Hoy, hace un año o una vuelta completa al sol, que es lo mismo llegaba mi cachorro a este lado de mi panza.
Hoy nos conocíamos las caras, nos papábamos, nos aliamos, estrenábamos todos estos sentidos que antes no habíamos podido usar.
Fue un poco diferido el encontrarnos, por la cesárea necesaria pero con poco respeto, la anestesia que me volteó, tu nacimiento programado sin consulta a tus pulmones y el precipitado corte del cordón nos conocimos unas tres horas después. Ambos ya estábamos repuestos, un poco al menos, del encontronazo del quirófano. Tu papá hizo de mediador entre ambos, cuidándote en tu salita y a mi en la habitación.
No puedo decir cómo estaba, porque no lo sé. Asumo que estaba aterrada pero sin prisa o ansiedad. Creía no saber pero a la vez sabía que sabía y supe.
Hoy, hace un año que dejaste de crecer en mí, para crecer conmigo.
Hoy, llevamos recorridos 365 vueltas sobre la tierra y una vuelta al sol a pura teta a demanda, tu rico ñuñu que tanto te ayuda a crecer.
También hoy, y con una sonrisa, podemos decir que los pañales de tela que usas desde el mes son geniales y que no se cumplió ninguno de los pronósticos de mal agüero. Y que podrás dejar muchas huellas en el planeta, pero ninguna será de pañales.
Muchas cosas pasaron en cada uno de estos días que compartimos juntos. Siempre estuvimos juntos, en los viajes en micro, en auto, en bici, en barco, en avión o caminando.
HOY te veo grande, casi caminando, balbuceando cosas en tu lengua, aprendiendo todos los días, sonriendo, riendo, descubriendo cosas por tu cuenta... independiente y afectuoso y me haces feliz.
Dejamos atrás un montón de cosas tan lindas que las extraño. Es increíble que ya hayamos dado toda la vuelta! es maravilloso verte, cachorro grande! Gracias por hacerme tu mamá, por dejarme aprender.
Ojalá que sigamos así durante muchas, muchisimas vueltas mas al sol. Feliz primer año de vida, amor chiquito!
Abrí este espacio para compartir cosas que pienso, que encuentro, descubro, que me atraviesan y que conozco... también lo que siento y en lo que creo, detalles que me gustan. Todas mis diferentes diosas desde esta ventana. Es para mi y para todos quienes se acerquen empaticamente
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miércoles, 11 de abril de 2012
martes, 20 de marzo de 2012
Éxtasis lácteo
Cuando mi cachorro tenía pocas semanas y ya habíamos aprendido un poco el arte de dar y alimentar como los mamíferos que somos, yo me fascinaba cuando luego de una larga toma se quedaba quietecito entre adormecido y extra satisfecho, con los ojitos entrecerrados. Oliendo el dulce aroma de la leche que me brotaba, respirando suave, calentito muy cerca de mí. A esta situación la llamé "éxtasis lácteo".
Era tan grato verlo en estas situaciones que interrumpirlas para sacar una foto era algo cercano al sacrilegio. ¿Cómo arruinar tan dulce y bello momento de tranquilidad mutua? Esas imágenes las tengo guardadas en mi memoria, son sólo para mi.
La lactancia materna disfrutada por los dos, mamá y bebé, es algo sumamente placentero. Tanto o más de lo que alguna vez me pude imaginar. Aún hoy, cuando en sus 11 meses logra su éxtasis lácteo, me desborda una felicidad suave, tranquila, bella. Es inexplicable la sensación al ver sus ojos entrecerrados, sentir su espiración cómoda, olerlo dulce, verlo con una sonrisa escondida en los labios, sentir sus suaves caricias sobre mi piel, cual mimos de agradecimiento... verlo plenamente satisfecho de cuerpo y espíritu por ese momento de conexión e intimidad que compartimos me deja plena. Es un momento que no se puede compartir, que debe ser vivido, que vale la pena. Es un buen momento puro donde no hay nada que sea importante.
En el éxtasis lácteo caigo del precipicio del tiempo-reloj y me muevo en mundos viscosos, en donde el tiempo se palpa y fluye a velocidades que no me explico. El mundo que me rodea se achica a lo que puedo llegar a tocar, y es un lugar cálido y con entre luces. Nutrir, esa magia que me brota sin control mental alguno, y saber que es bueno y que ayuda es una de esas sorpresas que me dio mi cachorro al volverme mujer maternante.
Era tan grato verlo en estas situaciones que interrumpirlas para sacar una foto era algo cercano al sacrilegio. ¿Cómo arruinar tan dulce y bello momento de tranquilidad mutua? Esas imágenes las tengo guardadas en mi memoria, son sólo para mi.
La lactancia materna disfrutada por los dos, mamá y bebé, es algo sumamente placentero. Tanto o más de lo que alguna vez me pude imaginar. Aún hoy, cuando en sus 11 meses logra su éxtasis lácteo, me desborda una felicidad suave, tranquila, bella. Es inexplicable la sensación al ver sus ojos entrecerrados, sentir su espiración cómoda, olerlo dulce, verlo con una sonrisa escondida en los labios, sentir sus suaves caricias sobre mi piel, cual mimos de agradecimiento... verlo plenamente satisfecho de cuerpo y espíritu por ese momento de conexión e intimidad que compartimos me deja plena. Es un momento que no se puede compartir, que debe ser vivido, que vale la pena. Es un buen momento puro donde no hay nada que sea importante.
En el éxtasis lácteo caigo del precipicio del tiempo-reloj y me muevo en mundos viscosos, en donde el tiempo se palpa y fluye a velocidades que no me explico. El mundo que me rodea se achica a lo que puedo llegar a tocar, y es un lugar cálido y con entre luces. Nutrir, esa magia que me brota sin control mental alguno, y saber que es bueno y que ayuda es una de esas sorpresas que me dio mi cachorro al volverme mujer maternante.
viernes, 16 de marzo de 2012
Qué dificil!!!!!!!!!!
Estos días que pasaron nos pasó de todo. Tanto así que se nos fué febrero como agua que se escapa entre los dedos.
Particularmente no me está resulando fácil esto de maternar, mantener la casa, trabajar, pensar en mi y en mi compañero. Y ahora releo esto útlimo que escribí y me cuestiono: cómo me va a ser fácil si son un montón de cosas!!. Bueno, sé que hay que aflojar con las exigencias y eso lo pongo en práctica. Bueno, la verdad no me es nada fácil. Constantemente creo estar bajando las exigencias pero despues, al final del día o de la semana veo que no fue así. Una de las cosas que más me cuestan es encontrar espacios para trabajar en casa, leer lo que debo, corregir, planificar, proyectar. No tengo momentos de mi como ser individual. Y me aclaro, "para eso empezó el jardin", pero nos está costando muchisimo.
Antes de estos 9+11 no me imaginaba cómo iba ser esto, cuánto cuesta, cómo cambia todo, la satisfacción que da pese a todo. Desde esa vereda, la que ahora me queda enfrente donde están los solteros sin hijos, es difícil escalar la magnitud de los cambios (en todas sus dimensiones).
Si bien aún no comencé al 100% con mis trabajos, los últimos dos viernes pasados, terminé con migrañas por estar exhausta. Esas semanas intentaba todo: estar sonriente para llevar al cachorro a su adaptación al jardín, tener la casa lo mejor que se puede, cocinar y comer sano, mantener mis plantas y huerta, trabajar adelantando las cosas atrasadisimas que tengo, tener un rato para compartir con mi pareja, hacer algo de laburo, mantenerme activa socialmente, lograr momentos de ocio/descanso... etc. Pude? si, pero dormia 5hs cada noche y ambos viernes caí mal. Mi cuerpo no da para esos trotes. Con migraña ni siquiera puedo estar ok para darle de comer al cachorro su ñuñu.
Paso a paso, esta semana continuo mi trabajo personal de ablandar los límites. De hacer hasta donde se puede y dejar fluir. Esto, en parte, es lo que también me aleja de este espacio. Ya no dispongo de mi tiempo para sentarme y volcar todas las palabras que se me atoran en la cabeza.
Así estoy este útlimo mes. Buscando alguna manera de obtener un equilibrio malabarista. Por momentos triste, otros en los que no me importa nada mas que estar con el cachorro y disfrutar, otros en los que quisiera escapar.
Es maravilloso que alguien me ame como mi cachorro. Es increible lo que se siente cuando se desborda de felicidad al verme. Es alentador verlo ganando destrezas. Es fascinante escucharlo reirse a risotadas. Es transgresor verlo tan inmensa y descaradamente feliz. Es tantas otras cosas! por todas estas vale que me sea difícil cerrarme y volver. Ya no quiero volver a ser como antes. Ahora busco conciliar, de a poco, con paciencia propia y pidiendo paciencia ajena, conciliar el trabajo y su crianza.
Particularmente no me está resulando fácil esto de maternar, mantener la casa, trabajar, pensar en mi y en mi compañero. Y ahora releo esto útlimo que escribí y me cuestiono: cómo me va a ser fácil si son un montón de cosas!!. Bueno, sé que hay que aflojar con las exigencias y eso lo pongo en práctica. Bueno, la verdad no me es nada fácil. Constantemente creo estar bajando las exigencias pero despues, al final del día o de la semana veo que no fue así. Una de las cosas que más me cuestan es encontrar espacios para trabajar en casa, leer lo que debo, corregir, planificar, proyectar. No tengo momentos de mi como ser individual. Y me aclaro, "para eso empezó el jardin", pero nos está costando muchisimo.
Antes de estos 9+11 no me imaginaba cómo iba ser esto, cuánto cuesta, cómo cambia todo, la satisfacción que da pese a todo. Desde esa vereda, la que ahora me queda enfrente donde están los solteros sin hijos, es difícil escalar la magnitud de los cambios (en todas sus dimensiones).
Si bien aún no comencé al 100% con mis trabajos, los últimos dos viernes pasados, terminé con migrañas por estar exhausta. Esas semanas intentaba todo: estar sonriente para llevar al cachorro a su adaptación al jardín, tener la casa lo mejor que se puede, cocinar y comer sano, mantener mis plantas y huerta, trabajar adelantando las cosas atrasadisimas que tengo, tener un rato para compartir con mi pareja, hacer algo de laburo, mantenerme activa socialmente, lograr momentos de ocio/descanso... etc. Pude? si, pero dormia 5hs cada noche y ambos viernes caí mal. Mi cuerpo no da para esos trotes. Con migraña ni siquiera puedo estar ok para darle de comer al cachorro su ñuñu.
Paso a paso, esta semana continuo mi trabajo personal de ablandar los límites. De hacer hasta donde se puede y dejar fluir. Esto, en parte, es lo que también me aleja de este espacio. Ya no dispongo de mi tiempo para sentarme y volcar todas las palabras que se me atoran en la cabeza.
Así estoy este útlimo mes. Buscando alguna manera de obtener un equilibrio malabarista. Por momentos triste, otros en los que no me importa nada mas que estar con el cachorro y disfrutar, otros en los que quisiera escapar.
Es maravilloso que alguien me ame como mi cachorro. Es increible lo que se siente cuando se desborda de felicidad al verme. Es alentador verlo ganando destrezas. Es fascinante escucharlo reirse a risotadas. Es transgresor verlo tan inmensa y descaradamente feliz. Es tantas otras cosas! por todas estas vale que me sea difícil cerrarme y volver. Ya no quiero volver a ser como antes. Ahora busco conciliar, de a poco, con paciencia propia y pidiendo paciencia ajena, conciliar el trabajo y su crianza.
viernes, 10 de febrero de 2012
Durmiendo
Antes no sabía ni que existía la palabra "colecho". Es más, cuando un ex me dijo que la mamá de su hijo de cuatro años dormía con el nene en la misma cama me pareció terrible. Colecho es eso, en el sentido estricto, compartir el lecho.
Nosotros a veces evitamos decir que a veces colechamos. Por que la gente nos mira mal. Pero es cierto, el cachorro tiene casi 10 meses y sigue durmiendo en nuestra habitación. Tiene su cuarto, ahí duerme sus siestas y se acuesta a la noche, pero después, en algún momento termina con nosotros porque nos resulta más cómodo que esté cerca por si se despierta. También nos resulta agradable que duerma con nosotros, pero claro... esto a veces se presta a situaciones que terminan resultando en dolores musculares matutinos. Acá tienen algunos humorísticos y muy ciertos ejemplos, ¿se identifican en alguno?
Nosotros a veces evitamos decir que a veces colechamos. Por que la gente nos mira mal. Pero es cierto, el cachorro tiene casi 10 meses y sigue durmiendo en nuestra habitación. Tiene su cuarto, ahí duerme sus siestas y se acuesta a la noche, pero después, en algún momento termina con nosotros porque nos resulta más cómodo que esté cerca por si se despierta. También nos resulta agradable que duerma con nosotros, pero claro... esto a veces se presta a situaciones que terminan resultando en dolores musculares matutinos. Acá tienen algunos humorísticos y muy ciertos ejemplos, ¿se identifican en alguno?
Ja, creo que el único que no practicamos es el segundo de arriba a la izquierda.
Alguna vez una conocida me dijo que ella nunca había dormido con sus hijos y en tono horrorizado me aclaró "¡a ver si se acostumbran!". Para mí, ahora ya mamá, dormir con mi cachorro es tan dulce, lindo, único. No me muero ni me quedo sin dormir si duerme en otra cama, o en otra habitación. Pero debo reconocer que perdió lo terrible. Se que llegará el momento en el que me gustará que tenga su espacio, pero aún es un cachorro de menos de un año. Todavía estamos en esa etapa que algunos dicen que es parte del puerperio. Aun somos la fusión mama-bebé. Si él de a poco está reconociendo que es alguien separado de mí, si aun está enamorado de su mamá cómo no voy a entender que el quiera, que disfrute, tenerme tan cerca. ¿Qué enamorado quiere dormir lejos de su amado/a?
Socialmente nos imponen el desapego, la forzosa separación para lograr la independencia. Creo que con este abandono a la soledad sólo logramos independencia física. Para la independencia emocional se requiere de una importante carga afectiva, de aprobación. Una construcción del ser individual, de la confianza en sí mismo. Creo que esto se logra con afecto, con respeto a los tiempos, las edades, con constancia y presencia. No voy a hacer las cosas porque la mayoría las hace. En este punto, sigo, bueno, seguimos como papás haciendo lo que sentimos y creemos.
martes, 31 de enero de 2012
Batido de enero
Comencé este año quedándome a dormir en casa de mis papás, sin mi compañero. Esa madrugada salimos hacia la costa. Mi compañero se quedaba en casa porque días más tarde él emprendía una viaje de trabajo, por un mes.
Estuve con mi cachorro en la playa, junto a mis papás. Verlo disfrutar de la arena y del agua fue algo fantástico. También lo fue que pudiera relacionarse más con sus abuelos. La verdad es que mis papás se portaron super bien, entendiendome y cuidandonos a los dos sin exigencias. Por mi parte intenté relajarme todo lo que pude, pero no fue mucho. La gran locura fue hacer que los pañales se secaran para tener siempre y evitar comprar descartables (soy cabeza dura con esto, sisisisisi). Con mi mamá nos turnabamos para lavarlos a mano y los poníamos a secar en mil lugares. Ganó nuestro ingenio porque lo logramos! Extendí quedarme con ellos para poder darme un gusto, y una noche me fui solita al teatro a verlo a Alfredo Casero en su show. Fue loquisimo estar sola de noche, haciendo algo que me gusta y sentir la libertad de poder hacerlo, sabiendo que el cachorro estaba seguro durmiendo al cuidado de los abuelos.
Luego me volví a casa, para estar unos días acá, con nuestras cosas, nuestra rutina. Como el cachorro ligó una piletita de regalo soportamos muy bien el calor. Pero la ausencia de mi par se hizo notar, y yo, nuevamente intenté descansar y no lo logré.
La semana siguiente partimos hacia donde estaba trabajando mi compañero. Ahí vivimos mil cosas juntos, los tres y también yo con el cachorro. De la alegría extrema que le generó dormir en carpa sobre los colchones inflados, hasta las risotadas en medio de una tormenta del desierto de aquellas, pasando por los baños en olla, sus siestas en cajón de campaña y tantas cosas. Me alegró mucho encontrarlo siempre de buen ánimo, con una sonrisa hacia todo aquel que se le acercara, sin dramas. Creo que esta semana fue cuando más relajados estuvimos los dos, incluso con todos los idas y vueltas acompañando a mi compañero de compras, de entregas, de reuniones y de campaña, llenos de tierra. El tema de los pañales de nuevo fue algo que tuve que controlar, pero no tuvimos mayores inconvenientes. Nuevamente evite y logré no usar descartables. Yo esta semana la disfrute, saqué fotos, me relajé viendo el cielo estrellado, el horizonte infinito, los olores de la estepa... me encantó haber ido. Como broche de esta escapada, nuestro ultimo almuerzo juntos nos encontró en un restoran en donde además de nosotros estaban los integrantes de La Vela Puerca, un lujazo!
Y ahora estoy acá, ultimos días del mes que se acaba sola. Con muchas ganas de descansar de verdad y miles de cosas atrasadisimas por hacer. En todo este tiempo pensé y valoricé mucho todo lo que mi compañero hace a diario, la ayuda que pone para que la casa no pase de quilombo a delirio de desorden entre el cachorro, los tres perros, los peces, las plantas, la tortuga y la gata, además de nosotros mismos. Sí, me hizo falta la pareja, el compañero. Es duro estar sola y hacer todo.
Quizás todo lo entrecortado del mes me cansó de más, sin embargo creo que si me hubiera quedado de corrido sola en casa todo el mes ahora estaría aullando de angustia y desesperación por intentar mantener todo yo sola. Y creo que también es super bueno rescatar algo que surgió justo cuando nos ibamos a ver a mi compañero. Toda esta red virtual que está tejiéndose detrás de estas palabras que yo pienso, escribo y ustedes leen, que están dispuestas a organizarse y hacerme el aguante. Aunque este mes no logramos acordar un encuentro, quiero decirles que me fue muy valioso y aliviador escuchar sus propuestas de juntarnos. GRACIAS!
Bueno, así termina mi alocado enero. . Muy de madrugada, intentando terminar un trabajo que debo desde que nació mi cachorro y haciendo cualquier otra cosa... mi cabeza sigue siendo una batidora, quizas en algun momento pare, quizás no. Pero mi enero batido ya pasó y volvemos a estar los tres juntos.
Estuve con mi cachorro en la playa, junto a mis papás. Verlo disfrutar de la arena y del agua fue algo fantástico. También lo fue que pudiera relacionarse más con sus abuelos. La verdad es que mis papás se portaron super bien, entendiendome y cuidandonos a los dos sin exigencias. Por mi parte intenté relajarme todo lo que pude, pero no fue mucho. La gran locura fue hacer que los pañales se secaran para tener siempre y evitar comprar descartables (soy cabeza dura con esto, sisisisisi). Con mi mamá nos turnabamos para lavarlos a mano y los poníamos a secar en mil lugares. Ganó nuestro ingenio porque lo logramos! Extendí quedarme con ellos para poder darme un gusto, y una noche me fui solita al teatro a verlo a Alfredo Casero en su show. Fue loquisimo estar sola de noche, haciendo algo que me gusta y sentir la libertad de poder hacerlo, sabiendo que el cachorro estaba seguro durmiendo al cuidado de los abuelos.
Luego me volví a casa, para estar unos días acá, con nuestras cosas, nuestra rutina. Como el cachorro ligó una piletita de regalo soportamos muy bien el calor. Pero la ausencia de mi par se hizo notar, y yo, nuevamente intenté descansar y no lo logré.
La semana siguiente partimos hacia donde estaba trabajando mi compañero. Ahí vivimos mil cosas juntos, los tres y también yo con el cachorro. De la alegría extrema que le generó dormir en carpa sobre los colchones inflados, hasta las risotadas en medio de una tormenta del desierto de aquellas, pasando por los baños en olla, sus siestas en cajón de campaña y tantas cosas. Me alegró mucho encontrarlo siempre de buen ánimo, con una sonrisa hacia todo aquel que se le acercara, sin dramas. Creo que esta semana fue cuando más relajados estuvimos los dos, incluso con todos los idas y vueltas acompañando a mi compañero de compras, de entregas, de reuniones y de campaña, llenos de tierra. El tema de los pañales de nuevo fue algo que tuve que controlar, pero no tuvimos mayores inconvenientes. Nuevamente evite y logré no usar descartables. Yo esta semana la disfrute, saqué fotos, me relajé viendo el cielo estrellado, el horizonte infinito, los olores de la estepa... me encantó haber ido. Como broche de esta escapada, nuestro ultimo almuerzo juntos nos encontró en un restoran en donde además de nosotros estaban los integrantes de La Vela Puerca, un lujazo!
Y ahora estoy acá, ultimos días del mes que se acaba sola. Con muchas ganas de descansar de verdad y miles de cosas atrasadisimas por hacer. En todo este tiempo pensé y valoricé mucho todo lo que mi compañero hace a diario, la ayuda que pone para que la casa no pase de quilombo a delirio de desorden entre el cachorro, los tres perros, los peces, las plantas, la tortuga y la gata, además de nosotros mismos. Sí, me hizo falta la pareja, el compañero. Es duro estar sola y hacer todo.
Quizás todo lo entrecortado del mes me cansó de más, sin embargo creo que si me hubiera quedado de corrido sola en casa todo el mes ahora estaría aullando de angustia y desesperación por intentar mantener todo yo sola. Y creo que también es super bueno rescatar algo que surgió justo cuando nos ibamos a ver a mi compañero. Toda esta red virtual que está tejiéndose detrás de estas palabras que yo pienso, escribo y ustedes leen, que están dispuestas a organizarse y hacerme el aguante. Aunque este mes no logramos acordar un encuentro, quiero decirles que me fue muy valioso y aliviador escuchar sus propuestas de juntarnos. GRACIAS!
Bueno, así termina mi alocado enero. . Muy de madrugada, intentando terminar un trabajo que debo desde que nació mi cachorro y haciendo cualquier otra cosa... mi cabeza sigue siendo una batidora, quizas en algun momento pare, quizás no. Pero mi enero batido ya pasó y volvemos a estar los tres juntos.
lunes, 30 de enero de 2012
hammmmmm.... que rico!!!!
Hace un tiempo atrás, cuando tuvimos la consulta con la pediatra del cachorro a los seis meses, nos dió un papel en donde estaba la guía para introducir alimentos sólidos y algunas otras recomendaciones. Algo de esto lo había contado en comida no-ñuñu.
El papel nos indicaba que a los seis meses hay que darle un puré de calabaza con zanahoria, bien pisado, sin sal y con una cucharada de aceite. De ahí en adelante continua dando recomendaciones sobre a que edad es recomendable dar tal o cual comida. Y agregar la cantidad de vitaminas por día y otras recomendaciones mas, siempre teniendo en cuenta la edad del cachorro.
Pero a los seis mese mi cachorro no tenía dientes, no se emocionaba por la comida. Si se mantenía sentado erguido. Decidimos esperar a que fuera él quien se acercara a la comida, que intentara él comer algo. No tardó mucho, al mes siguiente, ya con la salida de sus primeros dientes comenzó a mostrar una marcada predilección por todo aquello que nos lleváramos a la boca. En mi cabeza algo quedaba de aquello que estaba en ese papel del centro pediátrico sobre cuáles eran los alimentos por los que comenzar. Pero en el papel no había una explicación que justificara el orden ¿por qué primero calabaza y no zapallo o remolacha o manzana? ¿por qué puré, no vale un trocito de banana o un gajito de naranja dulce?. Por eso seguimos más a nuestro instinto y de a poco le fuimos ofreciendo trozos de frutas para que los probara y degustara a gusto. Claro, nos enchastró todo, pero fue un encuentro muy amable y feliz.

Así fuimos siguiendo, un poco con instinto y otro poco por haber releído el papel de la pediatra y haber buscado algo de información. Primero frutas y verduras, con algunas excepciones, luego algunas harinas sin gluten, luego cosas con gluten... Le dimos su primer puré de calabaza, lo dejamos que juegue a su antojo. Total, sigue a ñuñu y de ahí se alimentar bien. Al ir dándole comidas vimos que si le dábamos pedazos pequeños pero no hechos puré en el puré, los separaba. Sin embargo, al dárselos enteros (por ejemplo, zapallito) los comía sin ningún problema.
Ahora seguimos recorriendo ese camino de descubrir junto a él que texturas le gustan, qué sabores prefiere. Mas o menos tenemos los claros los horarios en los que suele tener hambre. Así tiene su primer desayuno, su segundo desayuno, el almuerzo, la merienda, la cena y el ñuñu de la noche, parece un hobbit, ja.
En la visita a la pediatra a los ocho meses, me preguntó si ya comía dos comidas. Y yo con mi sinceridad a toda costa, y sabiendo que eso de comer no es tan así, a veces son juegos con la comida, o algunos bocados y ya quiere ñuñu le dije que sí y que seguía con pecho a demanda. Entonces la pediatra me dijo que el pecho dos veces por día ya, que de desayuno y de merienda. Y me colmó. No sé qué más me dijo, ya no la escuché. Al cachorro le gusta mi ñuñu, yo tengo ganas y tiempo para poder ofrecérselo sin problemas ¿por qué cortarlo o condicionarlo?. Recién ahora tiene tres dientes. Para él la comida está en etapa de juego, esta aprendiendo a veces come mucho otras veces poco y nada. Así como yo misma aprendí a no regirme por los horarios y tonteras que me habían dicho las puericultoras de la clínica, y darle pecho cuando él lo demandara, lo mismo estoy haciendo con la comida. Ahora estoy en la disyuntiva de mentirle a la pediatra o cambiar de pediatra.
Hoy salimos a comer afuera, porque era el cumpleaños de mi amigo P. Yo comí una ensalada fría con fideos, el cachorro había comido algo antes de salir. Al verme comer pidió comida, le convidé lo que tenía en el plato y que él pudiera comer. Se quedó tranquilo. Creo que esto es mucho mejor a llenarlo de pan o de galletitas. Soy cuidadosa con lo que le doy, no quiero que se atore pero también se que es bueno que aprenda a masticar. No busco causarle una alergia alimenticia, por lo que me fijo a partir de qué edades darle cada cosa para evitar problemas de digestión. No quiero causarle caries o algún otro problemilla, por lo que soy cuidadosa con la cantidad de azúcar, harina, y otras cosas que le doy.
Todas mis intuiciones se aclararon y calmaron cuando hace un tiempo, por esas cosas de la red virtual, me llegó un video de una conferencia breve del pediatra español Carlos Gonzalez y justamente en él habla de estas cosas.
Carlos Gonzalez tiene varios libros interesantes, uno de ellos es "Mi niño no me come" y recordé que lo tengo en pdf se los paso por si les interesa (descargar).
Bueno, hasta ahora venimos así, el pequeño cachorro disfruta de mis locuras culinarias y prueba
cous-cous, humita, quinoa, sopas varias, guisos de arroz, lentejas
turcas o coral, tomate seco, polenta con verduras, frutas a su antojo,
galletitas de algarroba, pasta de sésamo y hoy., ya casi con sus diez meses... ¡ravioles de
verdura! todo un bebé gourmet.
Así estamos bien, él mastica chocho de la vida. Hasta le ha robado una mazorca de choclo a su abuela! Crece, está sano y estamos todos comiendo en paz, tranquilos.
El papel nos indicaba que a los seis meses hay que darle un puré de calabaza con zanahoria, bien pisado, sin sal y con una cucharada de aceite. De ahí en adelante continua dando recomendaciones sobre a que edad es recomendable dar tal o cual comida. Y agregar la cantidad de vitaminas por día y otras recomendaciones mas, siempre teniendo en cuenta la edad del cachorro.
Pero a los seis mese mi cachorro no tenía dientes, no se emocionaba por la comida. Si se mantenía sentado erguido. Decidimos esperar a que fuera él quien se acercara a la comida, que intentara él comer algo. No tardó mucho, al mes siguiente, ya con la salida de sus primeros dientes comenzó a mostrar una marcada predilección por todo aquello que nos lleváramos a la boca. En mi cabeza algo quedaba de aquello que estaba en ese papel del centro pediátrico sobre cuáles eran los alimentos por los que comenzar. Pero en el papel no había una explicación que justificara el orden ¿por qué primero calabaza y no zapallo o remolacha o manzana? ¿por qué puré, no vale un trocito de banana o un gajito de naranja dulce?. Por eso seguimos más a nuestro instinto y de a poco le fuimos ofreciendo trozos de frutas para que los probara y degustara a gusto. Claro, nos enchastró todo, pero fue un encuentro muy amable y feliz.

Así fuimos siguiendo, un poco con instinto y otro poco por haber releído el papel de la pediatra y haber buscado algo de información. Primero frutas y verduras, con algunas excepciones, luego algunas harinas sin gluten, luego cosas con gluten... Le dimos su primer puré de calabaza, lo dejamos que juegue a su antojo. Total, sigue a ñuñu y de ahí se alimentar bien. Al ir dándole comidas vimos que si le dábamos pedazos pequeños pero no hechos puré en el puré, los separaba. Sin embargo, al dárselos enteros (por ejemplo, zapallito) los comía sin ningún problema.
Ahora seguimos recorriendo ese camino de descubrir junto a él que texturas le gustan, qué sabores prefiere. Mas o menos tenemos los claros los horarios en los que suele tener hambre. Así tiene su primer desayuno, su segundo desayuno, el almuerzo, la merienda, la cena y el ñuñu de la noche, parece un hobbit, ja.En la visita a la pediatra a los ocho meses, me preguntó si ya comía dos comidas. Y yo con mi sinceridad a toda costa, y sabiendo que eso de comer no es tan así, a veces son juegos con la comida, o algunos bocados y ya quiere ñuñu le dije que sí y que seguía con pecho a demanda. Entonces la pediatra me dijo que el pecho dos veces por día ya, que de desayuno y de merienda. Y me colmó. No sé qué más me dijo, ya no la escuché. Al cachorro le gusta mi ñuñu, yo tengo ganas y tiempo para poder ofrecérselo sin problemas ¿por qué cortarlo o condicionarlo?. Recién ahora tiene tres dientes. Para él la comida está en etapa de juego, esta aprendiendo a veces come mucho otras veces poco y nada. Así como yo misma aprendí a no regirme por los horarios y tonteras que me habían dicho las puericultoras de la clínica, y darle pecho cuando él lo demandara, lo mismo estoy haciendo con la comida. Ahora estoy en la disyuntiva de mentirle a la pediatra o cambiar de pediatra.
Hoy salimos a comer afuera, porque era el cumpleaños de mi amigo P. Yo comí una ensalada fría con fideos, el cachorro había comido algo antes de salir. Al verme comer pidió comida, le convidé lo que tenía en el plato y que él pudiera comer. Se quedó tranquilo. Creo que esto es mucho mejor a llenarlo de pan o de galletitas. Soy cuidadosa con lo que le doy, no quiero que se atore pero también se que es bueno que aprenda a masticar. No busco causarle una alergia alimenticia, por lo que me fijo a partir de qué edades darle cada cosa para evitar problemas de digestión. No quiero causarle caries o algún otro problemilla, por lo que soy cuidadosa con la cantidad de azúcar, harina, y otras cosas que le doy.
Todas mis intuiciones se aclararon y calmaron cuando hace un tiempo, por esas cosas de la red virtual, me llegó un video de una conferencia breve del pediatra español Carlos Gonzalez y justamente en él habla de estas cosas.
Carlos Gonzalez tiene varios libros interesantes, uno de ellos es "Mi niño no me come" y recordé que lo tengo en pdf se los paso por si les interesa (descargar).
Bueno, hasta ahora venimos así, el pequeño cachorro disfruta de mis locuras culinarias y prueba
cous-cous, humita, quinoa, sopas varias, guisos de arroz, lentejas
turcas o coral, tomate seco, polenta con verduras, frutas a su antojo,
galletitas de algarroba, pasta de sésamo y hoy., ya casi con sus diez meses... ¡ravioles de
verdura! todo un bebé gourmet.Así estamos bien, él mastica chocho de la vida. Hasta le ha robado una mazorca de choclo a su abuela! Crece, está sano y estamos todos comiendo en paz, tranquilos.
sábado, 14 de enero de 2012
Besos por celular
Este mes mi compañero está trabajando afuera. Su trabajo es parte de su ser. Él ama lo que hace.
Creo que una gran parte del amor hacia alguien es el respeto hacia lo amado. En este caso, mi respeto hacia él es darle la libertad que necesita y acompañarlo para dejarlo disfrutar de lo que también ama, que es su profesión.
Esta libertad lo lleva a estar todo este mes fuera de casa, lejos del cachorro y de mí. Sé que nos extraña tanto como nosotros a él. Hace lo imposible por llamarnos, sé que se trepa a la punta de un cerro para conseguir señal cada día y hablarnos un ratito. Intercambia las baterías de su celular con aquellos que duermen fuera del campamento para tener carga y poder comunicarse con nosotros. El cachorro lo escucha por el celular y se sonríe. No se si entiende por que de ese aparato sale la voz que lo ama. No se si comprende que es su papá el que en ese mismo momento está a muchos kilómetros, en medio de la estepa, comunicandose para decirnos que está bien y que quiere vernos pronto.
Yo lo escucho y lo amo. Su llamado me alegra y lo extraño. Y también me da pena que justo en estos días el cachorro este mostrando tantas cosas nuevas. Me consuelo pensando que las está practicando y que cuando mi compañero las vea estarán mas pulidas y bellas. Mas entrenadas. Y que habrá otras tantísimas cosas que estrenará para su papá en el futuro.
Además, este tiempo en el que él no está yo estoy sola en casa con todo lo que eso implica y cuidando al cachorro al 100%. Por ejemplo, estoy aprendiendo a limpiar la casa mientras hago monerías y lo entretengo. Con toda la cautela que me fue posible me las ingenié para limpiar el baño mientras mi cachorro se bañaba. Riego mis plantas y alimento a mis perros dejando que el cachorro disfrute y se amigue con estas cuestiones mas naturales (así lo agarré jugando con la tierra de una maceta). Pero tengo que comer sola. No tengo tiempo de hacer alguna otra cosa para mí. Me hace falta la presencia. Y al darme cuenta de esto me salta todo el cansancio. Me cansa acunarlo y dormirlo, cocinarme, poner a lavar la ropa. Me falta mi par. Eso siento.
Por suerte parte de mi red se activó. No es buena fecha para andar necesitando la red. Las vacaciones juegan en contra de la presencia. Ofrezco tardes de juego, de pileta en la terraza y tererés, de mimos y sonrisas del cachorro, pero pocos reaccionan. La verdad es que algo de ayuda no me viene nada mal, aunque más no sea para despejarme una hora. Me pone triste ver cómo el no asomar la nariz aleja a la gente. Ni un llamado... ¡Hola! estoy sola con un cachorro y toda la casa... help!! Igual nada, los que no aparecen no son parte de la red. Quienes forman parte se muestran y pasan 15 minutos. Lo bueno es que la parte de la red activa generó la buenísima onda de que mi amiga N se quede acá estos días. Viene y se queda a dormir, charlamos un rato, juega con el cachorro el rato que puede, me acompaña. Así, en definitiva veo que la soledad que siento es la falta de compañía. La liberación de la demanda constante que implica criar. Y vuelvo al principio. No me quejo, es parte del trato con mi compañero. Necesitamos estos ratos de extrañarnos por estar haciendo lo que hacemos en nuestras profesiones. Es dejarlo ser y darle la libertad que necesita, es amarlo.
Estos tiempos personales me parecen sanos y deben ser disfrutados. Quizás sea también un poco eso lo que me falte estos días. Cuando los besos por celular se hagan de piel y labio yo voy a querer un ratito más para mí.
Creo que una gran parte del amor hacia alguien es el respeto hacia lo amado. En este caso, mi respeto hacia él es darle la libertad que necesita y acompañarlo para dejarlo disfrutar de lo que también ama, que es su profesión.
Esta libertad lo lleva a estar todo este mes fuera de casa, lejos del cachorro y de mí. Sé que nos extraña tanto como nosotros a él. Hace lo imposible por llamarnos, sé que se trepa a la punta de un cerro para conseguir señal cada día y hablarnos un ratito. Intercambia las baterías de su celular con aquellos que duermen fuera del campamento para tener carga y poder comunicarse con nosotros. El cachorro lo escucha por el celular y se sonríe. No se si entiende por que de ese aparato sale la voz que lo ama. No se si comprende que es su papá el que en ese mismo momento está a muchos kilómetros, en medio de la estepa, comunicandose para decirnos que está bien y que quiere vernos pronto.
Yo lo escucho y lo amo. Su llamado me alegra y lo extraño. Y también me da pena que justo en estos días el cachorro este mostrando tantas cosas nuevas. Me consuelo pensando que las está practicando y que cuando mi compañero las vea estarán mas pulidas y bellas. Mas entrenadas. Y que habrá otras tantísimas cosas que estrenará para su papá en el futuro.
Además, este tiempo en el que él no está yo estoy sola en casa con todo lo que eso implica y cuidando al cachorro al 100%. Por ejemplo, estoy aprendiendo a limpiar la casa mientras hago monerías y lo entretengo. Con toda la cautela que me fue posible me las ingenié para limpiar el baño mientras mi cachorro se bañaba. Riego mis plantas y alimento a mis perros dejando que el cachorro disfrute y se amigue con estas cuestiones mas naturales (así lo agarré jugando con la tierra de una maceta). Pero tengo que comer sola. No tengo tiempo de hacer alguna otra cosa para mí. Me hace falta la presencia. Y al darme cuenta de esto me salta todo el cansancio. Me cansa acunarlo y dormirlo, cocinarme, poner a lavar la ropa. Me falta mi par. Eso siento.
Por suerte parte de mi red se activó. No es buena fecha para andar necesitando la red. Las vacaciones juegan en contra de la presencia. Ofrezco tardes de juego, de pileta en la terraza y tererés, de mimos y sonrisas del cachorro, pero pocos reaccionan. La verdad es que algo de ayuda no me viene nada mal, aunque más no sea para despejarme una hora. Me pone triste ver cómo el no asomar la nariz aleja a la gente. Ni un llamado... ¡Hola! estoy sola con un cachorro y toda la casa... help!! Igual nada, los que no aparecen no son parte de la red. Quienes forman parte se muestran y pasan 15 minutos. Lo bueno es que la parte de la red activa generó la buenísima onda de que mi amiga N se quede acá estos días. Viene y se queda a dormir, charlamos un rato, juega con el cachorro el rato que puede, me acompaña. Así, en definitiva veo que la soledad que siento es la falta de compañía. La liberación de la demanda constante que implica criar. Y vuelvo al principio. No me quejo, es parte del trato con mi compañero. Necesitamos estos ratos de extrañarnos por estar haciendo lo que hacemos en nuestras profesiones. Es dejarlo ser y darle la libertad que necesita, es amarlo.
Estos tiempos personales me parecen sanos y deben ser disfrutados. Quizás sea también un poco eso lo que me falte estos días. Cuando los besos por celular se hagan de piel y labio yo voy a querer un ratito más para mí.
miércoles, 11 de enero de 2012
9 meses: equilibrio
Hoy mi cachorro tiene el punto de inflexión de su historia y por única vez estará pareja.
Hace 9 meses que estuvo durante otros 9 meses dentro de mí. Estás en el punto de equilibrio de tu vida dentro y fuera de mi útero.
¡Tenés poco menos de un año pero ya creciste tanto! Te salieron dos dientes y aprendiste a no morderme mientras tomas ñuñu. Pasaste de balbucear y decir algunas sílabas sueltas a intentar repetir algunas palabras.
Hace pocos días nos sorprendiste moviendo la cabeza hacia los costados, como diciendo "no no no" con una gran sonrisa. Gateas a tu manera, te encanta estar parado y caminar con la ayuda de algo o de alguien.
¡Estás tan grande y vivo, cachorro!
Cada día me llenas el corazón de alegría. Una inmensa sensación que compensa cualquier otra cosa que sienta estos días. Verte jugar solito, razguñando con tu dedo las superficies nuevas, mirando con pura felicidad a tu alrededor, disfrutando de los animales, el mar, la arena, los amigos y los mimos es tan grato.
Mi cabeza esta entregada a cuidarte. Mi cuerpo puerpereo está cansado y saca energías renovables para acunarte, sostenerte y mimarte.
Que duelo para mí, sos mi reloj ahora. Sos mi cachorro grande, recorrimos juntos toda la primer etapa, a puro fular y upa. Ahora comenzaras a moverte solo ya sin tanto brazo, pero sé que volverás a mi cobijo cada vez que lo necesites y yo intentaré estar lista para recibirte cada vez.
¡Feliz cumple mes, amorcito mio!
Hace 9 meses que estuvo durante otros 9 meses dentro de mí. Estás en el punto de equilibrio de tu vida dentro y fuera de mi útero.
Palabras a mi cachorro de 9+9
¡Tenés poco menos de un año pero ya creciste tanto! Te salieron dos dientes y aprendiste a no morderme mientras tomas ñuñu. Pasaste de balbucear y decir algunas sílabas sueltas a intentar repetir algunas palabras.
Hace pocos días nos sorprendiste moviendo la cabeza hacia los costados, como diciendo "no no no" con una gran sonrisa. Gateas a tu manera, te encanta estar parado y caminar con la ayuda de algo o de alguien.
¡Estás tan grande y vivo, cachorro!
Cada día me llenas el corazón de alegría. Una inmensa sensación que compensa cualquier otra cosa que sienta estos días. Verte jugar solito, razguñando con tu dedo las superficies nuevas, mirando con pura felicidad a tu alrededor, disfrutando de los animales, el mar, la arena, los amigos y los mimos es tan grato.
Mi cabeza esta entregada a cuidarte. Mi cuerpo puerpereo está cansado y saca energías renovables para acunarte, sostenerte y mimarte.
Que duelo para mí, sos mi reloj ahora. Sos mi cachorro grande, recorrimos juntos toda la primer etapa, a puro fular y upa. Ahora comenzaras a moverte solo ya sin tanto brazo, pero sé que volverás a mi cobijo cada vez que lo necesites y yo intentaré estar lista para recibirte cada vez.
¡Feliz cumple mes, amorcito mio!
domingo, 8 de enero de 2012
Sensible y empática
Ultimamente me pasa algo que antes no. Antes es antes de la panza, pero también unos meses atrás, y ya no soy capaz de precisar cuántos meses atrás. Bueno, resulta que cada vez que veo un chico en alguna situación de riesgo o de abandono, sea real o de ficción (película, serie) se me arruga el corazón. Me surge una sensación muy fuerte, triste y amarga.
Es como si aquello que veo que le está pasando al otro me pasara a mí. Realmente estoy entregada al cuidado de mi pequeño cachorro y veo tantas injusticias y peligros que rondan a otros cachorros que empatizo y quisiera que todos tuvieran el cariño y los cuidados que se merecen.
De chica decían que yo era la "defensora de pobres y ausentes" pero porque siempre andaba protegiendo a mis hermanitos o a los animales. Nunca antes me había pasado con los nenes. ¿Es muy bruto o fuerte que lo reconozca? Para mi es un gran cambio.
Es como si aquello que veo que le está pasando al otro me pasara a mí. Realmente estoy entregada al cuidado de mi pequeño cachorro y veo tantas injusticias y peligros que rondan a otros cachorros que empatizo y quisiera que todos tuvieran el cariño y los cuidados que se merecen.
De chica decían que yo era la "defensora de pobres y ausentes" pero porque siempre andaba protegiendo a mis hermanitos o a los animales. Nunca antes me había pasado con los nenes. ¿Es muy bruto o fuerte que lo reconozca? Para mi es un gran cambio.
sábado, 7 de enero de 2012
En estos dias
Estoy mirando un horizonte lejano, amplio. Veo como mi cachorro descubre el mundo, otro mundo. Veo como lo disfruta, lo mide, lo experimenta. Y también experimenta su cuerpo, sus sensaciones, sus movimientos. Aprende y lo demuestra cada vez.
Mi cabeza vuela, igual que siempre. Gira y recorre pensamientos. Hila ideas sin conexión. Las sensaciones están en mi piel.
Enamorada de mi cachorro y bajo la protección de mis propios papás estoy ahora. Por unos días busco disfrutar este papel extraño de hija-madre.
Así estoy. Poco bloggera. Más en mí que otros días. Quizás porque ayer fue un cumpleaños mío extraño, con mi cachorro de este lado, sonriéndome mientras me cantaban el "feliz cumpleaños" y mi compañero lejos, viviendo su otra pasión. Bueno, raro pero lindo. Interiorizandome en mi nueva edad. Feliz de estar agotada por entregarme para que otro ser descubra su lugar en el mundo. Cansada por poner el cuerpo y la mente a servicio de las demandas de alguien más. Añorando volver a estar junto a mi compañero. Protegida por mis propios padres. Llena por todos los mensajes de cariño que recibí. En paz por sentir que hago lo que creo.
Mi cabeza vuela, igual que siempre. Gira y recorre pensamientos. Hila ideas sin conexión. Las sensaciones están en mi piel.
Enamorada de mi cachorro y bajo la protección de mis propios papás estoy ahora. Por unos días busco disfrutar este papel extraño de hija-madre.Así estoy. Poco bloggera. Más en mí que otros días. Quizás porque ayer fue un cumpleaños mío extraño, con mi cachorro de este lado, sonriéndome mientras me cantaban el "feliz cumpleaños" y mi compañero lejos, viviendo su otra pasión. Bueno, raro pero lindo. Interiorizandome en mi nueva edad. Feliz de estar agotada por entregarme para que otro ser descubra su lugar en el mundo. Cansada por poner el cuerpo y la mente a servicio de las demandas de alguien más. Añorando volver a estar junto a mi compañero. Protegida por mis propios padres. Llena por todos los mensajes de cariño que recibí. En paz por sentir que hago lo que creo.
martes, 27 de diciembre de 2011
Mi cesárea y otra cesárea
En septiembre escribí sobre cómo me había sentido en el nacimiento de mi cachorro (ver ¿parto o bienvenida?). Este sigue siendo un recuerdo amargo. Muy diferente a lo que hubiera querido en ese momento y más ahora, luego de muchas mas lecturas y charlas sobre el respeto, el apego, las diosas, lo natural.
Leyendo y releyendo notas sobre este tema di con un relato que me impresionó por lo similar. Si bien la historia que se cuenta es diferente, la vivencia sobre el primer nacimiento es muy similiar. A diferencia de lo contado en la nota, que más abajo les dejo, yo no sé si habrá un segundo embarazo en el futuro. Pero coincido en que si lo llegase a haber, tambíen haría todo de otra manera, incluso bajo el riesgo de volver a tener la placenta mal ubicada. Es bueno saber que una no es la única en sentirse mal frente a esta situación!!
Leyendo y releyendo notas sobre este tema di con un relato que me impresionó por lo similar. Si bien la historia que se cuenta es diferente, la vivencia sobre el primer nacimiento es muy similiar. A diferencia de lo contado en la nota, que más abajo les dejo, yo no sé si habrá un segundo embarazo en el futuro. Pero coincido en que si lo llegase a haber, tambíen haría todo de otra manera, incluso bajo el riesgo de volver a tener la placenta mal ubicada. Es bueno saber que una no es la única en sentirse mal frente a esta situación!!
Volver a nacer
Por Irina Hauser
Cuando
ella lloraba, su llanto era el mío. Su furia era la mía. Sus hoyuelos
también. Sus pedidos de calor. Su hambre. Sus ojos gigantes. Mi
tristeza. Mi desconcierto. Todo lo veía en ella. Dana nació en pleno
verano por una cesárea programada que no elegí. Estaba ubicada de cola.
Con frustración, acepté que es riesgoso que los bebés en esa posición
nazcan por un parto vaginal. Después del papeleo y dos horas en la sala
de espera, hice mi entrada triunfal al quirófano, donde encontré el
abrazo reconfortante de mi obstetra y un noventa por ciento de caras
desconocidas. “A tu mujer le bajó todo el cagazo junto”, le dijeron a mi
esposo al hacerlo pasar. Claro que tenía miedo. Pero también tenía
náuseas, mareo, no sentía ni las manos. No podía articular ni una
palabra. “Voy a vomitar”, alcancé a decir. Sólo sentía que sacudían mi
cuerpo. Una mano de David acarició mi cabeza. Lloré bajito. Una
enfermera me mostró a la beba desde lo alto, como un avioncito. Lejos de
mi piel. Gordita. Increíblemente hermosa. La escuché llorar a la
distancia. Debo haber estado medio tendida en la camilla en un pasillo,
junto a un ascensor. Sola, sin que nadie me hablara. Tuve las piernas
dormidas seis horas más y tardé dos días en entender –y en poder
preguntar abiertamente– por qué me habían obligado a estar todo ese
tiempo en posición horizontal, haciendo pis en una chata, sin poder
abrazar a mi hija, dándole el pecho acostada boca arriba con ayuda de
alguna nurse. Me habían dado mal la anestesia. Me lastimaron la
duramadre, una membrana de la médula, y no debía moverme para evitar que
se derramara líquido encefalorraquídeo, o sufriría terribles dolores de
cabeza. Volvimos a casa un día de tormenta. Me pareció que la cuadra se
veía distinta. Como si las casas fueran otras, otros los colores, las
plantas y los negocios. A la vez, miraba a Dana y me veía a mí misma en
una foto de bebé, exacta, sólo que con otro color de pelo. Irradiábamos
dolor. Desazón. Felicidad. Ansiedad. Una herida abierta. Puedo decir que
las circunstancias que rodearon su nacimiento marcaron nuestro vínculo
inicial. El año pasado, cuando volví a quedar embarazada, pensé
automáticamente que quería revancha. La segunda vez te agarra con cierta
sabiduría. Era toda una candidata a aspirar a un parto domiciliario. Lo
medité, leí, lo analicé, escuché historias en primera persona. Todo
sonaba emocionante. Con David pasamos noches pensando qué hacer. Somos
temerosos. Y habíamos quedado asustados. Soñábamos algo tan simple como
sentirnos respetados, que nadie nos impusiera cómo tiene que fluir la
revolución de la llegada de un hijo. No nos veíamos pariendo en casa.
Por seguridad o comodidad. Vaya a saber. ¿Algo tan natural debía ser tan
complicado? ¿Tan impersonal, o deshumanizado? ¿Las clínicas sólo
ofrecen partos industriales? ¿Habría forma de trazar nuestro propio
camino? Elegimos al obstetra con dedicación y nos jugamos. Nos atendía
sin mirar el reloj, hablábamos de política y nos daba esperanzas de un
parto por vía baja, aunque desde el primer día fundamentó por qué si la
criatura repetía la postura de la hermana había que hacer una cesárea.
Bingo. Rocío también llegó en verano y estaba apoltronada en mi panza
cola abajo. Era un sábado de sol rutilante. A las ocho de la mañana, la
partera ya nos esperaba. Me dio charla y me mimó cada minuto. Me
presentó a todas las enfermeras, que me llamaban por mi nombre. El
anestesista me explicó por qué y cómo no me haría daño. A David lo
dejaron estar todo el tiempo. El obstetra deslizó a Rocío hacia el mundo
exterior con suavidad, mientras cantaba un tango. “Prolijito, eh”, le
indicaba la costura a su asistente. Al instante recostaron a Rocío a mi
lado, y la besé. Mi beso calmó su llanto. Pasó horas en mis brazos. El
dolor se disipó. A Dana se le dibujó una gran sonrisa duradera. Rocío
tiene la risa fácil. Y contagia. Su risa es la mía. La de los cuatro.
Nos abrazamos mucho. “Los quiero”, festeja Dana. Yo digo que fue como
volver a nacer.
jueves, 22 de diciembre de 2011
Dientes y algas
Cuando el cachorro cumplió los seis meses, su pediatra nos dió las indicaciones para comenzar a darle de comer. Aún no tenía dientes. Recién comenzaba a mantenerse sentado solito. La maduración del sistema digestivo es un proceso. El cachorro venía probando los jugos de algunas frutas, pero después de eso estaba solamente con mi leche, a puro ñuñu. Decidimos esperar para darle su primer bocado sólido. ¿cuánto esperar? no sabíamos.
En la siguiente visita, la de los siete meses, la pediatra consultó sobre cómo iba la alimentación. La sorpresa fue mutua. Ella se sorprendió cuando le dije que aún no habiamos comenzado a darle sólidos. Y yo me sorprendí cuando me dijo "está bien, hasta los nueve meses se puede esperar sin problemas", sin ningún sobresalto.
En esa misma semana el cachorro estaba irritable, nada lo conformaba, lloraba por todo... fue una semana dura. Solamente se calmaba cuando le dabamos algo para llevarse a la boca.
Hace unos meses atrás estuvimos en el sur de Chile, ahí conseguimos algo que estábamos buscando. Bueno, buscar es una forma de decir, porque no lo intentamos conseguir por acá porque sabíamos que lo podiamos hallar facilmente en Chile. El pueblo quechua la llama cochayuyo (planta de mar), mientras que en mapudung es coyofe o kollof. Nos trajimos algunos atados de cochayuyo seca, un alga (Durvillaea antarctica) de los mares del pacífico del sur que tradicionalmente la utilizaban las culturas originarias para comer y también para calmar los dolores de esta etapa de los bebés.
Se que en esta era de la industrialización y el comercio global hay miles de opciones para que los bebes calmen sus dolores de encias con mil y un mordedores (los que se congelan, los de silicona, finitos, gruesos, con relieves, con dibujitos, de colores...), sin embargo cuando nos enteramos que el pueblo mapuche utilizaba trozos de esta alga nos pareció super!
Como es un alga de gran tamaño y de interior aireado, no hay que preocuparse porque se la trague, al secarse es dura, pero a medida que se va mojando se vuelve flexible y gomosa, imposible de quebrarse!
A medida que el cachorro la va mordisqueando y chupando, esta alga se va hidratando. Al hacerlo desprende oligoelementos y minerales (calcio, magnesio, potasio, yodo, hierro), que son importantes para la mineralización de sus dientes y huesos. Además, las partes internas del alga van desprendiendo fibra que facilita el tránsito intestinal. Todo esto pasa mientras el cachorro se queda largo rato entretenido y tranquilo, ya que la picazón o dolor de sus encías desaparece.
Sencillo, porque solamente hay que lavarla y ya la puede usar.
Reutilizable, porque cuando se seca se puede volver a usar.
Natural, es un alga!
Algunos me decían que el problema era el olor que dejaba en los bebés. Pero a mi no me pareció que fuera terrible. Apenas si se siente. Y lo mejor, salieron los dientes y Sachayoj se calmó :)
En la siguiente visita, la de los siete meses, la pediatra consultó sobre cómo iba la alimentación. La sorpresa fue mutua. Ella se sorprendió cuando le dije que aún no habiamos comenzado a darle sólidos. Y yo me sorprendí cuando me dijo "está bien, hasta los nueve meses se puede esperar sin problemas", sin ningún sobresalto.
En esa misma semana el cachorro estaba irritable, nada lo conformaba, lloraba por todo... fue una semana dura. Solamente se calmaba cuando le dabamos algo para llevarse a la boca.
Hace unos meses atrás estuvimos en el sur de Chile, ahí conseguimos algo que estábamos buscando. Bueno, buscar es una forma de decir, porque no lo intentamos conseguir por acá porque sabíamos que lo podiamos hallar facilmente en Chile. El pueblo quechua la llama cochayuyo (planta de mar), mientras que en mapudung es coyofe o kollof. Nos trajimos algunos atados de cochayuyo seca, un alga (Durvillaea antarctica) de los mares del pacífico del sur que tradicionalmente la utilizaban las culturas originarias para comer y también para calmar los dolores de esta etapa de los bebés.
Se que en esta era de la industrialización y el comercio global hay miles de opciones para que los bebes calmen sus dolores de encias con mil y un mordedores (los que se congelan, los de silicona, finitos, gruesos, con relieves, con dibujitos, de colores...), sin embargo cuando nos enteramos que el pueblo mapuche utilizaba trozos de esta alga nos pareció super!
Como es un alga de gran tamaño y de interior aireado, no hay que preocuparse porque se la trague, al secarse es dura, pero a medida que se va mojando se vuelve flexible y gomosa, imposible de quebrarse!
A medida que el cachorro la va mordisqueando y chupando, esta alga se va hidratando. Al hacerlo desprende oligoelementos y minerales (calcio, magnesio, potasio, yodo, hierro), que son importantes para la mineralización de sus dientes y huesos. Además, las partes internas del alga van desprendiendo fibra que facilita el tránsito intestinal. Todo esto pasa mientras el cachorro se queda largo rato entretenido y tranquilo, ya que la picazón o dolor de sus encías desaparece.
Sencillo, porque solamente hay que lavarla y ya la puede usar.
Reutilizable, porque cuando se seca se puede volver a usar.
Natural, es un alga!
Algunos me decían que el problema era el olor que dejaba en los bebés. Pero a mi no me pareció que fuera terrible. Apenas si se siente. Y lo mejor, salieron los dientes y Sachayoj se calmó :)
miércoles, 21 de diciembre de 2011
La partera de las diosas: Ina May Gaskin
Les comparto una publicación vieja que salió en Página 12. Es una nota a Ina May Gaskin, una partera estadounidense que con su trabajo demuestra que una mujer bien atendida, respetada y en intimidad puede parir sola.
Es una entrevista muy interesante ya que comenta porque es dificil parir solas en un hospital o clínica, menciona los aspectos que son pasados por alto, apoya al parto domiciliario y comenta algunos detalles de la maternidad. Vale la pena leerla!
Ina
May Gaskin es la pionera en realizar partos en el hogar, en un lugar
conocido como La Granja, en Tennessee, Estados Unidos, un icono de una
comunidad sesentista que no pasó de moda y fue más allá del símbolo de
la paz, pisoteado por los años. Ella se convirtió en esa década de
nuevas búsquedas en partera (cuando conoció a Stephen, su actual marido,
en 1968, después de su primer, y traumático parto, y él le enseñó cómo
no tener miedo y ayudar a la gente a relajarse). Después, ella quiso
aprender con Stephen a amarse para toda la vida y perduró no sólo en el
amor: también, como partera profesional.
Pero ella no es una neohippie reivindicada, es, genuinamente, quien
cambió el mundo de los nacimientos. Por eso, después de atender 1200
partos domiciliarios, a los 69 años, se convirtió en una experta en cómo
ayudar, alentar y animar a las mujeres que dan a luz. Ella dice que, a
pesar de sus arrugas y sus años, sigue ayudando a alumbrar porque la
adrenalina es tan fuerte como una droga ilegal. Lo dice y se ríe. Lo
dice y acaricia a Ulises Uriel, que tan sólo tiene 18 días y nació
precoz, pero se acurruca entre sus brazos y se enlaza con los dedos
amorosos y marcados por el tiempo y la vida de Ina. Ella contiene sus
brazos para que Ulises sepa que sigue abrazado y abrigado como en la
panza y desliza sus dedos –adornados con un anillo azul eléctrico que
también marca sus ganas de color y coraje– para que el recién llegado
sienta que hay aires de amor que acunan su sueño. Y, sienta o no la cuna
de una de las parteras más revolucionarias del siglo XX, él concilia el
sueño mientras Ina habla con Las 12.
Pero la sabiduría de Ina no se muestra sólo en ser una de las primeras mujeres que pusieron el cuerpo en hacer que el cuerpo de las mujeres (y no la palabra de los/las médicos) vuelva a ser protagonista de los nacimientos. La experiencia volcada en su dulzura y reflexión serena (que no suena radicalizada, sino amparadora de quien la escucha) también se demuestran en su flexibilidad, que aleja prejuicios y culpas: ella apunta a que los varones participen del nacimiento, a no hacer sentir en falta a las mujeres que no se animan a un parto domiciliario aunque compartan su filosofía y a que la actitud frente a la maternidad –si bien cree que está marcada por el momento inicial de la llegada al mundo– puede afrontarse con una mejor energía en cualquier momento de la vida.
Ina May Gaskin fue la presidenta de la Asociación de Parteras de Norteamérica y su apellido es el emblema de una técnica que descubrió en su trabajo –casi artesanal de alentar a las mujeres a resoplar sus fuerzas cuando la debilidad, el cansancio y el dolor fatigan la autoestima para continuar con el trabajo de parto– que se conoce como la “maniobra Gaskin” para resolver una mala posición en los hombros de los bebés.
Es la autora del libro Partería Espiritual (la naturaleza del nacimiento, entre el amor y la ciencia (publicado en la Argentina por Mujer Sabias Editoras) que recopila toda su experiencia de vida de traer vidas. También realizó su Guía para el parto. Y sigue escribiendo –ahora, por ejemplo, sobre la lactancia– y sigue acariciando, callando y pujando sus palabras para alentar a las mujeres a parir y a criar con amor y fuerza, como una antigua hechizera y una moderna experta que sabe acariciar –como a Ulises, el bebé que acaba de parir la partera argentina Marina Lembo– y que de eso enseña y de eso sigue aprendiendo. Ina visitó, por primera vez, la Argentina, invitada por el Proyecto Escuela de Parteras Comunitarias del siglo XXI (que motorizan la doula y comunicadora Sonia Cavia y la partera Marina Lembo con otras 32 mujeres más) y contó su historia de vida, brindándose, como en sus partos y como en su vida, a dar vidas.
RECUADRO
Ina May Gaskin: –Por lo menos es un comienzo, en Estados Unidos no existe este tipo de ley.
Sonia Cavia: –Que hayan incluido la violencia de género entre la violencia obstétrica es un reconocimiento del movimiento feminista a la violencia en el parto y, políticamente, dentro de lo que es el movimiento de mujeres, representa un gran paso.
Es una entrevista muy interesante ya que comenta porque es dificil parir solas en un hospital o clínica, menciona los aspectos que son pasados por alto, apoya al parto domiciliario y comenta algunos detalles de la maternidad. Vale la pena leerla!
Una vida trayendo vidas
Por Luciana PekerLa partera que revolucionó los nacimientos en el siglo XX, Ina May Gaskin, en la comunidad de La Granja, en Tennessee, Estados Unidos, visitó la Argentina y resaltó que las mujeres deben ser tratadas como diosas en el momento de parir, pero que no sólo en los partos en el hogar se puede llegar a nacimientos plenos. También incentivó a que las madres eviten la culpa y que la maternidad ofrece muchas oportunidades para conectarse con los hijos. Tiene 69 años, atendió 1200 partos en los que no murió ninguna mujer y sólo tuvo que recurrir en el 1 por ciento de los casos a cesáreas. Una historia de vida de una mujer que se dedicó a traer vidas.
Pero la sabiduría de Ina no se muestra sólo en ser una de las primeras mujeres que pusieron el cuerpo en hacer que el cuerpo de las mujeres (y no la palabra de los/las médicos) vuelva a ser protagonista de los nacimientos. La experiencia volcada en su dulzura y reflexión serena (que no suena radicalizada, sino amparadora de quien la escucha) también se demuestran en su flexibilidad, que aleja prejuicios y culpas: ella apunta a que los varones participen del nacimiento, a no hacer sentir en falta a las mujeres que no se animan a un parto domiciliario aunque compartan su filosofía y a que la actitud frente a la maternidad –si bien cree que está marcada por el momento inicial de la llegada al mundo– puede afrontarse con una mejor energía en cualquier momento de la vida.
Ina May Gaskin fue la presidenta de la Asociación de Parteras de Norteamérica y su apellido es el emblema de una técnica que descubrió en su trabajo –casi artesanal de alentar a las mujeres a resoplar sus fuerzas cuando la debilidad, el cansancio y el dolor fatigan la autoestima para continuar con el trabajo de parto– que se conoce como la “maniobra Gaskin” para resolver una mala posición en los hombros de los bebés.
Es la autora del libro Partería Espiritual (la naturaleza del nacimiento, entre el amor y la ciencia (publicado en la Argentina por Mujer Sabias Editoras) que recopila toda su experiencia de vida de traer vidas. También realizó su Guía para el parto. Y sigue escribiendo –ahora, por ejemplo, sobre la lactancia– y sigue acariciando, callando y pujando sus palabras para alentar a las mujeres a parir y a criar con amor y fuerza, como una antigua hechizera y una moderna experta que sabe acariciar –como a Ulises, el bebé que acaba de parir la partera argentina Marina Lembo– y que de eso enseña y de eso sigue aprendiendo. Ina visitó, por primera vez, la Argentina, invitada por el Proyecto Escuela de Parteras Comunitarias del siglo XXI (que motorizan la doula y comunicadora Sonia Cavia y la partera Marina Lembo con otras 32 mujeres más) y contó su historia de vida, brindándose, como en sus partos y como en su vida, a dar vidas.
¿Sólo puede haber partos plenos y disfrutables en las casas, granjas o lugares alternativos o también pueden existir partos dignos y lindos en un hospital porque una mujer no se anima o no puede tener a su bebé en su casa?
Ina May Gaskin: –Es posible tener un buen parto en un hospital, pero tiene que haber gente muy sensible para poder asistir a las mujeres. El más mínimo detalle puede hacer perder toda la energía que se mueve en el nacimiento.¿La atención de los sanatorios privados es más cuidada y la de los hospitales públicos es más brutal o no hay diferencias entre la atención sanitaria paga y gratuita?
Ina: –El resultado es el mismo: la madre es disminuida. Es una falsa distinción entre lo público y lo privado. Las mujeres son disminuidas de la misma manera en ambos sitios.Se está empezando a escuchar a mujeres que sienten culpa de no tener a sus bebés en sus casas. ¿Cómo hacer para promover los partos humanizados sin que las mujeres que no se animan o no pueden –por riesgos en su salud, porque su marido no las apoya, porque no tienen medios económicos, porque tienen miedo, etc.– no se sientan culpables?
Ina: –Es verdad que estos discursos, a veces, provocan una división en las mujeres que se sienten de un lado o del otro. Pero los partos domiciliarios pueden llegar a un 5 por ciento del total de los nacimientos que es una porción muy pequeña del total de alumbramientos. Pero es importante poder contar lo que sucede en estos partos: que las mujeres pueden vivir una experiencia linda y gozosa y que el bebé puede nacer en buenas condiciones. Es muy precioso eso que ocurre aunque sea sólo en el 5 por ciento de los casos. Y lo ideal es que eso se disemine. Es importante recordar esa energía intangible y que es muy fácil que sea ignorada. Sin embargo, no es una característica necesaria que se produzca sólo en los partos domiciliarios. En realidad, en el hospital se podría tener partos con conciencia de esa energía. Pero sólo con esa conciencia se puede generar un cambio.Hoy se habla mucho del embarazo y el parto. ¿Pero cómo se aplica esta filosofía de maternidad a lo largo de la crianza de los hijos e incluso cuando crecen y son jóvenes o adultos/as?
–Mi hijo Pablo tiene 35 años y vive en Nueva York y yo lo sigo cuidando. Una cree que cuando cumplen 18 años se terminaron las responsabilidades, pero la maternidad sigue toda la vida.La mayoría de las madres modernas sienten culpa: porque trabajan, porque no dieron la teta, porque no van todas las tardes al jardín de infantes o no pueden comprar una play station. ¿Qué se hace con esa culpa impuesta por la sociedad pero sentida por las mujeres?
–También es bueno practicar el perdón a una misma. Hay que ser compasiva con una como madre. Nunca se habla del padre perfecto, pero sí de la madre perfecta (risas).¿Cuál fue su experiencia como madre? ¿Ha sentido culpa?
–Con mi primera hija, Sidney, que se murió a los 20 años, de cáncer de cerebro, viví una experiencia difícil. Cuando nació ella, yo tenía 26 años y era muy inocente e ignorante. En ese momento, se hacían fórceps de rutina. Y yo ni siquiera sabía que podía buscar otro obstetra. Tuve mi primer parto con fórceps y fui muy abusada. Mi estrategia fue quedarme callada para pasar inadvertida. El trabajo de parto fue lindo y me pude convertir en un animal pariendo. Pero cuando sentí necesidad de pujar me dieron anestesia que no era peridural y sí muy peligrosa. Ahí entré en una situación de tortura medieval y cuando nace mi hija nos separan por un día entero. Eso dejó una herida muy grande en mi relación con esta hija. Pero yo me podría haber dejado quebrar por esta herida y porque no pude ser una buena madre con ella. Reparé con mis otros tres hijos: Eva María, de 37 años; Pablo, de 35, y Samuel, de 34. Pero durante su enfermedad –que le llevó un año entero– luché por Sidney: fui una fiera luchando por ella y mi hija pudo ver una madre diferente y recién, 19 años después, pude reparar ese proceso. Pude estar en el momento cuando murió mi hija y tenía la cara exactamente igual a la de un recién nacido.¿Cómo fueron los partos de sus otros hijos? ¿Siente que la diferencia en el momento del nacimiento también la marcó de una manera distinta como madre?
–Mis otros hijos fueron directo a las manos de las parteras de la comunidad y seguro que me marcaron de una manera diferente. Cuando en La Granja decidimos hacernos cargos de los nacimientos y se formó una hermandad entre las mujeres que asistían tu parto te trataban como una diosa en el acto pleno de parir.¿Cómo nace su pasión por ser partera?
–Cuando Sidney tenía un año y medio, mi ex pareja me dijo “Vamos a ser hippies y vamos a California a escuchar a un hombre llamado Stephen”. Ahí conocí a Stephen (que es mi actual marido) y a otras mujeres que habían pasado por la misma experiencia que yo del parto con fórceps y que habían decidido no ir más al hospital. Me pareció muy valiente y me propuse volver a recuperar la conciencia de que cada nacimiento tiene que ser sagrado.RECUADRO
VIOLENCIA OBSTETRICA: La nueva ley de género respalda los partos respetados
En la nueva Ley de Violencia de Género (aprobada en marzo de este año) se incluyó la violencia obstétrica como una de las formas de violencia contra las mujeres. ¿Creen que se puede usar esta nueva norma para disminuir o erradicar los maltratos y falta de escucha a las parturientas?Ina May Gaskin: –Por lo menos es un comienzo, en Estados Unidos no existe este tipo de ley.
Sonia Cavia: –Que hayan incluido la violencia de género entre la violencia obstétrica es un reconocimiento del movimiento feminista a la violencia en el parto y, políticamente, dentro de lo que es el movimiento de mujeres, representa un gran paso.
¿Cuánto les puede servir a las mujeres esta nueva norma?
Sonia: –No lo sé, pero sí es un reconocimiento político a la violación a los derechos humanos que existe en los partos en la Argentina.¿Se pueden presentar amparos previos a los nacimientos para garantizar que en el hospital o sanatorio se cumplan con determinadas condiciones (por ejemplo, el ingreso del padre a la sala de parto) que pida la pareja o la mujer?
Sonia: –Es una herramienta legal más. Un amparo refuerza el pedido de la pareja. Pero, en los hechos, es muy complicado reclamar para una mujer embarazada, en el momento del parto y del posparto.Números que hablan sobre nacer con respeto
Las cifras de los resultados del método de Ina May Gaskin
95,1% de partos finalizados en la casa de la parturienta
4,9% de situaciones que necesitaron un traslado a un hospital o sanatorio.
1,3% de emergencias que requirieron de un traslado urgente a un centro médico.
1,4% de nacimientos a través de cesáreas.
5,4% de partos vaginales después de una experiencia previa de cesárea.
0,5% de necesidad de usar fórceps.
8,9% de partos adelantados.
2,9% de bebés nacidos prematuros (con menos de 37 semanas).
49,9% de mujeres que tomaron líquidos durante el trabajo de parto.
29,1% de mujeres que comieron y bebieron durante el trabajo de parto.
1% de mujeres con depresión posparto
99% de inicio de lactancia materna
0% de mortalidad materna
Fuente: Resultados de 2028 embarazos y partos (de 1970 al 2000) publicados en Partería espiritual (la naturaleza del nacimiento entre el amor y la ciencia)
| Ina May Gaskin y su hijo Paul Benjamin |
4,9% de situaciones que necesitaron un traslado a un hospital o sanatorio.
1,3% de emergencias que requirieron de un traslado urgente a un centro médico.
1,4% de nacimientos a través de cesáreas.
5,4% de partos vaginales después de una experiencia previa de cesárea.
0,5% de necesidad de usar fórceps.
8,9% de partos adelantados.
2,9% de bebés nacidos prematuros (con menos de 37 semanas).
49,9% de mujeres que tomaron líquidos durante el trabajo de parto.
29,1% de mujeres que comieron y bebieron durante el trabajo de parto.
1% de mujeres con depresión posparto
99% de inicio de lactancia materna
0% de mortalidad materna
Fuente: Resultados de 2028 embarazos y partos (de 1970 al 2000) publicados en Partería espiritual (la naturaleza del nacimiento entre el amor y la ciencia)
Nueva compañia
Entre tanta organización y tanta compra para otros, nos encontramos (bueno, si, yo lo buscaba) con un amigo. ¡Y se vino a vivir a casa!.
Tendremos que ponerle un nombre a este conejo amigo y esperemos que nos acompañe durante mucho tiempo. Ya se están divirtiendo juntos...
lunes, 19 de diciembre de 2011
Michel Odent en Argentina con Carla Conte
Entre muchas cosas que leí en lo que va de este tiempo extraño 9+8 meses, en los que estoy siempre a disposición del dictado de mis hormonas y de mi cachorro, las propuestas que trae este médico francés me parecen geniales.
Este señor de ochenta y tantos años se llama Michel Odent. La escritora Laura Gutman lo nombra en sus libros. Trabajó en Francia y trabaja en Inglaterra, estudia todo lo relacionado a las etapas del parto natural. Pero natural más allá de no utilizar medicamentos. Él y su equipo buscan que los partos sean como fueron en el principio de nuestra especie. En donde las hembras parían solas, o apenas acompañadas, en su intimidad, conectadas con su ser más interior, en paz. El respeto no lo exigían porque lo tenían. Con los milenios, este poder de dar vida fue comenzando a sufrir interrupciones, comenzaron a surgir diversas actitudes sociales, de poder, que nos fueron complejizando y trabando algo tan natural hasta llegar a hoy, en donde nos dicen que parir es doloroso, que no podemos parir solas, que siempre pasa algo, que no sabemos parir. Por todo esto nos maltratan y de repente no somos seres dignos de ser respetados. Pero nuestro cuerpo sí sabe, sólo hay que saber dejarlo en la intimidad necesaria y recuerda que hacer y los cachorros nacen sanos.
Muchas cosas así estudia y experimenta Odent a lo largo de su carrera y lo cuenta para quien lo quiera escuchar. Estuvo la semana pasada en nuestro país y Carla Conte pudo entrevistarlo en su programa en la televisión pública. Les dejo la nota que salió al aire
Este señor de ochenta y tantos años se llama Michel Odent. La escritora Laura Gutman lo nombra en sus libros. Trabajó en Francia y trabaja en Inglaterra, estudia todo lo relacionado a las etapas del parto natural. Pero natural más allá de no utilizar medicamentos. Él y su equipo buscan que los partos sean como fueron en el principio de nuestra especie. En donde las hembras parían solas, o apenas acompañadas, en su intimidad, conectadas con su ser más interior, en paz. El respeto no lo exigían porque lo tenían. Con los milenios, este poder de dar vida fue comenzando a sufrir interrupciones, comenzaron a surgir diversas actitudes sociales, de poder, que nos fueron complejizando y trabando algo tan natural hasta llegar a hoy, en donde nos dicen que parir es doloroso, que no podemos parir solas, que siempre pasa algo, que no sabemos parir. Por todo esto nos maltratan y de repente no somos seres dignos de ser respetados. Pero nuestro cuerpo sí sabe, sólo hay que saber dejarlo en la intimidad necesaria y recuerda que hacer y los cachorros nacen sanos.
Muchas cosas así estudia y experimenta Odent a lo largo de su carrera y lo cuenta para quien lo quiera escuchar. Estuvo la semana pasada en nuestro país y Carla Conte pudo entrevistarlo en su programa en la televisión pública. Les dejo la nota que salió al aire
domingo, 18 de diciembre de 2011
Hoy, taller de fular: nudos para el verano
En breve estamos saliendo a
"SOY MAMA CANGURO" PORTABEBES
FERIA + TALLER DE PORTABEBES Junto a LATTE Remeras para amamantar.Te invitamos a la FERIA
DOMINGO 18 de DICIEMBRE
AV. CONGRESO 3571 Timbre 1 COGLHAN-C.A.B.A
De 17 hs a 20 hs.
Remeras para amamantar, vestiditos, musculosas,
Portabebés: Fulares, Bandoleras y Libros sobre ma(pa)ternidad
LLEVATe la PROMO FULAR + Libro!
*EL DOMINGO a las 17.30 hs TALLER DE PORTABEBES-NUDOS PRACTICOS PARA EL VERANO!
VENI a elegir TU regalo en un ambiente de tranquilidad y comodidad donde podés probarte lo que quieras y levarte lo que más te guste!
TE esperamos!
www.soymamacanguro.com.ar
"SOY MAMA CANGURO" PORTABEBES
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jueves, 15 de diciembre de 2011
De caídas y cochecitos
La verdad es que no soy una mamá de usar cochecito (para horror de mi propia mamá). Desde recién nacido mi cachorro viajó en fular a todos lados, cerquita mio o de su papá. Pero ahora ya con ocho meses cumplidos y casi diez kilos se me vuelve un poco pesado. Aun no logro aprender a ponérmelo en la espalda y llevarlo delante como siempre lo hicimos me esta haciendo doler todo y termino mas que cansada. Esta era la situación el otro día que tenía que hacer unos trámites de trabajo. Por esto decidí salir con el cochecito, mas incómodo para muchas cosas, pero me liberaba de mis dolores de espalda y cervicales.
Bueno, ya decidida a usarlo salimos contentos, yo cada tanto masticaba la incomodidad de que estuviera más abajo de mi campo visual, de no poderle ver la cara o los gestos, de no tenerlo cerquita, pero la verdad es que mi cuerpo necesitaba no cargarlo. Como siempre que hay escaleras y pocas manos gentiles, desarmé el cochecito y subí. Cuando terminé el trámite bajé y salí a la calle. En ese momento no me percaté, porque no tengo la costumbre de andar desarmando y armando el coche a cada rato, de que no había enganchado bien el pasador que frena al bebé en la silla. Como siempre usamos porteo ni se me ocurre atarlo al cochecito. Pues bien, las bellas veredas de Buenos Aires a veces no son bellas y están rotas. Y el coche se trabó entre las baldosas, mi cachorro que iba reclinado hacia adelante siguió con la inercia del movimiento, el enganche cedió y yo me llevé un terrible susto cuando lo tuve que levantar llorando del suelo. ¡Me sentí la peor! Cómo no iba a saber que eso podía pasar! Cómo había elegido usar el cochecito, yo, que difundo y apoyo el porteo! Miles de cosas se me cruzaron por la cabeza...
El tema es que el cachorro lloraba y yo quería hacerlo con él. Por suerte no fue nada, lo revisé en el momento y me mantuve calma. Él se tranquilizó en seguida. Igual lo llevé al médico para que lo revisara porque se había golpeado la nariz. Me dijo que las caídas de los cochecitos son muy comunes. ¿¡Muy comunes!? pensé yo horrorizada. Luego charlando con amigas me confesaron otras situaciones de las que no hacen alarde o comentario alguno por el sentimiento de culpa que generan.
¿Cuán común es que se te caiga el bebé del fular, mei tai, quepina o bandolera?
No sé si son comunes estas caídas, ¿cómo se te cae si siempre lo estas mirando, lo sentís, sabes si se durmió o esta despierto? Es lógico que no me haya percatado de que estaba mal enganchado si a mi cero costumbre de usarlo le sumamos que yo no veía su cara y él estaba ahí quieto y solo, mirando todo desde abajo.
Me asusté y el médico lo notó. Me mandó a hacerle unas placas que dieron bien. El ahora sigue igual de feliz. Yo desde ahora cada vez que tenga que salir voy a recordar dos veces las ventajas del porteo y dejar el cochecito en casa.
Bueno, ya decidida a usarlo salimos contentos, yo cada tanto masticaba la incomodidad de que estuviera más abajo de mi campo visual, de no poderle ver la cara o los gestos, de no tenerlo cerquita, pero la verdad es que mi cuerpo necesitaba no cargarlo. Como siempre que hay escaleras y pocas manos gentiles, desarmé el cochecito y subí. Cuando terminé el trámite bajé y salí a la calle. En ese momento no me percaté, porque no tengo la costumbre de andar desarmando y armando el coche a cada rato, de que no había enganchado bien el pasador que frena al bebé en la silla. Como siempre usamos porteo ni se me ocurre atarlo al cochecito. Pues bien, las bellas veredas de Buenos Aires a veces no son bellas y están rotas. Y el coche se trabó entre las baldosas, mi cachorro que iba reclinado hacia adelante siguió con la inercia del movimiento, el enganche cedió y yo me llevé un terrible susto cuando lo tuve que levantar llorando del suelo. ¡Me sentí la peor! Cómo no iba a saber que eso podía pasar! Cómo había elegido usar el cochecito, yo, que difundo y apoyo el porteo! Miles de cosas se me cruzaron por la cabeza...
El tema es que el cachorro lloraba y yo quería hacerlo con él. Por suerte no fue nada, lo revisé en el momento y me mantuve calma. Él se tranquilizó en seguida. Igual lo llevé al médico para que lo revisara porque se había golpeado la nariz. Me dijo que las caídas de los cochecitos son muy comunes. ¿¡Muy comunes!? pensé yo horrorizada. Luego charlando con amigas me confesaron otras situaciones de las que no hacen alarde o comentario alguno por el sentimiento de culpa que generan.
¿Cuán común es que se te caiga el bebé del fular, mei tai, quepina o bandolera?
No sé si son comunes estas caídas, ¿cómo se te cae si siempre lo estas mirando, lo sentís, sabes si se durmió o esta despierto? Es lógico que no me haya percatado de que estaba mal enganchado si a mi cero costumbre de usarlo le sumamos que yo no veía su cara y él estaba ahí quieto y solo, mirando todo desde abajo.
Me asusté y el médico lo notó. Me mandó a hacerle unas placas que dieron bien. El ahora sigue igual de feliz. Yo desde ahora cada vez que tenga que salir voy a recordar dos veces las ventajas del porteo y dejar el cochecito en casa.
martes, 13 de diciembre de 2011
El nombre
Les dejo un escrito del genial Eduardo Galeano sobre un nombre.
El nombre
El pueblo de Cerro Chato nunca tuvo ningún cerro, ni chato ni puntiagudo. Pero Javier Zeballos recuerda que Cerro Chato sí tenía, en los tiempos de su infancia, tres comisarios, tres jueces y tres doctores.
Uno de los doctores, que vivía en el
centro, era la brújula de los mandados. La mamá de Javier lo orientaba
así: –De la casa del Doctor Galarza, vas dos cuadras para abajo.
–Esto queda en la esquina del Doctor Galarza.
–Anda a la farmacia que está a la vuelta del Doctor Galarza.
Y allá marchaba Javier. A cualquier
hora que pasara por allí, con sol o con luna, el Doctor Galarza estaba
siempre sentado en el zaguán de su casa, mate en mano, dando cumplida
respuesta a los saludos del vecindario, buenos días, Doctor; buenas
tardes, Doctor; buenas noches, Doctor.
Ya Javier era hombre crecido, cuando se
le ocurrió preguntar por qué el Doctor Galarza no tenía consultorio
médico ni estudio jurídico. Y entonces se enteró. Doctor no era: se
llamaba. Así había sido anotado en el Registro Civil: Doctor de nombre,
Galarza de apellido.
El papá quería un hijo con diploma, y aquel bebé no le pareció digno de confianza.
sábado, 10 de diciembre de 2011
Invasion social en el cuerpo de las madres por parir
Les comparto una nota muy buena e interesante que salió publicada hace unas semanas en Página 12.
Parirás con dolor
Lo dice la Biblia y en, muchos casos, lo repiten los médicos o las parteras que retan e invaden el cuerpo de las mujeres. El respeto a las parturientas es un derecho que ya está inscripto en la ley pero que tiene que imprimirse en la experiencia cotidiana y no sólo quedarse en letra muerta.
Por Luciana Peker
“Si
te gustó el carozo, bancate la pelusa”, le dijeron. No es una metáfora
de verdulería, sino una de las muchas formas de lastimar a una mujer
cuando no está enferma pero las contracciones, el miedo, el cuerpo
dentro del cuerpo duelen. El parto duele. Aún como una reivindicación de
la pujanza en la vida, duele. Pero duele mucho más cuando con palabras,
negaciones o invasiones se ejerce violencia obstétrica contra las
mujeres.
En la Argentina la ley contempla las episiotomías de oficio, los
apuros de los médicos, los retos de las parteras o acostar a las mujeres
sin dejarlas fluir y parir en cuclillas como infracciones a los
derechos. ¿Pero se cumple?“Tenemos tres leyes que promueven el respeto y cuidado en los nacimientos: la de Derechos en el Nacimiento (25.929), la de Derechos del Paciente (26.529) y la de Prevención y Erradicación de Violencia Hacia la Mujer (26.485) y ninguna de ellas, en lo que refiere a la asistencia de partos y nacimientos, se aplica concretamente. No hay una decisión en la política ministerial de hacer efectiva la capacitación a los equipos de salud, la difusión a la ciudadanía y su cumplimiento real”, señala Sonia Cavia, presidenta de Awaike Salud y Medio Ambiente y coordinadora regional de la Red Latinoamericana y del Caribe para la Humanización del Parto y el Nacimiento (Relacahupan).
Ella también remarca que para que la ley se cumpla también debe haber sanciones a los que violen la legislación –y le griten o corten o apuren a una parturienta– sin contemplar los derechos actuales. “Es importante que la violencia obstétrica se considere en una norma, en primera instancia, para reconocer su existencia y desnaturalizar modos de atención y procedimientos en un trabajo de parto y nacimiento. Insultar, pegar, amenazar, ignorar, burlar son parte cotidiana de estos procedimientos incorporados al trato habitual. Por eso, es urgente que la ubiquemos como una violación de derechos humanos cotidiana, reiterada y sistemática perpetrada por las instituciones tanto públicas como privadas”, dice.
Para que la ley se ponga en marcha, ellas también decidieron marchar el día de la no violencia hacia las mujeres. Hoy se reúnen, a las 16, en Plaza de Mayo, por el derecho a elegir cómo, dónde y con quién parir y de ahí van a trasladarse hasta el Congreso nacional. En el acto se va a entregar un sobre de color por cada hijo/a (con fotos de los chicos y chicas nacidos en sus casas o de familias que apoyan la libertad de elección en relación con dónde parir y la asistencia de parteras como profesionales idóneas y autónomas) para que se respete el derecho a que en uno de los momentos de mayor vulnerabilidad y poder de una mujer pueda estar la mamá, la pareja, una amiga o el novio o marido alentando a cada una a sobrellevar el miedo y alimentar la fuerza en cada pujido.
Otro de los objetivos del acto es llegar con este pedido a la presidenta Cristina Fernández y fomentar que en el tratamiento de un proyecto de ley que regularía el ejercicio profesional de las licenciadas en obstetricia (parteras) se estipule que puedan brindar asistencia en hospitales, casas de partos y en el domicilio de la embarazada en concordancia con el respeto de los derechos sexuales y reproductivos de las mujeres.
Por su parte, la periodista Mariela Franzosi y autora del blog maternarconamor.blogspot.com enmarca: “La violencia obstétrica es un tipo de violencia bastante silenciada y naturalizada, que muchísimas mujeres sufrimos tanto a nivel físico como psicológico, por parte de los profesionales de la salud que deberían encargarse de protegernos a nosotras y a nuestros bebés en el momento del trabajo de parto, parto y nacimiento. Sin embargo, realizan sobre nuestro cuerpo prácticas dolorosas e innecesarias (tactos, colocación de vías para suero, el uso de oxitocina sintética que provoca contracciones artificiales e incluso la episiotomía o corte de la vagina para evitar supuestos desgarros). Las y los médicos nos manipulan sin siquiera decirnos lo que nos están haciendo, nos atan a la camilla de parto, no nos permiten movernos con libertad, nos infantilizan en el trato (‘mami’, ‘mamita’, ‘gorda’) y todas estas prácticas son diferentes tipos de violencia que las mujeres padecemos muchas veces sin siquiera llegar a registrarlo” dice.
Pero no es una violencia que encuentra a las mujeres de pie, sino asustadas, esperanzadas, dolidas, vulnerables y es ahí cuando son jaqueadas por el supuesto saber médico. “Estas situaciones suceden en el marco de una desigualdad simbólica enorme, ya que las mujeres casi siempre llegamos a parir desinformadas, temerosas, sin poder ejercer el control sobre nuestros cuerpos y teniendo que dejar en manos de ese otro ‘superior’, que posee el conocimiento y el dominio de la situación. Ese otro es el ‘profesional que sabe’ y que tiene en sus manos una de las cosas más preciadas para nosotras como es la vida de nuestras hijas e hijos. Esto hace que se vuelva más difícil aún discernir que estamos siendo violentadas y, en el caso de reconocerlo, que luego no podamos denunciarla”, subraya Franzosi. Pero recomienda desnudar la violencia y desenmascararla: “El Ministerio de Salud de la Nación, a través de su Línea de Salud Sexual, funciona como un órgano de denuncia de situaciones de violencia obstétrica. Es tu derecho. Y es posible hacerlo cumplir”.
Más información: Línea de Salud Sexual 0-800-222-3444. www.dandoaluz.net
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