Cuando mi cachorro tenía pocas semanas y ya habíamos aprendido un poco el arte de dar y alimentar como los mamíferos que somos, yo me fascinaba cuando luego de una larga toma se quedaba quietecito entre adormecido y extra satisfecho, con los ojitos entrecerrados. Oliendo el dulce aroma de la leche que me brotaba, respirando suave, calentito muy cerca de mí. A esta situación la llamé "éxtasis lácteo".
Era tan grato verlo en estas situaciones que interrumpirlas para sacar una foto era algo cercano al sacrilegio. ¿Cómo arruinar tan dulce y bello momento de tranquilidad mutua? Esas imágenes las tengo guardadas en mi memoria, son sólo para mi.
La lactancia materna disfrutada por los dos, mamá y bebé, es algo sumamente placentero. Tanto o más de lo que alguna vez me pude imaginar. Aún hoy, cuando en sus 11 meses logra su éxtasis lácteo, me desborda una felicidad suave, tranquila, bella. Es inexplicable la sensación al ver sus ojos entrecerrados, sentir su espiración cómoda, olerlo dulce, verlo con una sonrisa escondida en los labios, sentir sus suaves caricias sobre mi piel, cual mimos de agradecimiento... verlo plenamente satisfecho de cuerpo y espíritu por ese momento de conexión e intimidad que compartimos me deja plena. Es un momento que no se puede compartir, que debe ser vivido, que vale la pena. Es un buen momento puro donde no hay nada que sea importante.
En el éxtasis lácteo caigo del precipicio del tiempo-reloj y me muevo en mundos viscosos, en donde el tiempo se palpa y fluye a velocidades que no me explico. El mundo que me rodea se achica a lo que puedo llegar a tocar, y es un lugar cálido y con entre luces. Nutrir, esa magia que me brota sin control mental alguno, y saber que es bueno y que ayuda es una de esas sorpresas que me dio mi cachorro al volverme mujer maternante.
Abrí este espacio para compartir cosas que pienso, que encuentro, descubro, que me atraviesan y que conozco... también lo que siento y en lo que creo, detalles que me gustan. Todas mis diferentes diosas desde esta ventana. Es para mi y para todos quienes se acerquen empaticamente
Mostrando entradas con la etiqueta maternante. Mostrar todas las entradas
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martes, 20 de marzo de 2012
domingo, 18 de marzo de 2012
Mi primer premio-blog!!!
Mica (Mirando tus Ojos Aprendí), Pao (Creciendo Juntas) y Gi (Al Borde de los Treinta) super mamás del espacio real y el virtual hace un tiempo me enviaron un premio. Mi sorpresa fue enorme cuando vi que este espacio que abrí recibía este premio homenaje de parte de estas otras mujeres a quienes en diferentes momentos conocí a través de sus escritos.
Como mujeres maternantes tenemos muchas cosas que nos unen, sin embargo no nos conocemos en persona (no aun, ya habrá oportunidad!) y siempre están ahí del otro lado del monitor leyendo, escribiendo y compartiendo sus experiencias, como tantas otras mamás blogueras. Así nos enredamos y nos sostenemos cuando se nos hace difícil y nos halagamos cuando es fácil.
Según la Real Academia Española, la palabra tribu deriva del latín tribus y se define como cada una de las agrupaciones en que algunos pueblos antiguos estaban dividido. También puede referirse a un grupo social primitivo de un mismo origen, real o supuesto, cuyos miembros suelen tener en común usos y costumbres. Finalmente, ya en lo coloquial una tribu es un grupo grande de personas con alguna característica común. Como bien expuso Gi en su propio blog, esto es lo que nosotras formamos. Somos una tribu, un grupo social que posee características en común. Tenemos un apego por la crianza de nuestros hijos, porque queremos criarlos de forma responsable. Seguramente tendremos muchas otras cosas en común, junto con los blogs que mantenemos y otras tantas diferencias que nos harán únicas y diversas. Pero todas estamos aquí, para fortalecernos en este camino de aprendizaje que estamos transitando desde que nos supimos mamás.
Responder lo que sigue es la parte que me corresponde del premio
1. Elige un momento de tu vida muy importante. Sólo uno.
La primera vez que sentí moverse a mi cachorro dentro de mí. Fue en un concierto de cuencos tibetanos con meditación. Nunca había imaginado como se sentiría, pero muchas veces había pensado en cómo sería. Fue maravillosamente mágico. El movimiento interno mas dulce que alguna vez sentí. El sentirlo y poder pensarlo, saber que era alguien (mi renacuajo) que crecía a diario en mí me llenó de una misteriosa felicidad que hasta el día de hoy me acompaña.
2. Que lugar del mundo te gustaría visitar que no conoces.
El amazonas... y ver la confluencia del Amazonas con el río Negro... ver un atardecer en la plenitud de la selva
3. Haz un menú con tu comida preferida. Entrada, plato principal y postre.
Entrada: sopa de verduras
Plato principal:ensalada con todos los colores
Postre: me gustan muchisimos... tarta de manzana tibia con canela y una bocha de helado de vainilla
de tomar: limonada con genjibre o te verde con menta frío
4. Si a trabajo se refiere ¿Cuál sería tu trabajo perfecto o profesión, sin pensar en salarios?
Trabajar en la conservación de algún área silvestre yendo a campo, investigando e integrando los conocimientos con la sociedad, haciendo educación ambiental
5. ¿Recuerdas cuándo y por qué reíste la última vez? Cuéntalo si lo recuerdas.
Esta tarde con mi cachorro, nos reímos mucho los dos mientras lo cambiaba después del baño. Estaba tentado y se reía a risotadas cual nene de publicidad, ¡un bombonazo!
Como mujeres maternantes tenemos muchas cosas que nos unen, sin embargo no nos conocemos en persona (no aun, ya habrá oportunidad!) y siempre están ahí del otro lado del monitor leyendo, escribiendo y compartiendo sus experiencias, como tantas otras mamás blogueras. Así nos enredamos y nos sostenemos cuando se nos hace difícil y nos halagamos cuando es fácil.
Según la Real Academia Española, la palabra tribu deriva del latín tribus y se define como cada una de las agrupaciones en que algunos pueblos antiguos estaban dividido. También puede referirse a un grupo social primitivo de un mismo origen, real o supuesto, cuyos miembros suelen tener en común usos y costumbres. Finalmente, ya en lo coloquial una tribu es un grupo grande de personas con alguna característica común. Como bien expuso Gi en su propio blog, esto es lo que nosotras formamos. Somos una tribu, un grupo social que posee características en común. Tenemos un apego por la crianza de nuestros hijos, porque queremos criarlos de forma responsable. Seguramente tendremos muchas otras cosas en común, junto con los blogs que mantenemos y otras tantas diferencias que nos harán únicas y diversas. Pero todas estamos aquí, para fortalecernos en este camino de aprendizaje que estamos transitando desde que nos supimos mamás.
Responder lo que sigue es la parte que me corresponde del premio
1. Elige un momento de tu vida muy importante. Sólo uno.
La primera vez que sentí moverse a mi cachorro dentro de mí. Fue en un concierto de cuencos tibetanos con meditación. Nunca había imaginado como se sentiría, pero muchas veces había pensado en cómo sería. Fue maravillosamente mágico. El movimiento interno mas dulce que alguna vez sentí. El sentirlo y poder pensarlo, saber que era alguien (mi renacuajo) que crecía a diario en mí me llenó de una misteriosa felicidad que hasta el día de hoy me acompaña.
2. Que lugar del mundo te gustaría visitar que no conoces.
El amazonas... y ver la confluencia del Amazonas con el río Negro... ver un atardecer en la plenitud de la selva
3. Haz un menú con tu comida preferida. Entrada, plato principal y postre.
Entrada: sopa de verduras
Plato principal:ensalada con todos los colores
Postre: me gustan muchisimos... tarta de manzana tibia con canela y una bocha de helado de vainilla
de tomar: limonada con genjibre o te verde con menta frío
4. Si a trabajo se refiere ¿Cuál sería tu trabajo perfecto o profesión, sin pensar en salarios?
Trabajar en la conservación de algún área silvestre yendo a campo, investigando e integrando los conocimientos con la sociedad, haciendo educación ambiental
5. ¿Recuerdas cuándo y por qué reíste la última vez? Cuéntalo si lo recuerdas.
Esta tarde con mi cachorro, nos reímos mucho los dos mientras lo cambiaba después del baño. Estaba tentado y se reía a risotadas cual nene de publicidad, ¡un bombonazo!
viernes, 16 de marzo de 2012
Qué dificil!!!!!!!!!!
Estos días que pasaron nos pasó de todo. Tanto así que se nos fué febrero como agua que se escapa entre los dedos.
Particularmente no me está resulando fácil esto de maternar, mantener la casa, trabajar, pensar en mi y en mi compañero. Y ahora releo esto útlimo que escribí y me cuestiono: cómo me va a ser fácil si son un montón de cosas!!. Bueno, sé que hay que aflojar con las exigencias y eso lo pongo en práctica. Bueno, la verdad no me es nada fácil. Constantemente creo estar bajando las exigencias pero despues, al final del día o de la semana veo que no fue así. Una de las cosas que más me cuestan es encontrar espacios para trabajar en casa, leer lo que debo, corregir, planificar, proyectar. No tengo momentos de mi como ser individual. Y me aclaro, "para eso empezó el jardin", pero nos está costando muchisimo.
Antes de estos 9+11 no me imaginaba cómo iba ser esto, cuánto cuesta, cómo cambia todo, la satisfacción que da pese a todo. Desde esa vereda, la que ahora me queda enfrente donde están los solteros sin hijos, es difícil escalar la magnitud de los cambios (en todas sus dimensiones).
Si bien aún no comencé al 100% con mis trabajos, los últimos dos viernes pasados, terminé con migrañas por estar exhausta. Esas semanas intentaba todo: estar sonriente para llevar al cachorro a su adaptación al jardín, tener la casa lo mejor que se puede, cocinar y comer sano, mantener mis plantas y huerta, trabajar adelantando las cosas atrasadisimas que tengo, tener un rato para compartir con mi pareja, hacer algo de laburo, mantenerme activa socialmente, lograr momentos de ocio/descanso... etc. Pude? si, pero dormia 5hs cada noche y ambos viernes caí mal. Mi cuerpo no da para esos trotes. Con migraña ni siquiera puedo estar ok para darle de comer al cachorro su ñuñu.
Paso a paso, esta semana continuo mi trabajo personal de ablandar los límites. De hacer hasta donde se puede y dejar fluir. Esto, en parte, es lo que también me aleja de este espacio. Ya no dispongo de mi tiempo para sentarme y volcar todas las palabras que se me atoran en la cabeza.
Así estoy este útlimo mes. Buscando alguna manera de obtener un equilibrio malabarista. Por momentos triste, otros en los que no me importa nada mas que estar con el cachorro y disfrutar, otros en los que quisiera escapar.
Es maravilloso que alguien me ame como mi cachorro. Es increible lo que se siente cuando se desborda de felicidad al verme. Es alentador verlo ganando destrezas. Es fascinante escucharlo reirse a risotadas. Es transgresor verlo tan inmensa y descaradamente feliz. Es tantas otras cosas! por todas estas vale que me sea difícil cerrarme y volver. Ya no quiero volver a ser como antes. Ahora busco conciliar, de a poco, con paciencia propia y pidiendo paciencia ajena, conciliar el trabajo y su crianza.
Particularmente no me está resulando fácil esto de maternar, mantener la casa, trabajar, pensar en mi y en mi compañero. Y ahora releo esto útlimo que escribí y me cuestiono: cómo me va a ser fácil si son un montón de cosas!!. Bueno, sé que hay que aflojar con las exigencias y eso lo pongo en práctica. Bueno, la verdad no me es nada fácil. Constantemente creo estar bajando las exigencias pero despues, al final del día o de la semana veo que no fue así. Una de las cosas que más me cuestan es encontrar espacios para trabajar en casa, leer lo que debo, corregir, planificar, proyectar. No tengo momentos de mi como ser individual. Y me aclaro, "para eso empezó el jardin", pero nos está costando muchisimo.
Antes de estos 9+11 no me imaginaba cómo iba ser esto, cuánto cuesta, cómo cambia todo, la satisfacción que da pese a todo. Desde esa vereda, la que ahora me queda enfrente donde están los solteros sin hijos, es difícil escalar la magnitud de los cambios (en todas sus dimensiones).
Si bien aún no comencé al 100% con mis trabajos, los últimos dos viernes pasados, terminé con migrañas por estar exhausta. Esas semanas intentaba todo: estar sonriente para llevar al cachorro a su adaptación al jardín, tener la casa lo mejor que se puede, cocinar y comer sano, mantener mis plantas y huerta, trabajar adelantando las cosas atrasadisimas que tengo, tener un rato para compartir con mi pareja, hacer algo de laburo, mantenerme activa socialmente, lograr momentos de ocio/descanso... etc. Pude? si, pero dormia 5hs cada noche y ambos viernes caí mal. Mi cuerpo no da para esos trotes. Con migraña ni siquiera puedo estar ok para darle de comer al cachorro su ñuñu.
Paso a paso, esta semana continuo mi trabajo personal de ablandar los límites. De hacer hasta donde se puede y dejar fluir. Esto, en parte, es lo que también me aleja de este espacio. Ya no dispongo de mi tiempo para sentarme y volcar todas las palabras que se me atoran en la cabeza.
Así estoy este útlimo mes. Buscando alguna manera de obtener un equilibrio malabarista. Por momentos triste, otros en los que no me importa nada mas que estar con el cachorro y disfrutar, otros en los que quisiera escapar.
Es maravilloso que alguien me ame como mi cachorro. Es increible lo que se siente cuando se desborda de felicidad al verme. Es alentador verlo ganando destrezas. Es fascinante escucharlo reirse a risotadas. Es transgresor verlo tan inmensa y descaradamente feliz. Es tantas otras cosas! por todas estas vale que me sea difícil cerrarme y volver. Ya no quiero volver a ser como antes. Ahora busco conciliar, de a poco, con paciencia propia y pidiendo paciencia ajena, conciliar el trabajo y su crianza.
jueves, 8 de marzo de 2012
Día de la mujer
En mis escasos tiempos acutales, paso por este, mi espacio para dejarles algo que encontré navengado por ahí y que quiero compartirles en nuestro dia. Espero que les guste y se reconozcan:
Son mujeres que se dieron cuenta que el cambio que desean ver en el mundo, está en sus manos
Son mujeres que se sienten hijas de la Pachamama, de Pulowi, de Gaia
Son mujeres que creen en la horizontalidad de las relaciones
Son mujeres que saben que el sistema patriarcal fracasó
Son mujeres que sí creen en el Sacerdocio Femenino
Son mujeres que se atreven a ser distintas
Son mujeres que se atreven a darle una educación diferente a sus hij@s
Son mujeres que se atreven a decir "no" y "basta"
Son mujeres que se atreven a correr con los lobos
Son mujeres que se permiten ser compasivas consigo mismas
Son mujeres que se atreven a caminar despeinadas
Son mujeres que admiran y honran la vejez y la sabiduría
Son mujeres que no creen en la superioridad
Son mujeres que saben que el IQ no sirve para gran cosa
Son mujeres que juegan y bailan con sus hij@s en cualquier lugar de la ciudad
Son mujeres que forman círculos espirituales
Son mujeres que salen a buscar sus Diosas Oscuras y aunque tienen miedo, atraviesan el Bosque Espeso
Son mujeres que lloran, se deprimen, y se cansan más cuando están ovulando y no se sienten disminuidas por ello
Son mujeres que aprendieron a reírse de sí mismas
¿Cómo es una mujer pagana? Son mujeres que se atreven a ser distintasSon mujeres que quieren hacer de éste un mundo más vivible
Son mujeres que se dieron cuenta que el cambio que desean ver en el mundo, está en sus manos
Son mujeres que se sienten hijas de la Pachamama, de Pulowi, de Gaia
Son mujeres que creen en la horizontalidad de las relaciones
Son mujeres que saben que el sistema patriarcal fracasó
Son mujeres que sí creen en el Sacerdocio Femenino
Son mujeres que se atreven a ser distintas
Son mujeres que se atreven a darle una educación diferente a sus hij@s
Son mujeres que se atreven a decir "no" y "basta"
Son mujeres que se atreven a correr con los lobos
Son mujeres que se permiten ser compasivas consigo mismas
Son mujeres que se atreven a caminar despeinadas
Son mujeres que admiran y honran la vejez y la sabiduría
Son mujeres que no creen en la superioridad
Son mujeres que saben que el IQ no sirve para gran cosa
Son mujeres que juegan y bailan con sus hij@s en cualquier lugar de la ciudad
Son mujeres que forman círculos espirituales
Son mujeres que salen a buscar sus Diosas Oscuras y aunque tienen miedo, atraviesan el Bosque Espeso
Son mujeres que lloran, se deprimen, y se cansan más cuando están ovulando y no se sienten disminuidas por ello
Son mujeres que aprendieron a reírse de sí mismas
Son mujeres que saben que ser llamadas Brujas es un gran elogio
Son mujeres que sienten a tod@s l@s niñ@s del mundo como sus hij@s
Si te sientes identificada con esta descripción entonces ¡¡somos de la misma manada!!
Son mujeres que sienten a tod@s l@s niñ@s del mundo como sus hij@s
Si te sientes identificada con esta descripción entonces ¡¡somos de la misma manada!!
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| Imagen tomada de internet |
martes, 31 de enero de 2012
Batido de enero
Comencé este año quedándome a dormir en casa de mis papás, sin mi compañero. Esa madrugada salimos hacia la costa. Mi compañero se quedaba en casa porque días más tarde él emprendía una viaje de trabajo, por un mes.
Estuve con mi cachorro en la playa, junto a mis papás. Verlo disfrutar de la arena y del agua fue algo fantástico. También lo fue que pudiera relacionarse más con sus abuelos. La verdad es que mis papás se portaron super bien, entendiendome y cuidandonos a los dos sin exigencias. Por mi parte intenté relajarme todo lo que pude, pero no fue mucho. La gran locura fue hacer que los pañales se secaran para tener siempre y evitar comprar descartables (soy cabeza dura con esto, sisisisisi). Con mi mamá nos turnabamos para lavarlos a mano y los poníamos a secar en mil lugares. Ganó nuestro ingenio porque lo logramos! Extendí quedarme con ellos para poder darme un gusto, y una noche me fui solita al teatro a verlo a Alfredo Casero en su show. Fue loquisimo estar sola de noche, haciendo algo que me gusta y sentir la libertad de poder hacerlo, sabiendo que el cachorro estaba seguro durmiendo al cuidado de los abuelos.
Luego me volví a casa, para estar unos días acá, con nuestras cosas, nuestra rutina. Como el cachorro ligó una piletita de regalo soportamos muy bien el calor. Pero la ausencia de mi par se hizo notar, y yo, nuevamente intenté descansar y no lo logré.
La semana siguiente partimos hacia donde estaba trabajando mi compañero. Ahí vivimos mil cosas juntos, los tres y también yo con el cachorro. De la alegría extrema que le generó dormir en carpa sobre los colchones inflados, hasta las risotadas en medio de una tormenta del desierto de aquellas, pasando por los baños en olla, sus siestas en cajón de campaña y tantas cosas. Me alegró mucho encontrarlo siempre de buen ánimo, con una sonrisa hacia todo aquel que se le acercara, sin dramas. Creo que esta semana fue cuando más relajados estuvimos los dos, incluso con todos los idas y vueltas acompañando a mi compañero de compras, de entregas, de reuniones y de campaña, llenos de tierra. El tema de los pañales de nuevo fue algo que tuve que controlar, pero no tuvimos mayores inconvenientes. Nuevamente evite y logré no usar descartables. Yo esta semana la disfrute, saqué fotos, me relajé viendo el cielo estrellado, el horizonte infinito, los olores de la estepa... me encantó haber ido. Como broche de esta escapada, nuestro ultimo almuerzo juntos nos encontró en un restoran en donde además de nosotros estaban los integrantes de La Vela Puerca, un lujazo!
Y ahora estoy acá, ultimos días del mes que se acaba sola. Con muchas ganas de descansar de verdad y miles de cosas atrasadisimas por hacer. En todo este tiempo pensé y valoricé mucho todo lo que mi compañero hace a diario, la ayuda que pone para que la casa no pase de quilombo a delirio de desorden entre el cachorro, los tres perros, los peces, las plantas, la tortuga y la gata, además de nosotros mismos. Sí, me hizo falta la pareja, el compañero. Es duro estar sola y hacer todo.
Quizás todo lo entrecortado del mes me cansó de más, sin embargo creo que si me hubiera quedado de corrido sola en casa todo el mes ahora estaría aullando de angustia y desesperación por intentar mantener todo yo sola. Y creo que también es super bueno rescatar algo que surgió justo cuando nos ibamos a ver a mi compañero. Toda esta red virtual que está tejiéndose detrás de estas palabras que yo pienso, escribo y ustedes leen, que están dispuestas a organizarse y hacerme el aguante. Aunque este mes no logramos acordar un encuentro, quiero decirles que me fue muy valioso y aliviador escuchar sus propuestas de juntarnos. GRACIAS!
Bueno, así termina mi alocado enero. . Muy de madrugada, intentando terminar un trabajo que debo desde que nació mi cachorro y haciendo cualquier otra cosa... mi cabeza sigue siendo una batidora, quizas en algun momento pare, quizás no. Pero mi enero batido ya pasó y volvemos a estar los tres juntos.
Estuve con mi cachorro en la playa, junto a mis papás. Verlo disfrutar de la arena y del agua fue algo fantástico. También lo fue que pudiera relacionarse más con sus abuelos. La verdad es que mis papás se portaron super bien, entendiendome y cuidandonos a los dos sin exigencias. Por mi parte intenté relajarme todo lo que pude, pero no fue mucho. La gran locura fue hacer que los pañales se secaran para tener siempre y evitar comprar descartables (soy cabeza dura con esto, sisisisisi). Con mi mamá nos turnabamos para lavarlos a mano y los poníamos a secar en mil lugares. Ganó nuestro ingenio porque lo logramos! Extendí quedarme con ellos para poder darme un gusto, y una noche me fui solita al teatro a verlo a Alfredo Casero en su show. Fue loquisimo estar sola de noche, haciendo algo que me gusta y sentir la libertad de poder hacerlo, sabiendo que el cachorro estaba seguro durmiendo al cuidado de los abuelos.
Luego me volví a casa, para estar unos días acá, con nuestras cosas, nuestra rutina. Como el cachorro ligó una piletita de regalo soportamos muy bien el calor. Pero la ausencia de mi par se hizo notar, y yo, nuevamente intenté descansar y no lo logré.
La semana siguiente partimos hacia donde estaba trabajando mi compañero. Ahí vivimos mil cosas juntos, los tres y también yo con el cachorro. De la alegría extrema que le generó dormir en carpa sobre los colchones inflados, hasta las risotadas en medio de una tormenta del desierto de aquellas, pasando por los baños en olla, sus siestas en cajón de campaña y tantas cosas. Me alegró mucho encontrarlo siempre de buen ánimo, con una sonrisa hacia todo aquel que se le acercara, sin dramas. Creo que esta semana fue cuando más relajados estuvimos los dos, incluso con todos los idas y vueltas acompañando a mi compañero de compras, de entregas, de reuniones y de campaña, llenos de tierra. El tema de los pañales de nuevo fue algo que tuve que controlar, pero no tuvimos mayores inconvenientes. Nuevamente evite y logré no usar descartables. Yo esta semana la disfrute, saqué fotos, me relajé viendo el cielo estrellado, el horizonte infinito, los olores de la estepa... me encantó haber ido. Como broche de esta escapada, nuestro ultimo almuerzo juntos nos encontró en un restoran en donde además de nosotros estaban los integrantes de La Vela Puerca, un lujazo!
Y ahora estoy acá, ultimos días del mes que se acaba sola. Con muchas ganas de descansar de verdad y miles de cosas atrasadisimas por hacer. En todo este tiempo pensé y valoricé mucho todo lo que mi compañero hace a diario, la ayuda que pone para que la casa no pase de quilombo a delirio de desorden entre el cachorro, los tres perros, los peces, las plantas, la tortuga y la gata, además de nosotros mismos. Sí, me hizo falta la pareja, el compañero. Es duro estar sola y hacer todo.
Quizás todo lo entrecortado del mes me cansó de más, sin embargo creo que si me hubiera quedado de corrido sola en casa todo el mes ahora estaría aullando de angustia y desesperación por intentar mantener todo yo sola. Y creo que también es super bueno rescatar algo que surgió justo cuando nos ibamos a ver a mi compañero. Toda esta red virtual que está tejiéndose detrás de estas palabras que yo pienso, escribo y ustedes leen, que están dispuestas a organizarse y hacerme el aguante. Aunque este mes no logramos acordar un encuentro, quiero decirles que me fue muy valioso y aliviador escuchar sus propuestas de juntarnos. GRACIAS!
Bueno, así termina mi alocado enero. . Muy de madrugada, intentando terminar un trabajo que debo desde que nació mi cachorro y haciendo cualquier otra cosa... mi cabeza sigue siendo una batidora, quizas en algun momento pare, quizás no. Pero mi enero batido ya pasó y volvemos a estar los tres juntos.
sábado, 14 de enero de 2012
Besos por celular
Este mes mi compañero está trabajando afuera. Su trabajo es parte de su ser. Él ama lo que hace.
Creo que una gran parte del amor hacia alguien es el respeto hacia lo amado. En este caso, mi respeto hacia él es darle la libertad que necesita y acompañarlo para dejarlo disfrutar de lo que también ama, que es su profesión.
Esta libertad lo lleva a estar todo este mes fuera de casa, lejos del cachorro y de mí. Sé que nos extraña tanto como nosotros a él. Hace lo imposible por llamarnos, sé que se trepa a la punta de un cerro para conseguir señal cada día y hablarnos un ratito. Intercambia las baterías de su celular con aquellos que duermen fuera del campamento para tener carga y poder comunicarse con nosotros. El cachorro lo escucha por el celular y se sonríe. No se si entiende por que de ese aparato sale la voz que lo ama. No se si comprende que es su papá el que en ese mismo momento está a muchos kilómetros, en medio de la estepa, comunicandose para decirnos que está bien y que quiere vernos pronto.
Yo lo escucho y lo amo. Su llamado me alegra y lo extraño. Y también me da pena que justo en estos días el cachorro este mostrando tantas cosas nuevas. Me consuelo pensando que las está practicando y que cuando mi compañero las vea estarán mas pulidas y bellas. Mas entrenadas. Y que habrá otras tantísimas cosas que estrenará para su papá en el futuro.
Además, este tiempo en el que él no está yo estoy sola en casa con todo lo que eso implica y cuidando al cachorro al 100%. Por ejemplo, estoy aprendiendo a limpiar la casa mientras hago monerías y lo entretengo. Con toda la cautela que me fue posible me las ingenié para limpiar el baño mientras mi cachorro se bañaba. Riego mis plantas y alimento a mis perros dejando que el cachorro disfrute y se amigue con estas cuestiones mas naturales (así lo agarré jugando con la tierra de una maceta). Pero tengo que comer sola. No tengo tiempo de hacer alguna otra cosa para mí. Me hace falta la presencia. Y al darme cuenta de esto me salta todo el cansancio. Me cansa acunarlo y dormirlo, cocinarme, poner a lavar la ropa. Me falta mi par. Eso siento.
Por suerte parte de mi red se activó. No es buena fecha para andar necesitando la red. Las vacaciones juegan en contra de la presencia. Ofrezco tardes de juego, de pileta en la terraza y tererés, de mimos y sonrisas del cachorro, pero pocos reaccionan. La verdad es que algo de ayuda no me viene nada mal, aunque más no sea para despejarme una hora. Me pone triste ver cómo el no asomar la nariz aleja a la gente. Ni un llamado... ¡Hola! estoy sola con un cachorro y toda la casa... help!! Igual nada, los que no aparecen no son parte de la red. Quienes forman parte se muestran y pasan 15 minutos. Lo bueno es que la parte de la red activa generó la buenísima onda de que mi amiga N se quede acá estos días. Viene y se queda a dormir, charlamos un rato, juega con el cachorro el rato que puede, me acompaña. Así, en definitiva veo que la soledad que siento es la falta de compañía. La liberación de la demanda constante que implica criar. Y vuelvo al principio. No me quejo, es parte del trato con mi compañero. Necesitamos estos ratos de extrañarnos por estar haciendo lo que hacemos en nuestras profesiones. Es dejarlo ser y darle la libertad que necesita, es amarlo.
Estos tiempos personales me parecen sanos y deben ser disfrutados. Quizás sea también un poco eso lo que me falte estos días. Cuando los besos por celular se hagan de piel y labio yo voy a querer un ratito más para mí.
Creo que una gran parte del amor hacia alguien es el respeto hacia lo amado. En este caso, mi respeto hacia él es darle la libertad que necesita y acompañarlo para dejarlo disfrutar de lo que también ama, que es su profesión.
Esta libertad lo lleva a estar todo este mes fuera de casa, lejos del cachorro y de mí. Sé que nos extraña tanto como nosotros a él. Hace lo imposible por llamarnos, sé que se trepa a la punta de un cerro para conseguir señal cada día y hablarnos un ratito. Intercambia las baterías de su celular con aquellos que duermen fuera del campamento para tener carga y poder comunicarse con nosotros. El cachorro lo escucha por el celular y se sonríe. No se si entiende por que de ese aparato sale la voz que lo ama. No se si comprende que es su papá el que en ese mismo momento está a muchos kilómetros, en medio de la estepa, comunicandose para decirnos que está bien y que quiere vernos pronto.
Yo lo escucho y lo amo. Su llamado me alegra y lo extraño. Y también me da pena que justo en estos días el cachorro este mostrando tantas cosas nuevas. Me consuelo pensando que las está practicando y que cuando mi compañero las vea estarán mas pulidas y bellas. Mas entrenadas. Y que habrá otras tantísimas cosas que estrenará para su papá en el futuro.
Además, este tiempo en el que él no está yo estoy sola en casa con todo lo que eso implica y cuidando al cachorro al 100%. Por ejemplo, estoy aprendiendo a limpiar la casa mientras hago monerías y lo entretengo. Con toda la cautela que me fue posible me las ingenié para limpiar el baño mientras mi cachorro se bañaba. Riego mis plantas y alimento a mis perros dejando que el cachorro disfrute y se amigue con estas cuestiones mas naturales (así lo agarré jugando con la tierra de una maceta). Pero tengo que comer sola. No tengo tiempo de hacer alguna otra cosa para mí. Me hace falta la presencia. Y al darme cuenta de esto me salta todo el cansancio. Me cansa acunarlo y dormirlo, cocinarme, poner a lavar la ropa. Me falta mi par. Eso siento.
Por suerte parte de mi red se activó. No es buena fecha para andar necesitando la red. Las vacaciones juegan en contra de la presencia. Ofrezco tardes de juego, de pileta en la terraza y tererés, de mimos y sonrisas del cachorro, pero pocos reaccionan. La verdad es que algo de ayuda no me viene nada mal, aunque más no sea para despejarme una hora. Me pone triste ver cómo el no asomar la nariz aleja a la gente. Ni un llamado... ¡Hola! estoy sola con un cachorro y toda la casa... help!! Igual nada, los que no aparecen no son parte de la red. Quienes forman parte se muestran y pasan 15 minutos. Lo bueno es que la parte de la red activa generó la buenísima onda de que mi amiga N se quede acá estos días. Viene y se queda a dormir, charlamos un rato, juega con el cachorro el rato que puede, me acompaña. Así, en definitiva veo que la soledad que siento es la falta de compañía. La liberación de la demanda constante que implica criar. Y vuelvo al principio. No me quejo, es parte del trato con mi compañero. Necesitamos estos ratos de extrañarnos por estar haciendo lo que hacemos en nuestras profesiones. Es dejarlo ser y darle la libertad que necesita, es amarlo.
Estos tiempos personales me parecen sanos y deben ser disfrutados. Quizás sea también un poco eso lo que me falte estos días. Cuando los besos por celular se hagan de piel y labio yo voy a querer un ratito más para mí.
miércoles, 11 de enero de 2012
9 meses: equilibrio
Hoy mi cachorro tiene el punto de inflexión de su historia y por única vez estará pareja.
Hace 9 meses que estuvo durante otros 9 meses dentro de mí. Estás en el punto de equilibrio de tu vida dentro y fuera de mi útero.
¡Tenés poco menos de un año pero ya creciste tanto! Te salieron dos dientes y aprendiste a no morderme mientras tomas ñuñu. Pasaste de balbucear y decir algunas sílabas sueltas a intentar repetir algunas palabras.
Hace pocos días nos sorprendiste moviendo la cabeza hacia los costados, como diciendo "no no no" con una gran sonrisa. Gateas a tu manera, te encanta estar parado y caminar con la ayuda de algo o de alguien.
¡Estás tan grande y vivo, cachorro!
Cada día me llenas el corazón de alegría. Una inmensa sensación que compensa cualquier otra cosa que sienta estos días. Verte jugar solito, razguñando con tu dedo las superficies nuevas, mirando con pura felicidad a tu alrededor, disfrutando de los animales, el mar, la arena, los amigos y los mimos es tan grato.
Mi cabeza esta entregada a cuidarte. Mi cuerpo puerpereo está cansado y saca energías renovables para acunarte, sostenerte y mimarte.
Que duelo para mí, sos mi reloj ahora. Sos mi cachorro grande, recorrimos juntos toda la primer etapa, a puro fular y upa. Ahora comenzaras a moverte solo ya sin tanto brazo, pero sé que volverás a mi cobijo cada vez que lo necesites y yo intentaré estar lista para recibirte cada vez.
¡Feliz cumple mes, amorcito mio!
Hace 9 meses que estuvo durante otros 9 meses dentro de mí. Estás en el punto de equilibrio de tu vida dentro y fuera de mi útero.
Palabras a mi cachorro de 9+9
¡Tenés poco menos de un año pero ya creciste tanto! Te salieron dos dientes y aprendiste a no morderme mientras tomas ñuñu. Pasaste de balbucear y decir algunas sílabas sueltas a intentar repetir algunas palabras.
Hace pocos días nos sorprendiste moviendo la cabeza hacia los costados, como diciendo "no no no" con una gran sonrisa. Gateas a tu manera, te encanta estar parado y caminar con la ayuda de algo o de alguien.
¡Estás tan grande y vivo, cachorro!
Cada día me llenas el corazón de alegría. Una inmensa sensación que compensa cualquier otra cosa que sienta estos días. Verte jugar solito, razguñando con tu dedo las superficies nuevas, mirando con pura felicidad a tu alrededor, disfrutando de los animales, el mar, la arena, los amigos y los mimos es tan grato.
Mi cabeza esta entregada a cuidarte. Mi cuerpo puerpereo está cansado y saca energías renovables para acunarte, sostenerte y mimarte.
Que duelo para mí, sos mi reloj ahora. Sos mi cachorro grande, recorrimos juntos toda la primer etapa, a puro fular y upa. Ahora comenzaras a moverte solo ya sin tanto brazo, pero sé que volverás a mi cobijo cada vez que lo necesites y yo intentaré estar lista para recibirte cada vez.
¡Feliz cumple mes, amorcito mio!
sábado, 7 de enero de 2012
En estos dias
Estoy mirando un horizonte lejano, amplio. Veo como mi cachorro descubre el mundo, otro mundo. Veo como lo disfruta, lo mide, lo experimenta. Y también experimenta su cuerpo, sus sensaciones, sus movimientos. Aprende y lo demuestra cada vez.
Mi cabeza vuela, igual que siempre. Gira y recorre pensamientos. Hila ideas sin conexión. Las sensaciones están en mi piel.
Enamorada de mi cachorro y bajo la protección de mis propios papás estoy ahora. Por unos días busco disfrutar este papel extraño de hija-madre.
Así estoy. Poco bloggera. Más en mí que otros días. Quizás porque ayer fue un cumpleaños mío extraño, con mi cachorro de este lado, sonriéndome mientras me cantaban el "feliz cumpleaños" y mi compañero lejos, viviendo su otra pasión. Bueno, raro pero lindo. Interiorizandome en mi nueva edad. Feliz de estar agotada por entregarme para que otro ser descubra su lugar en el mundo. Cansada por poner el cuerpo y la mente a servicio de las demandas de alguien más. Añorando volver a estar junto a mi compañero. Protegida por mis propios padres. Llena por todos los mensajes de cariño que recibí. En paz por sentir que hago lo que creo.
Mi cabeza vuela, igual que siempre. Gira y recorre pensamientos. Hila ideas sin conexión. Las sensaciones están en mi piel.
Enamorada de mi cachorro y bajo la protección de mis propios papás estoy ahora. Por unos días busco disfrutar este papel extraño de hija-madre.Así estoy. Poco bloggera. Más en mí que otros días. Quizás porque ayer fue un cumpleaños mío extraño, con mi cachorro de este lado, sonriéndome mientras me cantaban el "feliz cumpleaños" y mi compañero lejos, viviendo su otra pasión. Bueno, raro pero lindo. Interiorizandome en mi nueva edad. Feliz de estar agotada por entregarme para que otro ser descubra su lugar en el mundo. Cansada por poner el cuerpo y la mente a servicio de las demandas de alguien más. Añorando volver a estar junto a mi compañero. Protegida por mis propios padres. Llena por todos los mensajes de cariño que recibí. En paz por sentir que hago lo que creo.
viernes, 30 de diciembre de 2011
El cuerpo...
La relación con nuestro cuerpo tiene mucho de carga social.
Hoy mi amiga J subió unas fotos de hace seis años atrás, me veía flaquísima. Recordé qué cosas vivía en esa época, todo el camino que recorrí hasta llegar a donde estoy hoy. Mi cuerpo habla de lo vivido, y esa experiencia ganada es lo que la sociedad actual rechaza. Lo bueno es ser joven, nos dicen, nos venden, nos machan. La juventud es la onda. Los preadolescentes se visten como adolescentes. Los jóvenes se visten como adolescentes. Los no tan jóvenes también quieren ser adolescentes. Una arruga, una cana que se nota es lo menos. Todos las escondemos. Igual que los kilos de más (y no hablo de exceso de sobrepeso).
Reivindicar cada uno de estos aspectos como ganancias es algo difícil y no muy bien visto socialmente. Sin embargo, cada uno de estos detalles nos habla de la vida vivida, de la sabiduría que fuimos ganando. Estas cosas son las que pienso ahora cuando me miro al espejo. Si, me da un poco de tristeza no ver al que fue mi cuerpo joven. Pero valoro el camino recorrido, lo aprendido. No puedo luchar contra algo que es natural, el tiempo pasa. Ahora tengo a mi propio reloj visual que me habla del paso del tiempo. Lo veo al cachorro y no lo puedo creer. El año pasado yo tenía una panza. Brillaba por la vida que albergaba. Eramos dos, pero uno en uno. Hoy somos dos, el cachorro brilla por sí mismo, me da luz, yo tengo mi propio y nuevo brillo. Y mi cuerpo marca ese cambio.
Pensando en estas cosas, recordé uno de los cuentos de "mujeres que danzan con los lobos" de Clarissa Pinkola Estés. Les dejo algunos pasajes...
El cuerpo es como la tierra. (...)
El pecho desarrolla la función de sentir y alimentar (...)
Las caderas son anchas y con razón, pues llevan dentro una pátina de marfil para la nueva vida. Las caderas de una mujer son pórticos (...). Las piernas están destinadas a llevarnos y a veces a propulsarnos, son las poleas que nos ayudan a levantarnos y son el anillo que rodea al amante.
En los cuerpos no hay ningún "tiene que ser". Lo importante no es el tamaño, la forma o los años. Lo importante desde el punto de vista salvaje es si el cuerpo siente, si tiene una buena conexión con el placer, con el corazón, con el alma ,con lo salvaje (...).
(...) Vi lo que me habían enseñado a ignorar, el poder del cuerpo de una mujer cuando está animado por dentro.
Hoy mi amiga J subió unas fotos de hace seis años atrás, me veía flaquísima. Recordé qué cosas vivía en esa época, todo el camino que recorrí hasta llegar a donde estoy hoy. Mi cuerpo habla de lo vivido, y esa experiencia ganada es lo que la sociedad actual rechaza. Lo bueno es ser joven, nos dicen, nos venden, nos machan. La juventud es la onda. Los preadolescentes se visten como adolescentes. Los jóvenes se visten como adolescentes. Los no tan jóvenes también quieren ser adolescentes. Una arruga, una cana que se nota es lo menos. Todos las escondemos. Igual que los kilos de más (y no hablo de exceso de sobrepeso).
Reivindicar cada uno de estos aspectos como ganancias es algo difícil y no muy bien visto socialmente. Sin embargo, cada uno de estos detalles nos habla de la vida vivida, de la sabiduría que fuimos ganando. Estas cosas son las que pienso ahora cuando me miro al espejo. Si, me da un poco de tristeza no ver al que fue mi cuerpo joven. Pero valoro el camino recorrido, lo aprendido. No puedo luchar contra algo que es natural, el tiempo pasa. Ahora tengo a mi propio reloj visual que me habla del paso del tiempo. Lo veo al cachorro y no lo puedo creer. El año pasado yo tenía una panza. Brillaba por la vida que albergaba. Eramos dos, pero uno en uno. Hoy somos dos, el cachorro brilla por sí mismo, me da luz, yo tengo mi propio y nuevo brillo. Y mi cuerpo marca ese cambio.
Pensando en estas cosas, recordé uno de los cuentos de "mujeres que danzan con los lobos" de Clarissa Pinkola Estés. Les dejo algunos pasajes...
El cuerpo es como la tierra. (...)
El pecho desarrolla la función de sentir y alimentar (...)
Las caderas son anchas y con razón, pues llevan dentro una pátina de marfil para la nueva vida. Las caderas de una mujer son pórticos (...). Las piernas están destinadas a llevarnos y a veces a propulsarnos, son las poleas que nos ayudan a levantarnos y son el anillo que rodea al amante.
En los cuerpos no hay ningún "tiene que ser". Lo importante no es el tamaño, la forma o los años. Lo importante desde el punto de vista salvaje es si el cuerpo siente, si tiene una buena conexión con el placer, con el corazón, con el alma ,con lo salvaje (...).
(...) Vi lo que me habían enseñado a ignorar, el poder del cuerpo de una mujer cuando está animado por dentro.
jueves, 29 de diciembre de 2011
Cuerpo y reconocimiento
No puedo decir que siempre fui flaca. Mi peso varió con los
años. Pero sí siempre traté de mantenerme muy activa a nivel físico.
He pasado años haciendo periplos maratónicos en bicicleta, para ir a trabajar y a la facultad, saliendo de campamento y caminando con mi mochila a cuestas, haciendo trekings en la montaña, escalando o yendo al gimnasio. Mi imagen corporal era una, buscando mantenerme dentro del concepto de "flaca o normal con pancita".
En el embarazo engordé lo justo. Casi no se me notaba la panza al mirarme de espaldas. Pero mi panza era enorme para mi pequeño cuerpo. Sobre el final era pura panza y detrás venía yo.

Mi cachorro debió nacer por cesárea. Me fui de la clínica con una panza bastante grande que aun, a los casi 8 meses, no termina de bajar del todo.
Siempre me gustó no tener demasiado busto, me parecía cómodo. Sé que la ropa no podía quedarme ok siempre, muchas veces no rellenaba bien los escotes, pero igualmente me sentía bien. Desde que amamanto al cachorro siento que mis tetas no son mias. No las reconozco. Tampoco reconozco mi cuerpo. Mi cadera esta más ancha, mis brazos gordos, tengo papada, mi busto es enorme y ya bajé más de la mitad de lo que había aumentado. Como sigo amamantando sé que voy a seguir bajando más, pero... no soy yo. Me veo al espejo y aún no me encuentro.
En los primeros meses del cachorro me sentía horrible por todo. Estaba partida al medio por una cicactriz que no me permitía moverme fácilmente o hacer fuerza. Esto sumado a la bajada de la leche hacía que no tuviera demasiada nocíon de mi cuerpo. Junto a la panza que me quedaba, me miraba al espejo y me entristecía. ¿Esa era yo? Me surgían miles de miedos sobre cómo iba a quedar mi cuerpo. No es lo mismo verse gorda por la panza del embarazo que verse gorda después de estar embarazada.
Dado mi caso de cirugía, tuve el alta definitiva para realizar ejercicios a los seis meses. Dicen que al año recién está todo acomodado. Igualmente, el cuerpo cambia.
En estos meses debía acostumbrarme a estos cambios físicos. Ya no me veo tan horrible, asumo con pura fortaleza de espíritu que el cuerpo que tengo está así por ayudar a que mi cachorro llegue al mundo. Es mi "envase familiar" bromeo... Ja, suena terrible!. Creo que no estoy tan mal. Supongo que esto es parte del cambio interno de mi ser. Reconocerme mamá también es un proceso que lleva un tiempo. Un poco me volví extraña para mí misma, para mí entorno. Nada va a volver a ser igual, lo sé, estoy aprendiendo.
He pasado años haciendo periplos maratónicos en bicicleta, para ir a trabajar y a la facultad, saliendo de campamento y caminando con mi mochila a cuestas, haciendo trekings en la montaña, escalando o yendo al gimnasio. Mi imagen corporal era una, buscando mantenerme dentro del concepto de "flaca o normal con pancita".
En el embarazo engordé lo justo. Casi no se me notaba la panza al mirarme de espaldas. Pero mi panza era enorme para mi pequeño cuerpo. Sobre el final era pura panza y detrás venía yo.

Mi cachorro debió nacer por cesárea. Me fui de la clínica con una panza bastante grande que aun, a los casi 8 meses, no termina de bajar del todo.
Siempre me gustó no tener demasiado busto, me parecía cómodo. Sé que la ropa no podía quedarme ok siempre, muchas veces no rellenaba bien los escotes, pero igualmente me sentía bien. Desde que amamanto al cachorro siento que mis tetas no son mias. No las reconozco. Tampoco reconozco mi cuerpo. Mi cadera esta más ancha, mis brazos gordos, tengo papada, mi busto es enorme y ya bajé más de la mitad de lo que había aumentado. Como sigo amamantando sé que voy a seguir bajando más, pero... no soy yo. Me veo al espejo y aún no me encuentro.
En los primeros meses del cachorro me sentía horrible por todo. Estaba partida al medio por una cicactriz que no me permitía moverme fácilmente o hacer fuerza. Esto sumado a la bajada de la leche hacía que no tuviera demasiada nocíon de mi cuerpo. Junto a la panza que me quedaba, me miraba al espejo y me entristecía. ¿Esa era yo? Me surgían miles de miedos sobre cómo iba a quedar mi cuerpo. No es lo mismo verse gorda por la panza del embarazo que verse gorda después de estar embarazada.
Dado mi caso de cirugía, tuve el alta definitiva para realizar ejercicios a los seis meses. Dicen que al año recién está todo acomodado. Igualmente, el cuerpo cambia.
En estos meses debía acostumbrarme a estos cambios físicos. Ya no me veo tan horrible, asumo con pura fortaleza de espíritu que el cuerpo que tengo está así por ayudar a que mi cachorro llegue al mundo. Es mi "envase familiar" bromeo... Ja, suena terrible!. Creo que no estoy tan mal. Supongo que esto es parte del cambio interno de mi ser. Reconocerme mamá también es un proceso que lleva un tiempo. Un poco me volví extraña para mí misma, para mí entorno. Nada va a volver a ser igual, lo sé, estoy aprendiendo.
miércoles, 21 de diciembre de 2011
La partera de las diosas: Ina May Gaskin
Les comparto una publicación vieja que salió en Página 12. Es una nota a Ina May Gaskin, una partera estadounidense que con su trabajo demuestra que una mujer bien atendida, respetada y en intimidad puede parir sola.
Es una entrevista muy interesante ya que comenta porque es dificil parir solas en un hospital o clínica, menciona los aspectos que son pasados por alto, apoya al parto domiciliario y comenta algunos detalles de la maternidad. Vale la pena leerla!
Ina
May Gaskin es la pionera en realizar partos en el hogar, en un lugar
conocido como La Granja, en Tennessee, Estados Unidos, un icono de una
comunidad sesentista que no pasó de moda y fue más allá del símbolo de
la paz, pisoteado por los años. Ella se convirtió en esa década de
nuevas búsquedas en partera (cuando conoció a Stephen, su actual marido,
en 1968, después de su primer, y traumático parto, y él le enseñó cómo
no tener miedo y ayudar a la gente a relajarse). Después, ella quiso
aprender con Stephen a amarse para toda la vida y perduró no sólo en el
amor: también, como partera profesional.
Pero ella no es una neohippie reivindicada, es, genuinamente, quien
cambió el mundo de los nacimientos. Por eso, después de atender 1200
partos domiciliarios, a los 69 años, se convirtió en una experta en cómo
ayudar, alentar y animar a las mujeres que dan a luz. Ella dice que, a
pesar de sus arrugas y sus años, sigue ayudando a alumbrar porque la
adrenalina es tan fuerte como una droga ilegal. Lo dice y se ríe. Lo
dice y acaricia a Ulises Uriel, que tan sólo tiene 18 días y nació
precoz, pero se acurruca entre sus brazos y se enlaza con los dedos
amorosos y marcados por el tiempo y la vida de Ina. Ella contiene sus
brazos para que Ulises sepa que sigue abrazado y abrigado como en la
panza y desliza sus dedos –adornados con un anillo azul eléctrico que
también marca sus ganas de color y coraje– para que el recién llegado
sienta que hay aires de amor que acunan su sueño. Y, sienta o no la cuna
de una de las parteras más revolucionarias del siglo XX, él concilia el
sueño mientras Ina habla con Las 12.
Pero la sabiduría de Ina no se muestra sólo en ser una de las primeras mujeres que pusieron el cuerpo en hacer que el cuerpo de las mujeres (y no la palabra de los/las médicos) vuelva a ser protagonista de los nacimientos. La experiencia volcada en su dulzura y reflexión serena (que no suena radicalizada, sino amparadora de quien la escucha) también se demuestran en su flexibilidad, que aleja prejuicios y culpas: ella apunta a que los varones participen del nacimiento, a no hacer sentir en falta a las mujeres que no se animan a un parto domiciliario aunque compartan su filosofía y a que la actitud frente a la maternidad –si bien cree que está marcada por el momento inicial de la llegada al mundo– puede afrontarse con una mejor energía en cualquier momento de la vida.
Ina May Gaskin fue la presidenta de la Asociación de Parteras de Norteamérica y su apellido es el emblema de una técnica que descubrió en su trabajo –casi artesanal de alentar a las mujeres a resoplar sus fuerzas cuando la debilidad, el cansancio y el dolor fatigan la autoestima para continuar con el trabajo de parto– que se conoce como la “maniobra Gaskin” para resolver una mala posición en los hombros de los bebés.
Es la autora del libro Partería Espiritual (la naturaleza del nacimiento, entre el amor y la ciencia (publicado en la Argentina por Mujer Sabias Editoras) que recopila toda su experiencia de vida de traer vidas. También realizó su Guía para el parto. Y sigue escribiendo –ahora, por ejemplo, sobre la lactancia– y sigue acariciando, callando y pujando sus palabras para alentar a las mujeres a parir y a criar con amor y fuerza, como una antigua hechizera y una moderna experta que sabe acariciar –como a Ulises, el bebé que acaba de parir la partera argentina Marina Lembo– y que de eso enseña y de eso sigue aprendiendo. Ina visitó, por primera vez, la Argentina, invitada por el Proyecto Escuela de Parteras Comunitarias del siglo XXI (que motorizan la doula y comunicadora Sonia Cavia y la partera Marina Lembo con otras 32 mujeres más) y contó su historia de vida, brindándose, como en sus partos y como en su vida, a dar vidas.
RECUADRO
Ina May Gaskin: –Por lo menos es un comienzo, en Estados Unidos no existe este tipo de ley.
Sonia Cavia: –Que hayan incluido la violencia de género entre la violencia obstétrica es un reconocimiento del movimiento feminista a la violencia en el parto y, políticamente, dentro de lo que es el movimiento de mujeres, representa un gran paso.
Es una entrevista muy interesante ya que comenta porque es dificil parir solas en un hospital o clínica, menciona los aspectos que son pasados por alto, apoya al parto domiciliario y comenta algunos detalles de la maternidad. Vale la pena leerla!
Una vida trayendo vidas
Por Luciana PekerLa partera que revolucionó los nacimientos en el siglo XX, Ina May Gaskin, en la comunidad de La Granja, en Tennessee, Estados Unidos, visitó la Argentina y resaltó que las mujeres deben ser tratadas como diosas en el momento de parir, pero que no sólo en los partos en el hogar se puede llegar a nacimientos plenos. También incentivó a que las madres eviten la culpa y que la maternidad ofrece muchas oportunidades para conectarse con los hijos. Tiene 69 años, atendió 1200 partos en los que no murió ninguna mujer y sólo tuvo que recurrir en el 1 por ciento de los casos a cesáreas. Una historia de vida de una mujer que se dedicó a traer vidas.
Pero la sabiduría de Ina no se muestra sólo en ser una de las primeras mujeres que pusieron el cuerpo en hacer que el cuerpo de las mujeres (y no la palabra de los/las médicos) vuelva a ser protagonista de los nacimientos. La experiencia volcada en su dulzura y reflexión serena (que no suena radicalizada, sino amparadora de quien la escucha) también se demuestran en su flexibilidad, que aleja prejuicios y culpas: ella apunta a que los varones participen del nacimiento, a no hacer sentir en falta a las mujeres que no se animan a un parto domiciliario aunque compartan su filosofía y a que la actitud frente a la maternidad –si bien cree que está marcada por el momento inicial de la llegada al mundo– puede afrontarse con una mejor energía en cualquier momento de la vida.
Ina May Gaskin fue la presidenta de la Asociación de Parteras de Norteamérica y su apellido es el emblema de una técnica que descubrió en su trabajo –casi artesanal de alentar a las mujeres a resoplar sus fuerzas cuando la debilidad, el cansancio y el dolor fatigan la autoestima para continuar con el trabajo de parto– que se conoce como la “maniobra Gaskin” para resolver una mala posición en los hombros de los bebés.
Es la autora del libro Partería Espiritual (la naturaleza del nacimiento, entre el amor y la ciencia (publicado en la Argentina por Mujer Sabias Editoras) que recopila toda su experiencia de vida de traer vidas. También realizó su Guía para el parto. Y sigue escribiendo –ahora, por ejemplo, sobre la lactancia– y sigue acariciando, callando y pujando sus palabras para alentar a las mujeres a parir y a criar con amor y fuerza, como una antigua hechizera y una moderna experta que sabe acariciar –como a Ulises, el bebé que acaba de parir la partera argentina Marina Lembo– y que de eso enseña y de eso sigue aprendiendo. Ina visitó, por primera vez, la Argentina, invitada por el Proyecto Escuela de Parteras Comunitarias del siglo XXI (que motorizan la doula y comunicadora Sonia Cavia y la partera Marina Lembo con otras 32 mujeres más) y contó su historia de vida, brindándose, como en sus partos y como en su vida, a dar vidas.
¿Sólo puede haber partos plenos y disfrutables en las casas, granjas o lugares alternativos o también pueden existir partos dignos y lindos en un hospital porque una mujer no se anima o no puede tener a su bebé en su casa?
Ina May Gaskin: –Es posible tener un buen parto en un hospital, pero tiene que haber gente muy sensible para poder asistir a las mujeres. El más mínimo detalle puede hacer perder toda la energía que se mueve en el nacimiento.¿La atención de los sanatorios privados es más cuidada y la de los hospitales públicos es más brutal o no hay diferencias entre la atención sanitaria paga y gratuita?
Ina: –El resultado es el mismo: la madre es disminuida. Es una falsa distinción entre lo público y lo privado. Las mujeres son disminuidas de la misma manera en ambos sitios.Se está empezando a escuchar a mujeres que sienten culpa de no tener a sus bebés en sus casas. ¿Cómo hacer para promover los partos humanizados sin que las mujeres que no se animan o no pueden –por riesgos en su salud, porque su marido no las apoya, porque no tienen medios económicos, porque tienen miedo, etc.– no se sientan culpables?
Ina: –Es verdad que estos discursos, a veces, provocan una división en las mujeres que se sienten de un lado o del otro. Pero los partos domiciliarios pueden llegar a un 5 por ciento del total de los nacimientos que es una porción muy pequeña del total de alumbramientos. Pero es importante poder contar lo que sucede en estos partos: que las mujeres pueden vivir una experiencia linda y gozosa y que el bebé puede nacer en buenas condiciones. Es muy precioso eso que ocurre aunque sea sólo en el 5 por ciento de los casos. Y lo ideal es que eso se disemine. Es importante recordar esa energía intangible y que es muy fácil que sea ignorada. Sin embargo, no es una característica necesaria que se produzca sólo en los partos domiciliarios. En realidad, en el hospital se podría tener partos con conciencia de esa energía. Pero sólo con esa conciencia se puede generar un cambio.Hoy se habla mucho del embarazo y el parto. ¿Pero cómo se aplica esta filosofía de maternidad a lo largo de la crianza de los hijos e incluso cuando crecen y son jóvenes o adultos/as?
–Mi hijo Pablo tiene 35 años y vive en Nueva York y yo lo sigo cuidando. Una cree que cuando cumplen 18 años se terminaron las responsabilidades, pero la maternidad sigue toda la vida.La mayoría de las madres modernas sienten culpa: porque trabajan, porque no dieron la teta, porque no van todas las tardes al jardín de infantes o no pueden comprar una play station. ¿Qué se hace con esa culpa impuesta por la sociedad pero sentida por las mujeres?
–También es bueno practicar el perdón a una misma. Hay que ser compasiva con una como madre. Nunca se habla del padre perfecto, pero sí de la madre perfecta (risas).¿Cuál fue su experiencia como madre? ¿Ha sentido culpa?
–Con mi primera hija, Sidney, que se murió a los 20 años, de cáncer de cerebro, viví una experiencia difícil. Cuando nació ella, yo tenía 26 años y era muy inocente e ignorante. En ese momento, se hacían fórceps de rutina. Y yo ni siquiera sabía que podía buscar otro obstetra. Tuve mi primer parto con fórceps y fui muy abusada. Mi estrategia fue quedarme callada para pasar inadvertida. El trabajo de parto fue lindo y me pude convertir en un animal pariendo. Pero cuando sentí necesidad de pujar me dieron anestesia que no era peridural y sí muy peligrosa. Ahí entré en una situación de tortura medieval y cuando nace mi hija nos separan por un día entero. Eso dejó una herida muy grande en mi relación con esta hija. Pero yo me podría haber dejado quebrar por esta herida y porque no pude ser una buena madre con ella. Reparé con mis otros tres hijos: Eva María, de 37 años; Pablo, de 35, y Samuel, de 34. Pero durante su enfermedad –que le llevó un año entero– luché por Sidney: fui una fiera luchando por ella y mi hija pudo ver una madre diferente y recién, 19 años después, pude reparar ese proceso. Pude estar en el momento cuando murió mi hija y tenía la cara exactamente igual a la de un recién nacido.¿Cómo fueron los partos de sus otros hijos? ¿Siente que la diferencia en el momento del nacimiento también la marcó de una manera distinta como madre?
–Mis otros hijos fueron directo a las manos de las parteras de la comunidad y seguro que me marcaron de una manera diferente. Cuando en La Granja decidimos hacernos cargos de los nacimientos y se formó una hermandad entre las mujeres que asistían tu parto te trataban como una diosa en el acto pleno de parir.¿Cómo nace su pasión por ser partera?
–Cuando Sidney tenía un año y medio, mi ex pareja me dijo “Vamos a ser hippies y vamos a California a escuchar a un hombre llamado Stephen”. Ahí conocí a Stephen (que es mi actual marido) y a otras mujeres que habían pasado por la misma experiencia que yo del parto con fórceps y que habían decidido no ir más al hospital. Me pareció muy valiente y me propuse volver a recuperar la conciencia de que cada nacimiento tiene que ser sagrado.RECUADRO
VIOLENCIA OBSTETRICA: La nueva ley de género respalda los partos respetados
En la nueva Ley de Violencia de Género (aprobada en marzo de este año) se incluyó la violencia obstétrica como una de las formas de violencia contra las mujeres. ¿Creen que se puede usar esta nueva norma para disminuir o erradicar los maltratos y falta de escucha a las parturientas?Ina May Gaskin: –Por lo menos es un comienzo, en Estados Unidos no existe este tipo de ley.
Sonia Cavia: –Que hayan incluido la violencia de género entre la violencia obstétrica es un reconocimiento del movimiento feminista a la violencia en el parto y, políticamente, dentro de lo que es el movimiento de mujeres, representa un gran paso.
¿Cuánto les puede servir a las mujeres esta nueva norma?
Sonia: –No lo sé, pero sí es un reconocimiento político a la violación a los derechos humanos que existe en los partos en la Argentina.¿Se pueden presentar amparos previos a los nacimientos para garantizar que en el hospital o sanatorio se cumplan con determinadas condiciones (por ejemplo, el ingreso del padre a la sala de parto) que pida la pareja o la mujer?
Sonia: –Es una herramienta legal más. Un amparo refuerza el pedido de la pareja. Pero, en los hechos, es muy complicado reclamar para una mujer embarazada, en el momento del parto y del posparto.Números que hablan sobre nacer con respeto
Las cifras de los resultados del método de Ina May Gaskin
95,1% de partos finalizados en la casa de la parturienta
4,9% de situaciones que necesitaron un traslado a un hospital o sanatorio.
1,3% de emergencias que requirieron de un traslado urgente a un centro médico.
1,4% de nacimientos a través de cesáreas.
5,4% de partos vaginales después de una experiencia previa de cesárea.
0,5% de necesidad de usar fórceps.
8,9% de partos adelantados.
2,9% de bebés nacidos prematuros (con menos de 37 semanas).
49,9% de mujeres que tomaron líquidos durante el trabajo de parto.
29,1% de mujeres que comieron y bebieron durante el trabajo de parto.
1% de mujeres con depresión posparto
99% de inicio de lactancia materna
0% de mortalidad materna
Fuente: Resultados de 2028 embarazos y partos (de 1970 al 2000) publicados en Partería espiritual (la naturaleza del nacimiento entre el amor y la ciencia)
| Ina May Gaskin y su hijo Paul Benjamin |
4,9% de situaciones que necesitaron un traslado a un hospital o sanatorio.
1,3% de emergencias que requirieron de un traslado urgente a un centro médico.
1,4% de nacimientos a través de cesáreas.
5,4% de partos vaginales después de una experiencia previa de cesárea.
0,5% de necesidad de usar fórceps.
8,9% de partos adelantados.
2,9% de bebés nacidos prematuros (con menos de 37 semanas).
49,9% de mujeres que tomaron líquidos durante el trabajo de parto.
29,1% de mujeres que comieron y bebieron durante el trabajo de parto.
1% de mujeres con depresión posparto
99% de inicio de lactancia materna
0% de mortalidad materna
Fuente: Resultados de 2028 embarazos y partos (de 1970 al 2000) publicados en Partería espiritual (la naturaleza del nacimiento entre el amor y la ciencia)
lunes, 19 de diciembre de 2011
Michel Odent en Argentina con Carla Conte
Entre muchas cosas que leí en lo que va de este tiempo extraño 9+8 meses, en los que estoy siempre a disposición del dictado de mis hormonas y de mi cachorro, las propuestas que trae este médico francés me parecen geniales.
Este señor de ochenta y tantos años se llama Michel Odent. La escritora Laura Gutman lo nombra en sus libros. Trabajó en Francia y trabaja en Inglaterra, estudia todo lo relacionado a las etapas del parto natural. Pero natural más allá de no utilizar medicamentos. Él y su equipo buscan que los partos sean como fueron en el principio de nuestra especie. En donde las hembras parían solas, o apenas acompañadas, en su intimidad, conectadas con su ser más interior, en paz. El respeto no lo exigían porque lo tenían. Con los milenios, este poder de dar vida fue comenzando a sufrir interrupciones, comenzaron a surgir diversas actitudes sociales, de poder, que nos fueron complejizando y trabando algo tan natural hasta llegar a hoy, en donde nos dicen que parir es doloroso, que no podemos parir solas, que siempre pasa algo, que no sabemos parir. Por todo esto nos maltratan y de repente no somos seres dignos de ser respetados. Pero nuestro cuerpo sí sabe, sólo hay que saber dejarlo en la intimidad necesaria y recuerda que hacer y los cachorros nacen sanos.
Muchas cosas así estudia y experimenta Odent a lo largo de su carrera y lo cuenta para quien lo quiera escuchar. Estuvo la semana pasada en nuestro país y Carla Conte pudo entrevistarlo en su programa en la televisión pública. Les dejo la nota que salió al aire
Este señor de ochenta y tantos años se llama Michel Odent. La escritora Laura Gutman lo nombra en sus libros. Trabajó en Francia y trabaja en Inglaterra, estudia todo lo relacionado a las etapas del parto natural. Pero natural más allá de no utilizar medicamentos. Él y su equipo buscan que los partos sean como fueron en el principio de nuestra especie. En donde las hembras parían solas, o apenas acompañadas, en su intimidad, conectadas con su ser más interior, en paz. El respeto no lo exigían porque lo tenían. Con los milenios, este poder de dar vida fue comenzando a sufrir interrupciones, comenzaron a surgir diversas actitudes sociales, de poder, que nos fueron complejizando y trabando algo tan natural hasta llegar a hoy, en donde nos dicen que parir es doloroso, que no podemos parir solas, que siempre pasa algo, que no sabemos parir. Por todo esto nos maltratan y de repente no somos seres dignos de ser respetados. Pero nuestro cuerpo sí sabe, sólo hay que saber dejarlo en la intimidad necesaria y recuerda que hacer y los cachorros nacen sanos.
Muchas cosas así estudia y experimenta Odent a lo largo de su carrera y lo cuenta para quien lo quiera escuchar. Estuvo la semana pasada en nuestro país y Carla Conte pudo entrevistarlo en su programa en la televisión pública. Les dejo la nota que salió al aire
domingo, 18 de diciembre de 2011
Hoy, taller de fular: nudos para el verano
En breve estamos saliendo a
"SOY MAMA CANGURO" PORTABEBES
FERIA + TALLER DE PORTABEBES Junto a LATTE Remeras para amamantar.Te invitamos a la FERIA
DOMINGO 18 de DICIEMBRE
AV. CONGRESO 3571 Timbre 1 COGLHAN-C.A.B.A
De 17 hs a 20 hs.
Remeras para amamantar, vestiditos, musculosas,
Portabebés: Fulares, Bandoleras y Libros sobre ma(pa)ternidad
LLEVATe la PROMO FULAR + Libro!
*EL DOMINGO a las 17.30 hs TALLER DE PORTABEBES-NUDOS PRACTICOS PARA EL VERANO!
VENI a elegir TU regalo en un ambiente de tranquilidad y comodidad donde podés probarte lo que quieras y levarte lo que más te guste!
TE esperamos!
www.soymamacanguro.com.ar
"SOY MAMA CANGURO" PORTABEBES
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DOMINGO 18 de DICIEMBRE
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De 17 hs a 20 hs.
Remeras para amamantar, vestiditos, musculosas,
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viernes, 11 de noviembre de 2011
Malabares
Me siento mujer malabarista. Hace varios días que tengo empezado y pensado un budín de pan. Algunos informes a medio redactar. Correos por enviar. Plantificaciones a escribir. Entre todo lo que quiero hacer está disfrutarlo a mi cachorro. Y esto es lo de mayor importancia.
Me cuelgo acostándome a jugar con él, viéndolo disfrutar y descubrir a todo instante. Amamantándolo cada vez que él lo requiere. Atesoro sus brazos estirados pidiendome atención, contención, upa. Me gusta ser su nave para descubrir el mundo. Adoro su cara de plena felicidad cuando me ve volver del trabajo.
Pese a todas estas cosas que me maravillan y enamoran, tengo que luchar contra mí misma. Es como si en estos días me hubiera desdoblado. Hay una parte de mí, quizás por responder a las presiones externas o quizás solamente por querer cumplir mis viejos sueños, que quiere hacer siempre otra cosa. Alguna otra cosa, de las tantas que adeudo. Y este quiebre interno me duele.
Siento que finalmente no logro estar en ninguna de las dos situaciones bien, claro, cuando estoy en casa. Afuera, en mis momentos de trabajo formal es diferente. Sin embargo, ya me he ido con lágrimas por dejarlo reclamandome.
¿Les pasa?
Hoy vino mi mamá al final de la tarde. Fue un alivio. Me hace falta tribu tangible, manada. Brazos que se ocupen de darle atención mientras yo descanso de mi papel por un rato haciendo alguna otra cosa. Todos dicen que la maternidad te cambia la vida. Yo me siento mas malabarista que antes, mas que nunca. Y es que busco un equilibrio que no se si existe, pero que es parte de dos mundos, un equilibrio que unifica mi mundo y el mundo del ser que me hizo mamá.
¿Si podré? Quien sabe! aunque no de mas, lo intento
Me cuelgo acostándome a jugar con él, viéndolo disfrutar y descubrir a todo instante. Amamantándolo cada vez que él lo requiere. Atesoro sus brazos estirados pidiendome atención, contención, upa. Me gusta ser su nave para descubrir el mundo. Adoro su cara de plena felicidad cuando me ve volver del trabajo.Pese a todas estas cosas que me maravillan y enamoran, tengo que luchar contra mí misma. Es como si en estos días me hubiera desdoblado. Hay una parte de mí, quizás por responder a las presiones externas o quizás solamente por querer cumplir mis viejos sueños, que quiere hacer siempre otra cosa. Alguna otra cosa, de las tantas que adeudo. Y este quiebre interno me duele.
Siento que finalmente no logro estar en ninguna de las dos situaciones bien, claro, cuando estoy en casa. Afuera, en mis momentos de trabajo formal es diferente. Sin embargo, ya me he ido con lágrimas por dejarlo reclamandome.
¿Les pasa?
Hoy vino mi mamá al final de la tarde. Fue un alivio. Me hace falta tribu tangible, manada. Brazos que se ocupen de darle atención mientras yo descanso de mi papel por un rato haciendo alguna otra cosa. Todos dicen que la maternidad te cambia la vida. Yo me siento mas malabarista que antes, mas que nunca. Y es que busco un equilibrio que no se si existe, pero que es parte de dos mundos, un equilibrio que unifica mi mundo y el mundo del ser que me hizo mamá.
¿Si podré? Quien sabe! aunque no de mas, lo intento
viernes, 4 de noviembre de 2011
Estas ultimas semanas... no doy mas
Hace un tiempo que no encuentro tiempo para sentarme tranquila a escribir.
Hace un tiempo que mi cabeza me martilla todos los "debo" que debo.
Hace un tiempo que mi propia exigencia me supera.
Hace un tiempo que me esfuerzo hasta que mi cabeza explota y los músculos de mi espalda se quejan.
Y, bueno, así... no doy más.
¿Les pasa?
¿Será que me exijo más de lo debido? Sólo estamos nosotros dos con las variadas tareas de la casa. Las mascotas, nuestras plantas y huerta requieren nuestros cuidados. Tenemos muchas salidas sociales que cumplir y disfrutar. El embarazo y el nacimiento me dejaron muchos proyectos a la mitad, algunos de los cuales debo terminarlos, otros no hay apuro. Debo corregir cosas, cumplir con mi trabajo en las escuelas, que necesita de planificación en casa. Quiero comer saludable, lo cual implica saber qué cosas necesito para cocinar, comprarlas si no las tengo y cocinarlas. Quiero criar al cachorro con afecto, con apego, con paciencia. Lo quiero DISFRUTAR. El cachorro debe ir al médico, estar limpio, tener pañales, ahora debemos saber si lo llevaremos a una guardería o no, entonces hay que salir a recorrer colegios y obtener una vacante... La lista sigue.
Estoy ahogándome. Si me relajo me duermo. En los momentos que tengo libres, porque el cachorro duerme, mi cabeza esta alocadamente girando y tardo tanto en concentrarme que cuando lo logro... mi cachorro ya se despertó de nuevo y adiós tiempo de tranquilidad.
¿Cómo se hace para que no nos gane el desorden, el malhumor? Tampoco es que quiera todo de punta en blanco, pero así no voy a durar mucho más. Me siento un poco sola en las cosas que debo hacer, como que lucho para cada cosa contra una gran inercia. El desequilibrio entre lo que hice y lo que debo siempre es terrible y esto me mantiene siempre bajo tensión.
¿Será que el desapego evita esto? ¿contrato una niñera 8hs al día? ¿llevo al cachorro a un jardín maternal? ¿es la única solución?
Esta última semana no tuve mis momentos de no cuidar al cachorro. Quizás por eso este particularmente sensible y extremadamente cansada. Fui madre maternante, enfermera de mi cachorro, ama de casa, compañera y mujer que trabaja todos los días, casi a toda hora. ¿A esto se referían cuando dicen que una misma se pierde, que se desdibuja?
Si, la verdad, es que escribo estoy y me aflojo. Estoy triste. Estoy sola. Este momento es el único de la semana en el que me siento tranquila. El cachorro duerme. Mi compañero salió. Las mascotas descansan. Me aflojo y lloro. Se me desata el nudo de la garganta que me apretó todos estos días.
¿Cómo se equilibra la crianza con apego a mí, con todas las cosas que hago?
Seguro, algo deberá cambiar...
Hace un tiempo que mi cabeza me martilla todos los "debo" que debo.
Hace un tiempo que mi propia exigencia me supera.
Hace un tiempo que me esfuerzo hasta que mi cabeza explota y los músculos de mi espalda se quejan.
Y, bueno, así... no doy más.
¿Les pasa?
¿Será que me exijo más de lo debido? Sólo estamos nosotros dos con las variadas tareas de la casa. Las mascotas, nuestras plantas y huerta requieren nuestros cuidados. Tenemos muchas salidas sociales que cumplir y disfrutar. El embarazo y el nacimiento me dejaron muchos proyectos a la mitad, algunos de los cuales debo terminarlos, otros no hay apuro. Debo corregir cosas, cumplir con mi trabajo en las escuelas, que necesita de planificación en casa. Quiero comer saludable, lo cual implica saber qué cosas necesito para cocinar, comprarlas si no las tengo y cocinarlas. Quiero criar al cachorro con afecto, con apego, con paciencia. Lo quiero DISFRUTAR. El cachorro debe ir al médico, estar limpio, tener pañales, ahora debemos saber si lo llevaremos a una guardería o no, entonces hay que salir a recorrer colegios y obtener una vacante... La lista sigue.
Estoy ahogándome. Si me relajo me duermo. En los momentos que tengo libres, porque el cachorro duerme, mi cabeza esta alocadamente girando y tardo tanto en concentrarme que cuando lo logro... mi cachorro ya se despertó de nuevo y adiós tiempo de tranquilidad.
¿Cómo se hace para que no nos gane el desorden, el malhumor? Tampoco es que quiera todo de punta en blanco, pero así no voy a durar mucho más. Me siento un poco sola en las cosas que debo hacer, como que lucho para cada cosa contra una gran inercia. El desequilibrio entre lo que hice y lo que debo siempre es terrible y esto me mantiene siempre bajo tensión.
¿Será que el desapego evita esto? ¿contrato una niñera 8hs al día? ¿llevo al cachorro a un jardín maternal? ¿es la única solución?
Esta última semana no tuve mis momentos de no cuidar al cachorro. Quizás por eso este particularmente sensible y extremadamente cansada. Fui madre maternante, enfermera de mi cachorro, ama de casa, compañera y mujer que trabaja todos los días, casi a toda hora. ¿A esto se referían cuando dicen que una misma se pierde, que se desdibuja?
Si, la verdad, es que escribo estoy y me aflojo. Estoy triste. Estoy sola. Este momento es el único de la semana en el que me siento tranquila. El cachorro duerme. Mi compañero salió. Las mascotas descansan. Me aflojo y lloro. Se me desata el nudo de la garganta que me apretó todos estos días.
¿Cómo se equilibra la crianza con apego a mí, con todas las cosas que hago?
Seguro, algo deberá cambiar...
jueves, 20 de octubre de 2011
Postnatal, apego, lactancia prolongada... una tendencia que crece
| Leslie Power y la foto problemática |
En ese momento dijo "Esto es una censura, pero lo más terrible aún es que es una censura a la crianza, a la entrega y al amor".
Ella es psicóloga clínica y es experta en desarrollo infantil. Es una de las fundadoras de la institución Espacio Crianza, organización que se dedica a ofrecer ayuda a los padres en la etapa de crianza de sus hijos, y promotora del Movimiento Ciudadano por el Postnatal de 6 meses que acaba de entrar en vigencia en Chile.
Como otras veces, les comparto una nota interesante de María José Errázuriz L. publicada en Emol.
“La mujer recién está comprendiendo
las malas jugadas del feminismo”
Es apasionada y da sus batallas hasta el final. Por eso, no se amilanó hace un año, cuando Facebook trató de cerrar su cuenta porque había subido una foto amamantando a su hijo que fue considerada indecente.
Tampoco bajó los brazos durante la larga discusión del post natal de 6 meses, ocasión en que hizo escuchar la voz de quienes abogan por una lactancia a libre demanda prolongada, el colecho (dormir cercano) y la crianza en brazos (mamá canguro).
Es que Leslie Power es así, apasionada. Calificada por muchos de extremista en sus posturas, ella no se complica porque cree firmemente que su lucha es un bien superior, los derechos de los niños. Psicóloga clínica, difunde sus posiciones a través de Espacio Crianza y asegura que en la actualidad la mujer, madre, está viviendo en el peor de los mundos, donde el embarazo y el parto han sido convertidos en un negociado.
“Dicen que demonizo la cesárea y la leche de fórmula, pero eso no es así. Bienvenidas ambas cuando son realmente necesarias, pero por favor, que alguien me explique por qué de Plaza Italia para arriba la tasa de cesáreas es de un 67% cuando en el mundo es de un 5”, señala vehemente.
-Si tenemos esas tasas de cesáreas es porque las mujeres están dispuestas a eso.
“Sí, pero para mí, la mujer es una víctima del sistema que recién está comprendiendo que esto es una mala jugada del feminismo. Se agradece el feminismo en tanto ganamos calle, universidad, voto, anticoncepción, pero la salida de la mujer de la casa no consiguió que el hombre entrara a la casa, quedando los hijos al desamparo, al cuidado de un tercero. Lo que estamos haciendo es abandonar a nuestras crías o institucionalizarlas (sala cuna-jardín) a temprana edad.
“Y la sala cuna no es buena. No es buena porque las mujeres nunca hemos estado preparadas para cuidar octillizos; si así fuese, bienvenida la sala cuna y yo cuido a ocho en el mejor de los casos, 15 a veces. La mujer está preparada para cuidar a uno, con excepción de mellizos”.
-Te olvidas de la libertad de las mujeres para tomar sus decisiones. La libertad de querer tener una maternidad tardía, de querer dar pecho tres meses, de trabajar...
“Desde qué lugar toman su decisión. Lo único que han conseguido con ello es un aumento del tabaquismo, del alcohol, de los tranquilizantes, ataques cardíacos anticipados, estrés. Las del barrio alto con justa razón se ‘piscolean’ para relajarse un rato si han trabajado como esclavas toda la semana”.
-Okey, pero siguen siendo opciones personales.
“El tema aquí es que hay derechos por los que velar, y el derecho del niño, que es vulnerable, dependiente, alguien lo tiene que proteger. Somos el único mamífero, el más inteligente, que está pegado casi 20 años a su madre y padre, mientras que otros, se alejan después de algunos meses. Si nosotros no nos vinculamos –ahí está la teoría del apego- correctamente, el efecto será negativo. La succión del niño al nacer no es por hambre, es porque tiene necesidad de seguridad. Los 30 minutos después del parto son claves para determinar una buena lactancia, pero los niños son retirados a los minutos porque el doctor tiene consulta”.
Leslie Power es categórica. “La lactancia es el mejor alimento biológico, afectivo, psicológico, cognitivo, social de un niño y eso explica porque los nórdicos han establecido postnatales de 2 años” y profundiza en la idea de que sea libre demanda, indicando que la guagua quiere succionar para sentirse seguro. “Cuando una madre es más rápida en la satisfacción de su guagua hay menos estrés en el cerebro del niño; en palabras simples, a mayor placer, más caminos neuronales, más inteligente; a mayor estrés, cortisol, caminos rotos”.
-¿Ese debería ser el post natal? ¿Dos años?
“Una guagua es considerada como tal hasta los dos años; un recién nacido requiere de contacto piel a piel a lo menos de tres meses y de ahí que existan las mamás canguros, algo que las indias hacían no porque no existieran los coches. La modernidad hace que las casas tengan una pieza para cada niño y después yo tengo pacientes aquí que me consultan por qué su hijo de 11 años se sigue metiendo a su cama. Y me explica que sacó a la guagua de su pieza a los 2 meses y aplicó el método “Duérmete niño” que es traumatización cerebral pura”.
-¿Bajo está mirada, un post natal de 6 meses es insuficiente?
“Sin duda. Peor aún, esto no es un post natal, es un permiso parental post natal donde yo tengo la posibilidad de trabajar jornada reducida y traspasar 6 semanas al padre. El mensaje de la ley dice que es para garantizar la salud de los niños y eso se consigue con lactancia exclusiva, ¿dónde se ha visto a un hombre que dé pecho? Esto tiene que ver con un derecho, con tratados internacionales de la Unicef, la OMS, y muchos otros, que Chile tiene el deber de cumplir”.
-Pero no se puede obligar a la mujer a poner la pechuga.
“No se tiene que obligar a nadie, pero se tiene que entender que existe un derecho universal del niño de recibir el mejor alimento que es la leche materna”.
-La madre puede dejar la leche en mamadera para que se la dé el padre.
“Perfecto, entonces ahí tenemos que aceptar que la figura de apego es el padre. ¡Mujer, decide informadamente porque tu hijo es dependiente y sin ti no sobrevive! Muchos cuestionan que la mujer esté fuera del trabajo 6 meses, pero a nadie se le ocurre pensar en el horror que es dejar a una cría. ¿Y después que tenemos? Ritalín a destajo, psicopedagogas, fonoaudiólogas, psicólogas para que los niños aprendan a manejar sus emociones, furgones escolares acarreando niños, a la tía papasfritas, a la tía Yingo, y nos preguntamos por qué los niños tienen tantos problemas”.
-Hay expertos que señalan que los 6 meses de post natal no es adecuado, porque a esa edad el niño tendrá conciencia de la partida de la madre, cosa que no ocurre a los 3.
“Los estudios señalan que la ansiedad ante el extraño, que es cuando el niño reconoce al otro, se da recién a los 8 meses. Patricia Crittenden sostiene eso, pero pregúntale a ella qué le pasa a una guagua al ser abandonada a los 3 meses, cómo experimenta sus angustias”.
Leslie hace un alto y denuncia: “hace tres meses Piñera levantó la prohibición que existía de hacer publicidad de leche de fórmula. Somos el segundo país después de Estados Unidos, no hay más, porque nadie en su sano juicio lo haría. La humanidad ha sobrevivido de leche materna porque es mágica”.
-Tu postura es vista como excluyente por muchos, una postura que deja a la madre como única figura de apego, única encargada de los niños.
“Mi postura no es excluyente. Yo trabajo con familias, para que una mujer pueda desplegar sus habilidades maternas, necesita estar contenida no sólo por su pareja, si no por su familia, por la sociedad completa, la tribu. Cuando se protege a una madre en post parto se está protegiendo a un hijo y a la madre. La lactancia prolongada, es decir, más de 6 meses es protección del cáncer del pecho, de ovarios, de la osteoporosis, de la depresión post parto.
“Si fuéramos una sociedad que avanza, o mejor dicho retoma lo de nuestros antepasados, la mujer debiera trabajar con su cría a cuestas. A mí me daría mucha lata estar en reclusión domiciliaria porque tuve mi guagua; lo moderno sería tenerla, darle su tiempo, tener un buen acople y partir a trabajar con la guagua. Tengo cuatro pacientes que lo han hecho y nadie se ha atrevido a ponerles mala cara porque la imagen de una madre con su hijo es muy potente”.
-¿Quedaron cosas pendientes tras la dictación de la ley? ¿Puede ser mejorada?
“Hay mucho que hacer, y estamos trabajando con el Sernam. Este permiso parental post natal requiere de un apoyo a los partos respetados, a la lactancia, a la crianza, a la conciliación real familia-trabajo, a la flexibilidad. Nuestros hijos están muy solos”.
miércoles, 12 de octubre de 2011
Los bebes que no lloran, ¿hay un secreto?
Hola
queria escribir algo sobre cómo empecé a conocer el mundo de la crianza con apego, crianza natural o en brazos.... como dí con los sistemas de porteo y este mundo de cosas y cositas. Pues bien, al quedar embarazada en algun momento me di cuenta que los bebés de las koyas no lloran. He estado varias veces en provincias del NOA, Bolivia y Peru y nunca los he escuchado llorar ¿por qué? Por ahora, en lugar de contarles cómo fue toda mi búsqueda les comparto esta entrada del blog de Sarai Llamas que cuenta algo similar, pero de los bebés de culturas africanas. Se los dejo....
Los niños africanos no lloran, ¿cuál es el secreto?
Nací y crecí en Kenya y en Costa de Marfil hasta la edad de 15 años, luego me transferí al Reino Unido. Sin embargo, siempre he sabido que quería criar a mis hijos (cuando los tuviera) en casa, en Kenya. Sí, daba por supuesto que tendría hijos.
Soy una mujer africana moderna: con dos licenciaturas, pertenezco a la cuarta generación de mujeres que trabajan en mi familia. Pero cuando se trata de niños, soy una africana tradicional. Sigue siendo mi convicción que la vida no está completa sin hijos y que los niños son una bendición a la cual renunciar es una locura. De hecho, no tener hijos no es ni siquiera considerado.
Mi embarazo inició en el Reino Unido. Con el embarazo sentí un fuerte impulso a volver a casa, y cuando estaba de cinco meses ya había vendido mi estudio y establecido una nueva actividad, me había mudado de casa y de continente.
Cuando supe que esperaba un hijo hice lo que la mayoría de las mujeres embarazadas en el Reino Unido haría, leía vorazmente: Our Babies, Ourselves, Uncoditional Parenting, todos libros de W. Sears, y la lista podría continuar (mi abuela después me comentó que los niños no leen libros y que todo lo que tenía que hacer era “leer” a mi bebé).
Todo lo que leía decía que los niños africanos lloran menos que los niños europeos. Esto me intrigó mucho y quería averiguar el por qué.
Una vez en casa, en Kenya, comencé a observar. Mi mirada se dirigía hacia las madres y los niños, y estaban por todas partes, incluso si los bebés africanos menores de un mes y medio de vida están sobre todo en casa.
Lo primero que noté fue que, a pesar de su ubicuidad, en realidad era muy difícil “ver” realmente a un bebé en Kenya. Por lo general están muy bien “vendados” antes de ser cogidos en brazos o envueltos con un fular sobre la espalda de su madre (a veces el padre). Incluso los más mayores, envueltos en la espalda de los adultos, están protegidos con una tela de grandes dimensiones. La forma en la que están envueltos es como una réplica de un útero. Los niños están literalmente enfundados con el fin de ser protegido contra el estrés del mundo exterior al cual han recientemente llegado.
La segunda observación que me quedó clara era legada a una diferencia cultural. En el Reino Unido se supone que los bebés lloran, el llanto es inherente al niño. En Kenya, sucede exactamente lo contrario: se supone que los niños no lloran. Si lo hacen es un signo de que algo terrible sucede y tenemos que actuar inmediatamente para poner remedio y eliminar la causa. Mi cuñada inglesa una vez me dijo: «Aquí a la gente no le gusta que los niños lloren, ¿verdad?». Me di cuenta de que su observación resumía perfectamente la diferencia.
Todo se volvió aún mucho más claro cuando por fin dí a luz y mi abuela vino a verme desde su poblado. Mi bebé lloraba muy a menudo, de hecho. Exasperada y cansada, se me olvidó todo aquello que había leído, y a veces me daban ganas de llorar con ella. Pero para mi abuela era muy simple: «¡Nyonyo!», «¡Dále el pecho!», era su respuesta a cada simple gemido.
Había momentos en los que lloraba porque tenía el pañal mojado, o quería estar en sus brazos, o porque necesitaba echar el aire, pero sobre todo quería que le diese el pecho —y no importaba si tenía hambre o si sólo necesita un momento de consuelo. La llevaba envuelta en mi espalda con el fular, y dormía casi siempre con ella (colecho), de tal forma que darla el pecho era una extensión natural de aquello que ya hacíamos.
Improvisamente me dí cuenta de que el secreto del alegre silencio de los bebés africanos no era tan difícil de desvelar. Se trataba de una simbiosis constituida para satisfacer las necesidades. Algo que requiere una total suspensión de la idea de lo que debería haber sido, sustituyéndola por la aceptación, sin condiciones, de lo que realmente está sucediendo en ese momento.
El resultado fue que mi hija comía mucho —mucho más de aquello que había leído nunca y por lo menos cinco veces más de lo que establecían ciertas pautas de nutrición que había visto.
A los cuatro meses aproximadamente, cuando la mayoría de las madres de la ciudad empiezan a introducir alimentos sólidos, de acuerdo con los patrones de destete, mi hija retornó a un ritmo de lactancia de recién nacido: la daba el pecho cada hora, fue un shock total. En los últimos cuatro meses, el tiempo entre toma y toma había comenzado a aumentar, y yo había iniciado a tratar a algunos pacientes sin que mis pechos gotearan y sin que la niñera interrumpiera las sesiones porque el bebé tenía hambre.
La mayoría de las madres, del grupo de madres y bebés al que asistía, habían diligentemente comenzado a introducir la crema de arroz (para prolungar el tiempo entre tomas) y todos los profesionales involucrados en la vida de nuestros hijos —los pediatras, e incluso las doulas— decían que era lo mejor: las madres necesitaban descansar, era asombroso el esfuerzo de estos últimos cuatro meses de lactancia materna exclusiva. Ellos nos aseguraron que nuestros niños estarían bien.
Sin embargo, sentí algo dentro de mí que desafinaba, y cuando intenté, sin mucha convicción, mezclar un poco de papaya (es la comida tradicional para el destete en Kenya), con leche en polvo y se lo ofrecí a mi hija, ella ni siquiera lo probó.
Así que llamé a mi abuela. Ella se hecho a reír y me preguntó si yo había vuelto a leer libros. Me explicó que la lactancia materna está muy lejos de ser lineal.
«Te dirá ella cuando estará lista para la comida, su cuerpo te le dirá»
«¿Qué debo hacer hasta entonces?» le pregunté ansiosa.
«Sigue haciendo aquello que has hecho hasta ahora, simplemente Nyonyo».
Así que mi vida se sosegó de nuevo, se detuvo prácticamente. Mientras que muchas de mis compañeras se asombraban cada vez más de cómo dormían sus hijos ahora que habían introducido la crema de arroz, e incluso se aventuraban con otros alimentos, yo me despertaba cada dos horas con mi hija e informaba a los pacientes que lo de volver al trabajo no sería tan fácil como me lo esperaba.
Pronto descubrí que me estaba convirtiendo, involuntariamente, en un servicio de apoyo y de información para otras madres de la ciudad. Mi número de teléfono empezó a pasarse entre las madres y, a menudo, mientras amamantaba a mi bebé pronunciaba estas palabras: «Sí, dale otra vez el pecho. Sí, incluso si se lo acabas de dar. Sí, hay veces que no encuentras ni siquiera el tiempo para quitarte el pijama durante todo el día. Sí, necesitas comer y beber como un caballo. No, no tienes que volver a trabajar si te lo puedes permitir». Por último, tranquilizaba a las madres: «No te preocupes, después será más fácil». Esta última frase era una profesión de fe, porque para mí las cosas no eran más fáciles.
Una semana antes de que mi bebé hiciera cinco meses, regresé a Inglaterra para ir a una boda y para presentarles a mi hija a la familia y a los amigos. No tenía exigencias particulares, por lo que fue fácil continuar con los ritmos de la lactancia. Continué, a pesar de las miradas de muchos extranjeros, que me observaban desconcertados sólo por el hecho de que daba el pecho a mi hija en lugares públicos (muchos “espacios para la lactancia materna” estaban relegados en los cuartos de baño, y yo no quería usarlos).
En la boda, en la mesa durante el banquete, la gente que estaba cerca de nosotros observó: «Que niña más tranquila, pero la das el pecho mucho». No comenté nada, pero cuando otra mujer me dijo: «He leído en alguna parte que los niños africanos no lloran casi nunca», no pude reprimir una carcajada.
Lo más importante que me ha guiado ha sido la dulce sabiduría de mi abuela:
1. Ofrecerle el pecho cada vez que el bebé tenga algún problema, incluso si lo acaba de hacer.
2. Duerme junto a tu bebé (colecho). Así puedes darlo el pecho antes de que se despierte completamente y esto le permitirá volver a dormir más fácilmente y podrás descansar más.
3. Ten cerca una botella de agua durante la noche: para mantenerte hidratada y hacer fluir la leche.
4. Haz de la lactancia materna tu prioridad (particularmente durante los períodos de crecimiento) y déjate ayudar de los que te rodean. Y recuerda: son pocas las cosas que no pueden esperar.
Lea a su hijo, no libros. La lactancia materna no es lineal, sube y baja o es circular. Y recuerde: usted es el experto en las necesidades de su hijo.
J. Claire K. Niala es la autora de este testimonio, es madre y osteópata. Claire es una mujer a la que le encanta explorar las diferencias que afortunadamente todavía existen entre las diferentes culturas de todo el mundo. Nació y creció en Kenya, Costa de Marfil y en el Reino Unido. Ha trabajado y vivido en tres continentes y ha visitado al menos un nuevo país cada año desde que tenía 12 años. Sus compañeros de viaje favoritos son su madre y su hija, cuyas historias y el interés por los que le rodean han llevado a Claire a descubrir e interactuar con el mundo en formas que nunca imaginó.
(Traducido por Sarai Llamas de http://bebeeconomico.wordpress.com/)
| La imagen es de http://libellune.com/v2/ |
Testimonio escrito por Claire en el sitio web inglés InCultureParent. Se trata de una madre africana, que vive desde hace varios años en Inglaterra, y nos describe su experiencia de los primeros seis meses de vida de su hija, en los cuales ha “descubierto” la sabiduría del instinto en sus raíces. Os dejo con una lectura aleccionadora, que nos deja con una sencilla regla: el bebé es el único manual del cual nos debemos fiar si queremos ser unos buenos padres. Os daréis cuenta de lo poco que cuesta hacer a un niño feliz.
Los niños africanos no lloran, ¿cuál es el secreto?
Nací y crecí en Kenya y en Costa de Marfil hasta la edad de 15 años, luego me transferí al Reino Unido. Sin embargo, siempre he sabido que quería criar a mis hijos (cuando los tuviera) en casa, en Kenya. Sí, daba por supuesto que tendría hijos.
Soy una mujer africana moderna: con dos licenciaturas, pertenezco a la cuarta generación de mujeres que trabajan en mi familia. Pero cuando se trata de niños, soy una africana tradicional. Sigue siendo mi convicción que la vida no está completa sin hijos y que los niños son una bendición a la cual renunciar es una locura. De hecho, no tener hijos no es ni siquiera considerado.
Mi embarazo inició en el Reino Unido. Con el embarazo sentí un fuerte impulso a volver a casa, y cuando estaba de cinco meses ya había vendido mi estudio y establecido una nueva actividad, me había mudado de casa y de continente.
Cuando supe que esperaba un hijo hice lo que la mayoría de las mujeres embarazadas en el Reino Unido haría, leía vorazmente: Our Babies, Ourselves, Uncoditional Parenting, todos libros de W. Sears, y la lista podría continuar (mi abuela después me comentó que los niños no leen libros y que todo lo que tenía que hacer era “leer” a mi bebé).
Todo lo que leía decía que los niños africanos lloran menos que los niños europeos. Esto me intrigó mucho y quería averiguar el por qué.
Una vez en casa, en Kenya, comencé a observar. Mi mirada se dirigía hacia las madres y los niños, y estaban por todas partes, incluso si los bebés africanos menores de un mes y medio de vida están sobre todo en casa.
Lo primero que noté fue que, a pesar de su ubicuidad, en realidad era muy difícil “ver” realmente a un bebé en Kenya. Por lo general están muy bien “vendados” antes de ser cogidos en brazos o envueltos con un fular sobre la espalda de su madre (a veces el padre). Incluso los más mayores, envueltos en la espalda de los adultos, están protegidos con una tela de grandes dimensiones. La forma en la que están envueltos es como una réplica de un útero. Los niños están literalmente enfundados con el fin de ser protegido contra el estrés del mundo exterior al cual han recientemente llegado.
La segunda observación que me quedó clara era legada a una diferencia cultural. En el Reino Unido se supone que los bebés lloran, el llanto es inherente al niño. En Kenya, sucede exactamente lo contrario: se supone que los niños no lloran. Si lo hacen es un signo de que algo terrible sucede y tenemos que actuar inmediatamente para poner remedio y eliminar la causa. Mi cuñada inglesa una vez me dijo: «Aquí a la gente no le gusta que los niños lloren, ¿verdad?». Me di cuenta de que su observación resumía perfectamente la diferencia.
Todo se volvió aún mucho más claro cuando por fin dí a luz y mi abuela vino a verme desde su poblado. Mi bebé lloraba muy a menudo, de hecho. Exasperada y cansada, se me olvidó todo aquello que había leído, y a veces me daban ganas de llorar con ella. Pero para mi abuela era muy simple: «¡Nyonyo!», «¡Dále el pecho!», era su respuesta a cada simple gemido.
Había momentos en los que lloraba porque tenía el pañal mojado, o quería estar en sus brazos, o porque necesitaba echar el aire, pero sobre todo quería que le diese el pecho —y no importaba si tenía hambre o si sólo necesita un momento de consuelo. La llevaba envuelta en mi espalda con el fular, y dormía casi siempre con ella (colecho), de tal forma que darla el pecho era una extensión natural de aquello que ya hacíamos.
Improvisamente me dí cuenta de que el secreto del alegre silencio de los bebés africanos no era tan difícil de desvelar. Se trataba de una simbiosis constituida para satisfacer las necesidades. Algo que requiere una total suspensión de la idea de lo que debería haber sido, sustituyéndola por la aceptación, sin condiciones, de lo que realmente está sucediendo en ese momento.
El resultado fue que mi hija comía mucho —mucho más de aquello que había leído nunca y por lo menos cinco veces más de lo que establecían ciertas pautas de nutrición que había visto.
A los cuatro meses aproximadamente, cuando la mayoría de las madres de la ciudad empiezan a introducir alimentos sólidos, de acuerdo con los patrones de destete, mi hija retornó a un ritmo de lactancia de recién nacido: la daba el pecho cada hora, fue un shock total. En los últimos cuatro meses, el tiempo entre toma y toma había comenzado a aumentar, y yo había iniciado a tratar a algunos pacientes sin que mis pechos gotearan y sin que la niñera interrumpiera las sesiones porque el bebé tenía hambre.
La mayoría de las madres, del grupo de madres y bebés al que asistía, habían diligentemente comenzado a introducir la crema de arroz (para prolungar el tiempo entre tomas) y todos los profesionales involucrados en la vida de nuestros hijos —los pediatras, e incluso las doulas— decían que era lo mejor: las madres necesitaban descansar, era asombroso el esfuerzo de estos últimos cuatro meses de lactancia materna exclusiva. Ellos nos aseguraron que nuestros niños estarían bien.
Sin embargo, sentí algo dentro de mí que desafinaba, y cuando intenté, sin mucha convicción, mezclar un poco de papaya (es la comida tradicional para el destete en Kenya), con leche en polvo y se lo ofrecí a mi hija, ella ni siquiera lo probó.
Así que llamé a mi abuela. Ella se hecho a reír y me preguntó si yo había vuelto a leer libros. Me explicó que la lactancia materna está muy lejos de ser lineal.
«Te dirá ella cuando estará lista para la comida, su cuerpo te le dirá»
«¿Qué debo hacer hasta entonces?» le pregunté ansiosa.
«Sigue haciendo aquello que has hecho hasta ahora, simplemente Nyonyo».
Así que mi vida se sosegó de nuevo, se detuvo prácticamente. Mientras que muchas de mis compañeras se asombraban cada vez más de cómo dormían sus hijos ahora que habían introducido la crema de arroz, e incluso se aventuraban con otros alimentos, yo me despertaba cada dos horas con mi hija e informaba a los pacientes que lo de volver al trabajo no sería tan fácil como me lo esperaba.
Pronto descubrí que me estaba convirtiendo, involuntariamente, en un servicio de apoyo y de información para otras madres de la ciudad. Mi número de teléfono empezó a pasarse entre las madres y, a menudo, mientras amamantaba a mi bebé pronunciaba estas palabras: «Sí, dale otra vez el pecho. Sí, incluso si se lo acabas de dar. Sí, hay veces que no encuentras ni siquiera el tiempo para quitarte el pijama durante todo el día. Sí, necesitas comer y beber como un caballo. No, no tienes que volver a trabajar si te lo puedes permitir». Por último, tranquilizaba a las madres: «No te preocupes, después será más fácil». Esta última frase era una profesión de fe, porque para mí las cosas no eran más fáciles.
Una semana antes de que mi bebé hiciera cinco meses, regresé a Inglaterra para ir a una boda y para presentarles a mi hija a la familia y a los amigos. No tenía exigencias particulares, por lo que fue fácil continuar con los ritmos de la lactancia. Continué, a pesar de las miradas de muchos extranjeros, que me observaban desconcertados sólo por el hecho de que daba el pecho a mi hija en lugares públicos (muchos “espacios para la lactancia materna” estaban relegados en los cuartos de baño, y yo no quería usarlos).
Lo más importante que me ha guiado ha sido la dulce sabiduría de mi abuela:
1. Ofrecerle el pecho cada vez que el bebé tenga algún problema, incluso si lo acaba de hacer.
2. Duerme junto a tu bebé (colecho). Así puedes darlo el pecho antes de que se despierte completamente y esto le permitirá volver a dormir más fácilmente y podrás descansar más.
3. Ten cerca una botella de agua durante la noche: para mantenerte hidratada y hacer fluir la leche.
4. Haz de la lactancia materna tu prioridad (particularmente durante los períodos de crecimiento) y déjate ayudar de los que te rodean. Y recuerda: son pocas las cosas que no pueden esperar.
Lea a su hijo, no libros. La lactancia materna no es lineal, sube y baja o es circular. Y recuerde: usted es el experto en las necesidades de su hijo.
J. Claire K. Niala es la autora de este testimonio, es madre y osteópata. Claire es una mujer a la que le encanta explorar las diferencias que afortunadamente todavía existen entre las diferentes culturas de todo el mundo. Nació y creció en Kenya, Costa de Marfil y en el Reino Unido. Ha trabajado y vivido en tres continentes y ha visitado al menos un nuevo país cada año desde que tenía 12 años. Sus compañeros de viaje favoritos son su madre y su hija, cuyas historias y el interés por los que le rodean han llevado a Claire a descubrir e interactuar con el mundo en formas que nunca imaginó.
(Traducido por Sarai Llamas de http://bebeeconomico.wordpress.com/)
lunes, 10 de octubre de 2011
viernes, 7 de octubre de 2011
En brazos
La importancia del contacto físico y del apego
Por Lic. María Paula Cavanna
Psicóloga y fundadora de UPA
Biberones, chupetes, cochecitos, cómodos sillones regulables, adaptadores para el auto y la bicicleta, cunas transportables, desarmables, sofisticados accesorios con sonidos, colores, formas…sin duda alguna la industria ha diseñado todo tipo de implementos para transportar, alimentar, dormir, entretener y estimular a nuestros bebés.
En unas pocas décadas se nos han vuelto necesarios, imprescindibles. Se han ligado indisolublemente a la imagen del bebé sano y feliz. De algún extraño modo hemos conseguido que hoy, un bebé que no usa chupete, que toma el pecho o va en brazos de su madre sea la excepción y no la norma. Es tan inusual, que quienes optan por una crianza con apego y con respeto por las necesidades de los bebés, se ven amenazados por toda clase de teorías y condenas que aseguran que su hijo no está sano y que, de no intervenir a tiempo, las consecuencias serán muy graves.
Brazos, ¿hasta cuándo?
La mayoría de los bebés comienzan a andar alrededor de los 12 meses de vida. Dan unos pocos pasitos y la familia contenta celebra que “ya camina”.
Sin embargo, pasarán aún un largo par de años hasta que este niño que hoy a tientas logra mantenerse unos segundos en pie, pueda caminar sin perder el equilibrio, correr, sostenerse en un solo pie, retroceder, detenerse de pronto. De modo que caminar, lo que se dice caminar, es algo que se aprende completamente pasados los 3 años de vida. A pesar de esto, todos sabemos que aún luego de esa edad, los niños se cansan con gran facilidad y piden brazos.
O sea que desde el aspecto físico, los niños necesitan ser cargados en brazos por lo menos para trasladarse de un lado hacia otro hasta que estén en condiciones plenas de hacerlos por sí mismos.
En la práctica, nuestros hijos piden brazos por muchos otros motivos además del que acabamos de mencionar: al estar cansados, con sueño, cuando se lastiman, se asustan, se intimidan, se cansan de mirar el mundo a la altura de rodillas y patas de las mesas, e incluso por motivos que sólo ellos conocen.
En estos casos, nunca falta una tía (con las mejores intenciones, claro), una suegra, una vecina o incluso una perfecta desconocida, que se siente en el deber de alertarnos: “lo vas a malcriar”.
Esta sentencia abre varias cuestiones que podemos analizar.
La primera de ellas es la creencia de que estar en brazos es algo que no debe ocurrir, y desde luego NUNCA en una “buena” crianza. Es algo malo, que se hace para darles el gusto a los hijos, y parece imposible que para los papás resulte placentero o lo disfruten.
Otra cuestión interesante es la idea de que si le das algo a tu hijo que le gusta, luego nunca dejará de pedirlo. Parecería que los bebés fueran adictos en potencia, que una vez que satisfacen sus necesidades con algo, no podrán dejar de pedir más. Personalmente, no he visto niños con problemas para dejar el cochecito o la sillita del auto cuando están maduros para ello. Y tampoco niños de 10 años pidiendo ser alzados en brazos. En algún momento de la evolución, simplemente dejan de pedir lo que ya no necesitan.
Las edades que tomamos como referencia para el desarrollo de nuestros hijos, están puestas de un modo arbitrario y no coinciden con la realidad por mucho que intentemos forzarlos.
Otro mensaje que se desliza en estas sentencias es que el niño no necesita estar en brazos, lo pide sólo para molestar, o por capricho, o porque nos “tomó el tiempo”.
Evolutivamente, un niño de tan corta edad, no tiene capacidad de elucubrar un plan tan especulativo, ni puede aprender el concepto de tomar ventaja, de aprovecharse de los demás.
Las cosas para ellos son más simples: me siento cansado, triste, inseguro, y busco refugio en el lugar que me da más tranquilidad, junto al corazoncito de mamá, entre sus brazos, acurrucado. La intención es clara y sencilla: pido aquello que necesito”.
“Un aspecto fuerte dentro de quienes desaprueban el contacto estrecho con los bebés o la satisfacción de sus necesidades, es el fantasma de la dependencia que le generará al bebé estar en brazos, tomar teta, compartir la cama con sus papás, etc. Veamos un poco de dónde surge esta idea.
El apego
Esta dependencia de la que venimos hablando, tiene un nombre en la literatura psicoanalítica, se llama apego.
El apego es la capacidad de formar y mantener relaciones. Como el ser humano vive en comunidades y es interdependiente de los otros seres humanos, es importante que aprenda desde pequeño a establecer lazos con los otros, y para preservar la especie, éstos deben ser estrechos y estables.
Estos lazos otorgan bienestar, seguridad, consuelo, placer…
Y la amenaza de pérdida del objeto al cual nos hallamos apegados, provoca ansiedad, angustia, temor.
La primera relación de apego que desarrollamos luego de nacer, es aquella que se da con nuestra madre. En el momento del parto, mamá y bebé segregan hormonas –opiáceos- que les facilitan –en condiciones de intimidad y contacto físico- este sentimiento de dependencia mutua, de fusión que ambos necesitan.
En condiciones naturales, una mamá que acaba de parir, abrazará a su bebé, ambos se mirarán a los ojos, emitirán sonidos, ella comenzará a acariciarlo suavemente, primero por las extremidades, y luego de a poco se estrecharán e intentarán mantener este contacto piel con piel durante todo el tiempo que les sea posible. La madre no puede dejar de mirar a su bebé con los ojos bien abiertos, le hablará con un tono de voz agudo pero de baja intensidad, con una gran sonrisa, y en pocos instantes este bebé estará listo para reconocer el olor de su madre de entre muchos otros olores, para diferenciar su voz, y se calmará mucho más rápidamente si es acunado por ella y no por otra persona.
Durante estas dos primeras horas de vida, el bebé estará en un estado de alerta máximo que no volverá a repetirse hasta que hayan pasado algunos meses. Será incluso capaz de imitar expresiones del rostro de una persona que establezca un contacto visual directo con él a una distancia desde donde pueda verlo. Todo está preparado hormonalmente para que esta mamá y este bebé se enamoren el uno del otro, y desarrollen una fuerte dependencia mutua.
Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, estas primeras horas son utilizadas para realizar los primeros controles del recién nacido, a cargo de extraños, rodeados de estímulos luminosos, sonoros, y también dolorosos e invasivos. Todos ellos evitables o por lo menos, postergables.
Naturalmente, tanto si se produjo esta separación como si no, mamá y bebé querrán estar juntos, reencontrarse, reconocerse, estrecharse y mantenerse muy cerca el uno del otro.
Ese bebé que hasta hace unas horas era parte del cuerpo de otra persona, cuyo cuerpo estaba en contacto con un líquido tibio, con sonidos y movimientos, se encuentra perdido en una cuna, lejos de todo lo conocido y por ello llorará intentando recuperar aquellas sensaciones reconfortantes.
Esta relación primera, será el modelo sobre el cual se edificarán todas las posteriores relaciones del niño. Si cada vez que necesitó consuelo lo obtuvo, si cada vez que necesitó a su madre la encontró, si sus necesidades de afecto y cobijo fueron atendidas, será un modelo que quedará incorporado como reasegurador, confiable, y cuando llegue el momento de comenzar a independizarse, siempre le resultará mucho más fácil si sabe que ante cualquier ansiedad o angustia, mamá estuvo allí”.
“La cultura del desapego
El apego y el desapego son pautas culturales. En aquellas culturas que funcionan comunitariamente, se necesita criar a los niños de modo que sean solidarios, capaces de compartir, generosos, para que puedan priorizar el bien común del grupo.
En culturas como la nuestra, se necesita que los niños sean independientes, y que aprendan a autoabastecerse, porque al llegar a adultos, importará la competitividad, el individualismo, el éxito personal y el poder.
Por eso se necesita comenzar desde temprano. Separar a los bebés de sus madres precozmente, que aprendan rápidamente a sostener su biberón para que quienes lo cuidan no tengan que estar tan atentos; que se adapten a las canguro o a las guarderías sin llorar; que duerman solos toda la noche; que jueguen sin compañía; que dejen rápido los pañales; que se queden a dormir en casas de parientes o amigos, etc.
Desde luego que estos requerimientos están pensados desde un mundo adulto que necesita rápidamente volver a la “normalidad”, hacer de cuenta que “aquí no ha pasado nada”, y amoldar a este bebé al ritmo de vida que tenía la casa antes de su llegada.
Si pudiéramos relatar en primera persona un día en la vida de un bebé, teniendo en cuenta que sus necesidades básicas incluyen brazos gran parte del día, teta a demanda y presencia materna constante, comprobaríamos sorprendentemente que la mayor parte del tiempo, estas personitas de escasas semanas de vida-o incluso días-, postergan o renuncian a sus necesidades para hacernos el favor de permitirnos continuar con nuestra vida adulta: duermen solos en su cunita una o dos horas, se quedan en la guardería, aceptan un trozo de silicona –sin duda una mala imitación del pezón de mamá- para succionar, y nos esperan durante horas mientras hacemos nuestros quehaceres, o cumplimos con nuestra jornada laboral.
Algunas mujeres sienten una gran preocupación por retomar su vida social, su silueta, sus actividades recreativas, su vida amorosa, y para esto es necesario que el bebé se esté quietecito, que duerma mucho, que no llore, que juegue solito y que se relacione con cualquier persona que esté dispuesta a quedarse a su lado.
Esto es lo que se espera de un bebé casi desde las primeras semanas de vida.
Si entendemos esto como “criar”, por supuesto que cargar al bebé en brazos, amamantarlo, dormir en la misma cama con él y satisfacer sus necesidades, será “malcriarlo”. Porque una vez que se ha dormido plácidamente en los brazos de mamá, y se ha abierto un ojo entre sueños y ella sigue estando allí, y al abrir la boca se encontró con su pecho dispuesto a cobijarlo y así se ha pasado todo el día, es lógico, comprensible y hasta esperable, que ningún bebé quiera conformarse con menos!!!
Los adultos también necesitamos abrazos. Nos demostramos el afecto con caricias, con besos, con miradas, con palabras cariñosas. Nunca dejamos de necesitar este tipo de comunicación”.
Cómo crear vínculo
Poner al bebé al pecho, acunarlo, amamantarlo, acariciarlo, hablarle suavemente, sonreírle, cuidarlo, protegerlo, son actitudes que promueven la experiencia del vínculo.
Los investigadores de estas temáticas, consideran que el factor más importante en la constitución del apego es el contacto físico positivo -expresado por las actitudes mencionadas anteriormente- ya que éste causa respuestas neuroquímicas en el cerebro que permiten que los sistemas cerebrales responsables del apego se desarrollen normalmente.
Durante los tres primeros años de vida el cerebro alcanza el 90% del tamaño adulto y coloca en su lugar la mayor parte de los sistemas y estructuras que serán responsables del funcionamiento emocional, conductual, social y fisiológico para el resto de la vida. Por eso las experiencias de vinculación repetitivas durante la infancia proveen una base sólida para futuras relaciones saludables.
Por el contrario, la inconsistencia del vínculo emocional o la falta de satisfacción de estas necesidades básicas de sostén, afecto y reconocimiento, generan conductas de ansiedad y desconfianza de los bebés hacia sus cuidadores. Los bebés pueden reaccionar a esta situación de múltiples maneras, que influirán ciertamente en la consolidación de un modelo de vinculación que luego harán extensivo al resto de sus relaciones.
Que los niños se queden quietecitos en la cuna, que duerman toda la noche, que se valgan por sí mismos, son conductas que fomentamos para comodidad de los adultos, pero no son evolutivamente normales para niños pequeños. Si nuestros hijos pasan largas horas en compañía de extraños, ensayan intentos de enfrentar el mundo lejos de los brazos de mamá, hacen lo posible por dormirse en su cunita, están haciendo el máximo esfuerzo para acomodarse a un mundo adulto que dispone de pocos instantes para conectar con ellos. Son ellos quienes, a pesar de su pequeñez y su inmadurez, están sosteniendo nuestras necesidades, y aceptan sin rencores que en nombre de las buenas costumbres, les tildemos de caprichosos y malcriados.
Por Lic. María Paula Cavanna
Psicóloga y fundadora de UPA
Biberones, chupetes, cochecitos, cómodos sillones regulables, adaptadores para el auto y la bicicleta, cunas transportables, desarmables, sofisticados accesorios con sonidos, colores, formas…sin duda alguna la industria ha diseñado todo tipo de implementos para transportar, alimentar, dormir, entretener y estimular a nuestros bebés.
En unas pocas décadas se nos han vuelto necesarios, imprescindibles. Se han ligado indisolublemente a la imagen del bebé sano y feliz. De algún extraño modo hemos conseguido que hoy, un bebé que no usa chupete, que toma el pecho o va en brazos de su madre sea la excepción y no la norma. Es tan inusual, que quienes optan por una crianza con apego y con respeto por las necesidades de los bebés, se ven amenazados por toda clase de teorías y condenas que aseguran que su hijo no está sano y que, de no intervenir a tiempo, las consecuencias serán muy graves.
Brazos, ¿hasta cuándo?
La mayoría de los bebés comienzan a andar alrededor de los 12 meses de vida. Dan unos pocos pasitos y la familia contenta celebra que “ya camina”.
Sin embargo, pasarán aún un largo par de años hasta que este niño que hoy a tientas logra mantenerse unos segundos en pie, pueda caminar sin perder el equilibrio, correr, sostenerse en un solo pie, retroceder, detenerse de pronto. De modo que caminar, lo que se dice caminar, es algo que se aprende completamente pasados los 3 años de vida. A pesar de esto, todos sabemos que aún luego de esa edad, los niños se cansan con gran facilidad y piden brazos.
O sea que desde el aspecto físico, los niños necesitan ser cargados en brazos por lo menos para trasladarse de un lado hacia otro hasta que estén en condiciones plenas de hacerlos por sí mismos.
En la práctica, nuestros hijos piden brazos por muchos otros motivos además del que acabamos de mencionar: al estar cansados, con sueño, cuando se lastiman, se asustan, se intimidan, se cansan de mirar el mundo a la altura de rodillas y patas de las mesas, e incluso por motivos que sólo ellos conocen.
En estos casos, nunca falta una tía (con las mejores intenciones, claro), una suegra, una vecina o incluso una perfecta desconocida, que se siente en el deber de alertarnos: “lo vas a malcriar”.
Esta sentencia abre varias cuestiones que podemos analizar.
La primera de ellas es la creencia de que estar en brazos es algo que no debe ocurrir, y desde luego NUNCA en una “buena” crianza. Es algo malo, que se hace para darles el gusto a los hijos, y parece imposible que para los papás resulte placentero o lo disfruten.
Otra cuestión interesante es la idea de que si le das algo a tu hijo que le gusta, luego nunca dejará de pedirlo. Parecería que los bebés fueran adictos en potencia, que una vez que satisfacen sus necesidades con algo, no podrán dejar de pedir más. Personalmente, no he visto niños con problemas para dejar el cochecito o la sillita del auto cuando están maduros para ello. Y tampoco niños de 10 años pidiendo ser alzados en brazos. En algún momento de la evolución, simplemente dejan de pedir lo que ya no necesitan.
Las edades que tomamos como referencia para el desarrollo de nuestros hijos, están puestas de un modo arbitrario y no coinciden con la realidad por mucho que intentemos forzarlos.
Otro mensaje que se desliza en estas sentencias es que el niño no necesita estar en brazos, lo pide sólo para molestar, o por capricho, o porque nos “tomó el tiempo”.
Evolutivamente, un niño de tan corta edad, no tiene capacidad de elucubrar un plan tan especulativo, ni puede aprender el concepto de tomar ventaja, de aprovecharse de los demás.
Las cosas para ellos son más simples: me siento cansado, triste, inseguro, y busco refugio en el lugar que me da más tranquilidad, junto al corazoncito de mamá, entre sus brazos, acurrucado. La intención es clara y sencilla: pido aquello que necesito”.
“Un aspecto fuerte dentro de quienes desaprueban el contacto estrecho con los bebés o la satisfacción de sus necesidades, es el fantasma de la dependencia que le generará al bebé estar en brazos, tomar teta, compartir la cama con sus papás, etc. Veamos un poco de dónde surge esta idea.
El apego
Esta dependencia de la que venimos hablando, tiene un nombre en la literatura psicoanalítica, se llama apego.
El apego es la capacidad de formar y mantener relaciones. Como el ser humano vive en comunidades y es interdependiente de los otros seres humanos, es importante que aprenda desde pequeño a establecer lazos con los otros, y para preservar la especie, éstos deben ser estrechos y estables.
Estos lazos otorgan bienestar, seguridad, consuelo, placer…
Y la amenaza de pérdida del objeto al cual nos hallamos apegados, provoca ansiedad, angustia, temor.
La primera relación de apego que desarrollamos luego de nacer, es aquella que se da con nuestra madre. En el momento del parto, mamá y bebé segregan hormonas –opiáceos- que les facilitan –en condiciones de intimidad y contacto físico- este sentimiento de dependencia mutua, de fusión que ambos necesitan.
En condiciones naturales, una mamá que acaba de parir, abrazará a su bebé, ambos se mirarán a los ojos, emitirán sonidos, ella comenzará a acariciarlo suavemente, primero por las extremidades, y luego de a poco se estrecharán e intentarán mantener este contacto piel con piel durante todo el tiempo que les sea posible. La madre no puede dejar de mirar a su bebé con los ojos bien abiertos, le hablará con un tono de voz agudo pero de baja intensidad, con una gran sonrisa, y en pocos instantes este bebé estará listo para reconocer el olor de su madre de entre muchos otros olores, para diferenciar su voz, y se calmará mucho más rápidamente si es acunado por ella y no por otra persona.
Durante estas dos primeras horas de vida, el bebé estará en un estado de alerta máximo que no volverá a repetirse hasta que hayan pasado algunos meses. Será incluso capaz de imitar expresiones del rostro de una persona que establezca un contacto visual directo con él a una distancia desde donde pueda verlo. Todo está preparado hormonalmente para que esta mamá y este bebé se enamoren el uno del otro, y desarrollen una fuerte dependencia mutua.
Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, estas primeras horas son utilizadas para realizar los primeros controles del recién nacido, a cargo de extraños, rodeados de estímulos luminosos, sonoros, y también dolorosos e invasivos. Todos ellos evitables o por lo menos, postergables.
Naturalmente, tanto si se produjo esta separación como si no, mamá y bebé querrán estar juntos, reencontrarse, reconocerse, estrecharse y mantenerse muy cerca el uno del otro.
Ese bebé que hasta hace unas horas era parte del cuerpo de otra persona, cuyo cuerpo estaba en contacto con un líquido tibio, con sonidos y movimientos, se encuentra perdido en una cuna, lejos de todo lo conocido y por ello llorará intentando recuperar aquellas sensaciones reconfortantes.
Esta relación primera, será el modelo sobre el cual se edificarán todas las posteriores relaciones del niño. Si cada vez que necesitó consuelo lo obtuvo, si cada vez que necesitó a su madre la encontró, si sus necesidades de afecto y cobijo fueron atendidas, será un modelo que quedará incorporado como reasegurador, confiable, y cuando llegue el momento de comenzar a independizarse, siempre le resultará mucho más fácil si sabe que ante cualquier ansiedad o angustia, mamá estuvo allí”.
“La cultura del desapego
El apego y el desapego son pautas culturales. En aquellas culturas que funcionan comunitariamente, se necesita criar a los niños de modo que sean solidarios, capaces de compartir, generosos, para que puedan priorizar el bien común del grupo.
En culturas como la nuestra, se necesita que los niños sean independientes, y que aprendan a autoabastecerse, porque al llegar a adultos, importará la competitividad, el individualismo, el éxito personal y el poder.
Por eso se necesita comenzar desde temprano. Separar a los bebés de sus madres precozmente, que aprendan rápidamente a sostener su biberón para que quienes lo cuidan no tengan que estar tan atentos; que se adapten a las canguro o a las guarderías sin llorar; que duerman solos toda la noche; que jueguen sin compañía; que dejen rápido los pañales; que se queden a dormir en casas de parientes o amigos, etc.
Desde luego que estos requerimientos están pensados desde un mundo adulto que necesita rápidamente volver a la “normalidad”, hacer de cuenta que “aquí no ha pasado nada”, y amoldar a este bebé al ritmo de vida que tenía la casa antes de su llegada.
Si pudiéramos relatar en primera persona un día en la vida de un bebé, teniendo en cuenta que sus necesidades básicas incluyen brazos gran parte del día, teta a demanda y presencia materna constante, comprobaríamos sorprendentemente que la mayor parte del tiempo, estas personitas de escasas semanas de vida-o incluso días-, postergan o renuncian a sus necesidades para hacernos el favor de permitirnos continuar con nuestra vida adulta: duermen solos en su cunita una o dos horas, se quedan en la guardería, aceptan un trozo de silicona –sin duda una mala imitación del pezón de mamá- para succionar, y nos esperan durante horas mientras hacemos nuestros quehaceres, o cumplimos con nuestra jornada laboral.
Algunas mujeres sienten una gran preocupación por retomar su vida social, su silueta, sus actividades recreativas, su vida amorosa, y para esto es necesario que el bebé se esté quietecito, que duerma mucho, que no llore, que juegue solito y que se relacione con cualquier persona que esté dispuesta a quedarse a su lado.
Esto es lo que se espera de un bebé casi desde las primeras semanas de vida.
Si entendemos esto como “criar”, por supuesto que cargar al bebé en brazos, amamantarlo, dormir en la misma cama con él y satisfacer sus necesidades, será “malcriarlo”. Porque una vez que se ha dormido plácidamente en los brazos de mamá, y se ha abierto un ojo entre sueños y ella sigue estando allí, y al abrir la boca se encontró con su pecho dispuesto a cobijarlo y así se ha pasado todo el día, es lógico, comprensible y hasta esperable, que ningún bebé quiera conformarse con menos!!!
Los adultos también necesitamos abrazos. Nos demostramos el afecto con caricias, con besos, con miradas, con palabras cariñosas. Nunca dejamos de necesitar este tipo de comunicación”.
Cómo crear vínculo
Poner al bebé al pecho, acunarlo, amamantarlo, acariciarlo, hablarle suavemente, sonreírle, cuidarlo, protegerlo, son actitudes que promueven la experiencia del vínculo.
Los investigadores de estas temáticas, consideran que el factor más importante en la constitución del apego es el contacto físico positivo -expresado por las actitudes mencionadas anteriormente- ya que éste causa respuestas neuroquímicas en el cerebro que permiten que los sistemas cerebrales responsables del apego se desarrollen normalmente.
Durante los tres primeros años de vida el cerebro alcanza el 90% del tamaño adulto y coloca en su lugar la mayor parte de los sistemas y estructuras que serán responsables del funcionamiento emocional, conductual, social y fisiológico para el resto de la vida. Por eso las experiencias de vinculación repetitivas durante la infancia proveen una base sólida para futuras relaciones saludables.
Por el contrario, la inconsistencia del vínculo emocional o la falta de satisfacción de estas necesidades básicas de sostén, afecto y reconocimiento, generan conductas de ansiedad y desconfianza de los bebés hacia sus cuidadores. Los bebés pueden reaccionar a esta situación de múltiples maneras, que influirán ciertamente en la consolidación de un modelo de vinculación que luego harán extensivo al resto de sus relaciones.
Que los niños se queden quietecitos en la cuna, que duerman toda la noche, que se valgan por sí mismos, son conductas que fomentamos para comodidad de los adultos, pero no son evolutivamente normales para niños pequeños. Si nuestros hijos pasan largas horas en compañía de extraños, ensayan intentos de enfrentar el mundo lejos de los brazos de mamá, hacen lo posible por dormirse en su cunita, están haciendo el máximo esfuerzo para acomodarse a un mundo adulto que dispone de pocos instantes para conectar con ellos. Son ellos quienes, a pesar de su pequeñez y su inmadurez, están sosteniendo nuestras necesidades, y aceptan sin rencores que en nombre de las buenas costumbres, les tildemos de caprichosos y malcriados.
“CUANDO NOSOTROS ESTEMOS MENOS OCUPADOS,
ELLOS ESTARÁN DEMASIADO GRANDES…”
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