Les comparto una publicación vieja que salió en Página 12. Es una nota a Ina May Gaskin, una partera estadounidense que con su trabajo demuestra que una mujer bien atendida, respetada y en intimidad puede parir sola.
Es una entrevista muy interesante ya que comenta porque es dificil parir solas en un hospital o clínica, menciona los aspectos que son pasados por alto, apoya al parto domiciliario y comenta algunos detalles de la maternidad. Vale la pena leerla!
Una vida trayendo vidas
La partera que revolucionó los nacimientos en el
siglo XX, Ina May Gaskin, en la comunidad de La Granja, en Tennessee,
Estados Unidos, visitó la Argentina y resaltó que las mujeres deben ser
tratadas como diosas en el momento de parir, pero que no sólo en los
partos en el hogar se puede llegar a nacimientos plenos. También
incentivó a que las madres eviten la culpa y que la maternidad ofrece
muchas oportunidades para conectarse con los hijos. Tiene 69 años,
atendió 1200 partos en los que no murió ninguna mujer y sólo tuvo que
recurrir en el 1 por ciento de los casos a cesáreas. Una historia de
vida de una mujer que se dedicó a traer vidas.
Viernes, 18 de septiembre de 2009
Por Luciana Peker

Ina
May Gaskin es la pionera en realizar partos en el hogar, en un lugar
conocido como La Granja, en Tennessee, Estados Unidos, un icono de una
comunidad sesentista que no pasó de moda y fue más allá del símbolo de
la paz, pisoteado por los años. Ella se convirtió en esa década de
nuevas búsquedas en partera (cuando conoció a Stephen, su actual marido,
en 1968, después de su primer, y traumático parto, y él le enseñó cómo
no tener miedo y ayudar a la gente a relajarse). Después, ella quiso
aprender con Stephen a amarse para toda la vida y perduró no sólo en el
amor: también, como partera profesional.
Pero ella no es una neohippie reivindicada, es, genuinamente, quien
cambió el mundo de los nacimientos. Por eso, después de atender 1200
partos domiciliarios, a los 69 años, se convirtió en una experta en cómo
ayudar, alentar y animar a las mujeres que dan a luz. Ella dice que, a
pesar de sus arrugas y sus años, sigue ayudando a alumbrar porque la
adrenalina es tan fuerte como una droga ilegal. Lo dice y se ríe. Lo
dice y acaricia a Ulises Uriel, que tan sólo tiene 18 días y nació
precoz, pero se acurruca entre sus brazos y se enlaza con los dedos
amorosos y marcados por el tiempo y la vida de Ina. Ella contiene sus
brazos para que Ulises sepa que sigue abrazado y abrigado como en la
panza y desliza sus dedos –adornados con un anillo azul eléctrico que
también marca sus ganas de color y coraje– para que el recién llegado
sienta que hay aires de amor que acunan su sueño. Y, sienta o no la cuna
de una de las parteras más revolucionarias del siglo XX, él concilia el
sueño mientras Ina habla con Las 12.
Pero la sabiduría de Ina no se muestra sólo en ser una de las
primeras mujeres que pusieron el cuerpo en hacer que el cuerpo de las
mujeres (y no la palabra de los/las médicos) vuelva a ser protagonista
de los nacimientos. La experiencia volcada en su dulzura y reflexión
serena (que no suena radicalizada, sino amparadora de quien la escucha)
también se demuestran en su flexibilidad, que aleja prejuicios y culpas:
ella apunta a que los varones participen del nacimiento, a no hacer
sentir en falta a las mujeres que no se animan a un parto domiciliario
aunque compartan su filosofía y a que la actitud frente a la maternidad
–si bien cree que está marcada por el momento inicial de la llegada al
mundo– puede afrontarse con una mejor energía en cualquier momento de la
vida.
Ina May Gaskin fue la presidenta de la Asociación de Parteras de
Norteamérica y su apellido es el emblema de una técnica que descubrió en
su trabajo –casi artesanal de alentar a las mujeres a resoplar sus
fuerzas cuando la debilidad, el cansancio y el dolor fatigan la
autoestima para continuar con el trabajo de parto– que se conoce como la
“maniobra Gaskin” para resolver una mala posición en los hombros de los
bebés.
Es la autora del libro Partería Espiritual (la naturaleza del
nacimiento, entre el amor y la ciencia (publicado en la Argentina por
Mujer Sabias Editoras) que recopila toda su experiencia de vida de traer
vidas. También realizó su Guía para el parto. Y sigue escribiendo
–ahora, por ejemplo, sobre la lactancia– y sigue acariciando, callando y
pujando sus palabras para alentar a las mujeres a parir y a criar con
amor y fuerza, como una antigua hechizera y una moderna experta que sabe
acariciar –como a Ulises, el bebé que acaba de parir la partera
argentina Marina Lembo– y que de eso enseña y de eso sigue aprendiendo.
Ina visitó, por primera vez, la Argentina, invitada por el Proyecto
Escuela de Parteras Comunitarias del siglo XXI (que motorizan la doula y
comunicadora Sonia Cavia y la partera Marina Lembo con otras 32 mujeres
más) y contó su historia de vida, brindándose, como en sus partos y
como en su vida, a dar vidas.
¿Sólo puede haber partos plenos y disfrutables en
las casas, granjas o lugares alternativos o también pueden existir
partos dignos y lindos en un hospital porque una mujer no se anima o no
puede tener a su bebé en su casa?
Ina May Gaskin: –Es posible tener un buen parto en un hospital, pero
tiene que haber gente muy sensible para poder asistir a las mujeres. El
más mínimo detalle puede hacer perder toda la energía que se mueve en
el nacimiento.
¿La atención de los sanatorios privados es más
cuidada y la de los hospitales públicos es más brutal o no hay
diferencias entre la atención sanitaria paga y gratuita?
Ina: –El resultado es el mismo: la madre es
disminuida. Es una falsa distinción entre lo público y lo privado. Las
mujeres son disminuidas de la misma manera en ambos sitios.
Se está empezando a escuchar a mujeres que sienten
culpa de no tener a sus bebés en sus casas. ¿Cómo hacer para promover
los partos humanizados sin que las mujeres que no se animan o no pueden
–por riesgos en su salud, porque su marido no las apoya, porque no
tienen medios económicos, porque tienen miedo, etc.– no se sientan
culpables?
Ina: –Es verdad que estos discursos, a veces,
provocan una división en las mujeres que se sienten de un lado o del
otro. Pero los partos domiciliarios pueden llegar a un 5 por ciento del
total de los nacimientos que es una porción muy pequeña del total de
alumbramientos. Pero es importante poder contar lo que sucede en estos
partos: que las mujeres pueden vivir una experiencia linda y gozosa y
que el bebé puede nacer en buenas condiciones. Es muy precioso eso que
ocurre aunque sea sólo en el 5 por ciento de los casos. Y lo ideal es
que eso se disemine. Es importante recordar esa energía intangible y que
es muy fácil que sea ignorada. Sin embargo, no es una característica
necesaria que se produzca sólo en los partos domiciliarios. En realidad,
en el hospital se podría tener partos con conciencia de esa energía.
Pero sólo con esa conciencia se puede generar un cambio.
Hoy se habla mucho del embarazo y el parto. ¿Pero
cómo se aplica esta filosofía de maternidad a lo largo de la crianza de
los hijos e incluso cuando crecen y son jóvenes o adultos/as?
–Mi hijo Pablo tiene 35 años y vive en Nueva York y yo lo sigo
cuidando. Una cree que cuando cumplen 18 años se terminaron las
responsabilidades, pero la maternidad sigue toda la vida.
La mayoría de las madres modernas sienten culpa:
porque trabajan, porque no dieron la teta, porque no van todas las
tardes al jardín de infantes o no pueden comprar una play station. ¿Qué
se hace con esa culpa impuesta por la sociedad pero sentida por las
mujeres?
–También es bueno practicar el perdón a una misma. Hay que ser
compasiva con una como madre. Nunca se habla del padre perfecto, pero sí
de la madre perfecta (risas).
¿Cuál fue su experiencia como madre? ¿Ha sentido culpa?
–Con mi primera hija, Sidney, que se murió a los 20 años, de cáncer
de cerebro, viví una experiencia difícil. Cuando nació ella, yo tenía 26
años y era muy inocente e ignorante. En ese momento, se hacían fórceps
de rutina. Y yo ni siquiera sabía que podía buscar otro obstetra. Tuve
mi primer parto con fórceps y fui muy abusada. Mi estrategia fue
quedarme callada para pasar inadvertida. El trabajo de parto fue lindo y
me pude convertir en un animal pariendo. Pero cuando sentí necesidad de
pujar me dieron anestesia que no era peridural y sí muy peligrosa. Ahí
entré en una situación de tortura medieval y cuando nace mi hija nos
separan por un día entero. Eso dejó una herida muy grande en mi relación
con esta hija. Pero yo me podría haber dejado quebrar por esta herida y
porque no pude ser una buena madre con ella. Reparé con mis otros tres
hijos: Eva María, de 37 años; Pablo, de 35, y Samuel, de 34. Pero
durante su enfermedad –que le llevó un año entero– luché por Sidney: fui
una fiera luchando por ella y mi hija pudo ver una madre diferente y
recién, 19 años después, pude reparar ese proceso. Pude estar en el
momento cuando murió mi hija y tenía la cara exactamente igual a la de
un recién nacido.
¿Cómo fueron los partos de sus otros hijos? ¿Siente
que la diferencia en el momento del nacimiento también la marcó de una
manera distinta como madre?
–Mis otros hijos fueron directo a las manos de las parteras de la
comunidad y seguro que me marcaron de una manera diferente. Cuando en La
Granja decidimos hacernos cargos de los nacimientos y se formó una
hermandad entre las mujeres que asistían tu parto te trataban como una
diosa en el acto pleno de parir.
¿Cómo nace su pasión por ser partera?
–Cuando Sidney tenía un año y medio, mi ex pareja me dijo “Vamos a
ser hippies y vamos a California a escuchar a un hombre llamado
Stephen”. Ahí conocí a Stephen (que es mi actual marido) y a otras
mujeres que habían pasado por la misma experiencia que yo del parto con
fórceps y que habían decidido no ir más al hospital. Me pareció muy
valiente y me propuse volver a recuperar la conciencia de que cada
nacimiento tiene que ser sagrado.
RECUADRO
VIOLENCIA OBSTETRICA: La nueva ley de género respalda los partos respetados
En la nueva Ley de Violencia de Género (aprobada en marzo de este
año) se incluyó la violencia obstétrica como una de las formas de
violencia contra las mujeres. ¿Creen que se puede usar esta nueva norma
para disminuir o erradicar los maltratos y falta de escucha a las
parturientas?
Ina May Gaskin: –Por lo menos es un comienzo, en Estados Unidos no existe este tipo de ley.
Sonia Cavia: –Que hayan incluido la violencia de
género entre la violencia obstétrica es un reconocimiento del movimiento
feminista a la violencia en el parto y, políticamente, dentro de lo que
es el movimiento de mujeres, representa un gran paso.
¿Cuánto les puede servir a las mujeres esta nueva norma?
Sonia: –No lo sé, pero sí es un reconocimiento
político a la violación a los derechos humanos que existe en los partos
en la Argentina.
¿Se pueden presentar amparos previos a los nacimientos para
garantizar que en el hospital o sanatorio se cumplan con determinadas
condiciones (por ejemplo, el ingreso del padre a la sala de parto) que
pida la pareja o la mujer?
Sonia: –Es una herramienta legal más. Un amparo
refuerza el pedido de la pareja. Pero, en los hechos, es muy complicado
reclamar para una mujer embarazada, en el momento del parto y del
posparto.