me vinculo desde otro lado. De a poco estoy encontrando una nueva tribu, me siento a gusto enREDada en la red.

Quiero armar manada!

Enlaces que permiten establecer RED:
Carla Conte mujeresenred
deMujeres y Madres
Las Casildas

viernes, 7 de octubre de 2011

En brazos

La importancia del contacto físico y del apego


Por Lic. María Paula Cavanna
Psicóloga y fundadora de UPA

Biberones, chupetes, cochecitos, cómodos sillones regulables, adaptadores para el auto y la bicicleta, cunas transportables, desarmables, sofisticados accesorios con sonidos, colores, formas…sin duda alguna la industria ha diseñado todo tipo de implementos para transportar, alimentar, dormir, entretener y estimular a nuestros bebés.

En unas pocas décadas se nos han vuelto necesarios, imprescindibles. Se han ligado indisolublemente a la imagen del bebé sano y feliz. De algún extraño modo hemos conseguido que hoy, un bebé que no usa chupete, que toma el pecho o va en brazos de su madre sea la excepción y no la norma. Es tan inusual, que quienes optan por una crianza con apego y con respeto por las necesidades de los bebés, se ven amenazados por toda clase de teorías y condenas que aseguran que su hijo no está sano y que, de no intervenir a tiempo, las consecuencias serán muy graves.

Brazos, ¿hasta cuándo?

La mayoría de los bebés comienzan a andar alrededor de los 12 meses de vida. Dan unos pocos pasitos y la familia contenta celebra que “ya camina”.

Sin embargo, pasarán aún un largo par de años hasta que este niño que hoy a tientas logra mantenerse unos segundos en pie, pueda caminar sin perder el equilibrio, correr, sostenerse en un solo pie, retroceder, detenerse de pronto. De modo que caminar, lo que se dice caminar, es algo que se aprende completamente pasados los 3 años de vida. A pesar de esto, todos sabemos que aún luego de esa edad, los niños se cansan con gran facilidad y piden brazos.

O sea que desde el aspecto físico, los niños necesitan ser cargados en brazos por lo menos para trasladarse de un lado hacia otro hasta que estén en condiciones plenas de hacerlos por sí mismos.

En la práctica, nuestros hijos piden brazos por muchos otros motivos además del que acabamos de mencionar: al estar cansados, con sueño, cuando se lastiman, se asustan, se intimidan, se cansan de mirar el mundo a la altura de rodillas y patas de las mesas, e incluso por motivos que sólo ellos conocen.

En estos casos, nunca falta una tía (con las mejores intenciones, claro), una suegra, una vecina o incluso una perfecta desconocida, que se siente en el deber de alertarnos: “lo vas a malcriar”.

Esta sentencia abre varias cuestiones que podemos analizar.

La primera de ellas es la creencia de que estar en brazos es algo que no debe ocurrir, y desde luego NUNCA en una “buena” crianza. Es algo malo, que se hace para darles el gusto a los hijos, y parece imposible que para los papás resulte placentero o lo disfruten.

Otra cuestión interesante es la idea de que si le das algo a tu hijo que le gusta, luego nunca dejará de pedirlo. Parecería que los bebés fueran adictos en potencia, que una vez que satisfacen sus necesidades con algo, no podrán dejar de pedir más. Personalmente, no he visto niños con problemas para dejar el cochecito o la sillita del auto cuando están maduros para ello. Y tampoco niños de 10 años pidiendo ser alzados en brazos. En algún momento de la evolución, simplemente dejan de pedir lo que ya no necesitan.

Las edades que tomamos como referencia para el desarrollo de nuestros hijos, están puestas de un modo arbitrario y no coinciden con la realidad por mucho que intentemos forzarlos.
Otro mensaje que se desliza en estas sentencias es que el niño no necesita estar en brazos, lo pide sólo para molestar, o por capricho, o porque nos “tomó el tiempo”.

Evolutivamente, un niño de tan corta edad, no tiene capacidad de elucubrar un plan tan especulativo, ni puede aprender el concepto de tomar ventaja, de aprovecharse de los demás.

Las cosas para ellos son más simples: me siento cansado, triste, inseguro, y busco refugio en el lugar que me da más tranquilidad, junto al corazoncito de mamá, entre sus brazos, acurrucado. La intención es clara y sencilla: pido aquello que necesito”.


“Un aspecto fuerte dentro de quienes desaprueban el contacto estrecho con los bebés o la satisfacción de sus necesidades, es el fantasma de la dependencia que le generará al bebé estar en brazos, tomar teta, compartir la cama con sus papás, etc. Veamos un poco de dónde surge esta idea.

El apego

Esta dependencia de la que venimos hablando, tiene un nombre en la literatura psicoanalítica, se llama apego.

El apego es la capacidad de formar y mantener relaciones. Como el ser humano vive en comunidades y es interdependiente de los otros seres humanos, es importante que aprenda desde pequeño a establecer lazos con los otros, y para preservar la especie, éstos deben ser estrechos y estables.

Estos lazos otorgan bienestar, seguridad, consuelo, placer…

Y la amenaza de pérdida del objeto al cual nos hallamos apegados, provoca ansiedad, angustia, temor.

La primera relación de apego que desarrollamos luego de nacer, es aquella que se da con nuestra madre. En el momento del parto, mamá y bebé segregan hormonas –opiáceos- que les facilitan –en condiciones de intimidad y contacto físico- este sentimiento de dependencia mutua, de fusión que ambos necesitan.

En condiciones naturales, una mamá que acaba de parir, abrazará a su bebé, ambos se mirarán a los ojos, emitirán sonidos, ella comenzará a acariciarlo suavemente, primero por las extremidades, y luego de a poco se estrecharán e intentarán mantener este contacto piel con piel durante todo el tiempo que les sea posible. La madre no puede dejar de mirar a su bebé con los ojos bien abiertos, le hablará con un tono de voz agudo pero de baja intensidad, con una gran sonrisa, y en pocos instantes este bebé estará listo para reconocer el olor de su madre de entre muchos otros olores, para diferenciar su voz, y se calmará mucho más rápidamente si es acunado por ella y no por otra persona.

Durante estas dos primeras horas de vida, el bebé estará en un estado de alerta máximo que no volverá a repetirse hasta que hayan pasado algunos meses. Será incluso capaz de imitar expresiones del rostro de una persona que establezca un contacto visual directo con él a una distancia desde donde pueda verlo. Todo está preparado hormonalmente para que esta mamá y este bebé se enamoren el uno del otro, y desarrollen una fuerte dependencia mutua.

Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, estas primeras horas son utilizadas para realizar los primeros controles del recién nacido, a cargo de extraños, rodeados de estímulos luminosos, sonoros, y también dolorosos e invasivos. Todos ellos evitables o por lo menos, postergables.

Naturalmente, tanto si se produjo esta separación como si no, mamá y bebé querrán estar juntos, reencontrarse, reconocerse, estrecharse y mantenerse muy cerca el uno del otro.
Ese bebé que hasta hace unas horas era parte del cuerpo de otra persona, cuyo cuerpo estaba en contacto con un líquido tibio, con sonidos y movimientos, se encuentra perdido en una cuna, lejos de todo lo conocido y por ello llorará intentando recuperar aquellas sensaciones reconfortantes.

Esta relación primera, será el modelo sobre el cual se edificarán todas las posteriores relaciones del niño. Si cada vez que necesitó consuelo lo obtuvo, si cada vez que necesitó a su madre la encontró, si sus necesidades de afecto y cobijo fueron atendidas, será un modelo que quedará incorporado como reasegurador, confiable, y cuando llegue el momento de comenzar a independizarse, siempre le resultará mucho más fácil si sabe que ante cualquier ansiedad o angustia, mamá estuvo allí”.
“La cultura del desapego

El apego y el desapego son pautas culturales. En aquellas culturas que funcionan comunitariamente, se necesita criar a los niños de modo que sean solidarios, capaces de compartir, generosos, para que puedan priorizar el bien común del grupo.
En culturas como la nuestra, se necesita que los niños sean independientes, y que aprendan a autoabastecerse, porque al llegar a adultos, importará la competitividad, el individualismo, el éxito personal y el poder.

Por eso se necesita comenzar desde temprano. Separar a los bebés de sus madres precozmente, que aprendan rápidamente a sostener su biberón para que quienes lo cuidan no tengan que estar tan atentos; que se adapten a las canguro o a las guarderías sin llorar; que duerman solos toda la noche; que jueguen sin compañía; que dejen rápido los pañales; que se queden a dormir en casas de parientes o amigos, etc.

Desde luego que estos requerimientos están pensados desde un mundo adulto que necesita rápidamente volver a la “normalidad”, hacer de cuenta que “aquí no ha pasado nada”, y amoldar a este bebé al ritmo de vida que tenía la casa antes de su llegada.

Si pudiéramos relatar en primera persona un día en la vida de un bebé, teniendo en cuenta que sus necesidades básicas incluyen brazos gran parte del día, teta a demanda y presencia materna constante, comprobaríamos sorprendentemente que la mayor parte del tiempo, estas personitas de escasas semanas de vida-o incluso días-, postergan o renuncian a sus necesidades para hacernos el favor de permitirnos continuar con nuestra vida adulta: duermen solos en su cunita una o dos horas, se quedan en la guardería, aceptan un trozo de silicona –sin duda una mala imitación del pezón de mamá- para succionar, y nos esperan durante horas mientras hacemos nuestros quehaceres, o cumplimos con nuestra jornada laboral.

Algunas mujeres sienten una gran preocupación por retomar su vida social, su silueta, sus actividades recreativas, su vida amorosa, y para esto es necesario que el bebé se esté quietecito, que duerma mucho, que no llore, que juegue solito y que se relacione con cualquier persona que esté dispuesta a quedarse a su lado.

Esto es lo que se espera de un bebé casi desde las primeras semanas de vida.

Si entendemos esto como “criar”, por supuesto que cargar al bebé en brazos, amamantarlo, dormir en la misma cama con él y satisfacer sus necesidades, será “malcriarlo”. Porque una vez que se ha dormido plácidamente en los brazos de mamá, y se ha abierto un ojo entre sueños y ella sigue estando allí, y al abrir la boca se encontró con su pecho dispuesto a cobijarlo y así se ha pasado todo el día, es lógico, comprensible y hasta esperable, que ningún bebé quiera conformarse con menos!!!

Los adultos también necesitamos abrazos. Nos demostramos el afecto con caricias, con besos, con miradas, con palabras cariñosas. Nunca dejamos de necesitar este tipo de comunicación”.

Cómo crear vínculo

Poner al bebé al pecho, acunarlo, amamantarlo, acariciarlo, hablarle suavemente, sonreírle, cuidarlo, protegerlo, son actitudes que promueven la experiencia del vínculo.

Los investigadores de estas temáticas, consideran que el factor más importante en la constitución del apego es el contacto físico positivo -expresado por las actitudes mencionadas anteriormente- ya que éste causa respuestas neuroquímicas en el cerebro que permiten que los sistemas cerebrales responsables del apego se desarrollen normalmente.

Durante los tres primeros años de vida el cerebro alcanza el 90% del tamaño adulto y coloca en su lugar la mayor parte de los sistemas y estructuras que serán responsables del funcionamiento emocional, conductual, social y fisiológico para el resto de la vida. Por eso las experiencias de vinculación repetitivas durante la infancia proveen una base sólida para futuras relaciones saludables.

Por el contrario, la inconsistencia del vínculo emocional o la falta de satisfacción de estas necesidades básicas de sostén, afecto y reconocimiento, generan conductas de ansiedad y desconfianza de los bebés hacia sus cuidadores. Los bebés pueden reaccionar a esta situación de múltiples maneras, que influirán ciertamente en la consolidación de un modelo de vinculación que luego harán extensivo al resto de sus relaciones.

Que los niños se queden quietecitos en la cuna, que duerman toda la noche, que se valgan por sí mismos, son conductas que fomentamos para comodidad de los adultos, pero no son evolutivamente normales para niños pequeños. Si nuestros hijos pasan largas horas en compañía de extraños, ensayan intentos de enfrentar el mundo lejos de los brazos de mamá, hacen lo posible por dormirse en su cunita, están haciendo el máximo esfuerzo para acomodarse a un mundo adulto que dispone de pocos instantes para conectar con ellos. Son ellos quienes, a pesar de su pequeñez y su inmadurez, están sosteniendo nuestras necesidades, y aceptan sin rencores que en nombre de las buenas costumbres, les tildemos de caprichosos y malcriados.

“CUANDO NOSOTROS ESTEMOS MENOS OCUPADOS, 
ELLOS ESTARÁN DEMASIADO GRANDES…”


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Hoy comencé a leer el libro del Dr Jorge Diaz Walker "El bebé vegetariano"...

Yo fui vegetariana ovoláctea por más de 12 años. Comencé un día sin demasiado esfuerzo y por esas cuestiones extrañas, después de tanto tiempo, un día reincorporé algunas cosas a mi dieta.

Ahora el planteo es cómo alimentar al cachorro, cuándo comenzar a hacerlo, con qué... muchos temas se mezclan... Creo que todo lo que leo en esta época me esta abriendo caminos hacia nuevos lugares, más concientes, más amorosos, más de autoconocimiento y convicción.

miércoles, 21 de septiembre de 2011

De viaje con cachorro y con trabajo

El domingo pasado salimos de viaje con un grupo de conocidos y amigos del ambiente científico y con Sacháyoj. Estuvimos afuera tres días...  la pasamos lindo, pero uf! cómo nos cansamos!

Esto de viajar con el cachorro ya lo hicimos algunas otras veces. La diferencia es que esta vez yo tenia que trabajar y el papá ese día no estuvo con nosotros... Todo recayó en mí, bañarlo, cambiarlo, acunarlo, alimentarlo, entretenerlo, cargarlo. El núcleo familiar que somos, ese trío estaba incompleto y yo no tenía sobre quien descansar. Sin embargo no estaba sola. Agradezco enormemente no haber estado sola. Mis amigos y conocidos conformaron un mundo de manos abiertas a recibir al cachorro para acunarlo o entretenerlo, pasearlo, dormirlo. Fue sumamente importante esta apertura. La necesidad de no estar sola fue cubierta por completo.

No soy de aferrarme al cachorro de forma egoísta. Por su parte, él también acepta con gusto los brazos y el cariño de la gente que se le acerca. Esto fue un gran punto, en otro caso yo no hubiera podido con todo.

El dúo que somos, mamá-cachorro, funciono en armonía, dejándome el tiempo necesario para hacer las cosas que debía. Mostrarme maternante al trabajar, y no esconder la situación ni sentirme mal por los llantos o risotadas en cualquier situación, dándole lugar a que sea lo que es, un bebe permitió sumar mas cuidados afectuosos que siempre mejoraban nuestro humor.

No somos animales para estar solos, necesitamos del núcleo familiar y su expansión, de abuelas, tías, amigos y colegas. Necesitamos sentirnos parte de una manada para ser buenos padres y equilibrarnos entre el afecto y el trabajo. Al menos eso sentí estos días.

viernes, 16 de septiembre de 2011

Cosas que uno escucha, cosas que se dicen... ¿nadie piensa lo que dice?

Situación 1 

Hace unos días estaba en una escuela a la que voy a trabajar. Estaba arreglando la cartelera y en el patio los chicos de tercer grado estaban en clase de educación física. Jugaban bien, luego la consigna fue quedarse sentados. Yo estaba de espaldas, no se quienes no cumplieron la consigna o que sucedió, pero uno de los nenes se levanto llorando y diciendo que estaba lastimado. La profesora les gritó enojada: "ustedes NO ENTIENDEN", los mandó sentar de nuevo -la mayoría estaban sentados-, retó a quien supuestamente había lastimado al nene que lloraba y siguió "ustedes tienen un problema, no entienden nada! Uno les da consigas claras y no entienden". Y siguió....

Situación 2

Era una hermosa tarde de domingo, decidimos ir a tomar mate a la plaza del barrio. Había mucha gente, pero estaba bien, había espacio para que todos disfrutáramos. Muchos chicos estaban en los juegos, otros jugaban en el pasto, otros más andaban en bicicleta. Se escuchaban las cotorras, las risas, las charlas... de golpe, entre los sonidos de fondo un padre le grita a su hija que se bajaba de la bicicleta para ir hacia él "¿qué te dije? te vas a matar así, vos no sabes andar en bicicleta, estas practicando. Pero no podes hacer eso, te vas a romper la cabeza, vos sos torpe y tenes que practicas mas! No quiero correr al hospital porque te rompiste la boca!". La nena se quedo en el lugar.

Situación 3

Instituto terciario, clase de química para una carrera de seguridad e higiene. Estudiantes adultos, de edades varias, entre ellos un padre y un hijo. Debían entregarme un trabajo práctico. El padre me dijo que lo traía su hijo que llegaba un poco más tarde. La clase iba entrando al aula, se acomodaban, entregaban sus trabajos. Llego el hijo, el padre le pidió el trabajo y su hijo le dijo que no lo había traído él. Frente a todos el padre le comenzo a decir en voz alta "¿No ves que sos un tarado? Vago me saliste! Cómo que no trajiste el trabajo? pero que tenés en la cabeza? Sos un tarado, mira... como te lo vas a olvidar, si te lo había dejado para que lo trajeras vos. Sos un incapaz! no te podes hacer cargo ni de lo mas sencillo!" y siguió. Todos los demás que estaban presentes fueron haciendo silencio ante estos dichos.

¿Nadie piensa lo que dice?

 Cada una de estas situaciones es real. En cada caso me sentí muy mal. ¿Soy la única que nota el maltrato verbal de estos dichos?

Entre los protagonistas de las dos primeras situaciones y la tercera hay una diferencia de edad. En las dos primeras los receptores eran chicos de primaria, en la ultima se trataba de un adolescente grande que, asumo, creció escuchando estos tratos.

Las palabras duelen.

Sabemos que los chicos son ingenuos, que creen todo lo que les decimos. ¿Por qué desaprovechamos esta confianza? En cada una de las situaciones, a los chicos les quedo en claro que ellos no entienden, que son torpes e inútiles. ¿Qué clase de adultos estamos criando?

¿Qué nos pasa como sociedad que no reaccionamos?
 
Ni en la escuela, ni en la plaza ni en mi clase nadie dijo nada.

Bueno, si, yo al padre lo frené y le dije que eso era maltrato. Que frente a mí no podía tratarlo así. Me miró como si estuviera mal. No quiero un mundo así, ¿soy la única?

Podemos criar con afecto, ser consientes de lo que estamos enseñando con nuestras palabras. No lo creo tan difícil. Sólo es ser responsables por lo que estamos criando.
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