Cuando mi cachorro tenía pocas semanas y ya habíamos aprendido un poco el arte de dar y alimentar como los mamíferos que somos, yo me fascinaba cuando luego de una larga toma se quedaba quietecito entre adormecido y extra satisfecho, con los ojitos entrecerrados. Oliendo el dulce aroma de la leche que me brotaba, respirando suave, calentito muy cerca de mí. A esta situación la llamé "éxtasis lácteo".
Era tan grato verlo en estas situaciones que interrumpirlas para sacar una foto era algo cercano al sacrilegio. ¿Cómo arruinar tan dulce y bello momento de tranquilidad mutua? Esas imágenes las tengo guardadas en mi memoria, son sólo para mi.
La lactancia materna disfrutada por los dos, mamá y bebé, es algo sumamente placentero. Tanto o más de lo que alguna vez me pude imaginar. Aún hoy, cuando en sus 11 meses logra su éxtasis lácteo, me desborda una felicidad suave, tranquila, bella. Es inexplicable la sensación al ver sus ojos entrecerrados, sentir su espiración cómoda, olerlo dulce, verlo con una sonrisa escondida en los labios, sentir sus suaves caricias sobre mi piel, cual mimos de agradecimiento... verlo plenamente satisfecho de cuerpo y espíritu por ese momento de conexión e intimidad que compartimos me deja plena. Es un momento que no se puede compartir, que debe ser vivido, que vale la pena. Es un buen momento puro donde no hay nada que sea importante.
En el éxtasis lácteo caigo del precipicio del tiempo-reloj y me muevo en mundos viscosos, en donde el tiempo se palpa y fluye a velocidades que no me explico. El mundo que me rodea se achica a lo que puedo llegar a tocar, y es un lugar cálido y con entre luces. Nutrir, esa magia que me brota sin control mental alguno, y saber que es bueno y que ayuda es una de esas sorpresas que me dio mi cachorro al volverme mujer maternante.
Abrí este espacio para compartir cosas que pienso, que encuentro, descubro, que me atraviesan y que conozco... también lo que siento y en lo que creo, detalles que me gustan. Todas mis diferentes diosas desde esta ventana. Es para mi y para todos quienes se acerquen empaticamente
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martes, 20 de marzo de 2012
viernes, 16 de marzo de 2012
Qué dificil!!!!!!!!!!
Estos días que pasaron nos pasó de todo. Tanto así que se nos fué febrero como agua que se escapa entre los dedos.
Particularmente no me está resulando fácil esto de maternar, mantener la casa, trabajar, pensar en mi y en mi compañero. Y ahora releo esto útlimo que escribí y me cuestiono: cómo me va a ser fácil si son un montón de cosas!!. Bueno, sé que hay que aflojar con las exigencias y eso lo pongo en práctica. Bueno, la verdad no me es nada fácil. Constantemente creo estar bajando las exigencias pero despues, al final del día o de la semana veo que no fue así. Una de las cosas que más me cuestan es encontrar espacios para trabajar en casa, leer lo que debo, corregir, planificar, proyectar. No tengo momentos de mi como ser individual. Y me aclaro, "para eso empezó el jardin", pero nos está costando muchisimo.
Antes de estos 9+11 no me imaginaba cómo iba ser esto, cuánto cuesta, cómo cambia todo, la satisfacción que da pese a todo. Desde esa vereda, la que ahora me queda enfrente donde están los solteros sin hijos, es difícil escalar la magnitud de los cambios (en todas sus dimensiones).
Si bien aún no comencé al 100% con mis trabajos, los últimos dos viernes pasados, terminé con migrañas por estar exhausta. Esas semanas intentaba todo: estar sonriente para llevar al cachorro a su adaptación al jardín, tener la casa lo mejor que se puede, cocinar y comer sano, mantener mis plantas y huerta, trabajar adelantando las cosas atrasadisimas que tengo, tener un rato para compartir con mi pareja, hacer algo de laburo, mantenerme activa socialmente, lograr momentos de ocio/descanso... etc. Pude? si, pero dormia 5hs cada noche y ambos viernes caí mal. Mi cuerpo no da para esos trotes. Con migraña ni siquiera puedo estar ok para darle de comer al cachorro su ñuñu.
Paso a paso, esta semana continuo mi trabajo personal de ablandar los límites. De hacer hasta donde se puede y dejar fluir. Esto, en parte, es lo que también me aleja de este espacio. Ya no dispongo de mi tiempo para sentarme y volcar todas las palabras que se me atoran en la cabeza.
Así estoy este útlimo mes. Buscando alguna manera de obtener un equilibrio malabarista. Por momentos triste, otros en los que no me importa nada mas que estar con el cachorro y disfrutar, otros en los que quisiera escapar.
Es maravilloso que alguien me ame como mi cachorro. Es increible lo que se siente cuando se desborda de felicidad al verme. Es alentador verlo ganando destrezas. Es fascinante escucharlo reirse a risotadas. Es transgresor verlo tan inmensa y descaradamente feliz. Es tantas otras cosas! por todas estas vale que me sea difícil cerrarme y volver. Ya no quiero volver a ser como antes. Ahora busco conciliar, de a poco, con paciencia propia y pidiendo paciencia ajena, conciliar el trabajo y su crianza.
Particularmente no me está resulando fácil esto de maternar, mantener la casa, trabajar, pensar en mi y en mi compañero. Y ahora releo esto útlimo que escribí y me cuestiono: cómo me va a ser fácil si son un montón de cosas!!. Bueno, sé que hay que aflojar con las exigencias y eso lo pongo en práctica. Bueno, la verdad no me es nada fácil. Constantemente creo estar bajando las exigencias pero despues, al final del día o de la semana veo que no fue así. Una de las cosas que más me cuestan es encontrar espacios para trabajar en casa, leer lo que debo, corregir, planificar, proyectar. No tengo momentos de mi como ser individual. Y me aclaro, "para eso empezó el jardin", pero nos está costando muchisimo.
Antes de estos 9+11 no me imaginaba cómo iba ser esto, cuánto cuesta, cómo cambia todo, la satisfacción que da pese a todo. Desde esa vereda, la que ahora me queda enfrente donde están los solteros sin hijos, es difícil escalar la magnitud de los cambios (en todas sus dimensiones).
Si bien aún no comencé al 100% con mis trabajos, los últimos dos viernes pasados, terminé con migrañas por estar exhausta. Esas semanas intentaba todo: estar sonriente para llevar al cachorro a su adaptación al jardín, tener la casa lo mejor que se puede, cocinar y comer sano, mantener mis plantas y huerta, trabajar adelantando las cosas atrasadisimas que tengo, tener un rato para compartir con mi pareja, hacer algo de laburo, mantenerme activa socialmente, lograr momentos de ocio/descanso... etc. Pude? si, pero dormia 5hs cada noche y ambos viernes caí mal. Mi cuerpo no da para esos trotes. Con migraña ni siquiera puedo estar ok para darle de comer al cachorro su ñuñu.
Paso a paso, esta semana continuo mi trabajo personal de ablandar los límites. De hacer hasta donde se puede y dejar fluir. Esto, en parte, es lo que también me aleja de este espacio. Ya no dispongo de mi tiempo para sentarme y volcar todas las palabras que se me atoran en la cabeza.
Así estoy este útlimo mes. Buscando alguna manera de obtener un equilibrio malabarista. Por momentos triste, otros en los que no me importa nada mas que estar con el cachorro y disfrutar, otros en los que quisiera escapar.
Es maravilloso que alguien me ame como mi cachorro. Es increible lo que se siente cuando se desborda de felicidad al verme. Es alentador verlo ganando destrezas. Es fascinante escucharlo reirse a risotadas. Es transgresor verlo tan inmensa y descaradamente feliz. Es tantas otras cosas! por todas estas vale que me sea difícil cerrarme y volver. Ya no quiero volver a ser como antes. Ahora busco conciliar, de a poco, con paciencia propia y pidiendo paciencia ajena, conciliar el trabajo y su crianza.
lunes, 30 de enero de 2012
hammmmmm.... que rico!!!!
Hace un tiempo atrás, cuando tuvimos la consulta con la pediatra del cachorro a los seis meses, nos dió un papel en donde estaba la guía para introducir alimentos sólidos y algunas otras recomendaciones. Algo de esto lo había contado en comida no-ñuñu.
El papel nos indicaba que a los seis meses hay que darle un puré de calabaza con zanahoria, bien pisado, sin sal y con una cucharada de aceite. De ahí en adelante continua dando recomendaciones sobre a que edad es recomendable dar tal o cual comida. Y agregar la cantidad de vitaminas por día y otras recomendaciones mas, siempre teniendo en cuenta la edad del cachorro.
Pero a los seis mese mi cachorro no tenía dientes, no se emocionaba por la comida. Si se mantenía sentado erguido. Decidimos esperar a que fuera él quien se acercara a la comida, que intentara él comer algo. No tardó mucho, al mes siguiente, ya con la salida de sus primeros dientes comenzó a mostrar una marcada predilección por todo aquello que nos lleváramos a la boca. En mi cabeza algo quedaba de aquello que estaba en ese papel del centro pediátrico sobre cuáles eran los alimentos por los que comenzar. Pero en el papel no había una explicación que justificara el orden ¿por qué primero calabaza y no zapallo o remolacha o manzana? ¿por qué puré, no vale un trocito de banana o un gajito de naranja dulce?. Por eso seguimos más a nuestro instinto y de a poco le fuimos ofreciendo trozos de frutas para que los probara y degustara a gusto. Claro, nos enchastró todo, pero fue un encuentro muy amable y feliz.

Así fuimos siguiendo, un poco con instinto y otro poco por haber releído el papel de la pediatra y haber buscado algo de información. Primero frutas y verduras, con algunas excepciones, luego algunas harinas sin gluten, luego cosas con gluten... Le dimos su primer puré de calabaza, lo dejamos que juegue a su antojo. Total, sigue a ñuñu y de ahí se alimentar bien. Al ir dándole comidas vimos que si le dábamos pedazos pequeños pero no hechos puré en el puré, los separaba. Sin embargo, al dárselos enteros (por ejemplo, zapallito) los comía sin ningún problema.
Ahora seguimos recorriendo ese camino de descubrir junto a él que texturas le gustan, qué sabores prefiere. Mas o menos tenemos los claros los horarios en los que suele tener hambre. Así tiene su primer desayuno, su segundo desayuno, el almuerzo, la merienda, la cena y el ñuñu de la noche, parece un hobbit, ja.
En la visita a la pediatra a los ocho meses, me preguntó si ya comía dos comidas. Y yo con mi sinceridad a toda costa, y sabiendo que eso de comer no es tan así, a veces son juegos con la comida, o algunos bocados y ya quiere ñuñu le dije que sí y que seguía con pecho a demanda. Entonces la pediatra me dijo que el pecho dos veces por día ya, que de desayuno y de merienda. Y me colmó. No sé qué más me dijo, ya no la escuché. Al cachorro le gusta mi ñuñu, yo tengo ganas y tiempo para poder ofrecérselo sin problemas ¿por qué cortarlo o condicionarlo?. Recién ahora tiene tres dientes. Para él la comida está en etapa de juego, esta aprendiendo a veces come mucho otras veces poco y nada. Así como yo misma aprendí a no regirme por los horarios y tonteras que me habían dicho las puericultoras de la clínica, y darle pecho cuando él lo demandara, lo mismo estoy haciendo con la comida. Ahora estoy en la disyuntiva de mentirle a la pediatra o cambiar de pediatra.
Hoy salimos a comer afuera, porque era el cumpleaños de mi amigo P. Yo comí una ensalada fría con fideos, el cachorro había comido algo antes de salir. Al verme comer pidió comida, le convidé lo que tenía en el plato y que él pudiera comer. Se quedó tranquilo. Creo que esto es mucho mejor a llenarlo de pan o de galletitas. Soy cuidadosa con lo que le doy, no quiero que se atore pero también se que es bueno que aprenda a masticar. No busco causarle una alergia alimenticia, por lo que me fijo a partir de qué edades darle cada cosa para evitar problemas de digestión. No quiero causarle caries o algún otro problemilla, por lo que soy cuidadosa con la cantidad de azúcar, harina, y otras cosas que le doy.
Todas mis intuiciones se aclararon y calmaron cuando hace un tiempo, por esas cosas de la red virtual, me llegó un video de una conferencia breve del pediatra español Carlos Gonzalez y justamente en él habla de estas cosas.
Carlos Gonzalez tiene varios libros interesantes, uno de ellos es "Mi niño no me come" y recordé que lo tengo en pdf se los paso por si les interesa (descargar).
Bueno, hasta ahora venimos así, el pequeño cachorro disfruta de mis locuras culinarias y prueba
cous-cous, humita, quinoa, sopas varias, guisos de arroz, lentejas
turcas o coral, tomate seco, polenta con verduras, frutas a su antojo,
galletitas de algarroba, pasta de sésamo y hoy., ya casi con sus diez meses... ¡ravioles de
verdura! todo un bebé gourmet.
Así estamos bien, él mastica chocho de la vida. Hasta le ha robado una mazorca de choclo a su abuela! Crece, está sano y estamos todos comiendo en paz, tranquilos.
El papel nos indicaba que a los seis meses hay que darle un puré de calabaza con zanahoria, bien pisado, sin sal y con una cucharada de aceite. De ahí en adelante continua dando recomendaciones sobre a que edad es recomendable dar tal o cual comida. Y agregar la cantidad de vitaminas por día y otras recomendaciones mas, siempre teniendo en cuenta la edad del cachorro.
Pero a los seis mese mi cachorro no tenía dientes, no se emocionaba por la comida. Si se mantenía sentado erguido. Decidimos esperar a que fuera él quien se acercara a la comida, que intentara él comer algo. No tardó mucho, al mes siguiente, ya con la salida de sus primeros dientes comenzó a mostrar una marcada predilección por todo aquello que nos lleváramos a la boca. En mi cabeza algo quedaba de aquello que estaba en ese papel del centro pediátrico sobre cuáles eran los alimentos por los que comenzar. Pero en el papel no había una explicación que justificara el orden ¿por qué primero calabaza y no zapallo o remolacha o manzana? ¿por qué puré, no vale un trocito de banana o un gajito de naranja dulce?. Por eso seguimos más a nuestro instinto y de a poco le fuimos ofreciendo trozos de frutas para que los probara y degustara a gusto. Claro, nos enchastró todo, pero fue un encuentro muy amable y feliz.

Así fuimos siguiendo, un poco con instinto y otro poco por haber releído el papel de la pediatra y haber buscado algo de información. Primero frutas y verduras, con algunas excepciones, luego algunas harinas sin gluten, luego cosas con gluten... Le dimos su primer puré de calabaza, lo dejamos que juegue a su antojo. Total, sigue a ñuñu y de ahí se alimentar bien. Al ir dándole comidas vimos que si le dábamos pedazos pequeños pero no hechos puré en el puré, los separaba. Sin embargo, al dárselos enteros (por ejemplo, zapallito) los comía sin ningún problema.
Ahora seguimos recorriendo ese camino de descubrir junto a él que texturas le gustan, qué sabores prefiere. Mas o menos tenemos los claros los horarios en los que suele tener hambre. Así tiene su primer desayuno, su segundo desayuno, el almuerzo, la merienda, la cena y el ñuñu de la noche, parece un hobbit, ja.En la visita a la pediatra a los ocho meses, me preguntó si ya comía dos comidas. Y yo con mi sinceridad a toda costa, y sabiendo que eso de comer no es tan así, a veces son juegos con la comida, o algunos bocados y ya quiere ñuñu le dije que sí y que seguía con pecho a demanda. Entonces la pediatra me dijo que el pecho dos veces por día ya, que de desayuno y de merienda. Y me colmó. No sé qué más me dijo, ya no la escuché. Al cachorro le gusta mi ñuñu, yo tengo ganas y tiempo para poder ofrecérselo sin problemas ¿por qué cortarlo o condicionarlo?. Recién ahora tiene tres dientes. Para él la comida está en etapa de juego, esta aprendiendo a veces come mucho otras veces poco y nada. Así como yo misma aprendí a no regirme por los horarios y tonteras que me habían dicho las puericultoras de la clínica, y darle pecho cuando él lo demandara, lo mismo estoy haciendo con la comida. Ahora estoy en la disyuntiva de mentirle a la pediatra o cambiar de pediatra.
Hoy salimos a comer afuera, porque era el cumpleaños de mi amigo P. Yo comí una ensalada fría con fideos, el cachorro había comido algo antes de salir. Al verme comer pidió comida, le convidé lo que tenía en el plato y que él pudiera comer. Se quedó tranquilo. Creo que esto es mucho mejor a llenarlo de pan o de galletitas. Soy cuidadosa con lo que le doy, no quiero que se atore pero también se que es bueno que aprenda a masticar. No busco causarle una alergia alimenticia, por lo que me fijo a partir de qué edades darle cada cosa para evitar problemas de digestión. No quiero causarle caries o algún otro problemilla, por lo que soy cuidadosa con la cantidad de azúcar, harina, y otras cosas que le doy.
Todas mis intuiciones se aclararon y calmaron cuando hace un tiempo, por esas cosas de la red virtual, me llegó un video de una conferencia breve del pediatra español Carlos Gonzalez y justamente en él habla de estas cosas.
Carlos Gonzalez tiene varios libros interesantes, uno de ellos es "Mi niño no me come" y recordé que lo tengo en pdf se los paso por si les interesa (descargar).
Bueno, hasta ahora venimos así, el pequeño cachorro disfruta de mis locuras culinarias y prueba
cous-cous, humita, quinoa, sopas varias, guisos de arroz, lentejas
turcas o coral, tomate seco, polenta con verduras, frutas a su antojo,
galletitas de algarroba, pasta de sésamo y hoy., ya casi con sus diez meses... ¡ravioles de
verdura! todo un bebé gourmet.Así estamos bien, él mastica chocho de la vida. Hasta le ha robado una mazorca de choclo a su abuela! Crece, está sano y estamos todos comiendo en paz, tranquilos.
lunes, 19 de diciembre de 2011
Michel Odent en Argentina con Carla Conte
Entre muchas cosas que leí en lo que va de este tiempo extraño 9+8 meses, en los que estoy siempre a disposición del dictado de mis hormonas y de mi cachorro, las propuestas que trae este médico francés me parecen geniales.
Este señor de ochenta y tantos años se llama Michel Odent. La escritora Laura Gutman lo nombra en sus libros. Trabajó en Francia y trabaja en Inglaterra, estudia todo lo relacionado a las etapas del parto natural. Pero natural más allá de no utilizar medicamentos. Él y su equipo buscan que los partos sean como fueron en el principio de nuestra especie. En donde las hembras parían solas, o apenas acompañadas, en su intimidad, conectadas con su ser más interior, en paz. El respeto no lo exigían porque lo tenían. Con los milenios, este poder de dar vida fue comenzando a sufrir interrupciones, comenzaron a surgir diversas actitudes sociales, de poder, que nos fueron complejizando y trabando algo tan natural hasta llegar a hoy, en donde nos dicen que parir es doloroso, que no podemos parir solas, que siempre pasa algo, que no sabemos parir. Por todo esto nos maltratan y de repente no somos seres dignos de ser respetados. Pero nuestro cuerpo sí sabe, sólo hay que saber dejarlo en la intimidad necesaria y recuerda que hacer y los cachorros nacen sanos.
Muchas cosas así estudia y experimenta Odent a lo largo de su carrera y lo cuenta para quien lo quiera escuchar. Estuvo la semana pasada en nuestro país y Carla Conte pudo entrevistarlo en su programa en la televisión pública. Les dejo la nota que salió al aire
Este señor de ochenta y tantos años se llama Michel Odent. La escritora Laura Gutman lo nombra en sus libros. Trabajó en Francia y trabaja en Inglaterra, estudia todo lo relacionado a las etapas del parto natural. Pero natural más allá de no utilizar medicamentos. Él y su equipo buscan que los partos sean como fueron en el principio de nuestra especie. En donde las hembras parían solas, o apenas acompañadas, en su intimidad, conectadas con su ser más interior, en paz. El respeto no lo exigían porque lo tenían. Con los milenios, este poder de dar vida fue comenzando a sufrir interrupciones, comenzaron a surgir diversas actitudes sociales, de poder, que nos fueron complejizando y trabando algo tan natural hasta llegar a hoy, en donde nos dicen que parir es doloroso, que no podemos parir solas, que siempre pasa algo, que no sabemos parir. Por todo esto nos maltratan y de repente no somos seres dignos de ser respetados. Pero nuestro cuerpo sí sabe, sólo hay que saber dejarlo en la intimidad necesaria y recuerda que hacer y los cachorros nacen sanos.
Muchas cosas así estudia y experimenta Odent a lo largo de su carrera y lo cuenta para quien lo quiera escuchar. Estuvo la semana pasada en nuestro país y Carla Conte pudo entrevistarlo en su programa en la televisión pública. Les dejo la nota que salió al aire
jueves, 20 de octubre de 2011
Postnatal, apego, lactancia prolongada... una tendencia que crece
| Leslie Power y la foto problemática |
En ese momento dijo "Esto es una censura, pero lo más terrible aún es que es una censura a la crianza, a la entrega y al amor".
Ella es psicóloga clínica y es experta en desarrollo infantil. Es una de las fundadoras de la institución Espacio Crianza, organización que se dedica a ofrecer ayuda a los padres en la etapa de crianza de sus hijos, y promotora del Movimiento Ciudadano por el Postnatal de 6 meses que acaba de entrar en vigencia en Chile.
Como otras veces, les comparto una nota interesante de María José Errázuriz L. publicada en Emol.
“La mujer recién está comprendiendo
las malas jugadas del feminismo”
Es apasionada y da sus batallas hasta el final. Por eso, no se amilanó hace un año, cuando Facebook trató de cerrar su cuenta porque había subido una foto amamantando a su hijo que fue considerada indecente.
Tampoco bajó los brazos durante la larga discusión del post natal de 6 meses, ocasión en que hizo escuchar la voz de quienes abogan por una lactancia a libre demanda prolongada, el colecho (dormir cercano) y la crianza en brazos (mamá canguro).
Es que Leslie Power es así, apasionada. Calificada por muchos de extremista en sus posturas, ella no se complica porque cree firmemente que su lucha es un bien superior, los derechos de los niños. Psicóloga clínica, difunde sus posiciones a través de Espacio Crianza y asegura que en la actualidad la mujer, madre, está viviendo en el peor de los mundos, donde el embarazo y el parto han sido convertidos en un negociado.
“Dicen que demonizo la cesárea y la leche de fórmula, pero eso no es así. Bienvenidas ambas cuando son realmente necesarias, pero por favor, que alguien me explique por qué de Plaza Italia para arriba la tasa de cesáreas es de un 67% cuando en el mundo es de un 5”, señala vehemente.
-Si tenemos esas tasas de cesáreas es porque las mujeres están dispuestas a eso.
“Sí, pero para mí, la mujer es una víctima del sistema que recién está comprendiendo que esto es una mala jugada del feminismo. Se agradece el feminismo en tanto ganamos calle, universidad, voto, anticoncepción, pero la salida de la mujer de la casa no consiguió que el hombre entrara a la casa, quedando los hijos al desamparo, al cuidado de un tercero. Lo que estamos haciendo es abandonar a nuestras crías o institucionalizarlas (sala cuna-jardín) a temprana edad.
“Y la sala cuna no es buena. No es buena porque las mujeres nunca hemos estado preparadas para cuidar octillizos; si así fuese, bienvenida la sala cuna y yo cuido a ocho en el mejor de los casos, 15 a veces. La mujer está preparada para cuidar a uno, con excepción de mellizos”.
-Te olvidas de la libertad de las mujeres para tomar sus decisiones. La libertad de querer tener una maternidad tardía, de querer dar pecho tres meses, de trabajar...
“Desde qué lugar toman su decisión. Lo único que han conseguido con ello es un aumento del tabaquismo, del alcohol, de los tranquilizantes, ataques cardíacos anticipados, estrés. Las del barrio alto con justa razón se ‘piscolean’ para relajarse un rato si han trabajado como esclavas toda la semana”.
-Okey, pero siguen siendo opciones personales.
“El tema aquí es que hay derechos por los que velar, y el derecho del niño, que es vulnerable, dependiente, alguien lo tiene que proteger. Somos el único mamífero, el más inteligente, que está pegado casi 20 años a su madre y padre, mientras que otros, se alejan después de algunos meses. Si nosotros no nos vinculamos –ahí está la teoría del apego- correctamente, el efecto será negativo. La succión del niño al nacer no es por hambre, es porque tiene necesidad de seguridad. Los 30 minutos después del parto son claves para determinar una buena lactancia, pero los niños son retirados a los minutos porque el doctor tiene consulta”.
Leslie Power es categórica. “La lactancia es el mejor alimento biológico, afectivo, psicológico, cognitivo, social de un niño y eso explica porque los nórdicos han establecido postnatales de 2 años” y profundiza en la idea de que sea libre demanda, indicando que la guagua quiere succionar para sentirse seguro. “Cuando una madre es más rápida en la satisfacción de su guagua hay menos estrés en el cerebro del niño; en palabras simples, a mayor placer, más caminos neuronales, más inteligente; a mayor estrés, cortisol, caminos rotos”.
-¿Ese debería ser el post natal? ¿Dos años?
“Una guagua es considerada como tal hasta los dos años; un recién nacido requiere de contacto piel a piel a lo menos de tres meses y de ahí que existan las mamás canguros, algo que las indias hacían no porque no existieran los coches. La modernidad hace que las casas tengan una pieza para cada niño y después yo tengo pacientes aquí que me consultan por qué su hijo de 11 años se sigue metiendo a su cama. Y me explica que sacó a la guagua de su pieza a los 2 meses y aplicó el método “Duérmete niño” que es traumatización cerebral pura”.
-¿Bajo está mirada, un post natal de 6 meses es insuficiente?
“Sin duda. Peor aún, esto no es un post natal, es un permiso parental post natal donde yo tengo la posibilidad de trabajar jornada reducida y traspasar 6 semanas al padre. El mensaje de la ley dice que es para garantizar la salud de los niños y eso se consigue con lactancia exclusiva, ¿dónde se ha visto a un hombre que dé pecho? Esto tiene que ver con un derecho, con tratados internacionales de la Unicef, la OMS, y muchos otros, que Chile tiene el deber de cumplir”.
-Pero no se puede obligar a la mujer a poner la pechuga.
“No se tiene que obligar a nadie, pero se tiene que entender que existe un derecho universal del niño de recibir el mejor alimento que es la leche materna”.
-La madre puede dejar la leche en mamadera para que se la dé el padre.
“Perfecto, entonces ahí tenemos que aceptar que la figura de apego es el padre. ¡Mujer, decide informadamente porque tu hijo es dependiente y sin ti no sobrevive! Muchos cuestionan que la mujer esté fuera del trabajo 6 meses, pero a nadie se le ocurre pensar en el horror que es dejar a una cría. ¿Y después que tenemos? Ritalín a destajo, psicopedagogas, fonoaudiólogas, psicólogas para que los niños aprendan a manejar sus emociones, furgones escolares acarreando niños, a la tía papasfritas, a la tía Yingo, y nos preguntamos por qué los niños tienen tantos problemas”.
-Hay expertos que señalan que los 6 meses de post natal no es adecuado, porque a esa edad el niño tendrá conciencia de la partida de la madre, cosa que no ocurre a los 3.
“Los estudios señalan que la ansiedad ante el extraño, que es cuando el niño reconoce al otro, se da recién a los 8 meses. Patricia Crittenden sostiene eso, pero pregúntale a ella qué le pasa a una guagua al ser abandonada a los 3 meses, cómo experimenta sus angustias”.
Leslie hace un alto y denuncia: “hace tres meses Piñera levantó la prohibición que existía de hacer publicidad de leche de fórmula. Somos el segundo país después de Estados Unidos, no hay más, porque nadie en su sano juicio lo haría. La humanidad ha sobrevivido de leche materna porque es mágica”.
-Tu postura es vista como excluyente por muchos, una postura que deja a la madre como única figura de apego, única encargada de los niños.
“Mi postura no es excluyente. Yo trabajo con familias, para que una mujer pueda desplegar sus habilidades maternas, necesita estar contenida no sólo por su pareja, si no por su familia, por la sociedad completa, la tribu. Cuando se protege a una madre en post parto se está protegiendo a un hijo y a la madre. La lactancia prolongada, es decir, más de 6 meses es protección del cáncer del pecho, de ovarios, de la osteoporosis, de la depresión post parto.
“Si fuéramos una sociedad que avanza, o mejor dicho retoma lo de nuestros antepasados, la mujer debiera trabajar con su cría a cuestas. A mí me daría mucha lata estar en reclusión domiciliaria porque tuve mi guagua; lo moderno sería tenerla, darle su tiempo, tener un buen acople y partir a trabajar con la guagua. Tengo cuatro pacientes que lo han hecho y nadie se ha atrevido a ponerles mala cara porque la imagen de una madre con su hijo es muy potente”.
-¿Quedaron cosas pendientes tras la dictación de la ley? ¿Puede ser mejorada?
“Hay mucho que hacer, y estamos trabajando con el Sernam. Este permiso parental post natal requiere de un apoyo a los partos respetados, a la lactancia, a la crianza, a la conciliación real familia-trabajo, a la flexibilidad. Nuestros hijos están muy solos”.
miércoles, 12 de octubre de 2011
Los bebes que no lloran, ¿hay un secreto?
Hola
queria escribir algo sobre cómo empecé a conocer el mundo de la crianza con apego, crianza natural o en brazos.... como dí con los sistemas de porteo y este mundo de cosas y cositas. Pues bien, al quedar embarazada en algun momento me di cuenta que los bebés de las koyas no lloran. He estado varias veces en provincias del NOA, Bolivia y Peru y nunca los he escuchado llorar ¿por qué? Por ahora, en lugar de contarles cómo fue toda mi búsqueda les comparto esta entrada del blog de Sarai Llamas que cuenta algo similar, pero de los bebés de culturas africanas. Se los dejo....
Los niños africanos no lloran, ¿cuál es el secreto?
Nací y crecí en Kenya y en Costa de Marfil hasta la edad de 15 años, luego me transferí al Reino Unido. Sin embargo, siempre he sabido que quería criar a mis hijos (cuando los tuviera) en casa, en Kenya. Sí, daba por supuesto que tendría hijos.
Soy una mujer africana moderna: con dos licenciaturas, pertenezco a la cuarta generación de mujeres que trabajan en mi familia. Pero cuando se trata de niños, soy una africana tradicional. Sigue siendo mi convicción que la vida no está completa sin hijos y que los niños son una bendición a la cual renunciar es una locura. De hecho, no tener hijos no es ni siquiera considerado.
Mi embarazo inició en el Reino Unido. Con el embarazo sentí un fuerte impulso a volver a casa, y cuando estaba de cinco meses ya había vendido mi estudio y establecido una nueva actividad, me había mudado de casa y de continente.
Cuando supe que esperaba un hijo hice lo que la mayoría de las mujeres embarazadas en el Reino Unido haría, leía vorazmente: Our Babies, Ourselves, Uncoditional Parenting, todos libros de W. Sears, y la lista podría continuar (mi abuela después me comentó que los niños no leen libros y que todo lo que tenía que hacer era “leer” a mi bebé).
Todo lo que leía decía que los niños africanos lloran menos que los niños europeos. Esto me intrigó mucho y quería averiguar el por qué.
Una vez en casa, en Kenya, comencé a observar. Mi mirada se dirigía hacia las madres y los niños, y estaban por todas partes, incluso si los bebés africanos menores de un mes y medio de vida están sobre todo en casa.
Lo primero que noté fue que, a pesar de su ubicuidad, en realidad era muy difícil “ver” realmente a un bebé en Kenya. Por lo general están muy bien “vendados” antes de ser cogidos en brazos o envueltos con un fular sobre la espalda de su madre (a veces el padre). Incluso los más mayores, envueltos en la espalda de los adultos, están protegidos con una tela de grandes dimensiones. La forma en la que están envueltos es como una réplica de un útero. Los niños están literalmente enfundados con el fin de ser protegido contra el estrés del mundo exterior al cual han recientemente llegado.
La segunda observación que me quedó clara era legada a una diferencia cultural. En el Reino Unido se supone que los bebés lloran, el llanto es inherente al niño. En Kenya, sucede exactamente lo contrario: se supone que los niños no lloran. Si lo hacen es un signo de que algo terrible sucede y tenemos que actuar inmediatamente para poner remedio y eliminar la causa. Mi cuñada inglesa una vez me dijo: «Aquí a la gente no le gusta que los niños lloren, ¿verdad?». Me di cuenta de que su observación resumía perfectamente la diferencia.
Todo se volvió aún mucho más claro cuando por fin dí a luz y mi abuela vino a verme desde su poblado. Mi bebé lloraba muy a menudo, de hecho. Exasperada y cansada, se me olvidó todo aquello que había leído, y a veces me daban ganas de llorar con ella. Pero para mi abuela era muy simple: «¡Nyonyo!», «¡Dále el pecho!», era su respuesta a cada simple gemido.
Había momentos en los que lloraba porque tenía el pañal mojado, o quería estar en sus brazos, o porque necesitaba echar el aire, pero sobre todo quería que le diese el pecho —y no importaba si tenía hambre o si sólo necesita un momento de consuelo. La llevaba envuelta en mi espalda con el fular, y dormía casi siempre con ella (colecho), de tal forma que darla el pecho era una extensión natural de aquello que ya hacíamos.
Improvisamente me dí cuenta de que el secreto del alegre silencio de los bebés africanos no era tan difícil de desvelar. Se trataba de una simbiosis constituida para satisfacer las necesidades. Algo que requiere una total suspensión de la idea de lo que debería haber sido, sustituyéndola por la aceptación, sin condiciones, de lo que realmente está sucediendo en ese momento.
El resultado fue que mi hija comía mucho —mucho más de aquello que había leído nunca y por lo menos cinco veces más de lo que establecían ciertas pautas de nutrición que había visto.
A los cuatro meses aproximadamente, cuando la mayoría de las madres de la ciudad empiezan a introducir alimentos sólidos, de acuerdo con los patrones de destete, mi hija retornó a un ritmo de lactancia de recién nacido: la daba el pecho cada hora, fue un shock total. En los últimos cuatro meses, el tiempo entre toma y toma había comenzado a aumentar, y yo había iniciado a tratar a algunos pacientes sin que mis pechos gotearan y sin que la niñera interrumpiera las sesiones porque el bebé tenía hambre.
La mayoría de las madres, del grupo de madres y bebés al que asistía, habían diligentemente comenzado a introducir la crema de arroz (para prolungar el tiempo entre tomas) y todos los profesionales involucrados en la vida de nuestros hijos —los pediatras, e incluso las doulas— decían que era lo mejor: las madres necesitaban descansar, era asombroso el esfuerzo de estos últimos cuatro meses de lactancia materna exclusiva. Ellos nos aseguraron que nuestros niños estarían bien.
Sin embargo, sentí algo dentro de mí que desafinaba, y cuando intenté, sin mucha convicción, mezclar un poco de papaya (es la comida tradicional para el destete en Kenya), con leche en polvo y se lo ofrecí a mi hija, ella ni siquiera lo probó.
Así que llamé a mi abuela. Ella se hecho a reír y me preguntó si yo había vuelto a leer libros. Me explicó que la lactancia materna está muy lejos de ser lineal.
«Te dirá ella cuando estará lista para la comida, su cuerpo te le dirá»
«¿Qué debo hacer hasta entonces?» le pregunté ansiosa.
«Sigue haciendo aquello que has hecho hasta ahora, simplemente Nyonyo».
Así que mi vida se sosegó de nuevo, se detuvo prácticamente. Mientras que muchas de mis compañeras se asombraban cada vez más de cómo dormían sus hijos ahora que habían introducido la crema de arroz, e incluso se aventuraban con otros alimentos, yo me despertaba cada dos horas con mi hija e informaba a los pacientes que lo de volver al trabajo no sería tan fácil como me lo esperaba.
Pronto descubrí que me estaba convirtiendo, involuntariamente, en un servicio de apoyo y de información para otras madres de la ciudad. Mi número de teléfono empezó a pasarse entre las madres y, a menudo, mientras amamantaba a mi bebé pronunciaba estas palabras: «Sí, dale otra vez el pecho. Sí, incluso si se lo acabas de dar. Sí, hay veces que no encuentras ni siquiera el tiempo para quitarte el pijama durante todo el día. Sí, necesitas comer y beber como un caballo. No, no tienes que volver a trabajar si te lo puedes permitir». Por último, tranquilizaba a las madres: «No te preocupes, después será más fácil». Esta última frase era una profesión de fe, porque para mí las cosas no eran más fáciles.
Una semana antes de que mi bebé hiciera cinco meses, regresé a Inglaterra para ir a una boda y para presentarles a mi hija a la familia y a los amigos. No tenía exigencias particulares, por lo que fue fácil continuar con los ritmos de la lactancia. Continué, a pesar de las miradas de muchos extranjeros, que me observaban desconcertados sólo por el hecho de que daba el pecho a mi hija en lugares públicos (muchos “espacios para la lactancia materna” estaban relegados en los cuartos de baño, y yo no quería usarlos).
En la boda, en la mesa durante el banquete, la gente que estaba cerca de nosotros observó: «Que niña más tranquila, pero la das el pecho mucho». No comenté nada, pero cuando otra mujer me dijo: «He leído en alguna parte que los niños africanos no lloran casi nunca», no pude reprimir una carcajada.
Lo más importante que me ha guiado ha sido la dulce sabiduría de mi abuela:
1. Ofrecerle el pecho cada vez que el bebé tenga algún problema, incluso si lo acaba de hacer.
2. Duerme junto a tu bebé (colecho). Así puedes darlo el pecho antes de que se despierte completamente y esto le permitirá volver a dormir más fácilmente y podrás descansar más.
3. Ten cerca una botella de agua durante la noche: para mantenerte hidratada y hacer fluir la leche.
4. Haz de la lactancia materna tu prioridad (particularmente durante los períodos de crecimiento) y déjate ayudar de los que te rodean. Y recuerda: son pocas las cosas que no pueden esperar.
Lea a su hijo, no libros. La lactancia materna no es lineal, sube y baja o es circular. Y recuerde: usted es el experto en las necesidades de su hijo.
J. Claire K. Niala es la autora de este testimonio, es madre y osteópata. Claire es una mujer a la que le encanta explorar las diferencias que afortunadamente todavía existen entre las diferentes culturas de todo el mundo. Nació y creció en Kenya, Costa de Marfil y en el Reino Unido. Ha trabajado y vivido en tres continentes y ha visitado al menos un nuevo país cada año desde que tenía 12 años. Sus compañeros de viaje favoritos son su madre y su hija, cuyas historias y el interés por los que le rodean han llevado a Claire a descubrir e interactuar con el mundo en formas que nunca imaginó.
(Traducido por Sarai Llamas de http://bebeeconomico.wordpress.com/)
| La imagen es de http://libellune.com/v2/ |
Testimonio escrito por Claire en el sitio web inglés InCultureParent. Se trata de una madre africana, que vive desde hace varios años en Inglaterra, y nos describe su experiencia de los primeros seis meses de vida de su hija, en los cuales ha “descubierto” la sabiduría del instinto en sus raíces. Os dejo con una lectura aleccionadora, que nos deja con una sencilla regla: el bebé es el único manual del cual nos debemos fiar si queremos ser unos buenos padres. Os daréis cuenta de lo poco que cuesta hacer a un niño feliz.
Los niños africanos no lloran, ¿cuál es el secreto?
Nací y crecí en Kenya y en Costa de Marfil hasta la edad de 15 años, luego me transferí al Reino Unido. Sin embargo, siempre he sabido que quería criar a mis hijos (cuando los tuviera) en casa, en Kenya. Sí, daba por supuesto que tendría hijos.
Soy una mujer africana moderna: con dos licenciaturas, pertenezco a la cuarta generación de mujeres que trabajan en mi familia. Pero cuando se trata de niños, soy una africana tradicional. Sigue siendo mi convicción que la vida no está completa sin hijos y que los niños son una bendición a la cual renunciar es una locura. De hecho, no tener hijos no es ni siquiera considerado.
Mi embarazo inició en el Reino Unido. Con el embarazo sentí un fuerte impulso a volver a casa, y cuando estaba de cinco meses ya había vendido mi estudio y establecido una nueva actividad, me había mudado de casa y de continente.
Cuando supe que esperaba un hijo hice lo que la mayoría de las mujeres embarazadas en el Reino Unido haría, leía vorazmente: Our Babies, Ourselves, Uncoditional Parenting, todos libros de W. Sears, y la lista podría continuar (mi abuela después me comentó que los niños no leen libros y que todo lo que tenía que hacer era “leer” a mi bebé).
Todo lo que leía decía que los niños africanos lloran menos que los niños europeos. Esto me intrigó mucho y quería averiguar el por qué.
Una vez en casa, en Kenya, comencé a observar. Mi mirada se dirigía hacia las madres y los niños, y estaban por todas partes, incluso si los bebés africanos menores de un mes y medio de vida están sobre todo en casa.
Lo primero que noté fue que, a pesar de su ubicuidad, en realidad era muy difícil “ver” realmente a un bebé en Kenya. Por lo general están muy bien “vendados” antes de ser cogidos en brazos o envueltos con un fular sobre la espalda de su madre (a veces el padre). Incluso los más mayores, envueltos en la espalda de los adultos, están protegidos con una tela de grandes dimensiones. La forma en la que están envueltos es como una réplica de un útero. Los niños están literalmente enfundados con el fin de ser protegido contra el estrés del mundo exterior al cual han recientemente llegado.
La segunda observación que me quedó clara era legada a una diferencia cultural. En el Reino Unido se supone que los bebés lloran, el llanto es inherente al niño. En Kenya, sucede exactamente lo contrario: se supone que los niños no lloran. Si lo hacen es un signo de que algo terrible sucede y tenemos que actuar inmediatamente para poner remedio y eliminar la causa. Mi cuñada inglesa una vez me dijo: «Aquí a la gente no le gusta que los niños lloren, ¿verdad?». Me di cuenta de que su observación resumía perfectamente la diferencia.
Todo se volvió aún mucho más claro cuando por fin dí a luz y mi abuela vino a verme desde su poblado. Mi bebé lloraba muy a menudo, de hecho. Exasperada y cansada, se me olvidó todo aquello que había leído, y a veces me daban ganas de llorar con ella. Pero para mi abuela era muy simple: «¡Nyonyo!», «¡Dále el pecho!», era su respuesta a cada simple gemido.
Había momentos en los que lloraba porque tenía el pañal mojado, o quería estar en sus brazos, o porque necesitaba echar el aire, pero sobre todo quería que le diese el pecho —y no importaba si tenía hambre o si sólo necesita un momento de consuelo. La llevaba envuelta en mi espalda con el fular, y dormía casi siempre con ella (colecho), de tal forma que darla el pecho era una extensión natural de aquello que ya hacíamos.
Improvisamente me dí cuenta de que el secreto del alegre silencio de los bebés africanos no era tan difícil de desvelar. Se trataba de una simbiosis constituida para satisfacer las necesidades. Algo que requiere una total suspensión de la idea de lo que debería haber sido, sustituyéndola por la aceptación, sin condiciones, de lo que realmente está sucediendo en ese momento.
El resultado fue que mi hija comía mucho —mucho más de aquello que había leído nunca y por lo menos cinco veces más de lo que establecían ciertas pautas de nutrición que había visto.
A los cuatro meses aproximadamente, cuando la mayoría de las madres de la ciudad empiezan a introducir alimentos sólidos, de acuerdo con los patrones de destete, mi hija retornó a un ritmo de lactancia de recién nacido: la daba el pecho cada hora, fue un shock total. En los últimos cuatro meses, el tiempo entre toma y toma había comenzado a aumentar, y yo había iniciado a tratar a algunos pacientes sin que mis pechos gotearan y sin que la niñera interrumpiera las sesiones porque el bebé tenía hambre.
La mayoría de las madres, del grupo de madres y bebés al que asistía, habían diligentemente comenzado a introducir la crema de arroz (para prolungar el tiempo entre tomas) y todos los profesionales involucrados en la vida de nuestros hijos —los pediatras, e incluso las doulas— decían que era lo mejor: las madres necesitaban descansar, era asombroso el esfuerzo de estos últimos cuatro meses de lactancia materna exclusiva. Ellos nos aseguraron que nuestros niños estarían bien.
Sin embargo, sentí algo dentro de mí que desafinaba, y cuando intenté, sin mucha convicción, mezclar un poco de papaya (es la comida tradicional para el destete en Kenya), con leche en polvo y se lo ofrecí a mi hija, ella ni siquiera lo probó.
Así que llamé a mi abuela. Ella se hecho a reír y me preguntó si yo había vuelto a leer libros. Me explicó que la lactancia materna está muy lejos de ser lineal.
«Te dirá ella cuando estará lista para la comida, su cuerpo te le dirá»
«¿Qué debo hacer hasta entonces?» le pregunté ansiosa.
«Sigue haciendo aquello que has hecho hasta ahora, simplemente Nyonyo».
Así que mi vida se sosegó de nuevo, se detuvo prácticamente. Mientras que muchas de mis compañeras se asombraban cada vez más de cómo dormían sus hijos ahora que habían introducido la crema de arroz, e incluso se aventuraban con otros alimentos, yo me despertaba cada dos horas con mi hija e informaba a los pacientes que lo de volver al trabajo no sería tan fácil como me lo esperaba.
Pronto descubrí que me estaba convirtiendo, involuntariamente, en un servicio de apoyo y de información para otras madres de la ciudad. Mi número de teléfono empezó a pasarse entre las madres y, a menudo, mientras amamantaba a mi bebé pronunciaba estas palabras: «Sí, dale otra vez el pecho. Sí, incluso si se lo acabas de dar. Sí, hay veces que no encuentras ni siquiera el tiempo para quitarte el pijama durante todo el día. Sí, necesitas comer y beber como un caballo. No, no tienes que volver a trabajar si te lo puedes permitir». Por último, tranquilizaba a las madres: «No te preocupes, después será más fácil». Esta última frase era una profesión de fe, porque para mí las cosas no eran más fáciles.
Una semana antes de que mi bebé hiciera cinco meses, regresé a Inglaterra para ir a una boda y para presentarles a mi hija a la familia y a los amigos. No tenía exigencias particulares, por lo que fue fácil continuar con los ritmos de la lactancia. Continué, a pesar de las miradas de muchos extranjeros, que me observaban desconcertados sólo por el hecho de que daba el pecho a mi hija en lugares públicos (muchos “espacios para la lactancia materna” estaban relegados en los cuartos de baño, y yo no quería usarlos).
Lo más importante que me ha guiado ha sido la dulce sabiduría de mi abuela:
1. Ofrecerle el pecho cada vez que el bebé tenga algún problema, incluso si lo acaba de hacer.
2. Duerme junto a tu bebé (colecho). Así puedes darlo el pecho antes de que se despierte completamente y esto le permitirá volver a dormir más fácilmente y podrás descansar más.
3. Ten cerca una botella de agua durante la noche: para mantenerte hidratada y hacer fluir la leche.
4. Haz de la lactancia materna tu prioridad (particularmente durante los períodos de crecimiento) y déjate ayudar de los que te rodean. Y recuerda: son pocas las cosas que no pueden esperar.
Lea a su hijo, no libros. La lactancia materna no es lineal, sube y baja o es circular. Y recuerde: usted es el experto en las necesidades de su hijo.
J. Claire K. Niala es la autora de este testimonio, es madre y osteópata. Claire es una mujer a la que le encanta explorar las diferencias que afortunadamente todavía existen entre las diferentes culturas de todo el mundo. Nació y creció en Kenya, Costa de Marfil y en el Reino Unido. Ha trabajado y vivido en tres continentes y ha visitado al menos un nuevo país cada año desde que tenía 12 años. Sus compañeros de viaje favoritos son su madre y su hija, cuyas historias y el interés por los que le rodean han llevado a Claire a descubrir e interactuar con el mundo en formas que nunca imaginó.
(Traducido por Sarai Llamas de http://bebeeconomico.wordpress.com/)
lunes, 10 de octubre de 2011
sábado, 8 de octubre de 2011
EnREDdada en ReUNIONes, Cenas y Ferias
Ayer y hoy estuve muy social.
Después de un día de trabajo y visita de control a la pediatra, ayer me fui con el cachorro a una charla que prometía. El día estaba horrible para salir, pero si ya había salido antes no me podía perder la oportunidad de conocer a otras mujeres que buscan, arman y tejen una red de maternantes.
Entonces nos fuimos a un jardín de infantes y allí nos encontramos con Julieta Saulo del grupo Las Casildas (promueben la licencia post natal de 6 meses), Vivian Watson (es la autora del libro "una nueva maternidad"), Carla Conte y mcuhas otras mujeres. Se tocaron muchos temas interesantes. Si bien me tuve que ir temprano, sentí que todas esas mujeres que estaban ahí a quienes no conocía, tenían algo en común conmigo. Algo que no encuentro en mis amigas madres. Para ponerlo en palabras, podría decir que sentí que ellas y yo encarabamos al mundo de la misma manera. Algunas lo dijeron bien claro, "seré ingenua pero creo que criando desde el afecto puedo cambiar el mundo".
En mi vida pasó algo, hace unos años, que me hizo golpear muy duro. Ahora, con mi cachorro vuelvo a creer que el cambio es posible porque soy quien lo genera. Gandhi decía que uno mismo es el cambio. Y lo creo.
Despues de esa energizante reunión, volví a mi casa rápido por que había invitado a unos amigos a cenar. Por suerte tenía la mitad de las cosas ya preparada. Eramos tres mujeres, una embarazada, yo puerperea y una madre de adolescentes-jovenes. Tres miradas, que confluian en descubrir esta otra manera de ver nuestro papel de madre. Fue muy interesante.
Entre todas las cosas que charlamos a lo largo de la larga noche... porque se extendio mucho mas allá de lo que hubiese imaginado... en algún momento vi mi cambio con respecto al embarazo. No dejo de asombrarme lo que estos 9+6 meses de vida de mi cachorro me han modificado. Me interesaba escruchar los comentarios sobre los embarazos, en cuanto a como lo habian experimentado, cómo era la relacion con sus parejas... antes hubiera cambiado de tema.
Buerno, esta tarde, después de descansar merecidamente de la bella reunion de anoche me fui con mi cachorro a la IV feria de la mujer y alli me quede charlando un rato. Mi experiencia con los pañales lavables, que los libros, que el fular, que las lecturas... conocí a linda gente, recordamos la II feria y una charla que surgio...
Volvi contenta.
Estoy construyendo una nueva parte de mi, me estoy reencontrando con el otro, me vinculo desde otro lado. De a poco estoy encontrando una nueva tribu, me siento a gusto enREDada en la red.
Quiero armar manada!
Enlaces que permiten establecer RED:
Carla Conte mujeresenred
deMujeres y Madres
Las Casildas
Después de un día de trabajo y visita de control a la pediatra, ayer me fui con el cachorro a una charla que prometía. El día estaba horrible para salir, pero si ya había salido antes no me podía perder la oportunidad de conocer a otras mujeres que buscan, arman y tejen una red de maternantes.
Entonces nos fuimos a un jardín de infantes y allí nos encontramos con Julieta Saulo del grupo Las Casildas (promueben la licencia post natal de 6 meses), Vivian Watson (es la autora del libro "una nueva maternidad"), Carla Conte y mcuhas otras mujeres. Se tocaron muchos temas interesantes. Si bien me tuve que ir temprano, sentí que todas esas mujeres que estaban ahí a quienes no conocía, tenían algo en común conmigo. Algo que no encuentro en mis amigas madres. Para ponerlo en palabras, podría decir que sentí que ellas y yo encarabamos al mundo de la misma manera. Algunas lo dijeron bien claro, "seré ingenua pero creo que criando desde el afecto puedo cambiar el mundo".En mi vida pasó algo, hace unos años, que me hizo golpear muy duro. Ahora, con mi cachorro vuelvo a creer que el cambio es posible porque soy quien lo genera. Gandhi decía que uno mismo es el cambio. Y lo creo.
Despues de esa energizante reunión, volví a mi casa rápido por que había invitado a unos amigos a cenar. Por suerte tenía la mitad de las cosas ya preparada. Eramos tres mujeres, una embarazada, yo puerperea y una madre de adolescentes-jovenes. Tres miradas, que confluian en descubrir esta otra manera de ver nuestro papel de madre. Fue muy interesante.
Entre todas las cosas que charlamos a lo largo de la larga noche... porque se extendio mucho mas allá de lo que hubiese imaginado... en algún momento vi mi cambio con respecto al embarazo. No dejo de asombrarme lo que estos 9+6 meses de vida de mi cachorro me han modificado. Me interesaba escruchar los comentarios sobre los embarazos, en cuanto a como lo habian experimentado, cómo era la relacion con sus parejas... antes hubiera cambiado de tema.
Buerno, esta tarde, después de descansar merecidamente de la bella reunion de anoche me fui con mi cachorro a la IV feria de la mujer y alli me quede charlando un rato. Mi experiencia con los pañales lavables, que los libros, que el fular, que las lecturas... conocí a linda gente, recordamos la II feria y una charla que surgio...
Volvi contenta.
Estoy construyendo una nueva parte de mi, me estoy reencontrando con el otro, me vinculo desde otro lado. De a poco estoy encontrando una nueva tribu, me siento a gusto enREDada en la red.
Quiero armar manada!
Enlaces que permiten establecer RED:
Carla Conte mujeresenred
deMujeres y Madres
Las Casildas
viernes, 7 de octubre de 2011
En brazos
La importancia del contacto físico y del apego
Por Lic. María Paula Cavanna
Psicóloga y fundadora de UPA
Biberones, chupetes, cochecitos, cómodos sillones regulables, adaptadores para el auto y la bicicleta, cunas transportables, desarmables, sofisticados accesorios con sonidos, colores, formas…sin duda alguna la industria ha diseñado todo tipo de implementos para transportar, alimentar, dormir, entretener y estimular a nuestros bebés.
En unas pocas décadas se nos han vuelto necesarios, imprescindibles. Se han ligado indisolublemente a la imagen del bebé sano y feliz. De algún extraño modo hemos conseguido que hoy, un bebé que no usa chupete, que toma el pecho o va en brazos de su madre sea la excepción y no la norma. Es tan inusual, que quienes optan por una crianza con apego y con respeto por las necesidades de los bebés, se ven amenazados por toda clase de teorías y condenas que aseguran que su hijo no está sano y que, de no intervenir a tiempo, las consecuencias serán muy graves.
Brazos, ¿hasta cuándo?
La mayoría de los bebés comienzan a andar alrededor de los 12 meses de vida. Dan unos pocos pasitos y la familia contenta celebra que “ya camina”.
Sin embargo, pasarán aún un largo par de años hasta que este niño que hoy a tientas logra mantenerse unos segundos en pie, pueda caminar sin perder el equilibrio, correr, sostenerse en un solo pie, retroceder, detenerse de pronto. De modo que caminar, lo que se dice caminar, es algo que se aprende completamente pasados los 3 años de vida. A pesar de esto, todos sabemos que aún luego de esa edad, los niños se cansan con gran facilidad y piden brazos.
O sea que desde el aspecto físico, los niños necesitan ser cargados en brazos por lo menos para trasladarse de un lado hacia otro hasta que estén en condiciones plenas de hacerlos por sí mismos.
En la práctica, nuestros hijos piden brazos por muchos otros motivos además del que acabamos de mencionar: al estar cansados, con sueño, cuando se lastiman, se asustan, se intimidan, se cansan de mirar el mundo a la altura de rodillas y patas de las mesas, e incluso por motivos que sólo ellos conocen.
En estos casos, nunca falta una tía (con las mejores intenciones, claro), una suegra, una vecina o incluso una perfecta desconocida, que se siente en el deber de alertarnos: “lo vas a malcriar”.
Esta sentencia abre varias cuestiones que podemos analizar.
La primera de ellas es la creencia de que estar en brazos es algo que no debe ocurrir, y desde luego NUNCA en una “buena” crianza. Es algo malo, que se hace para darles el gusto a los hijos, y parece imposible que para los papás resulte placentero o lo disfruten.
Otra cuestión interesante es la idea de que si le das algo a tu hijo que le gusta, luego nunca dejará de pedirlo. Parecería que los bebés fueran adictos en potencia, que una vez que satisfacen sus necesidades con algo, no podrán dejar de pedir más. Personalmente, no he visto niños con problemas para dejar el cochecito o la sillita del auto cuando están maduros para ello. Y tampoco niños de 10 años pidiendo ser alzados en brazos. En algún momento de la evolución, simplemente dejan de pedir lo que ya no necesitan.
Las edades que tomamos como referencia para el desarrollo de nuestros hijos, están puestas de un modo arbitrario y no coinciden con la realidad por mucho que intentemos forzarlos.
Otro mensaje que se desliza en estas sentencias es que el niño no necesita estar en brazos, lo pide sólo para molestar, o por capricho, o porque nos “tomó el tiempo”.
Evolutivamente, un niño de tan corta edad, no tiene capacidad de elucubrar un plan tan especulativo, ni puede aprender el concepto de tomar ventaja, de aprovecharse de los demás.
Las cosas para ellos son más simples: me siento cansado, triste, inseguro, y busco refugio en el lugar que me da más tranquilidad, junto al corazoncito de mamá, entre sus brazos, acurrucado. La intención es clara y sencilla: pido aquello que necesito”.
“Un aspecto fuerte dentro de quienes desaprueban el contacto estrecho con los bebés o la satisfacción de sus necesidades, es el fantasma de la dependencia que le generará al bebé estar en brazos, tomar teta, compartir la cama con sus papás, etc. Veamos un poco de dónde surge esta idea.
El apego
Esta dependencia de la que venimos hablando, tiene un nombre en la literatura psicoanalítica, se llama apego.
El apego es la capacidad de formar y mantener relaciones. Como el ser humano vive en comunidades y es interdependiente de los otros seres humanos, es importante que aprenda desde pequeño a establecer lazos con los otros, y para preservar la especie, éstos deben ser estrechos y estables.
Estos lazos otorgan bienestar, seguridad, consuelo, placer…
Y la amenaza de pérdida del objeto al cual nos hallamos apegados, provoca ansiedad, angustia, temor.
La primera relación de apego que desarrollamos luego de nacer, es aquella que se da con nuestra madre. En el momento del parto, mamá y bebé segregan hormonas –opiáceos- que les facilitan –en condiciones de intimidad y contacto físico- este sentimiento de dependencia mutua, de fusión que ambos necesitan.
En condiciones naturales, una mamá que acaba de parir, abrazará a su bebé, ambos se mirarán a los ojos, emitirán sonidos, ella comenzará a acariciarlo suavemente, primero por las extremidades, y luego de a poco se estrecharán e intentarán mantener este contacto piel con piel durante todo el tiempo que les sea posible. La madre no puede dejar de mirar a su bebé con los ojos bien abiertos, le hablará con un tono de voz agudo pero de baja intensidad, con una gran sonrisa, y en pocos instantes este bebé estará listo para reconocer el olor de su madre de entre muchos otros olores, para diferenciar su voz, y se calmará mucho más rápidamente si es acunado por ella y no por otra persona.
Durante estas dos primeras horas de vida, el bebé estará en un estado de alerta máximo que no volverá a repetirse hasta que hayan pasado algunos meses. Será incluso capaz de imitar expresiones del rostro de una persona que establezca un contacto visual directo con él a una distancia desde donde pueda verlo. Todo está preparado hormonalmente para que esta mamá y este bebé se enamoren el uno del otro, y desarrollen una fuerte dependencia mutua.
Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, estas primeras horas son utilizadas para realizar los primeros controles del recién nacido, a cargo de extraños, rodeados de estímulos luminosos, sonoros, y también dolorosos e invasivos. Todos ellos evitables o por lo menos, postergables.
Naturalmente, tanto si se produjo esta separación como si no, mamá y bebé querrán estar juntos, reencontrarse, reconocerse, estrecharse y mantenerse muy cerca el uno del otro.
Ese bebé que hasta hace unas horas era parte del cuerpo de otra persona, cuyo cuerpo estaba en contacto con un líquido tibio, con sonidos y movimientos, se encuentra perdido en una cuna, lejos de todo lo conocido y por ello llorará intentando recuperar aquellas sensaciones reconfortantes.
Esta relación primera, será el modelo sobre el cual se edificarán todas las posteriores relaciones del niño. Si cada vez que necesitó consuelo lo obtuvo, si cada vez que necesitó a su madre la encontró, si sus necesidades de afecto y cobijo fueron atendidas, será un modelo que quedará incorporado como reasegurador, confiable, y cuando llegue el momento de comenzar a independizarse, siempre le resultará mucho más fácil si sabe que ante cualquier ansiedad o angustia, mamá estuvo allí”.
“La cultura del desapego
El apego y el desapego son pautas culturales. En aquellas culturas que funcionan comunitariamente, se necesita criar a los niños de modo que sean solidarios, capaces de compartir, generosos, para que puedan priorizar el bien común del grupo.
En culturas como la nuestra, se necesita que los niños sean independientes, y que aprendan a autoabastecerse, porque al llegar a adultos, importará la competitividad, el individualismo, el éxito personal y el poder.
Por eso se necesita comenzar desde temprano. Separar a los bebés de sus madres precozmente, que aprendan rápidamente a sostener su biberón para que quienes lo cuidan no tengan que estar tan atentos; que se adapten a las canguro o a las guarderías sin llorar; que duerman solos toda la noche; que jueguen sin compañía; que dejen rápido los pañales; que se queden a dormir en casas de parientes o amigos, etc.
Desde luego que estos requerimientos están pensados desde un mundo adulto que necesita rápidamente volver a la “normalidad”, hacer de cuenta que “aquí no ha pasado nada”, y amoldar a este bebé al ritmo de vida que tenía la casa antes de su llegada.
Si pudiéramos relatar en primera persona un día en la vida de un bebé, teniendo en cuenta que sus necesidades básicas incluyen brazos gran parte del día, teta a demanda y presencia materna constante, comprobaríamos sorprendentemente que la mayor parte del tiempo, estas personitas de escasas semanas de vida-o incluso días-, postergan o renuncian a sus necesidades para hacernos el favor de permitirnos continuar con nuestra vida adulta: duermen solos en su cunita una o dos horas, se quedan en la guardería, aceptan un trozo de silicona –sin duda una mala imitación del pezón de mamá- para succionar, y nos esperan durante horas mientras hacemos nuestros quehaceres, o cumplimos con nuestra jornada laboral.
Algunas mujeres sienten una gran preocupación por retomar su vida social, su silueta, sus actividades recreativas, su vida amorosa, y para esto es necesario que el bebé se esté quietecito, que duerma mucho, que no llore, que juegue solito y que se relacione con cualquier persona que esté dispuesta a quedarse a su lado.
Esto es lo que se espera de un bebé casi desde las primeras semanas de vida.
Si entendemos esto como “criar”, por supuesto que cargar al bebé en brazos, amamantarlo, dormir en la misma cama con él y satisfacer sus necesidades, será “malcriarlo”. Porque una vez que se ha dormido plácidamente en los brazos de mamá, y se ha abierto un ojo entre sueños y ella sigue estando allí, y al abrir la boca se encontró con su pecho dispuesto a cobijarlo y así se ha pasado todo el día, es lógico, comprensible y hasta esperable, que ningún bebé quiera conformarse con menos!!!
Los adultos también necesitamos abrazos. Nos demostramos el afecto con caricias, con besos, con miradas, con palabras cariñosas. Nunca dejamos de necesitar este tipo de comunicación”.
Cómo crear vínculo
Poner al bebé al pecho, acunarlo, amamantarlo, acariciarlo, hablarle suavemente, sonreírle, cuidarlo, protegerlo, son actitudes que promueven la experiencia del vínculo.
Los investigadores de estas temáticas, consideran que el factor más importante en la constitución del apego es el contacto físico positivo -expresado por las actitudes mencionadas anteriormente- ya que éste causa respuestas neuroquímicas en el cerebro que permiten que los sistemas cerebrales responsables del apego se desarrollen normalmente.
Durante los tres primeros años de vida el cerebro alcanza el 90% del tamaño adulto y coloca en su lugar la mayor parte de los sistemas y estructuras que serán responsables del funcionamiento emocional, conductual, social y fisiológico para el resto de la vida. Por eso las experiencias de vinculación repetitivas durante la infancia proveen una base sólida para futuras relaciones saludables.
Por el contrario, la inconsistencia del vínculo emocional o la falta de satisfacción de estas necesidades básicas de sostén, afecto y reconocimiento, generan conductas de ansiedad y desconfianza de los bebés hacia sus cuidadores. Los bebés pueden reaccionar a esta situación de múltiples maneras, que influirán ciertamente en la consolidación de un modelo de vinculación que luego harán extensivo al resto de sus relaciones.
Que los niños se queden quietecitos en la cuna, que duerman toda la noche, que se valgan por sí mismos, son conductas que fomentamos para comodidad de los adultos, pero no son evolutivamente normales para niños pequeños. Si nuestros hijos pasan largas horas en compañía de extraños, ensayan intentos de enfrentar el mundo lejos de los brazos de mamá, hacen lo posible por dormirse en su cunita, están haciendo el máximo esfuerzo para acomodarse a un mundo adulto que dispone de pocos instantes para conectar con ellos. Son ellos quienes, a pesar de su pequeñez y su inmadurez, están sosteniendo nuestras necesidades, y aceptan sin rencores que en nombre de las buenas costumbres, les tildemos de caprichosos y malcriados.
Por Lic. María Paula Cavanna
Psicóloga y fundadora de UPA
Biberones, chupetes, cochecitos, cómodos sillones regulables, adaptadores para el auto y la bicicleta, cunas transportables, desarmables, sofisticados accesorios con sonidos, colores, formas…sin duda alguna la industria ha diseñado todo tipo de implementos para transportar, alimentar, dormir, entretener y estimular a nuestros bebés.
En unas pocas décadas se nos han vuelto necesarios, imprescindibles. Se han ligado indisolublemente a la imagen del bebé sano y feliz. De algún extraño modo hemos conseguido que hoy, un bebé que no usa chupete, que toma el pecho o va en brazos de su madre sea la excepción y no la norma. Es tan inusual, que quienes optan por una crianza con apego y con respeto por las necesidades de los bebés, se ven amenazados por toda clase de teorías y condenas que aseguran que su hijo no está sano y que, de no intervenir a tiempo, las consecuencias serán muy graves.
Brazos, ¿hasta cuándo?
La mayoría de los bebés comienzan a andar alrededor de los 12 meses de vida. Dan unos pocos pasitos y la familia contenta celebra que “ya camina”.
Sin embargo, pasarán aún un largo par de años hasta que este niño que hoy a tientas logra mantenerse unos segundos en pie, pueda caminar sin perder el equilibrio, correr, sostenerse en un solo pie, retroceder, detenerse de pronto. De modo que caminar, lo que se dice caminar, es algo que se aprende completamente pasados los 3 años de vida. A pesar de esto, todos sabemos que aún luego de esa edad, los niños se cansan con gran facilidad y piden brazos.
O sea que desde el aspecto físico, los niños necesitan ser cargados en brazos por lo menos para trasladarse de un lado hacia otro hasta que estén en condiciones plenas de hacerlos por sí mismos.
En la práctica, nuestros hijos piden brazos por muchos otros motivos además del que acabamos de mencionar: al estar cansados, con sueño, cuando se lastiman, se asustan, se intimidan, se cansan de mirar el mundo a la altura de rodillas y patas de las mesas, e incluso por motivos que sólo ellos conocen.
En estos casos, nunca falta una tía (con las mejores intenciones, claro), una suegra, una vecina o incluso una perfecta desconocida, que se siente en el deber de alertarnos: “lo vas a malcriar”.
Esta sentencia abre varias cuestiones que podemos analizar.
La primera de ellas es la creencia de que estar en brazos es algo que no debe ocurrir, y desde luego NUNCA en una “buena” crianza. Es algo malo, que se hace para darles el gusto a los hijos, y parece imposible que para los papás resulte placentero o lo disfruten.
Otra cuestión interesante es la idea de que si le das algo a tu hijo que le gusta, luego nunca dejará de pedirlo. Parecería que los bebés fueran adictos en potencia, que una vez que satisfacen sus necesidades con algo, no podrán dejar de pedir más. Personalmente, no he visto niños con problemas para dejar el cochecito o la sillita del auto cuando están maduros para ello. Y tampoco niños de 10 años pidiendo ser alzados en brazos. En algún momento de la evolución, simplemente dejan de pedir lo que ya no necesitan.
Las edades que tomamos como referencia para el desarrollo de nuestros hijos, están puestas de un modo arbitrario y no coinciden con la realidad por mucho que intentemos forzarlos.
Otro mensaje que se desliza en estas sentencias es que el niño no necesita estar en brazos, lo pide sólo para molestar, o por capricho, o porque nos “tomó el tiempo”.
Evolutivamente, un niño de tan corta edad, no tiene capacidad de elucubrar un plan tan especulativo, ni puede aprender el concepto de tomar ventaja, de aprovecharse de los demás.
Las cosas para ellos son más simples: me siento cansado, triste, inseguro, y busco refugio en el lugar que me da más tranquilidad, junto al corazoncito de mamá, entre sus brazos, acurrucado. La intención es clara y sencilla: pido aquello que necesito”.
“Un aspecto fuerte dentro de quienes desaprueban el contacto estrecho con los bebés o la satisfacción de sus necesidades, es el fantasma de la dependencia que le generará al bebé estar en brazos, tomar teta, compartir la cama con sus papás, etc. Veamos un poco de dónde surge esta idea.
El apego
Esta dependencia de la que venimos hablando, tiene un nombre en la literatura psicoanalítica, se llama apego.
El apego es la capacidad de formar y mantener relaciones. Como el ser humano vive en comunidades y es interdependiente de los otros seres humanos, es importante que aprenda desde pequeño a establecer lazos con los otros, y para preservar la especie, éstos deben ser estrechos y estables.
Estos lazos otorgan bienestar, seguridad, consuelo, placer…
Y la amenaza de pérdida del objeto al cual nos hallamos apegados, provoca ansiedad, angustia, temor.
La primera relación de apego que desarrollamos luego de nacer, es aquella que se da con nuestra madre. En el momento del parto, mamá y bebé segregan hormonas –opiáceos- que les facilitan –en condiciones de intimidad y contacto físico- este sentimiento de dependencia mutua, de fusión que ambos necesitan.
En condiciones naturales, una mamá que acaba de parir, abrazará a su bebé, ambos se mirarán a los ojos, emitirán sonidos, ella comenzará a acariciarlo suavemente, primero por las extremidades, y luego de a poco se estrecharán e intentarán mantener este contacto piel con piel durante todo el tiempo que les sea posible. La madre no puede dejar de mirar a su bebé con los ojos bien abiertos, le hablará con un tono de voz agudo pero de baja intensidad, con una gran sonrisa, y en pocos instantes este bebé estará listo para reconocer el olor de su madre de entre muchos otros olores, para diferenciar su voz, y se calmará mucho más rápidamente si es acunado por ella y no por otra persona.
Durante estas dos primeras horas de vida, el bebé estará en un estado de alerta máximo que no volverá a repetirse hasta que hayan pasado algunos meses. Será incluso capaz de imitar expresiones del rostro de una persona que establezca un contacto visual directo con él a una distancia desde donde pueda verlo. Todo está preparado hormonalmente para que esta mamá y este bebé se enamoren el uno del otro, y desarrollen una fuerte dependencia mutua.
Sin embargo, en la gran mayoría de los casos, estas primeras horas son utilizadas para realizar los primeros controles del recién nacido, a cargo de extraños, rodeados de estímulos luminosos, sonoros, y también dolorosos e invasivos. Todos ellos evitables o por lo menos, postergables.
Naturalmente, tanto si se produjo esta separación como si no, mamá y bebé querrán estar juntos, reencontrarse, reconocerse, estrecharse y mantenerse muy cerca el uno del otro.
Ese bebé que hasta hace unas horas era parte del cuerpo de otra persona, cuyo cuerpo estaba en contacto con un líquido tibio, con sonidos y movimientos, se encuentra perdido en una cuna, lejos de todo lo conocido y por ello llorará intentando recuperar aquellas sensaciones reconfortantes.
Esta relación primera, será el modelo sobre el cual se edificarán todas las posteriores relaciones del niño. Si cada vez que necesitó consuelo lo obtuvo, si cada vez que necesitó a su madre la encontró, si sus necesidades de afecto y cobijo fueron atendidas, será un modelo que quedará incorporado como reasegurador, confiable, y cuando llegue el momento de comenzar a independizarse, siempre le resultará mucho más fácil si sabe que ante cualquier ansiedad o angustia, mamá estuvo allí”.
“La cultura del desapego
El apego y el desapego son pautas culturales. En aquellas culturas que funcionan comunitariamente, se necesita criar a los niños de modo que sean solidarios, capaces de compartir, generosos, para que puedan priorizar el bien común del grupo.
En culturas como la nuestra, se necesita que los niños sean independientes, y que aprendan a autoabastecerse, porque al llegar a adultos, importará la competitividad, el individualismo, el éxito personal y el poder.
Por eso se necesita comenzar desde temprano. Separar a los bebés de sus madres precozmente, que aprendan rápidamente a sostener su biberón para que quienes lo cuidan no tengan que estar tan atentos; que se adapten a las canguro o a las guarderías sin llorar; que duerman solos toda la noche; que jueguen sin compañía; que dejen rápido los pañales; que se queden a dormir en casas de parientes o amigos, etc.
Desde luego que estos requerimientos están pensados desde un mundo adulto que necesita rápidamente volver a la “normalidad”, hacer de cuenta que “aquí no ha pasado nada”, y amoldar a este bebé al ritmo de vida que tenía la casa antes de su llegada.
Si pudiéramos relatar en primera persona un día en la vida de un bebé, teniendo en cuenta que sus necesidades básicas incluyen brazos gran parte del día, teta a demanda y presencia materna constante, comprobaríamos sorprendentemente que la mayor parte del tiempo, estas personitas de escasas semanas de vida-o incluso días-, postergan o renuncian a sus necesidades para hacernos el favor de permitirnos continuar con nuestra vida adulta: duermen solos en su cunita una o dos horas, se quedan en la guardería, aceptan un trozo de silicona –sin duda una mala imitación del pezón de mamá- para succionar, y nos esperan durante horas mientras hacemos nuestros quehaceres, o cumplimos con nuestra jornada laboral.
Algunas mujeres sienten una gran preocupación por retomar su vida social, su silueta, sus actividades recreativas, su vida amorosa, y para esto es necesario que el bebé se esté quietecito, que duerma mucho, que no llore, que juegue solito y que se relacione con cualquier persona que esté dispuesta a quedarse a su lado.
Esto es lo que se espera de un bebé casi desde las primeras semanas de vida.
Si entendemos esto como “criar”, por supuesto que cargar al bebé en brazos, amamantarlo, dormir en la misma cama con él y satisfacer sus necesidades, será “malcriarlo”. Porque una vez que se ha dormido plácidamente en los brazos de mamá, y se ha abierto un ojo entre sueños y ella sigue estando allí, y al abrir la boca se encontró con su pecho dispuesto a cobijarlo y así se ha pasado todo el día, es lógico, comprensible y hasta esperable, que ningún bebé quiera conformarse con menos!!!
Los adultos también necesitamos abrazos. Nos demostramos el afecto con caricias, con besos, con miradas, con palabras cariñosas. Nunca dejamos de necesitar este tipo de comunicación”.
Cómo crear vínculo
Poner al bebé al pecho, acunarlo, amamantarlo, acariciarlo, hablarle suavemente, sonreírle, cuidarlo, protegerlo, son actitudes que promueven la experiencia del vínculo.
Los investigadores de estas temáticas, consideran que el factor más importante en la constitución del apego es el contacto físico positivo -expresado por las actitudes mencionadas anteriormente- ya que éste causa respuestas neuroquímicas en el cerebro que permiten que los sistemas cerebrales responsables del apego se desarrollen normalmente.
Durante los tres primeros años de vida el cerebro alcanza el 90% del tamaño adulto y coloca en su lugar la mayor parte de los sistemas y estructuras que serán responsables del funcionamiento emocional, conductual, social y fisiológico para el resto de la vida. Por eso las experiencias de vinculación repetitivas durante la infancia proveen una base sólida para futuras relaciones saludables.
Por el contrario, la inconsistencia del vínculo emocional o la falta de satisfacción de estas necesidades básicas de sostén, afecto y reconocimiento, generan conductas de ansiedad y desconfianza de los bebés hacia sus cuidadores. Los bebés pueden reaccionar a esta situación de múltiples maneras, que influirán ciertamente en la consolidación de un modelo de vinculación que luego harán extensivo al resto de sus relaciones.
Que los niños se queden quietecitos en la cuna, que duerman toda la noche, que se valgan por sí mismos, son conductas que fomentamos para comodidad de los adultos, pero no son evolutivamente normales para niños pequeños. Si nuestros hijos pasan largas horas en compañía de extraños, ensayan intentos de enfrentar el mundo lejos de los brazos de mamá, hacen lo posible por dormirse en su cunita, están haciendo el máximo esfuerzo para acomodarse a un mundo adulto que dispone de pocos instantes para conectar con ellos. Son ellos quienes, a pesar de su pequeñez y su inmadurez, están sosteniendo nuestras necesidades, y aceptan sin rencores que en nombre de las buenas costumbres, les tildemos de caprichosos y malcriados.
“CUANDO NOSOTROS ESTEMOS MENOS OCUPADOS,
ELLOS ESTARÁN DEMASIADO GRANDES…”
viernes, 30 de septiembre de 2011
Una perla que dolió
Esta semana hubo un día en que amanecí con un dolor fuerte que no se me pasó al amamantar. Mi teta siguió dolorida, con algunas durezas, como si se estuviera retuviendo la leche. Como estuve en la reunión del trabajo toda la mañana, no me desesperé y lo dejé pasar. Al llegar a casa seguía igual, y me había salido un puntito blanco en el pezón.
A lo largo de la tarde, el dolor y las durezas fueron en aumento. Cuando amamantaba, comenzaba a dolerme con más intensidad.
Las durezas eran algunos lóbulos congestionados de leche y no se me iban con los masajes. Me bañé y el agua caliente tampoco me alivio. El puntito blanco seguía, como una pequeña perlita en el pezón.
No tenía la teta congestionada, era sólo una zona... recordé que alguna vez había leído algo sobre este puntito blanco. Una gran amiga me dijo que intentara con paños calientes para aflojar la leche retenida. Mi recuerdo me dijo que ese punto indicaba que tenia taponado un conducto de salida de la leche, el galactóforo, por eso la leche no salía. Y la solución... era dolorosa, dejar que mi cachorro succione en una posición no habitual, buscando que con su pera toque la zona endurecida.
Eso hice. Los paños calientes me aliviaron muchísimo y diluyeron las zonas endurecidas. Dejar que mi cachorro mame fue un dolor apenas soportable... fueron unos 5 minutos de aguantar la sensación de que me estaban buscando arrancar el pezón. De a poco, el dolor disminuyó. Así, sólo con mi cachorro, logré hacer desaparecer el punto blanco. Se destapó lo que estaba tapado.
Para no quedarme con la duda, consulté sobre qué podía haberlo causado y encontré tres causas frecuentes:
A lo largo de la tarde, el dolor y las durezas fueron en aumento. Cuando amamantaba, comenzaba a dolerme con más intensidad.
Las durezas eran algunos lóbulos congestionados de leche y no se me iban con los masajes. Me bañé y el agua caliente tampoco me alivio. El puntito blanco seguía, como una pequeña perlita en el pezón.
No tenía la teta congestionada, era sólo una zona... recordé que alguna vez había leído algo sobre este puntito blanco. Una gran amiga me dijo que intentara con paños calientes para aflojar la leche retenida. Mi recuerdo me dijo que ese punto indicaba que tenia taponado un conducto de salida de la leche, el galactóforo, por eso la leche no salía. Y la solución... era dolorosa, dejar que mi cachorro succione en una posición no habitual, buscando que con su pera toque la zona endurecida.
Eso hice. Los paños calientes me aliviaron muchísimo y diluyeron las zonas endurecidas. Dejar que mi cachorro mame fue un dolor apenas soportable... fueron unos 5 minutos de aguantar la sensación de que me estaban buscando arrancar el pezón. De a poco, el dolor disminuyó. Así, sólo con mi cachorro, logré hacer desaparecer el punto blanco. Se destapó lo que estaba tapado.
Para no quedarme con la duda, consulté sobre qué podía haberlo causado y encontré tres causas frecuentes:
- Si el bebé no se está alimentando bien
- Si se salteó alguna mamada
- Si se usa un corpiño muy apretado
viernes, 16 de septiembre de 2011
lunes, 12 de septiembre de 2011
Amamantar: dar-se
Amamantar es entrega. Mi cuerpo dormido a mitad de la noche deja que otro cuerpo se nutra. Ese mismo cuerpo que se nutre me reclama a lo largo del día, lo mejor que pude hacer fue darme cuenta que entregarme a esa necesidad nos relajaba y entonces nos dejaba fluir y los animos mejoraron. Aprender a disfrutar el momento de nutrir es el secreto.
Hay una magia que debemos aprender como madres. Es un momento unico que debemos aprender a respetarnos y enseñar que nos deben respetar.
El contacto piel a piel es estimulante. Sentir las texturas, las temperaturas, los olores... claro que tiene que ver con nuestra sexualidad.
Me entregue, me dejé llevar por cada uno de estos momentos, lo sigo haciendo... es un momento amoroso que me maravilla.
Hay que aprender a amamantar bien, no es algo que viene. El cachorro y su mama, ambos al conocerse deben aprender como conectarse...
Les dejo este video de la Liga de la Leche con algunas buenas recomendaciones:
Hay una magia que debemos aprender como madres. Es un momento unico que debemos aprender a respetarnos y enseñar que nos deben respetar.
El contacto piel a piel es estimulante. Sentir las texturas, las temperaturas, los olores... claro que tiene que ver con nuestra sexualidad.
Me entregue, me dejé llevar por cada uno de estos momentos, lo sigo haciendo... es un momento amoroso que me maravilla.
Hay que aprender a amamantar bien, no es algo que viene. El cachorro y su mama, ambos al conocerse deben aprender como conectarse...
Les dejo este video de la Liga de la Leche con algunas buenas recomendaciones:
domingo, 11 de septiembre de 2011
Buena Leche
La policía Verónica Dell le dio la teta a una beba que su mamá no pudo criar y se convirtió en una heroína mediática. Sin embargo, la costumbre de compartir el pecho con los hijos propios y ajenos es ancestral. Hebe de Bonafini salvó a una bebé de la polio por compartir la lactancia más allá de las paredes de su casa. Hasta no hace tanto, la alta sociedad daba a las criadas esa tarea que hoy se sacraliza y antes se subestimaba.
En Villa Astolfi encontraron a una beba que, según los medios, estaba abandonada y que, seguramente, ni su joven mamá ni su papá (por el que nadie se pregunta) supieron o pudieron cuidar más allá de desearle otro camino que no fuera el de sus brazos. La beba –de 3 kilos y medio y en buen estado de salud– estaba vestida con un pañal, un enterito, un gorro de lana y envuelta. Seguramente los retazos de amor que la pequeña mamá pudo darle antes de dejarla en la puerta de una casa para sentir que su hija iba a tener mejor destino que ella.
La vecina que la encontró –Alejandra Gabriela Constantini– la llevó hasta la comisaría adonde Verónica Dell, de 22 años, se acercó a verla. Verónica tiene un bebé, Samuel Emiliano, de cinco meses, todavía en período de lactancia, y antes de que llegara la ambulancia le dio la teta. La situación se transmitió como un culebrón conocido: una villana que abandona a su bebé y una uniformada que se vuelve heroína. Pero hay otra historia atrás de la historia.
Una historia de mujeres que no sólo dan la teta, sino que brindan su cuerpo como forma de solidaridad. “Los más bello que hice en mi vida después de parir a mis hijos fue en el mismo momento que los amamantaba amamantar a otros chicos. Con mi segundo hijo, en 1953, llegó la epidemia de polio y a la otra beba que le daba la teta le agarró poliomielitis. Yo me estaba quedando sin leche y tuve que elegir a quién le daba y elegí darle a la bebita que estaba muy enferma. Me parece que es una cosa muy bella. La bebé se salvó, quedó con dificultades para caminar pero estudió y se recibió de médica. Mi hijo creció sano y fuerte y se hizo revolucionario”, contó Hebe de Bonafini, Presidenta de las Madres de Plaza de Mayo, en el portal internacional “¿Qué es la cosa más bella que hiciste en tu vida?”.Fuente: Página12, 19 de agosto de 2011
Cecilia Karplus, Coordinadora de Liga de La Leche Argentina, rastrea otros casos que muestran que no es una excepción, sino una ligazón que se le produce a algunas mujeres (sin generalizar) con su posibilidad de dar de mamar: “La noticia sobre la mujer policía de Pilar que amamantó a la beba abandonada tiene antecedentes. Al cierre de la Fiesta de la Vendimia, en 2009, una bebé recién nacida fue encontrada por el público. La auxiliar Alejandra Farías escuchó la noticia en la radio policial, corrió a buscar a la bebé y la amamantó”.
Pero la historia viene de más lejos. Karplus se remonta: “A lo largo de muchos siglos tener una nodriza fue un símbolo de poder y prestigio. El nodrizaje es la segunda profesión más antigua del mundo, regulada desde el año 2000 a.C. por los babilonios. Fue una forma de trabajo esclavo. Las nodrizas tenían que estar disponibles todos los días, todo el día, durante dos años, para amamantar a los bebés de las clases altas, relegando a sus propios hijos. En nuestro país, desde la época colonial, las clases altas contrataron nodrizas siguiendo el modelo europeo. Primero fueron esclavas negras, luego indígenas. Con la inmigración europea a partir del siglo XIX las nodrizas blancas desplazaron a las negras hasta su desaparición a mitad del siglo XX. En América, los pueblos originarios practicaban una crianza amorosa, colechaban y amamantaban sin restricciones y eso aún se mantiene en las comunidades menos contaminadas por la cultura occidental”.
Julieta Saulo es doula (acompañante de parto y postparto) y Coordinadora de la Red de Mujeres “Las Casildas”. Ella se sorprendió por el revuelo que armó el caso de la policía amamantadora en las redes sociales. Y un comentario la dejó perpleja: “Yo soy médico y futuro obstetra y jamás le recomendaría a ninguna mujer cuerda que amamante al primer bebé que encuentre”. Aunque es cierto que en el ámbito de la salud ponen reparos a las tetas compartidas. “Existe controversia sobre el riesgo de que el bebé adquiera el virus HIV a través de la leche materna. La recomendación del Ministerio de Salud es que las madres portadoras de HIV no amamanten. Las madres que quieran amamantar bebés que no sean sus hijos deben estar seguras de no ser portadoras de HIV y tomar todas las prevenciones para no adquirir el virus durante el tiempo que estén amamantando. Y, fundamentalmente, requiere una relación de confianza entre las mujeres que van a intercambiar los bebés”, señala Karplus.
En relación con la prudencia sanitaria, Julieta contrapone el ejemplo de los bancos de leche donde las mujeres se prestan a un examen que evalúa si están en condiciones de dar su leche para que otr@s bebés puedan ser alimentados en base a leche humana. Por eso, ella no siente que el problema sea de salud sino de prejuicios. “Acá lo que está en juego es el tema del contacto y del ofrecimiento de la teta (objeto sexual si los hay) a un bebé que no es el propio.”
No todo es temor. También hay una gran vinculación. “Recuerdo a dos amigas mías de la infancia que eran ‘hermanas de leche’, ya que la madre de una de ellas no pudo dar la teta por cuestiones de salud y se la dio la mamá de la otra amiga. Y, créase o no, el vínculo entre ambas era entrañable”, se asombra Julieta. Otro lazo casi familiar le llegó a Mariela Franzosi, autora del blog www.maternarconamor.blogspot.com e impulsora del proyecto postnatal de 6 meses. Su papá nació en Rojas, un pueblo de la provincia de Buenos Aires. Ahí también nació Martha Oyhanarte (fundadora de Poder Ciudadano). Hasta ahí apenas una coincidencia geográfica. Pero cuando Mariela se cruzó, de casualidad, con Martha, ella se presentó prácticamente como una tía. No eran lazos familiares ni sanguíneos. ¿Se diría lácteos? Al menos de la vía láctea que tiene que ver con el amor, el dolor –para no caer en la dulcificación de la lactancia sin grietas, endurecimientos o mordidas– y el calor que se transmite al dar la teta. “Martha me contó que era hermana de leche de mi papá. Me dio risa”, cuenta ella que, justamente, impulsa un proyecto para que las mujeres gocen de licencia laboral para poder dar durante seis meses –el tiempo que Unicef recomienda de lactancia exclusiva– sin tener que andar con un sacaleche en la cartera ni sufriendo por el tamaño in crescendo de los pechos mientras se acumulan papeles en la oficina.
Pero Mariela sabe que hay muchas mamás que no quieren sentirse sólo una teta. Por eso, advierte: “Es un tema que puede resultar complejo para muchas feministas, pero me parece que cuando te conectás con tu parte más instintiva y animal de la maternidad, lo que te sale es proteger a la cría con tu cuerpo y darle la teta. La verdad es que a mí muchas veces me han dado ganas de ponerme a la teta a un bebé que llora. Qué sé yo...”, admite en ese ímpetu por tranquilizar a un bebé poniendo el propio cuerpo y racionalizando sobre un impulso que a veces no tiene (o no parece tener) razón, sino goteos de una sensación.
jueves, 8 de septiembre de 2011
Dejarlo, dejarme
El antes
Hoy, ahora, ya en este instante estoy preparándome para ir al trabajo. Van a ser unas 4 o 5 horas en las que mi cachorro va a quedar al cuidado del papá.
Quizás por no querer afrontar la situación, o por despistada no me extraje leche.
¿Cómo me siento? Rara, es lo único que puedo decir. Es como una angustia y una revolución internas.
Me informé tanto sobre cómo proceder para no cortar la lactancia y no organicé nada. No culpo, me pregunto el por qué de mi dilucion en esto que creo importante.
Hoy comienzo a trabajar fuera de casa y a estar un tiempo de nuevo siendo yo, individual... Bueno, al menos físicamente individual sin anexo.
T R A B A J O
El después
Entre angustia y libertad, eso sentí durante un rato, hasta que comencé a trabajar. Después, fue como un piloto automático y la pasé bien. Sin pena, sabiendo que el cachorro estaba bien y que en breve yo volvía. Fueron 4 horas y media.
Cuando volví, para él fue como si no me hubiera ido. No sé si se dió cuenta. En fin, fue el primer paso del primer día de trabajo en serio.
Hoy, ahora, ya en este instante estoy preparándome para ir al trabajo. Van a ser unas 4 o 5 horas en las que mi cachorro va a quedar al cuidado del papá.
Quizás por no querer afrontar la situación, o por despistada no me extraje leche.
¿Cómo me siento? Rara, es lo único que puedo decir. Es como una angustia y una revolución internas.
Me informé tanto sobre cómo proceder para no cortar la lactancia y no organicé nada. No culpo, me pregunto el por qué de mi dilucion en esto que creo importante.
Hoy comienzo a trabajar fuera de casa y a estar un tiempo de nuevo siendo yo, individual... Bueno, al menos físicamente individual sin anexo.
T R A B A J O
El después
Entre angustia y libertad, eso sentí durante un rato, hasta que comencé a trabajar. Después, fue como un piloto automático y la pasé bien. Sin pena, sabiendo que el cachorro estaba bien y que en breve yo volvía. Fueron 4 horas y media.
Cuando volví, para él fue como si no me hubiera ido. No sé si se dió cuenta. En fin, fue el primer paso del primer día de trabajo en serio.
lunes, 29 de agosto de 2011
Amamantar AMA MAMA DAR
garantiza el mejor alimento para el bebé…
ahorra dinero, tiempo y trabajo…
me permite verlo crecer sano, fuerte y seguro…
lo previene de enfermedades…
El amamantamiento, alimento inteligente para inteligentes, provee al sistema nervioso y al cerebro un desarrollo óptimo.
Va estableciendo un fuerte vinculo… que le garantizará suma seguridad para el resto de su vida.
[tomado de Ñuñu]
No sabía nada de esto antes. Puedo decir que soy un antes y un después de Sacháyoj.
Antes, cada vez que veía a una madre amamantar, sentía que estaba invadiendo un espacio
privado, me daba pudor.
Ahora que amamanto se de donde provienen esas sensaciones. Dar el pecho a nuestro cachorro tiene que ver con nuestra sexualidad. Es el inicio, la culminación de un acto sexual y a la vez es nutrir lo nuevo.
Las sensaciones que da son únicas, nos conecta, nos sumerge en un mundo de intuición y sensaciones. Amamantar es mucho mas que nutrir. Lo redescubro cada vez que doy el pecho.
Comprendo porque muchas amigas adoran amamantar a sus cachorros. Sin embargo, como dice Diaz Walker entre otros "en nuestra cultura consumista debe considerarse el destete precoz, el chupete o pacificador, la botella biberón, y tantos ingenios más, represores de la sexualidad en la crianza en amamantamiento". Por ser parte de nuestra sexualidad muchas cosas no se dicen o se mal interpretan.
Algunos otros datos sobre el amamantamiento (también de Ñuñu)
El bebé amamantado exclusivamente…- No padece constipación, su materia fecal es amarillo oro, otras veces verde, nunca es dura, mas bien suelta, puede evacuar 5 veces o más por día y puede pasar hasta 5 o mas días sin evacuar, es normal y no merece tratamiento alguno.
- No necesitan otro alimento, hasta el 9no mes o mas que es cuando ellos pueden compartir tu mesa.
- El bebé que toma teta, no tiene horarios para hacerlo, es a libre demanda de día y de noche. Cuando tiene hambre el te hará saberlo.
- Tenemos que alimentarnos bien!
- Debemos saciar nuestra sed! tomar mucho liquido (refrescos naturales, bebidas sin alcohol, sopa o simplemente agua).
- No debemos fumar, ni tomar medicamentos ni drogas toxicas.
- El descanso y bienestar de la mamá ayuda a una buena producción de leche
- Debemos evitar dietas, ya que el sobrepeso que queda después del parto se pierde amamantando.
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